Narrador Omnisciente
Él sabía dónde estaba. Él sabía que estaba viva. Él se estaba acercando.
Con discretos pasos, se acercó a la casa e inhalo la última bocanada de su cigarrillo. Pudo sentir el humo correr por su garganta y luego ser expulsado y evaporizado en el aire. Carraspeó al toser y luego se maldijo a si mismo por haber causado aquel ruidito a pesar de que nadie lo había alcanzado a escuchar, aun así, él sabía que cualquier señal de aparición podría ser pista para Isabella Smith. Él sabía perfectamente que ella no era ninguna ilusa. Él sabía que ella lo estaba esperando pacientemente.
Eres mía. Pensó.
El amanecer ya se hacía notar y los pequeños e indefensos rayos de luz golpearon su dura y no tan delicada piel. Esto hizo que automáticamente un quejido se escapara de su boca al sentir el primero contacto con la luz del día desde hace ya varias semanas. Segundos después una oleada de aire helado abofeteó su demacrada cara y tuvo que abstenerse a no salir corriendo y refugiarse nuevamente en su dormitorio por otras cinco semanas más. Esta vez, se mantuvo firme con el solo pensamiento de poder observar a la preciosa chica de cabello largo hasta la cintura y ojos marrones grandes.
Lentamente, se acercó más y más hasta llegar al jardín con petunias y rosas. Casi pudo jurar ver a Isabella plantar aquellas flores día y noche sin parar. Aquel pensamiento le revolvió el estómago y quiso poder arrancar cada pedazo de césped y cada rosa incluyendo toda la tierra plantada con tal de tener una pequeña parte de Isabella consigo. En vez de eso, arrancó unas cuantas petunias y las apiló en un bello ramo, luego con un pequeño papelito y un lapicero que encontró en su bolsillo escribió rápidamente:
Para Isabella:
No importan las circunstancias o las derrotas, tú siempre serás mía, y yo siempre seré tuyo.
--Y.
Las depositó con amor y cariño frente a su puerta y luego tocó el timbre y hecho a correr lo más rápido que pudo hacia detrás de la pared del vecino para que nadie pudiera observarlo.
Minutos después, alguien abrió la puerta e inspeccionó a la hermosa niñita de cabellos pelirrojos y ojos verdes. Notó como sonreía sin para al ver las petunias amontonadas y bien comprimidas por un listón fino blanco. Sus jóvenes ojos brillaron al leer la nota pegada al regalo y una inocente y pequeña risita se escapó de sus labios.
--Anabelle—susurró la sombra detrás de la pared
De repente, lágrimas cayeron de sus ojos al comparar a la chiquilla con su joven hermana fallecida hace unos años. En retrospectiva, ella eras idénticas, casi gemelas excepto por los caireles que le caían hasta la cintura. A Anabelle jamás le hubiera gustado tener el cabello tan largo, pero aquello solo eran detalles. Desde la blanca sonrisa hasta la misma estatura y edad ellas eran idénticas.
Ahora, no solo quería a Isabella, sino también a la niña.
--¡Isabella, Isabella! Mira lo que te han dejado en la puerta—chilló la pelirroja niña sin despegar sus ojos de las petunias--¡Es hermoso! ¿Puedo quedármelas?
Se escucharon murmullos de fascinación dentro de la casa y segundos después ella apreció: tan frágil como antes pero a la misma vez con el carácter de una roca, con sus mejillas encendidas y esos enormes ojos que parecían quererte sacar hasta la última gota de la verdad, también poseía el mismo cabello de siempre solo que esta vez iba más despeinado y salvaje. Lo único diferente era su cuerpo que ahora parecía más delgado y moldeado que antes, pero aquello solo eran detalles.
Isabella frunció el ceño al observar las petunias y acto seguido, las tomo de las diminutas manos de la niña.
--¿Quién dejó esto aquí, Mags?—preguntó lentamente Isabella
Mags. Repitió él y lo saboreó como helado de vainilla.
--No lo sé—se encogió de hombros—Alguien ha tocado la puerta y al abrirla a aparecido esto ¿Sí o no son bellísimas?
Isabella trató de sonreír, pero al final de todo no pudo esconder la preocupación que se escondía detrás de sus ojos. Ella misma sabía que tan solo podía ser una broma de un buen muchacho que se la había comido con los ojos y ahora quería hacer realidad sus sueño, pero algo dentro de ella no podía dejar de gritar ''Peligro''. Podía sentir esa horrible corazonada como un pinchazo en el estómago.
--No quiero que vuelvas a abrir la puerta si no hay alguien contigo, ¿De acuerdo?—dijo severamente Isabella sabiendo que aquella acusación era la cosa más estúpida del mundo.
