JACOB Y NESSIE NUEVA ERA II (...

By Dany1305

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JACOB Y NESSIE NUEVA ERA II (CONTINUACION DE DESPERTAR Y NUEVA ERA I)
PREFACIO
DESPEDIDA
COMIENZO
CELEBRACION
FUEGO
NADAR
EXTRAÑO
REY Y REYNA
EN CASA
BUSQUEDA
PREFACIO (JACOB)
HAY QUE VER LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA
DIOS, ESTO ES PARA PEGARSE UN TIRO
¡¿Y AHORA ME PIDE ESTO?! INCREÍBLE
CUANDO UNO LE VE LAS OREJAS AL LOBO
NEGOCIANDO CON LOS HERMANOS MARX
ESTO ES EL HOTEL DE LOS HORRORES
NO TE IMAGINAS LO DESESPERANTE QUE ES LA ESPERA
SÍ, VALE, NO SÉ DE QUÉ ME ASUSTO YA, PERO ES QUE ESTO ES DEMASIADO
¡NO, MALDITA SEA! ¡NESSIE, NO VAYAS!
HONOR
CUANDO CREÍAS QUE YA NO IBA A PASAR ALGO PEOR, VA Y SUCEDE
¡JA! ¡CHUPAOS ESA!
¡ASÍ QUE ESTO ES LO QUE QUERÍAS, ARO!
SI TENGO QUE ELEGIR UN ÚLTIMO DESEO, LO TENGO MUY CLARO
TIC, TAC, TIC, TAC. EL MOMENTO DE LA BATALLA FINAL SE ACERCA
COMO SIEMPRE, TODO EL PESO RECAE SOBRE MIS HOMBROS
¡¿QUÉ?! ¡ESTO ES IMPOSIBLE, IMPOSIBLE!
CUANDO UNO NO TIENE CONFIANZA EN SÍ MISMO, PASA LO QUE PASA
SI ANTES ERA UN ÁNGEL, AHORA NI TE CUENTO
ESTO DE SER EL GRAN LOBO ES LA CAÑA
¡¿PERO QUÉ ME ESTABAN DICIENDO?! ¡¿SE HABÍAN VUELTO LOCOS O QUÉ?!
¡ARG! ¡MENUDO ASCO! ¡NO ME GUSTA, NO ME GUSTA!
NO HAY NADA COMO ESTAR EN CASA CON TU CHICA
MIRA TÚ LO QUE DESCUBRE UNO
CONTINUACION

ESTÁ MÁS QUE CANTADO LO QUE VA A PASAR AQUÍ

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By Dany1305

La cara de los rumanos lo decía todo. No se esperaban nuestra aparición en escena. Se miraron el uno al otro, volvieron la vista hacia nuestro bando con un rechinamiento de dientes, y Stefan lanzó un escupitajo al suelo, mostrándonos su opinión.

Vale, los Vulturis no eran las hermanitas de la caridad, precisamente, ¿pero a qué venían esas quejas y ese desprecio? Ellos habían secuestrado a Renée para chantajear a Bella y a los otros, y, encima, les habían hipnotizado con algún tipo de truco. Para mí no se diferenciaban mucho de las otras momias.

Eso hizo que me fijase más en Bella, Edward, Alice y Jasper y que me preguntase cómo harían esos rumanos para hipnotizarles, porque no parecía un conjuro. Cuando Nessie había estado hechizada, su cuerpo estaba envuelto con aquella telaraña, en cambio, ellos no tenían nada que les oprimiese o envolviese, no había nada que me indicase que estaban bajo la influencia de un hechizo.

Lo que sí había era un ambiente muy raro. No sé lo que era, pero algo realmente maligno flotaba en el aire, podía sentirlo, mi instinto de Gran Lobo me lo decía, y me ponía los pelos de punta. Bueno, vale, lo de los gigantes no se quedaba atrás, pero, por increíble que pareciese, esto lo superaba, era algo espeluznante. Esa maldad procedía del centro de la formación. No podía verla, pero sí que sentía cómo emanaba del núcleo de ese rectángulo de chupasangres y se extendía por todas partes.

