Estrella Fugaz Diurna (Daiki...

By hanatanji

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Daiki Mamura es un chico bastante extraño a comparación de los demás. No socializa, es serio, frío y se manti... More

Día 1: La Chica de Trenzas.
Día 2: Boliche.
Día 3: Perdidos.
Día 4: Un Mundo Aparte.
Día 5: Enfermedad.
Día 6: Como el Cristal.
Día 8: Esperanza.
Día 9: Alucinación.
Día 10: Jaque.
Día 11: Fragmentos.
Día 12: Claro de Luna.
Día 13: Redención.
Día 14: Presagio.
Día 15: Promesa.
Día 16: Blanco y Negro.
Día 17: Sentimientos Eclipsados.
Día 18: Tiempo de Espera.
Día 19: Ouverture.
Día 20: Plan B.
Día 21: Simplemente Ella.
Día 22: A Flor de Piel.
Día 23: Valiosa Mitad.
Día 24: Rondo Capriccioso.
Día 25: Afinidad Agridulce.
Día 26: Nosotros.
Día 27: Mi Estrella Fugaz Diurna.
Día 28: Una Vez Más.
★29: Noche Estrellada.

Día 7: Fuegos Artificiales.

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By hanatanji

Con mi brazo rodeándole su cintura y cuello, abracé a la persona más irritante que conozco. Y la que, por culpa de ese sujeto, está llorando como nunca.

¿Qué es lo que tiene que hacer uno para ser correspondido?

—Qué molesta eres —logré decirle con toda la calma de la que fui capaz. No quería que notará el dolor y la molestia en mi voz—. No muestras ningún interés en mí y estas tras una persona que nunca corresponderá tus sentimientos —exhalé con fuerza, esperando que con eso mis ganas de partirle la cara a alguien se calmaran. Casi funciona—. Y luego, comienzas a llorar de la nada. Me sacas de quicio, ¿lo sabías?

Sentí una fuerte presión en mi pecho.

—Pero, lo que más me molesta —la estreché más hacia mí— es que no pueda hacer nada por ti cuando estas así.

Lo que estaba apunto de decir, tal vez iba a provocarme enormes problemas.... Pero si no lo hago, no creo seguir soportándolo más. Llené mis pulmones de aire, combinado con su dulce aroma, y la aparté para mirarle directamente a los ojos. Mi boca se sentía más seca que un desierto, pero le espeté lo más sincero que pude:

—Tú sólo deberías enamorarte de mí.

No sé quién de los dos dejó de respirar. Ella me miraba alternadamente a los ojos, como si lo que acabara de decirle fuera un completo enigma.

Demonios. Esa reacción no me ayuda en nada. No tengo la más remota idea de lo que está pensando.

Esperé un sonido, una palabra, algo que me diera alguna pista de lo que estaba por venir, pero no hubo nada. Absolutamente nada.

De pronto, se escuchó el golpe seco de una pelota de béisbol chocando contra el piso.

—¡La tengo! —gritó el chico que vino por ella. Y como si hubiera estado todo este tiempo hipnotizada, dio un respingo....

Y me empujó.

—Lo siento... —dice en tono muy bajo y con la cabeza agachada, ocultando su rostro con el cabello—, debo ir a casa.

Se fue corriendo. Quise detenerla, pero no le vi el caso. Lo hecho, hecho está.

Al tiempo que el peso de decirle se fue esfumando, uno nuevo tomó su lugar, haciéndome sentir más allá que una mierda.

Me colgué la mochila de nuevo en el hombro, saqué mi ipod y al colocarme los audífonos le di reproducir. Justo cuando empecé a caminar a la salida, me llegó un mensaje. Saqué el celular de mi bolsillo y lo abrí sin ganas. Era de Inukai, invitándome a comer hamburguesas con Sarumaru.

No me apetecía comer, pero no rechacé la invitación.

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Una vez que tomamos lugar en aquellas mesas de asientos incómodos, Sarumaru e Inukai empezaron a hablar de cosas irrelevantes. Yo sólo me dedicaba a escuchar, sin prestar mucha atención. Así estuve la mayor parte del tiempo hasta que Sarumaru tomó como tema el Festival de Verano.

—Oigan, ¿qué planean hacer en el Festival de Verano? —dice él aún con el bocado en la boca.

—¿Eeeeh? Ya tan rápido estamos en esas fechas... —dice Inukai, comiendo con toda la tranquilidad del mundo sus papas a la francesa.

—¿Quieren invitar a las chicas? Si le decimos a Kameyoshi, seguro también irá Yuyuka-chan —propone Sarumaru, ilusionado.

—Admiro tu fervor —dice Inukai en tono irónico.

Festival de Verano, ¿eh? Tal vez ella también vaya...

—Mamura como siempre no quiere ir, ¿verdad? Así que invitemos a otros tipos y...

—Iré —interrumpí a Sarumaru—. Yo también iré.

