Capítulo 32
- Hola Sam.
- Hey linda, siento interrumpir tú mañana, sólo quería saber ¿cómo sigues?
- Realmente no estoy muy bien Sam, debo ir al médico.
- ¿Te pasó algo grave? - se escucha preocupado
- No, no es eso se trata de mi esposo, ayer tuve una discusión con él, tuve qué decirle sobre lo qué sucede con mi embarazo, se puso cómo loco y.. ahora debo ir al médico. - susurré con tristeza.
- Linda lo lamento tanto, espero qué todo salga bien.
- Si, gracias Sam gracias por llamarme y por preocuparte por mí. Ammm - coloqué un mechón de mi cabello atrás de mi oreja. - ¿Qué sucedió con Howard?
- Cariño no te preocupes por él. Howard no saldrá libre de aquí, tranquila. Ve al médico, yo me encargo de todo ¿vale?
- Yo, debería estár allí, quería matarlo con mis propias manos. - empuñé mis manos.
- De la manera cómo te encuentras Alex no es buena idea.
- Debo ir. - insistí.
- Ni se te ocurra poner un pie aquí Mendoza. - dice molesto.
- Tengo qué regresarte el vestido.
- Es tuyo linda, quedatelo, te lo regalo pero por favor no vengas acá, no ahora. Cuándo te encuentres mejor hablaremos, no quieró ver tú trasero por aquí ¿me entendiste?
- Pero..
- Te he dicho qué no, obedece. - suspiré.
- Te odio. - le dije con un puchero.
- Aunque me odies linda pero es por tú bien. Tú me odias y yo a ti te quiero. - sonreí. - Yo tengo qué dejarte, me alegra saber qué éstas bien, cuidate chica mala, nos volveremos a ver.
- Yo se qué te preocupas por mi y te lo agradezco. Me alegró mucho tú llamada. Espero verte pronto de nuevo. Adiós, te quiero.
Colgué la llamada con un suspiro, sentí una presencia detrás de mi y al girar mi cabeza era el mirándome recargado en la puerta con sus brazos cruzados, no sabía si él había escuchado toda la conversación, cuánto tiempo estuvo detrás de mi, no lo sé.
- ¿Nos vamos? - me dice él en un susurró ronco.
- Si, claro.
El no dijo nada más, sólo me miró con dureza, descruzo sus brazos sin quitar su mirada en mi. Iba a girarse hasta qué lo detuve con mi llamado.
- Michael.. - lo veo levantar una sola ceja con seriedad. - Amm.. ¿Escuchaste la conversación? - él asintió.
- No te voy a preguntar quién era porqué se qué terminaremos en una discusión Alexandra y no quiero eso pero me queda todo claro. - él piensa qué lo engaño.
- Era un amigo. - le di una explicación. Necesito qué él lo sepa.
- Ya no me interesa chica. Te espero en el auto. - me dice con brusquedad.
Lo veo alejarse de mi lado sin darme una sola mirada, me siento tan mal ante sus desprecios, sus tratos, su manera de hablarme, extrañaba tanto al hombre qué decía amarme, extraño sus tiernos besos, sus ligeras caricias, su sonrisa encantadora, he sido una completa estúpida, sólo yo he sido la culpable de alejarlo de mi lado ¿cómo hacer qué me perdone?
Llegamos al consultorio de nuestro médico personal. Él me hacía un ultrasonido mientras me hacía unas preguntas. Michael estaba a un costado suyo alejado de mi sólo escuchando lo qué decía el doctor.
- ¿Se ha alimentado bien en estos últimas semanas?
- S - Si. - respondí nerviosa.
- ¿Hace cuánto tiempo ha sufrido esos dolores? - me pregunta mientras él desvía su mirada a la pequeña pantalla.
- Realmente hace cuatro días he tenido esos dolores extraños - miré a Michael ya qué lo escuché bufar con un largo suspiro de fastidio negando con su cabeza.
- Bien.. debió venir hace cuatro días ¿porqué esperó tanto?
- Lo siento. - susurré.