Agucé la vista y traté de adivinar quién era el culpable de ese sentimiento escalofriante, pero todas las sanguijuelas eran más o menos iguales, y, encima, también vestían esas capas que parecían estar muy de moda entre los chupasangres, sólo que, en vez de usar una escala de grises que se iban oscureciendo hasta el negro absoluto, estas nacían de un color malva claro y también se iban volviendo más oscuras, hasta que llegaban al negro de Vladimir y Stefan. Sí, no podía ver quién producía ese ambiente maléfico, esas capuchas me impedían verles los asquerosos semblantes a todos, pero sí que veía sus almas. Todas eran tan malvas como sus ropajes, sin embargo, justo en el centro de la formación, ese malva era más intenso y oscuro. Mi instinto no me engañaba. Esa maldad provenía de ahí.

Mi vista regresó a los Cullen del otro bando. Bella extendía su impresionante escudo por delante de la primera fila de la formación, esa fina y elástica capa de acero líquido que chispeaba en el núcleo. Maldita sea. Esos malnacidos estaban bajo su total protección. Pero a Edward también le tenían trabajando. De su cabeza salían sus ondas de color plateado, casi transparente, que me recordaban a las de las antenas parabólicas. Esas ondas eran emitidas a una velocidad muy rápida, y se dispersaban por todas partes, llegando a alcanzar varios kilómetros a la redonda. Era bastante increíble, la verdad, tenía que reconocérselo. Así que Edward podía escanear todas las mentes que le rodeaban, hasta las de todos esos vampiros que tenía a su alrededor. Y nosotros no éramos una excepción. Seguramente ya podía ver cada uno de nuestros pensamientos desde hacía un buen rato.

De momento tenía que cumplir con mi parte del trato, así que extendí mi círculo brillante de modo que nos cubriera a todos, incluidos esos viejos decrépitos y su chusma de guardia, para mi desgracia, y las ondas que se dirigían a nosotros se deshicieron tan sólo al roce con mi barrera. Ahora Edward no podía leernos la mente.

Mi barrera no hacía falta con Alice, ya que, aunque quisieran, ella no podría ver nada del futuro, con nosotros por el medio. Quizá por eso Alice no estaba usando su don, era una pérdida de tiempo. Jasper también estaba reservado, puede que lo dejasen por si las cosas se ponían más feas.

Los fósiles y sus matones caminaban con ese paso cadencioso y desesperante. Sí, lo era. Nosotros estábamos acostumbrados a otra clase de ataques, y esto de dar un pasito y pararse, otro pasito y pararse, otro pasito y pararse, nos ponía del hígado. Paul estaba apunto de estallar, y Sam calmaba sus ánimos y los del resto. Todos esos chupasangres seguían el mismo ritmo, avanzando a la vez, con una marcha sobria y aburrida. Sus pies parecía que flotasen, no hacían el más mínimo ruido al contacto con la verde hierba, y todas esas capas que vestían, juntas formaban un manto que, a vista de pájaro, se extendía sobre la pradera como si de una ligera y vaporosa tela se tratase. Podía imaginármela ondeando sobre el prado, deslizándose, avanzando lentamente con el único impulso de un suave soplido.

Pero poco a poco íbamos acercándonos, sin embargo, al hacerlo más, todos pudimos ver algo que nos dejó helados, hasta los propios Vulturis abrieron sus gelatinosos globos oculares como platos. Eran los ojos de Bella, Edward, Alice y Jasper. No podía creerlo, tenían el iris de color escarlata.

¿Qué…? ¡¿Qué mierda era eso?! ¡¿Acaso les habían obligado a tomar sangre humana?!

¡¿Qué les han hecho?!, mascullé con cólera, pataleando con mis patas delanteras con nerviosismo.

―¡No! ―lloró Nessie, al verlo.

Mierda, odiaba verla así.