Se me quedaron viendo con la boca abierta.

—¿Y a ti, qué mosco te picó? —me dice Sarumaru, después de tragar su bocado con dificultad.

—¿Qué no puedo ir?—le miré serio y frío.

Ambos dieron un respingo al ver mi cara.

—Bueno pues, ¡ya manda el mensaje! —le dice Sarumaru a Inukai, jalándolo constantemente del brazo.

—¿Cómo quieres que mande el mensaje si me mueves así? —teclea con torpeza Inukai en su celular.

Después de saber el lugar y la hora en donde nos veríamos, me fui a casa. Llegando, encontré a mi padre haciendo la cena con su usual alegría. Tan radiante estaba que me fue contagiando de su buen humor, justo lo que necesitaba en este día tan gris.

-—Ya llegué, papá —le sonreí levemente.

—¡Oh, Daiki! ¡Bienvenido! ¿Ya comiste? Estoy preparando unos deliciosos panqueques para la cena, por si gustas.

—Paso. De hecho, al rato iré al festival del templo.

Me miró atónito. En serio, ¿qué uno no puede hacer algo nuevo alguna vez en su maldita vida?

—Ah —aclara su garganta—, y ¿con quién piensas ir? —me pregunta mientras vierte otro poco de masa en el sartén.

—Con Inukai, Sarumaru y unas chicas de nuestra escuela.

Se le cae la cuchara al sartén y salpica toda la estufa. Sí, exactamente pensé que ésa iba a ser su reacción.

—Bueno, me voy a cambiar —me subí antes de que empezara a preguntarme sobre mi gran cambio y un posible sermón sobre la pubertad.

Al llegar a mi cuarto, Daichi sale a taclearme-abrazarme. Un saludo que siempre hace conmigo.

—Hola, mocoso —le dije, alborotando su cabello.

Alza su cabeza y me mira... ¿enojado?

—¿Vas a ir al festival del templo? —me pregunta ceñudo el monstruo.

—Sep. Sólo será un rato —río levemente por su expresión.

—¡Quiero iiiiiiir! —me jala de la ropa—. ¡Llévame!

—Esta vez no puedo llevarte —la verdad es que sí puedo, pero es una responsabilidad enorme. Aparte, no creo estar al pendiente de él todo el tiempo por.... Em, no puedo—. Para la otra, ¿vale?

Me empuja resignado y me grita:

—¡TE ODIO! —se va a su cuarto y cierra de un portazo. Okey, creo que hoy es el día internacional de los empujones. Ah, este mocoso..., me río para mis adentros.

------------------------------

—De veras, te tardaste un buen en vestirte, Sarumaru —lo regaña Inukai.

—¡Lo siento, meeen! Es que quería ir presentable para las señoritas —mueve sus cejas arriba y abajo con mirada seductora. Si llevar un traje tradicional de carpintero es "sexy"..., definitivamente este mundo no tiene esperanza.

Llegamos casi corriendo a la entrada y las vimos. Vaya.... nunca pensé que Trenzas fuera ir en yukata. Se veía.... vaya, hasta me hacía sentirme fuera de lugar. Yo iba con jeans negros, una camiseta blanca y encima de ésta, una camisa denim de manga corta.

—¡Ooooh! ¡¿Se pusieron una yukata por mí?! ¡Qué hermoso...! —les dice Sarumaru a las chicas en tono cursi—. ¡Bravo! ¡Fantastic! ¡Ah, por eso amo el verano!

—No lo hicimos por ti, Sarumaru —le contesta una chica que no recuerdo su nombre, mirándolo seria.

—¿Y tú? ¿Qué onda con esa facha de carpintero? —le dice la otra que tampoco me acuerdo de su nombre.

—Deja de mirarnos así o te empezaré a cobrar por la ojeada —exhaló hastiada Nekota.

—Su espíritu es inquebrantable. Es un tipo fuerte —comentó Inukai.

—Así es —concluí.

Toda mi atención se centró en ella. No pude evitarlo. Su cabello negro en contraste con su yukata de flores en tonos rosados, hacía resaltar muy bien sus facciones.

Se percató de mi mirada y cuando estaba por voltearse, desvié la mirada hacia Inukai y le dije lo primero que se me ocurrió:

—Tengo hambre.

—¿Eh? —rió muy divertido por lo que dije—. Pues vamos por un Okonomiyaki.

No puedo toparme con su mirada. No mientras siga recordando lo sucedido y siga sintiéndome... incómodo.

—¡VAMOOOOS! ¡Es hora de divertirnos un ratín! —nos dice alegremente Sarumaru.

Fuimos viendo todos los puestos, bastantes y variados. Creo que venimos a una buena hora ya que había mucha gente.

—¿A dónde quieren ir primero? —dice amablemente Inukai.

—Ah. ¡Katanuki! —de repente dice Trenzas y se va a ese puesto. Todos la seguimos.

—¿Qué es esto? —le pregunta una de las chicas al señor de la tienda.

