Días después de la partida de Wendy, todas salían a dar paseos o convivir en casa de alguna de ellas, también hacían video llamadas. Era como si Seungwan estuviera junto a ellas, eso querían creer y sentir. Se dijeron a sí mismas que serían fuertes, se mantendrían juntas y esperarían a la castaña en un par de años.
—Unnie comenzó cursos, está bastante ocupada, dijo que ya no podríamos hablar como hacemos a diario —habló Yeri.
—Esa preparatoria es bastante estricta y de alto nivel, debe estar preparada por cualquier curso; en esa escuela al iniciar las vacaciones comienzan unos cursos y después empieza el curso escolar oficialmente —explicó la mayor—. Tenemos horarios diferentes, es normal que las clases empiecen y terminen antes o después que aquí.
—¿Qué pasaba si tú y Teddy no eran novias? ¿También irías al otro lado del mundo a estudiar?
—Nada de eso, mi decisión ya estaba tomada, no pienso cambiarla —contestó—. Incluso si Kang se va a otra preparatoria o a la misma, yo me quedaré en esa, nada ni nadie me hará cambiar de opinión. Espero que ustedes sigan el camino que desean seguir.
—Qué profundo —exclamó la azabache—. ¿Estás bien con eso, Unnie?
—Ella tiene razón, yo también ya he tomado una decisión, tampoco voy a cambiar de parecer —respondió con los ojos cerrados—. Además, tenemos toda una vida que disfrutar juntas.
—¿Desde cuándo eres tan cliché? —se burló su novia, golpeándole levemente el hombro.
—Cállate —chilló—. ¿Tienen algún plan? —llamó a las otras dos.
—¿Nosotras? —se señalaron y negaron con la cabeza— ¿Nos invitarán a algún lugar?
—Yeri, ellas deben tener alguna cita, no hay que meternos en sus planes —manifestó Joy— Deben disfrutar su noche como si fuera la última.
—G-gracias, pero Seulgi y yo podemos cambiar el día de nuestra cita, ¿verdad? —consultó a la nombrada.
—No hay ningún problema con cambiar los planes —comentó con una sonrisa, a ambas les gustaba estar con aquellas dos.
—No hace un momento dijeron que cuando toman una decisión nada ni nadie les hará cambiar de parecer —frunció los labios la menor.
—¿Hyunnie nos invitará? —preguntó la otra.
—Entre las dos —contestó la mencionada.
—¿Qué quieren que cocine Baechu?
—Sorpréndenos —sonrieron ambas.
—Vayamos a casa de Unnie, mi casa es un desastre, no podemos tener una cena acá —indicó la rubia.
—Hablaré a Taeyong, tu casa está bastante lejos de la mía.
Dicho esto, la mayor tomó su celular y llamó al chofer para que viniera por ellas. No pasó mucho rato y ya se encontraban en la residencia de los Bae.
Joohyun comenzó a cocinar con ayuda de Seulgi, mientras que las otras dos veían televisión e iban a inspeccionar como iba la cena.
No era la gran cosa, algo que acostumbraba a cenar con sus padres en ocasiones especiales, y quería compartir el guiso con sus amigas y novia.
—¿Qué estamos celebrando? —preguntó una señora castaña al entrar a la cocina y ver a las dos pelinegras.
—Nada en especial, Yeri y Joy comerán aquí, y supongo que también dormirán —contestó su hija.
—Pensé que oficialmente serías mi nuera, esos anillos parecen de compromiso —comentó tomando las manos de ambas—. Aunque debo decir que han sido muy sigilosas guardándolos de la vista de mi esposo.
—Es muy pronto para casarnos, probablemente dentro de cinco años —mencionó con una risa—, cuando Irene ya no viva con ustedes, tengamos un futuro estable y su padre no pueda hacer nada en mi contra.
—Esperaré con ansias la boda, ya veo que tienes todo pensado —rio con la menor— ¿Las ayudo en algo? ¿Hay refresco, agua o lo que tomen ustedes?
—Me encargué de cada cosa, también busqué una botella de vino para ustedes dos —habló Irene.
—Gracias. Debo ir a ver algunas cosas, con permiso —se retiró del lugar.
—Huele delicioso —dijo Kang, enseguida la abrazó por la espalda.
—Lo sé, ha pasado un tiempo que no como esto. Solemos hacerlo cuando surge algo especial, pero en este momento solo quería demostrarles mis habilidades culinarias —le dio un codazo a su novia para que se moviera—. No es que me estorbes, pero es peligroso y mi papá está en casa.
—Presumida, aunque el flan que hice sabrá mejor —devolvió la broma y le robó un besito—. Sería un problema si nos descubren.
—Esperemos que tu postre se termine, vayamos por allá —la jaló de la mano y la llevó a las escaleras.
—¿No iremos con ellas? —apuntó la espalda de sus amigas.
—No es como si fuera a hacerte algo —le soltó la mano—. Es tu decisión.
—Acabas de decir que tu padre está.
—En su oficina, mientras nadie entre y lo moleste, no pasará nada —aclaró.
Caminó detrás de la mayor y entraron a la habitación de esta.
—No pude devolverte el detalle de los anillos, lo siento —dijo al acercarse a su cama.
—Es algo especial, puedes dejar las cosas así, no es necesario que me des otra cosa —la abrazó por detrás y le besó el hombro, para después dejarle una pequeña mordida—. El mejor regalo es tu amor.
—Ten —se dio la vuelta encarando a la menor y mostrando un libro de cubierta azul—. Es mi libro favorito, fue el primero que leí, es muy significativo para mí.