- ¿Se ha cuidado en estos días?.
- No. - respondió Michael por mi molesto. - No lo ha hecho, Alexandra no sé ha cuidado de la manera qué usted le indicó, intenté cuidarla pero es muy terca. - sentí un golpe en mi corazón.
- Si últimamente he estado de malas es por tú culpa. - lo ataqué.
- ¿Por mi culpa? - dice divertido. - Mendoza no seas infantil, la única que me ha dado disgustos eres tú. - me señaló.
- ¡Ya te pedí perdón maldita sea! - le grité.
- Señora tranquila, no se exalte, no es momento qué se pongan a discutir por favor. - nos miró a ambos.
Lo miré con mi ceño fruncido, él sólo cruzó sus brazos y puso su dedo a la altura de su boca. Él no me mira, sólo observa el trabajo que me estaba haciendo el doctor. Volteé mi cabeza hacía la pared derramando algunas lágrimas, nunca pensé qué llegaríamos a ese punto, él y yo tratarnos cómo dos enemigos una vez más.
Escuché al doctor suspirar preocupado, sólo me dediqué a seguir llorando sin girar mi mirada.
- ¿Cómo se encuentra mi hijo doctor? - preguntó él y eso rompió por completo mi corazón, escuché cómo caen los pedazos.
Él sólo había preguntado por la salud del bebé y sin preguntar de cómo me encontraba, a él no le interesa.
- Me temo decirles qué no tengo buenas noticias.
- ¿Qué ocurre? - lo escuché preocupado sólo por él bebé.
- Le advertí señores qué ese embarazo tenía riesgos, ella debió cuidarme muy bien, no creó qué avance con bien en estos meses, otro disgusto más y creo qué habrá problemas.
- Entonces ¿qué sugiere?
- Señora Jackson. - lo miré de reojo aún con mis lágrimas caer. - Usted debe decidir si quiere seguir con ese embarazo, podemos practicarle un aborto o arriesgarse a seguir con el bebé. - lo primero qué hice fué verlo a él.
- ¿Qué pasará si ella decide seguir adelante con el embarazo? - es muy necio y no escucha.
- Si ella decide hacerlo, debe hacer caso a cuidarse más, esto no es un juego, ella debe alimentarse muy bien. No creo qué soporté otra noticia más fuerte ya qué eso la perjudicaría mucho, pero yo les sugiero qué mejor aborte, podría tener otro hijo con su esposo si lo desea más adelante, es sólo su decisión. Los dejo solos para qué lo discutan. Con permiso.
Lo miré tomar los exámenes de mi ultrasonido, luego salió del lugar en completo silencio dejándonos sólos, evité su mirada mirando de nuevo hacía la pared.
- Y bien, ¿qué sugieres hacer marie alexandra?
- Ya lo escuchaste, lo mejor es qué aborte al bebé.
- Dime la verdad Mendoza.. ¿ya no quieres tener a nuestro hijo cierto?
- ¡Si quieró tenerlo pero ya escuchaste lo qué dijo! - le alcé un poco la voz.
- Pero también dijo qué podías cuidarte más para tener al bebé.
- Ya no quiero tenerlo. - susurré.
- ¿Porqué? - pregunta con su voz quebrada con un toque de rencor.
- Porqué no resultará Michael, últimamente tú y yo hemos sólo discutido, mira lo qué le pasó a mi hija, hemos pasado por mucho en estas últimas semanas, no creó poder seguir adelante, ya no es cómo antes. Ahora.. estás disgustado conmigo, cuándo hablamos sólo lo hacemos para discutir, ya no puedo seguir con esto. - suspiró con pesadez.
- Lo lamento tanto chica, pero eres tú la qué quiere alejarme de ti - lo miré rápidamente. - Tú no confías en mi, me ocultas de lo qué haces, no sé quién era ese tipo qué te llamó en está mañana y..
- ¡Era un amigo maldita sea ya te lo dije! Quería decirte la verdad! - le grité alto.
- Ya no me interesa Mendoza, decidiste alejarte de mi es tú decisión. - me gritó igual.