—Cortas la figura con una aguja, así —agarró uno de los cuadros pequeños en donde había una figura y lo fue pinchando con una aguja—. Si sale completa, obtienes un premio.

Todos estuvimos de acuerdo en intentarlo, así que el señor nos invito a tomar asiento y enseguida, a cada uno nos dió un cuadro.

—Esto es muy difícil... —dice Inukai, no muy feliz al ver su figura romperse poco a poco.

—¡Guau, Suzume-chan! ¡Eres experta en esto! —le dice una de las tipas, admirándola.

—Ésta es una de mis tres mejores habilidades —dice Trenzas como si no fuera la gran cosa.

La verdad es que se escuchaba más fácil de lo que era. Mi cuadro parecía que se lo habían comido las termitas.

—¡¿ESO QUÉ, MAMURA?! ¡¡ERES PÉSIMO EN ESTO!! —se burla de mí el estúpido de Sarumaru.

—Cállate —le dije, irritado de este mendigo cuadro.

—En serio, deberías mejor decirle a Suzume-chan que te enseñe.

—Um, ¡Señor, quiero hacer este! —espeta Trenzas de pronto. Se le veía un poco incómoda.

Así se nos fue el tiempo, entre jugando, comprando comida y (para algunos de nosotros) ganando premios. En ningún momento estuve a solas o cerca de ella. Y en ningún momento nos dirigimos la palabra.

—Pronto comenzarán los fuegos artificiales —anuncia Inukai, mirando el cielo nocturno.

—Lo siento, tengo que ir al baño. Ustedes adelántense —dice Trenzas, haciendo con sus manos la señal de tiempo fuera.

—¿Segura que puedes ir sola? ¿Quieres que te acompañe? —le dice una de las chicas.

Nunca he entendido por qué a las mujeres les gusta ir al baño acompañadas. ¿Mientras una entra al baño, la otra le echa porras o qué? Como sea, son cosas que no quiero saber.

—No hay problema, regreso pronto. De cualquier forma, traigo mi celular —concluye Trenzas y se va caminando.

Entonces me acordé. La otra vez que fuimos de excursión, ella se fue sola a dar una vuelta. Y si ese día no la hubiera seguido, hubiera andado sin rumbo por todo el bosque. Es pésima orientándose, por lo tanto es un hecho que se va a perder.

—¿Mamura? —Inukai mueve su mano frente a mí.

El pretexto pronto se formó en mi mente.

—Ah. Olvidé algo que quería mi hermano, voy a comprarlo y regreso. Cualquier cosa me avisas por mensaje —le dije y me fui tras ella sin esperar a que me contestara.

Localicé rápido los baños de mujeres. Estaban detrás de las primeras tiendas que visitamos así que no había mucho pierde. Me recargué en una máquina de bebidas que estaba al lado y esperé. No tardó mucho en salir. Trenzas al verme, pareció incomodarle mi presencia. Como si de todas las personas, yo fuera el menos indicado en estar ahí.

—¿Qué... haces aquí? ¿No te fuiste con ellos? —me pregunta.

—Tú te pierdes sin un guía, ¿cierto? —le dije sin rodeos.

No me respondió. Había dado al clavo.

—Vamos —le dije, levantándome—. No querrás ver los fuegos artificiales frente a un baño.

Ella no me dijo nada, ni me asintió con la cabeza. Sólo me siguió. La gente había comenzado a acumularse por doquier, lo cual hacia que camináramos a paso lento.

—¿Los vamos a poder encontrar entre toda esta gente? —me pregunta, volteando para todos lados.

—Tal vez.

Alcancé a ver a Sarumaru hasta al fondo, alzando sus brazos como si estuviera en una montaña rusa. Cuando volteé para decirle que los había encontrado, varias personas se juntaron a su alrededor y no se podía mover. Sin pensarlo, busqué su mano y la jalé.

—Sígueme.

Ya sentía el calor por toda mi cara, pero no podía remediarlo. Era la única forma de que ella no se dejara llevar por la marea de gente. Sentir su suave mano junto con la mía me puso nervioso. La idea de no querer soltarla abarcó mi mente.

Al escucharse el sonido del primer fuego artificial, ella se soltó de mi mano. Las luces se atenuaron para ver mejor el espectáculo. Su cara se alumbraba conforme las luces de los fuegos artificiales estallaban en el cielo. Todos admiraban lo que había ante sus ojos. Yo hacía lo mismo: admiraba a la persona que tenía ante mis ojos.

Esa persona que no parece alcanzarle mis sentimientos.

—No puedo corresponderte... Lo... Lo siento —agacha y desvía su mirada—, pero me halaga que....

No termina de decirme. Algo atrae toda su atención. Se queda inmóvil y su mirada se pierde. La curiosidad puede conmigo y me hace voltear hacia donde ella mira. No era algo, sino alguien.

Ese sujeto, de nuevo, hizo su acto de presencia.

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