1
2019
Todo parecía continuar como normalmente, o eso consideró Douglas mientras caminaba por el pasillo que le dirigía hacia el sector de enfermería luego de haberse asegurado de que Leah parecía seguir dormida. A su despacho, para ser exactos.
Sin embargo, aquella tranquilidad que sentía en el ambiente lo inquietaba más que si estuviera oyendo tiroteos en los pasillos. Los días que parecían ser "tranquilos" siempre ocurrían las peores cosas, lo sabía por experiencia.
Había sido tranquilo aquel día hace ya seis años.
Cuando todos habían quedado condenados a pesar de los esfuerzos por qué no fuera de esa forma. No habían podido escapar cuando el lugar decidió terminar de devorarlos, la mayoría había olvidado lo que pasó, pero él no y los veía repetir año tras año los mismos sucesos hasta que era demasiado tarde para intentar hacer algo al respecto.
Parecía un bucle sin fin, del que solo podrían escapar cuando comenzaran a recordar lo que había pasado, especialmente Leah, solo entonces serían libres. Solo entonces el maldito lugar los dejaría marcharse, avanzar a la siguiente etapa... Fuera la que fuera.
Extrañaba a su pequeña hija, Rosie. Recordaba que su esposa se la había llevado luego de pedirle el divorcio antes de que todo ocurriera, antes de perderla para siempre. Sin embargo, le parecía ciertamente curioso como Belle le recordaba un poco a su niña, ambas eran risueñas e igual de alegres solo que Rosie actuaba infantilmente por naturaleza de su edad... Belle por la niñez que le habían arrebatado.
Tal vez un día, si esperaba lo suficiente... Podría volver a verla.
Sacó un relicario de plata de su bolsillo, observando las distinguidas letras talladas en la pequeña tapa con forma de corazón. "L'amour est toujours plus fort" estaba escrito en un perfecto francés, el idioma natal de su abuela.
-Mi pequeña Rosie... -Murmuró, abriendo el relicario para observar la fotografía en su interior. Acarició la imagen con un sentimiento de anhelo embargándolo, un suspiro salía de sus labios cuando sintió que lo empujaban ligeramente a un lado.
Al alzar la mirada, no pudo evitar fruncir ligeramente el ceño, con algo de suspicacia a la mujer que se volteaba a sonreírle encantadoramente. Llevaba lo que parecía ser un traje femenino con falda de tubo en tonos celeste pastel y tacones altos que seguro resonarían con cada paso que diera, parecía más una administrativa que una enfermera. Cabello rubio peinado como si estuvieran en los cincuenta, tal vez sesenta.
-Disculpe, señorita, no puede estar aquí. Las visitas se presentan en el vestíbulo, no puede rondar por el hospital sin compañía del personal -Dijo mientras guardaba el relicario nuevamente en su bolsillo y se acercaba un paso más a ella.
-Oh, Douglas, querido ¿no me reconoces? -
Él frunció aún más el ceño. Un rostro ligeramente redondo, terso como un durazno de un tono suavemente bronceado y pómulos cincelados. Pecho promedio, caderas estrechas y piernas esbeltas. Parecía realmente atractiva pero no lograba dar con algún detalle que lo hiciera reconocerla.
- ¿La conozco, señorita? -Preguntó, sintiéndose algo impaciente.
Ella dejó salir una risita cubriendo sus labios, como un gesto delicado que solo había visto en una persona a lo largo de su vida. El reconocimiento lo golpeó como un ladrillo en el estómago.
- ¿Señora Laurent? -No pudo contener la sorpresa en su voz mientras sus ojos se abrieron grandemente al igual que la sonrisa en el rostro de la mujer.
-La misma que viste y calza, mi querido ¿ya viste estas bellezas? -Acarició sus muslos provocativamente para luego dar una pequeña vuelta demostrativa, antes de volver a verlo- Ya no necesito el maldito bastón y mis cataratas han desaparecido. Puedo volver a usar tacones como en antaño, es increíble -
Era Darien Laurent, la directora del hospital... Con al menos cuarenta años menos.
-Es... Es... ¿Cómo es posible que...?
Ella le echó una mirada que parecía rozar la burla mientras se colocaba las manos en la cintura, recordándole momentáneamente a la silueta de un jarrón que decoraba en una pequeña columna cerca del escritorio de la recepcionista.
-¿Cómo? Oh, dulzura -Sí, ella definitivamente parecía estar burlándose de él. Se le acercó un poco, denotando efímeramente lo baja que la mujer podía verse a su lado. Luego posó una de sus manos en la mejilla del hombre, acariciandole con suavidad por un momento.- Cariño, pareces haber olvidado bajo las órdenes de quién estamos...-Su voz se convirtió en algo parecido a un susurro, un siseo burlón de advertencia que intentaba pasar por un dulce recordatorio- ¿Quién crees que me devolvió mi juventud a cambio de que lo ayudara con algo? -Había un "algo", indistinguible, invisible, totalmente desagradable en la sonrisa de la rubia.