- No me digas eso - gemí dejando caer mis lágrimas. - Yo te sigo amando, te amo con todas mis fuerzas Michael. Tú eres lo mejor que me ha podido pasar, sin ti no puedo vivir, éste dolor me está matando por tú distancia hacía mi y ya no soporto más. Te necesito, te extraño bebé, te extraño muchísimo y.. me estoy muriendo sin ti.
- A veces simplemente no te entiendo y tampoco te creo Alexandra. Dices amarme pero sólo tú te encargas de qué me alejé de ti, no entiendo aveces tú manera de amarme, no confías en mí, me hiciste una promesa y la rompiste.. - soltó un pequeño suspiro. - Escucha no voy a discutir contigo, sólo deja qué yo me encargué de ti, quieró cuidarte, para ya no discutir contigo te prometo qué te cuidare a ti y al bebé aunque no te dirija una sola palabra. Lo prometo.
- Estaremos sin hablarnos por varios meses ¿eso es lo qué quieres? - mis ojos se abren como platos.
- Si es para qué mi hijo viva si Alex, por él soy capaz de todo, no quiero qué lo abortes, yo me haré cargo de ti, no quiero qué lo hagas. He sentido una sensación inexplicable durante estas semana qué esta creciendo adentro tuyo, quieró seguir disfrutándolo por favor chica no me arrebates esa oportunidad del cuál no tuve con mis otros hijos.
- No lo sé.
- Por favor Alexandra, no me hagas esto, recuerda qué ya pasamos por está experiencia ¿si recuerdas? Te costó mucho trabajo salir de esto, te sentías culpable porqué pensabas qué por tú culpa el había muerto, no era verdad, no permitas qué otra muerte nos quede en la consciencia, te lo ruego deja qué siga creciendo.
Suspiré cerrando mis ojos, sentí cómo mis lágrimas resbalan por mis mejillas. Me duele su desprecio, echo de menos sus caricias cuando solía decirme qué me amaba muchísimo. No se si voy a poder porque cada día me siento un poco triste pero por él seguiré adelante con este embarazo porque no quiero qué me termine odiando cuando yo lo sigo amando. Me queda claro que ya no me ama cómo antes, dejó de hacerlo.
- Esta bien, voy a seguir con el embarazo.
- Gracias chica - sonrió de lado. - Llamaré al médico.
Regresamos a casa, con su ayuda él me llevó a la habitación cuando iba cargada entre sus brazos no podía dejar de observarlo pero él no lo hace eso hizo qué mi labio temblara. Me recostó con delicadeza en la cama y me tapó con las sábanas. El iba salir de la habitación así qué lo llamé antes de qué abandonará el lugar.
- Dime. - me miró.
- No te vayas.. quiero que te quedes aquí conmigo, por favor. - le rogé con la mirada.
Lo miré asentir despacio soltando un suspiro, iba sentarse en aquel sillón rojo a un costado mío pero lo detuve, le hice una señal para qué se acostará a mi lado y él me soltó una pequeña sonrisa por fin de sus labios. Se sentó a un costado mío mirando sus manos cómo si algo le hacía sentir culpable.
Sentí un nudo en mi garganta por sus rechazos, no pude aguantarme las ganas de estirar mi mano a su dirección, con las yemas de mis dedos acaricié una de sus manos, él mira con atención cada movimiento mío, giró su mano despacio dándome entender qué podía entrelazarla con mi mano con la suya y eso hice, aferró mi mano con fuerza, un escalofrío paso en mi espina dorsal al sentir nuevamente su piel con la mía, la llevó a sus labios dándome un beso en mi dorsal, la bajó despacio a su muslo y me miró, no sé en qué momento mis lágrimas empezaron a salir sin pedir permiso. Le he fallado mucho, se qué rompí esa promesa qué le hice pero no sabía cómo iba a reaccionar si le comentaría qué estuve apunto de matar a alguien anoche.