¿Cómo podría siquiera prohibirle a una niña de siquiera abrir la puerta sola? Pensaba Isabella, pero también sabía que todo aquello lo hacía porque la amaba y no podría permitir que algo le pasara al ser más valioso para ella en aquellos momentos.
--Pero…--trató de decir Mags
--Ya me has escuchado, Mags. No quiero que vuelvas a hacerlo—dijo Isabella dejando las petunias a un lado—Y ahora creo que deberías ducharte, tus clases de matemáticas empezarán en un cuarto de hora y sabes que Hunter no es muy paciente esperando
Mags asintió con un puchero en su rostro y salió corriendo escaleras arriba.
Un escalofrió recorrió toda la espina dorsal de Isabella al notar que había una pequeña nota sobresaliendo de las petunias. Juró sentir un choque eléctrico al tocar el fino papel que contenía el manuscrito. Lo tomó entre sus manos temblorosas y rezó mentalmente antes de abrir la nota y leerla cuidadosa y lentamente.
--¿Estás bien?—preguntó alguien detrás de ella
Harry.
--Si—susurró escondiendo la nota detrás de su espalda mientras aguantaba las incontrolables ganas de llorar—Mejor que nunca
Isabella
Corrí subiendo las escaleras como si alguien estuviera persiguiéndome. Ni siquiera me importó la mirada preocupada de Harry al notar como mi cara se descomponía de miedo. Solo corrí hasta mi cuarto donde volví a encerrarme bajo llave y apretujaba la misma almohada donde durmió el hombre que más amaba la noche pasada. Permití que su olor llegara hasta mi nariz y se perdiera en algún rincón obscuro de mi mente.
Dentro de estas cuatro paredes estás a salvo, Isabella. Me dije internamente. O al menos lo estabas hace unos meses.
Yahatziel sabía mi paradero, por lo que Galeoto también. Ahora sabían mi hogar y las personas que vivían conmigo, tal vez también sabían de la ubicación de los chicos y de Cole. Sería un verdadero golpe de suerte que Derick estuviera a salvo ahora. Aun así, ellos dentro de poco se enterarían de mis debilidades, de mis horarios y de mis fortalezas. Dentro de poco me volverían a arrebatar todo lo que poco a poco he ido construyendo. La vida que llevé por un rato me volvería a ser arrebatada y todos aquellos que pensé proteger sufrirían de nuevo.
De nuevo todo sería solamente mi culpa.
Pero esta vez, tenía que hacer que todo fuera diferente. Aún estaba a tiempo.
Tan rápido como me acosté, me paré de la cama sacudiéndome todo el polvo y el miedo que me cargaba. Con un movimiento rápido corrí hasta la puerta y la abrí dirigiéndome al baño. En el pasillo me topé con Cole, pero ni siquiera me atreví a mirarla hasta que llegué a la entrada de la ducha y la mire suspicazmente.
Me liberé de toda mi ropa y no esperé a que el agua se entibiara por lo que cuando entré a la ducha, dejé escapar un grito de dolor al sentir la helada agua chocar contra mi piel desnuda. Mentiría si dijera que no sentí satisfactoria aquella sensación.
--¿Isabella?—dijo Liam detrás de la puerta--¿Está todo bien ahí?
No contesté porque sabía que si lo hacía la voz llorona se me quebraría. Aún estaba muy frágil para siquiera hacer un gesto. En vez de eso, enjuagué todo mi cabello con el shampoo especial de Perrie y dejé que todas las fragancias me rodearan como las idénticas enormes Auroras Boreales que aparecían en mis sueños. Después me dediqué a tallar todo mi cuerpo eliminando el perfecto aroma de Harry Styles. Casi me prohíbo eliminar aquella deliciosa fragancia, pero sabía que sería realmente estúpido si no lo hiciera. Al final, me unte un pequeño aceite que Charlie compró en el mercado hace unas semanas.
Cuando hube terminado cerré el grifo y me enrolle en una toalla blanca como un enorme pedazo de sushi. Lentamente abrí la puerta y eche a andar a mi cuarto con el miedo de que alguien me fuera a descubrir semidesnuda y descalza en el pasillo. Esto era lo malo de compartir piso con hombres. Antes podía prácticamente andar desnuda por mi pasillo sin el temor de que alguien fuera a verme.
En mi closet encontré unos jeans negros junto con una playera de manga larga color blanco y una chaqueta café. Para combinar me coloqué una bufanda roja y unas botas cafés a juego sin tacón. Los últimos toques fue ponerme desodorante, perfume y amarrarme el cabello en una curiosa cebollita despeinada. En mi bolso negro guardé lo necesario: lentes, llaves, arma, cigarrillos y papeles que debía llevar a todos lados.