Él guardó silencio, reconociendo entonces la estupidez de su propia pregunta. El hospital no les pertenecía desde que aquel... aquella cosa, había llegado al mismo. Por lo que en realidad era demasiado obvio quien podría hacer que una mujer que rondaba en los setenta, con cataratas y que se quejaba de dolor de cadera constantemente, volviera a la flor de su vida.
-Él me prometió que podré quedarme así para siempre si lo ayudo con una cosita -Continuó hablando mientras replegaba la mayoría de los dedos para solo dejar el índice sobre su mejilla, deslizando luego este por el costado de su rostro hasta dejar caer el brazo- El amo está decepcionado de ti ¿Cómo es posible que en seis años no hayas podido "despertar" a Leah? -Hizo un sonido de negación, para luego señalar con verdadero reproche- Somos pocos los que están realmente despiertos, los que recuerdan lo que nos sucedió y aún así llevamos repitiendo ese fatídico año una... y otra vez, porque no has logrado algo tan simple que te pidió.
-Usted mejor que nadie debería saber que no es sencillo. Consideré que dejar que hicieran todo una y otra vez les haría despertar de esa bruma -Sujetó a la mujer por las muñecas sin importarle que las cámaras de seguridad les captaran pues sabía que no era algo de importancia- La memoria no es algo "sencillo" de despertar porque no sabes como activarla, puedes insinuar saber cómo, probar diferentes cosas, pero no tendrás la certeza de que funcionará. Casi todos logran recordar cerca del final de este año, pero Leah es la más difícil, sus recuerdos están demasiado disociados. Apenas puede recordar lo que ella solía hacer antes de llegar aquí, y eso no es culpa mía, es culpa de quien la mantuvo en "suspensión" tanto tiempo, de su madre real.
Darien no se amilanó ni trató de liberarse, simplemente lo observó entrecerrando los ojos.
-Seguro puedo lidiar con eso mejor que tú. Oh, Douglas, tú siempre has sido tan blando, encariñándote con los pacientes y tratándoles como si fueran personas normales. ¿Pero sabes qué? No lo son, aquí no solo hay pacientes con disociación como Leah, hay asesinos y hay monstruos que no hubieras querido jamás cerca de tu linda hijita. Y Belle, esa mocosa que mantienes bajo tu ala es una de ellos.
-La compasión no me hace débil.
-La compasión fue lo que nos llevó a donde estamos ahora... La compasión te hace estúpido, querido.
Él la soltó lentamente, en silencio, solo mirándola y preguntándose porque ella decía tales cosas. No la entendía, pero no era una paciente así que no debía hacerlo. Cuando Darien le preguntó dónde estaba Leah, él respondió una simple palabra: "Durmiendo".
2
Leah no reconoció donde estaba, parecía alguna clase de... ¿pradera? ¿Era el termino correcto? No estaba segura de ello. Era terreno llano cubierto con hierba de, un hermoso y provechoso, color verde intenso lo que se extendía ante ella, hasta más allá de donde llegaba su mirada. Con el cielo totalmente despejado en su natural celeste claro, sin avistamiento alguno de nubes que arruinaran el día o el suave brillo del sol que sentía entibiarle la piel. Casi parecía estar en el escenario planificado de alguna película.
Miró a su alrededor buscando algo que si pudiera reconocer. Logrando entonces atisbar una cabaña a pocos metros de ella (¿siempre había estado ahí?), con lo que parecía ser un pequeño huerto rodeándola. No tenía idea de plantas así que no era capaz de deducir de que eran esos magníficos brotes que comenzaban a asomarse en la tierra, pero no le dio importancia, había una sensación en su ser que la instaba a entrar a la cabaña.
Como si fuera una voz llamándola en la oscuridad.
No se sentía peligroso, sino más bien... familiar. Como si esa voz siempre hubiera estado ahí, como si siempre hubiera habido "alguien" ahí esperándola, llamándola sin ser oída.
Ella misma se extrañó de no sentir miedo alguno cuando sus pasos la acercaron lo suficiente para poder empujar la puerta con suavidad. Estaba ligeramente abierta así que realmente no vio la necesidad de golpear, si es que había alguien allí realmente y le reclamaba ya se disculparía por ello. Lo primero que notó al asomarse al interior fue que esa entrada parecía dar a la cocina específicamente, podía percibir la luz solar entrando desde la ventana sobre el fregadero, veía el refrigerador en una esquina junto a un amplio arco de madera tallada con flores lilas, decorándolo, que seguramente llevaba a otra parte del lugar.