Con su otra mano me quitó un mechón de cabello y lo llevó atrás de mi oreja, pasó sus nudillos en mi mejilla sin dejar de mirar cada movimiento suyo. Yo moría de ganas de besar sus labios, extrañaba tanto el sabor de sus besos, sentír cómo nuestros labios se movían en un dulce movimiento. Así qué me acerqué despacio a su dirección y sentí nuestras respiraciones chocar, toqué sus labios apunto de besarlos y el bajó un poco su cabeza con un suspiro. Se puso de pie evitándome y soltó mi mano, lo miré con mis cejas arqueadas.
- Pediré qué te preparen algo de comer, te traeré un jugo de naranja.
- Quería... - mordí mi labio inferior. - ¿Porqué me evitas?
- Lo siento mucho, pero.. no es un buen momento Alexandra.
No dijo nada más, sólo salió de la habitación dejándome con las ganas de besarlo y tocarlo. ¿Hasta cuándo tendrá esa actitud hacía mí, cómo hacer qué me perdone? ¿cómo?
Ya pasaron tres meses largos y duros, todo seguía igual con Michael o peor. Creo qué dejó de amarme, él pocas veces me dirigía la palabra, hacía todo lo posible para mantenerme fuerte y tratar qué no me afectara.
Mi hija en cada semana salía adelante, ella era otra, era más dulce, risueña, su actitud era otra, su cabello ahora largo me pidió ir al salón de belleza para qué le arreglaran su cabello, quería qué su cabello fuera largo y lo tiño de rubio, luce preciosa. Ella era más obediente y era feliz, gracias a eso me hacía luchar a mi cada día.
Estaba peinando mi cabello hasta qué escuché unos gritos desgarradores allá abajo, parecía qué discutían. Dejé de peinarme y salí afuera queriendo saber que era todo ese alboroto. Llegué hacía la puerta y me sorprendí al ver de quién se trataba, era mi hija qué discutía con el maldito de Chuckie. Forcejeaba con el ya qué el tenía agarrada los brazos de mi hija bruscamente, mi hija le gritó algo, cosa qué el tipo no le gustó y la golpeó con la palma de su mano, haciendo qué mi hija se tambaleara. Corrí hacía ella cómo pude y lo empujé con todas mis fuerzas luego lo golpé de la misma manera qué había hecho con mi hija. Ella me abrazó con terror, mi hija temblaba y Chuckie se sostuvo su mejilla mirándome con odio.
- ¡¡No vuelvas a tocarle un dedo a mi hija porqué te juro qué te mato!! - le grité con todas mis fuerzas.
Éste me sonrió maliciosamente quitando a mi hija de mis brazos para empujarla para así llevar sus manos a mi cuello, no sé cómo pero pude aruñar su cara con mis uñas largas y lo empujé, volví a golpearlo. Paris gritó aterrada corriendo hacía afuera pidiendo ayuda.
La risa de Chuckie me hizo temblar, miró hacía mi vientre y supe lo qué quería hacerme, está vez me apretó con más fuerza en mi cuello, el tipo seguía riendo. Puse mis manos encima de las suyas tratando de quitarlas, le escupí en la cara y éste me golpeó en mi rostro con todas sus fuerzas qué hizo qué me cayera al suelo, me dió una patada en mi estómago y gemí del dolor, siguió riendo. Escuché pasos acercarse hacía mi con rapidez, Michael llegó hasta Chuckie para proporcionarle un duro golpé hasta qué éste cayó al piso.
Sus guardaespaldas se acercaron pronto apuntado con sus armas a Chuckie, yo seguía gimiendo del dolor, lloraba, lloraba porqué éste dolor crecía cada vez más. Miré qué Michael pateó con todas sus ganas a Chuckie hasta qué Miko lo detuvo haciéndolo un lado.
- ¡¡¡Te juro qué si le vuelves a poner un maldito dedo encima a mi mujer, no te la acabarás conmigo!!!
El está demasiado furioso, tan furioso qué sigue intentando acercarse a Chuckie para golpearlo una vez más a pesar qué Miko y Mark lo han alejado de él.
- Esto podría costarles la vida. - alza la voz tratando de ponerse de pie. Ríe, ríe de una manera más aterradora.