―Dios mío… ―murmuró Esme con un sollozo, llevándose las manos a la boca.

―¡Maldita sea! ―gruñó Emmett, que ya se lanzaba a por Vladimir y Stefan, aunque Rosalie le contuvo, tirándole del brazo hacia atrás.

Toda mi manada se sobresaltó y nuestra agitación se hizo más que evidente. Los gañidos y gimoteos surcaron esa brisa que corría en dirección a la formación de los rumanos, llamando la atención de éstos, pero también de la guardia Vulturis.

La imagen de Bella siendo obligada a chuparle la sangre a un inofensivo humano hizo que la mía propia hirviese, porque ella jamás lo haría, jamás. Tenían que haberles obligado con la influencia de esa especie de hipnosis o lo que fuera.

―¡Nooo! ¡¿Qué les habéis hecho?! ―chilló Nessie, llorando desesperada.

Podía sentir los fuertes tirones en mi pelaje.

¡Malditos! ¡Malditos chupasangres!, grité, dedicándoles un potente rugido.

Mis lobos se agitaron más, preparándose por si yo daba una orden, para obedecerla ciegamente.

―Calma ―habló Carlisle, interponiéndome su brazo para intentar que me tranquilizara.

Le observé durante un instante. Aunque era tenso y se notaba su preocupación, su rostro permanecía tranquilo.

¿Cómo podía guardar la compostura de esa forma?

―¡Mamá, papá, soy yo! ¡Alice, Jasper!―volvió a gritar Nessie.

Entonces, escuché su llanto rabioso, y eso no lo soportaba. Podía aguantar cualquier cosa que me hicieran a mí, pero sólo verla llorar a ella era toda una tortura, porque no podía soportar verla sufrir. Tenía que hacer todo lo posible para que ella no siguiera llorando, y eso empezaba por relajarme yo. Si ella me veía nervioso y furioso, se lo contagiaría, en cambio, si me veía tranquilo, ella estaría tranquila. Nuestra compenetración y sincronización lo eran en todos los ámbitos.

Rechiné los dientes, tragué un montón de saliva e intenté relajarme, aunque me resultaba muy, muy difícil.

¿Qué…? ¿Qué es eso…?, escuché de repente en mi sesera.

Mierda. Nessie ya se había transformado. Y acababa de ver justo lo que yo no quería que viese. La dantesca imagen de los gigantes. La rabia y la ira que le había llevado a transformarse, ahora se había reducido un poco y había pasado a la perplejidad, horror y asombro absolutos mezclado con un sentimiento de temor, susto, pena…

Tranquila, cielo, intenté calmarle. Procura no fijarte en eso, ¿vale? Concéntrate sobretodo en no separarte de mí.

, aceptó con un hilo de voz, todavía seguían notándose todos esos sentimientos.

Lo que dije. Si me veía tranquilo a mí, ella estaba más calmada, también.

Vale, no quería que ella viese esa imagen, pero tenía que reconocer que el que se hubiese transformado me tranquilizaba mucho, porque ahora estaría bajo mi continua protección. Yo podía extender mi círculo brillante todo lo que quisiera en un momento dado, y con eso podía proteger a quien me apeteciese, pero mi círculo también tenía autonomía propia, y cuando se trataba de mi manada, él solito se movía para protegerles sin que yo tuviera que andar pendiente. Resultaba muy útil cuando estábamos peleando con los chupasangres nómadas que venían a La Push, ya que yo podía ir a mi bola sin tener que preocuparme de que una de esas sanguijuelas tuviera un don y pudiese freír a uno de mis hermanos. Mi círculo se extendía a su aire y solucionaba el problema. Esto solamente pasaba con mis lobos, pero ahora Nessie era parte de la manada, así que ella también estaría protegida.

Después de esa caminata aburrida y lenta, las momias y su chusma se detuvieron al unísono. No hizo falta orden ni gesto alguno, todos se pararon a la vez. Nosotros hicimos lo mismo, y los Cullen de nuestro bando, Ryam, Helen y los metamorfos no dimos un paso más.