Bajé las escaleras con prisa y recogí una dona cuando pasé por la sala. A lo lejos pude distinguir a Louis Tomlinson sentado junto a Mags.
--¿Qué es lo que hacen ustedes dos?—pregunté acercándome
Mags había obedecido mi orden: ella se había ido a arreglar colocándose unos pequeños pantalones y un sweater azul que seguramente tendría que ser de unos de los gemelos o Hunter. Creo que era hora de comprarle nueva ropa.
--Louis me enseña matemáticas—contestó Mags medio ida en sus problemas escritos en el cuaderno
Fruncí el ceño confundida.
--Pensé que Hunter era el que te enseñaba todos los días matemáticas—dije metiéndome un pedazo de dona a la boca
--Si pero en vista de que él no ha llegado, Louis se ofreció a enseñarme, además, él explica mucho mejor que Hunter—contestó--¿Sabías que una multiplicación es lo mismo que una división pero al revés? ¡Increíble!
Puse los ojos en blanco graciosamente. A veces Mags podía sorprenderse hasta con la cosa más insignificante.
--Si, los misterios de las matemáticas—contesté haciéndole burla. Ella me miró con mala cara y acto seguido me sacó la lengua graciosamente—Como sea, saldré un rato a…hacer unas cosas. No quiero que le abras a nadie por ningún motivo y también diles a todos que está estrictamente prohibido salir de casa hoy sin mi consentimiento
Esta vez, Louis y Mags me miraron de forma curiosa, pero yo solo me limité a encogerme de brazos y a cruzar la puerta donde me esperaba mi fiel y por fin arreglada motocicleta.
Narrador Omnisciente
--¡Se supone que está prohibido salir sin avisar a Isabella!—gritó Louis detrás de Harry y Zayn
Después de que Louis hubiera terminado su cesión de matemáticas con Mags, se dirigió con los demás chicos y Cole para informar sobre lo rara que se había comportado Isabella después de que le dijera que todos debían de quedarse encerrados bajo llave. Además, a la pequeña pelirroja también se le había escapado el hecho de que alguien había llevado flores anónimamente aquella mañana más el hecho de que el miedo la había dominado cuando Harry la descubrió leyendo una nota al despertar.
--¿Y qué sugieres?—gritó Liam, el cual iba liderando la fila--¿Qué nos quedemos en casa esperando a Isabella la cual seguramente salió a hacer quien sabe qué? Yo paso
Los seis individuos entraron en un callejón que seguramente Isabella habría tomado. En silencio procuraron caminar hasta hallar una nueva avenida, pero lo único que encontraron fue un tramo más grande de callejón. Harry sintió una mala vibra corriendo por sus venas, pero decidió ignorarla. Para él, en este momento, era más importante encontrar a Isabella.
--Si, ¿Pero en serio era necesario traer a Cole con nosotros?—preguntó Louis un tanto desesperado—Isabella bien dijo que estos tramos son peligrosos para las chicas que andan solas…
--Si son tan peligrosos, ¿Por qué Isabella anda sola por estos rumbos? Además, estoy con ustedes—contestó Cole inmediatamente—Ya relájate, Louis
Y eso fue lo último que se necesitó para mantener callado a Tomlinson, pero aun así el notaba algo observándolos. Casi como una sombra sin dueño. Algo dentro de él decía que esto no estaba bien y que la sugerencia de quedarse en la casa no era tan mala después de todo. Aquello era realmente extraño porque jamás se supo que Louis fuera una florecilla asustadiza, en realidad él era desafiante de la vida y una persona que no le importaba casi nada. El hecho de que Louis estuviera asustado tenía que significar algo.
Se oyó a Harry maldecir en silencio cuando piso un chicle y se pegó en sus botas viejas, pero ese fue el único sonido que se escuchó en una larga hora.
Pequeñas gotas empezaron a caer del silencio y el viento sopló haciendo que el cabello de Cole volara para todos lados. Aquello puso aún más la carne de gallina que Louis se estaba cargando, pero milagrosamente se quedó callado soportando el frío y la lluvia. Minutos después se escucharon truenos en el cielo y las gotas salpicaban absolutamente todo. Casi parecía como si el clima se estuviera poniendo de acuerdo creando una relajante música.
Plop, plop, ploooop, plop.
De hecho, Cole hasta sonrió al crear una nueva sinfonía con las gotas de lluvia.
Plop, plop, plop, plop, ploooooooop, plop.