- Tus amenazas no me asustan ¡¡¡a mi mujer nadie la toca!!! - volvió a gritar.
- Michael. - gemí del dolor.
- Nena. - salió de sus labios preocupado al verme retorciéndome del dolor. - Miko ayúdame a llevarla al auto.
- Mark encargate de está basura, yo iré por el auto.
- Mamá, por favor perdóname. - mi hija lloraba.
- Te juro qué si algo malo le pasa a mi mujer, iré a buscarte por debajo de las piedras y no te la acabarás conmigo.
- Vamos, vamos Mj. - Miko habla con rapidez. Michael asiente preocupado cargándome entre sus brazos.
Mis lágrimas seguían brotando de mis mejillas, apenas podía respirar, era tan grande el dolor qué en cualquier momento sentía qué iba a morir. No podía moverme estando en los brazos de Michael, lo escucho afligido, tengo mis ojos cerrados, siento cuando me acomoda en el auto y escucho cuándo cierra la puerta del auto. Siento sus manos en mi vientre, su voz no era la típica dulce, era otra, su voz había cambiado por completo, diciéndome qué aguantara, me mantuviera despierta, lo escuchaba nervioso, exigente, no sé si iba aguantar con éste dolor hasta llegar al consultorio.
Inhalo y exhalo tal cómo me indica el doctor con mis ojos cerrados en un puño, ellos hablan pero no escucho de lo qué dicen, sólo escucho el palpitar de mi corazón, trato de calmarme pero no puedo hacerlo si no hace algo para calmar éste maldito dolor.
- Señora Jackson, escuche. - tocó mi hombro, así que abrí mis ojos mirando el techo. - Debemos practicarle un aborto lo lamento mucho, su vida corre peligro.
Miré a Michael y él ya estaba llorando cubriendo su rostro con sus dos manos. Él doctor lo miró cómo si estuviera esperando una respuesta suya.
- H.. Haga lo q.. qué te.. tenga qué hacer doctor. - respondo cómo puedo ya qué mi cuerpo impide qué hable de más.
- Señor Jackson, señor Jackson. - lo llamó repetidas veces hasta qué el descubrió su rostro dejando ver sus ojos cristalizados.
- Sólo haga lo qué sea mejor para ella. - dice Michael con un tono de voz bastante débil.
- Bien, han tomado una decisión razonable. Es necesario y urgente, lo siento mucho. - luego ya no supe más de mi, el dolor aumentó y perdí el conocimiento.
Cuándo mis ojos se abrieron por fin estaba en mi habitación, ¿cómo fué qué paré aquí? Me di cuenta qué tengo una aguja traspasarme en mi brazo derecho, era un líquido transparente qué pasaba por mi brazo por medio de ese pequeño tubo. Toqué mi vientre y ya no estaba abultado, el bebé había desaparecido en mi cuerpo, lo había perdido gracias a Chuckie por el fuerte golpé qué me había proporcionado, ya no tenía más al bebé, lo había perdido.
No me quiero imaginar cómo debe encontrarse en éste momento Michael, debe estár destrozado sin ánimos de nada. Chuckie se ha vuelto un problema, empiezo a creer sobre de las llamadas misteriosas qué Michael recibía son suyas y no de Jacob.
- ¿Puedo pasar? - volteé la mirada hacía la puerta y asentí despacio. - ¿Cómo te sientes?
- Mal, me siento muy mal.
- Llamaré al médico. - dice mi hija aterrada.
- No mi amor, no sé trata de eso, me siento mal sentimentalmente, he perdido un hijo de nuevo, no es cualquier cosa Paris.
- Mamá, por favor perdóname todo esto es mi culpa. - la ví arrepentirse.
- No es cierto mi amor, acercate. - estiré mi brazo hasta qué siento a mi hija acercase a mi dirección. - No es tú culpa princesa, no pienses así.
- ¡Si qué lo es mamá! Si tan sólo los hubiera escuchado y obedecido, Chuckie nunca me quiso, estuve tan cegada por él. - acaricié su mejilla.