Joohyun ya no podía darle anillos de pareja, pero si podía obsequiarle algo demasiado especial para ella y demostrarle que igual que, esa pieza que se adueñó de varias de sus emociones, Seulgi significaba lo mismo y más.
—¿Estás segura? —dudó al sostenerlo en sus manos.
—Estoy más que segura, nuestro amor vale lo mismo que esto.
La menor le dio un beso y su contraria le repitió la acción varias veces, hasta que vieron la hora, era tiempo de sacar el postre y servir la cena. También la hora en donde el señor de la casa salía para la sala, y más, sabiendo que su hija traería a sus amigas, sobre todo a Seulgi.
La castaña clara y la azabache se encargaron de poner la mesa. Las pelinegras sirvieron la comida y las bebidas, y a los señores una copa de vino.
La cena se basó en charlas sobre lo que les gustaría ser y hacer, también sobre cosas sin sentido con los señores. Había pasado un tiempo desde que nadie iba a comer a la casa y hablaban sobre algo que no fuera negocios, todos estaban cómodos diciendo lo que sea y más.
El mayor se retiró de la mesa, incluso diciendo cosas y hablando con las personas que lo rodeaban, tenía muy en claro que Seulgi era mala influencia para su pequeña y no podía soportar otro momento en ese lugar con ella; el padre de Irene detestaba a Seulgi.
Toleraría el hecho de su amistad, pero odiaba el hecho de que su hija saliera con una chica, no importaba quien fuera, simplemente no le agradaba que su progenitora fue como "esas".
Cuando él se marchó, las mujeres molestaban a la parejita. Todas ellas adoraban ver como se amaban y el amor que se daban.
Ya no tenían pena o vergüenza, incluso se dieron uno que otro beso enfrente de ellas, porque sabían que no las echarían o gritarían como el padre de Irene.
El teléfono de Seulgi comenzó a sonar como loco, esta se levantó de la mesa y tomó su celular para poder contestar.
—¿Hola? —dijo al tener el artefacto en su oreja.
Quedó pálida al escuchar la voz de su padre diciendo que volviera urgentemente a casa y preparara sus maletas. No entendía absolutamente nada, hasta que le llegó un mensaje de un número desconocido: "Aléjate. ¿Acaso quieres que las cosas empeoren?"
No sabía de quién era o quizás sí, pero no imaginaba que llegaría hasta esos extremos.
—¿Qué pasó? —preguntó preocupada su novia, al acercarse a la sala, donde estaba ella.
No sabía cómo responder, no podía articular ninguna palabra, estaba petrificada por la noticia. Las lágrimas bañaron sus mejillas y su respiración era irregular. No podía ser él y si lo fuera, ¿sería capaz de lastimar a Irene? ¿Estaba bien mandarla a otro lugar por no quererlas ver juntas, amándose y siendo felices?
—Seul, estoy aquí, ¿sí? —la abrazó— Tranquila.
No hubo respuesta por parte de la menor, solo correspondió al abrazo de su novia.
—Y-yo —no terminó de hablar.
—¿Qué pasó? —volvió a preguntar.
—No sé —dijo, mentir o no mentir, no tenía opción, porque las cosas ya estaban hechas.
—Estoy aquí —repitió, y le besó la mejilla.
La menor aún permanecía como estatua en su lugar.
Irene volvió a darle otro beso hasta llegar a la comisura de sus labios, y ahí fue cuando Seulgi volvió en sí y se dio cuenta en donde se encontraba.
Aceptó el beso, aceptó tomar esa última muestra de amor.
—Lo siento, debo irme —pero, ¿cómo iba a decirle lo que sucedía? No tenía las agallas para decirlo—. Dejemos la cita para otro día, lo prometo.
Seulgi tenía la esperanza de volver, y restaurar lo roto, porque iba a hacer algo, algo muy malo.
Irene tomó su mano y la abrazó. Vio a alguien mirarlas desde las escaleras e hizo lo peor.
—Esto no está en nuestro sano juicio —soltó, con un nudo en la garganta—. No somos niñas para jugar a amarnos, besarnos y pensar que seremos felices y todo eso.
Quemaban, lo que acaba de decir quemaba como nunca.
—¿E-estás diciendo que...?
—Solo tal vez... esto no debió suceder —dijo, aguantando las ganas de llorar—. Solo fue un error.
Y esas palabras bastaron para romper el corazón de Irene.
—¿Por qué? —preguntó, con las lágrimas cayendo—. Hace un momento estábamos bien, ¿Por qué dices esto?
—Te amo, en serio —susurró—. Pero no puedo con todo esto.
—¿De qué hablas? Seulgi, se más clara, ¿sí?
—Te amo demasiado —volvió a decir—, no dejaría que por mí sufrieras algo que no mereces.
—No entiendo.
—Adiós —miró atrás por última vez y se retiró.
Irene quedó devastada en la sala, sollozando sola. No entendía lo que sucedió. Su preciada novia de muchos meses ahora ¿terminó con ella? Pero si estaban muy bien, incluso con el incidente en la playa, su familia de la menor sabía sobre su relación y la aceptaron, su madre lo sabía y respetó su amor. Entonces, ¿por qué? ¿En qué había fallado? ¿Qué había sucedido para que Seulgi se fuera y dijera esas cosas de la nada?
—¿Puedes decirme qué pasó? —preguntó su mamá.
—Necesito saberlo.
Y esa fue su última noche, su último momento, era el fin.