Nessie pasó la pierna por encima de mi cabeza y pegó un ágil salto para bajarse.

No te separes de mí, le repetí.

Asintió y su mano se aferró a la pelambrera de mi costado.

Ese desagradable semblante de Aro se mostraba serio y sobrio, pero no había matiz de preocupación en él, más bien destilaba una inquietante tranquilidad por todos los costados. Cayo ya era otro cantar. Su ceño de pelos blancos estaba bien incrustado en esos repugnantes ojos de rata, y su careto confesaba las molestias que esto le ocasionaba. Como siempre, el adormilado sólo estaba de cuerpo presente, y parecía que todo esto le daba exactamente igual.

Todos nos quedamos a varios metros de Vladimir y Stefan y se hizo un silencio sepulcral que se rompió al cabo de un eterno rato.

―Veo que no habéis perdido el tiempo y que habéis corrido para esconderos bajo las faldas del Gran Lobo ―habló Stefan, con un aire muy crítico y censurador.

―Lo que no nos imaginábamos es que él iba a comer de tu mano ―soltó Vladimir, dirigiendo su mirada a mí.

Maldito imbécil.

¡Yo no como de la mano de nadie!, protesté, dedicándole un rugido.

Aro levantó su mano para que me calmase. Y eso me ofendió en el alma, porque daba a entender que lo que ese cretino decía era verdad. Loco farsante. Así que me incliné y proferí un rugido mucho mayor, pero éste dedicado a ese viejo decrépito, que se giró para mirarme, sorprendido, mientras sus matones se ponían en guardia.

Estúpido, ¿qué se creía?

Muy bien, Jake, aclamó Seth.

¿Pero qué se cree ese imbécil?, criticó Leah, muy ofendida.

―El Gran Lobo no sirve a nadie ―declaró Emmett en voz alta, también enfadado―. Si estamos aquí es por obligación, no por gusto.

Eso, eso, déjaselo bien claro, Em, alabó Shubael.

Sí, a ver qué se cree ese capullo de Aro, condenó Isaac.

¡Esto es indignante!, se quejó Brady.

¡Esto es una mierda!, matizó Paul. ¡Yo digo que nos lancemos a por ellos de una maldita vez!

El resto de mi manada también se agitó y mi mente se llenó de más protestas con ofensa personal.

¡Bueno, vale ya!, bufé; y todos se callaron. De momento seguiremos la farsa. Tenemos que rescatar a Bells y al resto, ¿recordáis?

Nadie dijo ni pío.

―Paz ―nos pidió Aro a mí y a Emmett. Le hizo una pequeña señal a su guardia, la cual volvió a sus puestos de antes, y acto seguido se giró hacia Vladimir y Stefan―. Vosotros también os habéis armado bien ―dijo, señalando con la mano a Edward, Bella, Alice y Jasper, y a todos esos gigantes que tenían a la espalda.

―Hemos esperado muchos siglos para esto ―le contestó Stefan, rechinando los dientes―. No íbamos a venir con las manos vacías.

―Nuestra enemistad ha vagado durante todos estos siglos, ciertamente ―asintió Aro―. No obstante, y dada mi indulgencia, os daremos una oportunidad de redención, siempre y cuando juréis someteros a las leyes tan necesarias que imperan en nuestro mundo.

―No me hagas reír ―respondió Vladimir, mostrando una media sonrisa agarrotada, muestra de que hacía mucho tiempo que esos tendones de su cara no se movían―. No hemos venido hasta aquí para rendiros pleitesía.

―Bien, como queráis ―aceptó Aro.

El Vulturis tarado y uno de los rumanos alzaron las manos a la vez para preparar sus ataques.

Todos mis lobos y yo nos agazapamos un poco, mostrando nuestras dentaduras mientras gruñíamos. Nuestra postura contagió a Ryam y a Helen, que no tenían ni idea de luchar, solamente cuatro cosas que les habíamos enseñado anoche. Ellos también se inclinaron hacia delante, cogidos de la mano. Teníamos que estar extremadamente atentos. Ninguno de los Cullen del otro bando podía resultar herido.