- Saldremos bien ya lo veras, saldremos juntas adelante. - ella me sonrió con tristeza. - ¿En dónde está tú padre Paris? Él no ha venido a verme. - susurré.
- No ha dejado de llorar mamá, está encerrado en una habitación, él.. no quiere saber de nadie, la noticia fué un duro golpe para mi papá.
- Necesito verlo. - quité la sábanas qué cubren mi cuerpo.
- ¡No mamá! - él grito de mi hija me hizo detenerme. - Estás muy débil, el médico pidió reposo, debes descansar.
- Lo necesito paris, lo necesito, quiero tenerlo a mí lado, dile qué venga por favor.
- Está bien mamá, tranquila, no te agites. Mis hermanos están allá afuera piden verte.
Asentí sollozando ya qué mis lágrimas no se hicieron esperar, intenté ser fuerte delante de mi hija. Cubrí mi boca con una sola mano intentando sonreirle a mi hija pero fué un fracaso, ella se alejó de mi lentamente sin quitar su mirada en mí. Sólo pedía ver a Michael, sólo quería verlo, decirle qué lo lamentaba qué estuviera ocurriendo esto, no quería qué pasara.
La tarde llegó a su fin y el cielo se ha vuelto oscuro, aún sin una señal alguna de él. No he podido parar de llorar, me dolía el pecho y el estómago por tanto llorar, se siente cómo si algo me ardía en el pecho. Escuché una vibración en la mesita de noche y al levantar sólo mi cabeza era mi teléfono qué no paraba de vibrar, estiré el brazo hasta ya no poder y lo agarré, era una llamada de Sam, al menos el se preocupa por mi.
- Sam. - contesté la llamada entrecortado sorbiendo mi nariz.
- Linda, ¿ocurre algo?
- Sí - lloré de nuevo. - Perdí a mi bebé Sam. - le dije sollozando.
- Oh mierda, pero ¿qué pasó? ¿que fué lo qué te sucedió? - lo escuché muy preocupado.
- Un maldito estúpido me golpeó Sam, ¡por culpa de ese desgraciado perdí a mi bebé!
- ¿Quién? ¿¡quién te golpeo Alex?! - pregunta violento.
- Él ex novio de mi hija, ése maldito se ha vuelto un problema Sam.. Ya no se qué hacer.
- Hey, hey - repitió con rapidez. - Me tienes a mi ¿no? ¿quién es ese cabrón Alex? ¡¡dime!! - lo escuché furioso.
- Chuckie.
- ¿Chuckie?
- Si, asi se llama, no sé más sobre el.
- Linda tranquila, yo me encargaré de ese cabrón, me tienes a mi, no dejaré qué siga haciéndote daño, averiguaré con mis hombres quién es ese imbécil y te juro qué nos hará pagar caro Alexandra. - asentí cómo si él fuera a verme. - Vamos preciosa, debes ser fuerte, no éstas sola. Me gustaría mucho verte pero.. no creo qué sea buena idea, seguiremos en contacto ¿vale?
- Gracias Sam no sabes.. no sabes lo feliz que me hizo tú llamada, eres muy importante para mi.
- Y tú a mi preciosa, tú eres una guerrera, saldrás de esto lo prometo.
- Espero tú llamada.
- Te llamaré lo prometo. Ahora descansa linda, te quiero mucho preciosa.
- También te quiero.
Bajé el teléfono colgando la llamada y mi cabeza giró hacía una dirección rápidamente. Me encontré a un Michael mirándome furioso con sus brazos cruzados apoyándose en el marco de la puerta, dejé mi móvil en la mesita de noche y no supe cómo reaccionar o qué decirle.
- Hace cuánto haz estado parado allí Michael. - pregunté sin mirarlo.
- Lo suficiente. - responde duro.
Decidí callarme porqué se qué si le digo la verdad, no me creerá y se volverá esto una discusión más grande, así qué cerré mi boca con un suspiro.
- ¿No vas a decirme nada?
- ¿Qué quieres qué te diga?
- La verdad Mendoza.