Esta vez, fue Zayn el que sintió los enormes ojos acusadores vigilándolos. El bello de la espalda se le erizó por completo y unas tremendas ganas de hacer pipí lo invadieron por completo, pero aun así al voltear lo único que logró ver fue la obscuridad mezclándose con las delicadas gotas de agua. A pesar de sus sospechas, él igualmente se mantuvo callado diciéndose mentalmente que no tenía que ser tan paranoico con todo lo que sentía últimamente.
--Me estoy muriendo de hambre—susurró Niall casi inaudible y acto seguido se sobo la panza
Harry bufó.
--Te dije que comieras antes de salir—susurró de vuelta Harry temiendo que alguien que no fueran las personas con las que iba lo escucharan—Y ahora guarda silencio. Estamos en zona peligrosa
--Que genio—respondió Liam
Harry pensó en la noche pasada que había dormido en la misma cama con Isabella. Apostaba que todos mundo estaría igual que él si tan solo se pusieran unos segundos en sus botas/zapatos. ¿Es que nadie entendía lo que sentía en ese momento? Lo único que necesitaba era saber que Isabella siempre estaría en casa esperándolo con los brazos abiertos junto a una cama caliente y cómoda. Él necesitaba saber que ella aun lo seguía amando incondicionalmente.
--Cuando lleguemos a la casa podrás comer todo lo que quieras, Niall—suspiró Harry, cansado—Cole te hará esos sándwiches que tanto te gusta, ¿Cierto, Cole?
Pero en vez de una respuesta de parte de Cole, solo se escucharon las gotas caer, solo que esta vez ya no eran calmadas, si no fuertes. Casi como si alguien estuviera acercándose mientras millones de gotas caían a sus pies y cuerpo.
Ploploploploploploploploploploploploplop
Y al voltear, encontraron a Cole mirándolos fijamente con ojos asustados mientras que un hombre la agarraba por detrás y colocaba un cuchillo en su garganta.
--¡Cole!—gritó Louis y justo cuando iba a lanzarse hacia los hombres, Liam lo agarró de la camisa impidiéndole hacer una estupidez
El hombre sonrió victorioso.
--¿Cole?, ¿Cole Calder? ¿Pariente de Isabella Smith?—preguntó y pude notar cierto brillo en sus ojos—Me he sacado la lotería
Cole tragó saliva y jadeó del miedo. Pude notar sus piernas temblar, pero aun así no lloró, en vez de eso solo arqueó la espalda y cerró los ojos esperando lo que fuera que vaya a pasar.
--Suéltala—mustié—Ella no tiene nada que ver contigo. Te daremos lo que necesitas, pero déjala ir
El hombre soltó una carcajada y pegó más a Cole a su cuerpo. Esta chilló de miedo y cuando pensé que ya nada podría ir peor, otro sujeto apareció detrás de Niall y colocó un arma en su vientre vacío. Grité de miedo y Niall solo sonrió lleno de espanto. Pude jurar que me orinaba en los pantalones.
--En realidad, esta chica nos servirá más que cualquier uno de ustedes—ronroneó el hombre en la oreja de Cole—Cuando Isabella sepa que Cole está muerta, vendrá hasta nosotros por su propia voluntad sedienta de venganza. Dios, y yo que quería quedarme todo el día en cama viendo series
El cuchillo se enterró en la piel de Cole y esta gritó de dolor. Por muchos segundos, me dije a mi mismo que ella no merecía sufrir y pasar por todo esto. Lo malo siempre le ocurría a ella por nuestra culpa y lo peor es que nunca se alejaba de nosotros, casi como si le encantará la adrenalina del momento. Pero no. Todos sabíamos que lo hacía porque amaba a Louis Tomlinson y que prefería sufrir mil veces a alejarse de su lado, porque irse significaba un dolor aún más grande.
--¡Cole!, ¡Cole!—gritó Louis corriendo hacia ella
Lágrimas salieron de los ojos de la chica y pequeñas gotas de sangre embarraron su suave suéter blanco. Corrí hasta ella, pero alguien más me sostuvo de los hombros y me arrojó al suele propinándome una patada en el estómago y dejándome sin aire con el cual respirar. Jadeé adolorido mientras escuchaba gritos de dolor. Internamente, recé para que un ángel cayera del cielo y nos ayudara.
Y entonces, justo en ese momento, vi una delgada sombra aterrizar justo al lado mío.
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Entonces...¿ME EXTRAÑARON?
Hahahahahahaha, yo si las extrañé muchisisisisisimo <3 y lamento no haber actualizado en...1 mes o mas,pero ya es estan resueltos en serio, en serio, en serio, las extrañé chicuelas.