Jake, ten cuidado…, murmuró Nessie, asustada, aferrándose a mi pelaje con más fuerza.

Tranquila, todo saldrá bien. Tú no te despegues de mí, repetí por enésima vez.

Pero, entonces, Carlisle me interpuso su brazo una vez más.

Le miré extrañado y él hizo unas negaciones con la cabeza.

¿Qué pasaba? ¿Todavía no?

De repente, ese fósil de Aro y Vladimir bajaron las manos a la vez y sólo dos vampiros saltaron a escena.

¿Qué era esto? ¿Sólo dos chupasangres?

Ambos retiraron sus capuchas hacia atrás. El grandullón de Felix, que sonreía con arrogancia, y la otra sanguijuela, que no era mucho más pequeña, comenzaron a fintar, caminando en círculos.

¿Qué mierda es esta?, se quejó Paul.

Bueno, míralo como si estuviésemos viendo un combate de Pressing Catch en directo, sólo que a lo bestia, dijo Nathan.

No he venido hasta aquí para ver cómo se matan los unos a los otros, gruñó mi cuñado. Ya que estoy aquí, quiero aniquilar a unos cuantos.

Tranquilo, no creo que todo sea así, declaró Sam.

Eso espero, resopló Paul. Esto es un aburrimiento.

¿Quieres callarte ya, pelmazo?, le regañé.

Idiota. Hablaba como si esto fuese una de esas luchas contra los nómadas que teníamos todos los días en La Push.

No dije más, para no alertar a Nessie, pero esto no tenía nada que ver. Todavía podía sentir esa maldad emanando del núcleo de la formación del ejército de Vladimir y Stefan, y no me gustaba ni un pelo.

Ese Felix inició su ataque con un salto, aunque el otro chupasangres no se quedó atrás. Ambos chocaron en el aire y ya se arrearon por todos los sitios.

Espero que esto no dure mucho, suspiró Cheran.

Ya te digo, siguió Rephael.

Dejad de quejaros y tomad nota, les reprendí. Nunca se sabe, igual tenemos que enfrentarnos a ese grandullón algún día de estos, así que memorizad bien todos sus movimientos. Ya que estamos aquí, tenemos que aprovechar.

Toda mi manada prestó atención a la lucha.

Los dos vampiros aterrizaron en el suelo, dándose a mamporrazo limpio. Felix le propinó una patada al otro que le lanzó hacia atrás, haciendo que su espalda se estampase en el terreno. Las almohadillas de nuestras patas pudieron sentir la vibración del suelo, aunque, antes de que terminaran, el otro chupasangres ya se había puesto de pie para volver a fintar con el grandullón.

Emmett observaba la pelea con fastidio, se notaba que le hubiera gustado estar en el lugar de Felix, aunque más bien me parecía que se moría por ocupar el sitio de la otra sanguijuela. Los Vulturis y los rumanos también atendían a la lucha con mucho interés.

El matón de Vladimir y Stefan consiguió engañar a Felix y, con un movimiento rapidísimo, serpenteó delante de sus napias y le arreó un puñetazo en todo el careto que a punto estuvo de arrancarle la cabeza.

Cayo rechinó los dientes.

¡Toma!, exclamó Quil.

Apuesto cinco pavos por el chupasangres de los rumanos, retó Embry.

Hecho, aceptó el primero.

¡Dejaos de apuestas! ¡Este no es el momento!, gruñí.

Jake, ¿qué vamos a hacer?, me preguntó Nessie, muy preocupada. ¿Cómo vamos a hacer para rescatar a mis padres y a mis tíos?

Felix se recuperó rápidamente y los dos vampiros volvieron a machacarse a golpes.

No lo sé, reconocí, apretando mis muelas con frustración. Primero tendríamos que ver en qué desemboca todo esto y cómo sucede todo después. No podemos planear nada sin saber qué va a pasar ni qué estrategia van a utilizar los Vulturis.