- ¿Qué verdad quieres escuchar?
- Qué me estas engañando con otro mujer. - y es allí qué lo miré. - ¿Es eso qué no sabes cómo decírmelo? Qué me engañas con otro y dejaste de amarme, te aburriste de mi y te largaste con otro. Estoy acostumbrado qué me apuñalen por la espalda pero no me lo esperaba de ti.
- Por favor no me digas eso, hoy no. - susurré con dolor.
- ¿Te cuesta decirme qué hay otro en medio de nosotros? Ahora lo amas a e..
- ¡¡NO!! - le grité. - No hay otro en mi vida maldita sea, no pienses así.
- "No sabes lo feliz qué me hizo tu llamada, eres muy importante para mi." - repitió las mismas palabras qué le dije a Sam. - ¿Quieres qué no piense mal Mendoza?
- No tiene nada de malo, se lo dije a un amigo, los amigos se tratan así.
- Espero qué jamás me escuches hablar asi con alguien Mendoza y luego no me reclames ¡nada! - me alzó su voz.
- Te la pasas atacándome Joseph, criticas y juzgas todo de mi, aveces siento que ya no me amas cómo antes.
- ¿Como adivinaste marie alexandra? - y su confesión hizo qué mis lágrimas aumentarán por sus cortas palabras. - Yo extraño a la mujer que me enamoré de antes, extraño a la mujer qué decía amarme, extraño aquella mujer que juró ya no ocultarme nada, extraño a la mujer qué me hacía mis días largos y felices, esa mujer qué estaba a mi lado siempre pasará lo qué pasará... ahora.. sólo me haces daño Mendoza. Yo no me esperaba esto de ti y te desconozco.
- ¿Quieres qué me alejé de ti?
- Ya lo hiciste Alex... - pauso. - Lo mejor será qué nos demos un tiempo.
- ¿Quieres el divorcio? - rio bajo.
- No pensé en eso Alexandra, nunca pasó por mi mente pero veo qué a ti sí ¿quieres el divorcio? Te lo daré. Está vez sin ninguna condición y no te rogaré, no intentaré qué retomes esa decisión, te lo daré.. y respecto a mis hijos, ellos se quedarán conmigo.
- Son mis hijos, son míos también, ellos deben estár con su madre.
- No pelearé contigo con la custodia, nuestros abogados se encargarán de eso, no te preocupes.
- Sólo.. dime algo... ¿ya no me amas? ¿hay alguien más en tu vida? ¿te enamoraste de alguien más? ¿dejaste de amarme Michael?
- Esa pregunta deberías hacértela tú Mendoza.. Y sí, te amo, te sigo amando con toda mi maldita y enferma alma - responde entre dientes. - Te amo más qué mi puta vida marie alexandra, estoy loco por ti. Te sigo amando con todas mis fuerzas y eso me molesta. ¿Ves porque no quería amarte tanto? ¿Ahora entiendes? Porque no se cómo voy a sacarte de mi cabeza, de mi corazón t de mi vida.. pero... creo es el momento de pensar en mi y ya no más en ti. Últimamente me haz estado haciendo mucho daño chica, trato de ser fuerte pero no puedo.. Eres la mujer qué más he adorado en mi vida y no creo poder sacarte de mi vida. Pero es momento qué me devuelvas mi corazón porque ya no te pertenece, le has hecho mucho daño y quiero repararlo. Quiero odiarte para sacarte más rápido de mi cabeza pero no puedo hacerlo... me hiciste pedazos chica y ya no volveré hacer el mismo.
Se quedó en silencio porque ya no pudo seguir por sua lágrimas qué brotaban en sus mejillas se lo impidió al igual qué su voz quebrada. Se dió la vuelta y se fué mientras qué yo ahogué mis quejidos con mi mano, me hacía sentir qué todo era por mi culpa. Él me prometió qué nunca iba a dejarme y me mintió cómo yo le mentía a el, nuestra relación se había vuelto tóxica y ya no podíamos hacernos daño, lo mejor era separarnos y esta vez era en serio.