En cuanto empiece la batalla, no mirarán para nosotros, afirmó Sam. Es más, lo más seguro es que cuando nos deshagamos de la mayoría de chupasangres, se lancen a por nosotros para quitarnos del medio.

Los dedos de mi ángel aferraron mi pelambrera con tensión.

Sí, lo sé, suspiré con desagrado. Lo único que quieren es utilizarnos para que les limpiemos el camino. Cuando ya no les seamos útiles, nos atacarán.

Y a los Cullen también, añadió Quil. A todos los Cullen.

Llevan mucho tiempo detrás de ellos, no creo que desaprovechen esta oportunidad, siguió Embry.

Nessie iba a arrancarme el pelo.

Mierda, ¿queréis cortaros un poco?, les regañé.

No, estoy bien, no os cortéis por mi culpa, manifestó Nessie. Además, todo eso ya lo sé.

El otro chupasangres salió despedido de nuevo hacia atrás, del enorme porrazo que le arreó Felix, y su espalda volvió a hacer que la tierra temblase.

Escuchad, sé que esos viejos decrépitos y cobardes se cubrirán las espaldas, y los rumanos también, pero yo usaré mi poder espiritual todo lo que pueda, les dije. Y con los gigantes, lo mismo. No os preocupéis, nos las arreglaremos como sea. Estamos acostumbrados, ¿no? Somos un equipo, estamos muy bien organizados y compenetrados. Podremos con todos ellos.

Después de soltar esa parrafada tipo entrenador de equipo de baloncesto, mis lobos me aclamaron con sus voces mentales.

El matón de Vladimir y Stefan no tardó nada en levantarse y embestir contra el grandullón.

También me preocupan Ryam y Helen, confesó Nessie. Ya sé que anoche les enseñasteis varias cosas, pero no tienen práctica, y cuatro técnicas no son suficientes.

No te preocupes, nosotros les cubriremos las espaldas, le calmé.

Entonces, de pronto, se escuchó un alarido enorme. Felix le había arrancado los dos brazos a la vez a la otra sanguijuela, que se había caído de rodillas y se retorcía de dolor. El golpe mortal no se hizo esperar.

―¡NOOOOOOO! ―chilló el otro chupasangres, despavorido.

Los rumanos cerraron sus puños a la vez.

Sin ningún tipo de compasión y con una sonrisa arrogante y despreciativa total, el gigantón le asestó una fuerte patada en la cabeza que hizo que saliese despedida como un meteorito. El miembro chocó contra el tronco de uno de los árboles que bordeaban la pradera y lo quebró a la mitad, de lo fuerte que fue el impacto, a la vez que el cuerpo caía boca abajo sobre la alta hierba, inerte.

El grandullón sacó una caja de cerillas de algún bolsillo escondido en su capa, encendió un fósforo y lo arrojó sobre ese cuerpo de piedra, que estalló en una llamarada. La columna de humo púrpura enseguida se hizo visible.

―Bravo, Felix, una gran pelea ―le alabó el chiflado de Aro.

―Gracias, maestro ―asintió él, ya colocándose junto a la formación.

―Esto no quedará así ―masculló Vladimir con furia.

―Rendíos, y os perdonaremos la vida ―reiteró Aro, ahora más serio―. Es la última vez que lo repetiremos. No habrá más oportunidades.

―Pues entonces demos comienzo a esta guerra ―exigió Stefan, tensando su careto aún más.

―Vosotros la habéis comenzado y vosotros la habéis querido ―afirmó el viejo chiflado, haciendo como que se limpiaba las manos―. Que así sea.

Y las palabras se terminaron.

De una forma súbita, estrepitosa y vertiginosa, todos los gigantes y chupasangres se lanzaron los unos contra los otros; un centenar de espectros que se mezclaban entre sí como torpedos supersónicos de color gris y malva.

¡Maldita sea! Sí, incluidos Bella, Edward, Alice y Jasper.

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