Ingresó enteramente, observando lo agradable que se veía la cocina. Era pequeña, no demasiado para dar claustrofobia, pero si lo suficiente para sentirse acogedora... y había alguien tras la isla del centro, parecía estar trabajando en algo que requería de pegamento y ojos de vidrio, los cuales estaban colocados a un lado de lo que sus manos, daba la impresión, querían ocultar.
-Veo que al fin lograste entrar a esta "realidad" -Comentó antes de que la pelirosa pudiera decir una palabra. La muchacha frente a ella se veía menor de veinte años, pero no parecía tener nada destacable además de la dulce sonrisa ubicada en su rostro, en lo extraño que se oía el tono de su voz. Cabello oscuro como el oleaje de un mar envenenado, ojos castaños en un tono oscuro y labios pequeños de un suave rosado- Estaba ansiosa por conocerte, Caroline.
La joven detuvo lo que hacía al pronunciar aquel nombre, recargando el codo sobre la superficie de la isla y apoyando entonces el rostro sobre su palma abierta, mirando en dirección de Leah sin quitar aquella sonrisa de muñeca.
-¿Quién eres? -Preguntó de pie ante la isla, sin moverse en absoluto. Sin embargo, tampoco pareció asustarle demasiado el que supiera su nombre de nacimiento, con el pasar de los días todo había estado volviéndose tan... anormal, que el hecho de que ella supiera su nombre real no se comparaba. Hasta donde sabía, la muchacha podía ser otra alucinación creada por su mente- ¿Eres real?
-Soy real -A la pelinegra pareció divertirle aquella pregunta, sin moverse tampoco- O lo fui antes de morir. Siendo sincera esperaba que nuestra conexión de hermanas directas fuera más fuerte y podría conocerte en vida, pero al menos creo que dejé un cuerpo para ti -Dio la impresión de estar divagando, mientras hacía girar lo que parecía un bisturí en su mano libre- Mi nombre... Uhm, bueno, solían llamarme "Violet". Es el nombre que me dio la familia a la que ella me obsequió. Pero me llamo Dorothea, es un placer conocerte al fin.
La pelirosa permaneció en silencio observándole, detallando silenciosamente sus rasgos. Buscando la verdad en ellos, alguna similitud con los suyos... Entonces lo notó, la joven tenía los mismos ojos oscuros de aquel ser que decía ser su padre. Poseía ese mismo toque de picardía maliciosa en la mirada, pero parecía tratar de disfrazarla en una dulzura tal que le provocaba nauseas.
Sin embargo, resultaba ser su hermana... Pequeña por lo que veía.
-Toma asiento, esta podría ser la única oportunidad que él nos deje para hablar -Explicó la muchacha, observando como la joven optaba por obedecerla y tomaba asiento en uno de los taburetes junto a la isla- Supongo que debes tener alguna que otra duda ¿verdad? Nunca tuvimos ocasión de ser hermanas, y si soy sincera... Siempre me sentí tan sola por eso -
Leah asintió lentamente, apoyando las manos sobre la mesa sin quitarle la vista de encima. Era extraño, sí, pero una parte de ella la reconocía, se sentía a gusto habiendo encontrado a otra hermana. Efímeramente se preguntó si había más de ellos allá afuera.
-¿Estoy muerta? ¿Cómo es eso de que dejaste un cuerpo para mí? -Fue lo siguiente que se le ocurrió preguntar, recordaba haber saltado de la terraza del edificio pero no recordaba nada después de eso y aquel lugar se veía tan... Paradisíaco, que realmente no dudaría mucho de sí efectivamente había pasado a mejor vida, aunque sentía que no encajaba del todo por alguna razón- Cuando hablas de él -Hizo una pausa como si no estuviera segura de decírselo a alguien más, aunque fuera en una especie de sueño- ¿Te refieres a nuestro padre?
La sonrisa de la pelinegra se atenuó ligeramente mientras dejaba el bisturí sobre la mesa.
-Lo estás -Confirmó, notando como la mirada cristalina de su hermana mayor se tornaba un tanto conmocionada- Aunque en realidad podría decirse que estás tan viva como el gato de Schrödinger -Dijo con un tono bromista que no le causó ni una risa a la contraria- Y a lo que me refiero es justamente a eso. Tienes un cuerpo formándose en alguna parte del mundo, que podrás tomar para regresar a la vida cuando hayas recordado todo -Pareció considerar que era demasiado obvio que hablaba de su padre como para responder con una afirmación innecesaria así que omitió aquella pregunta.
-¿Se supone que esto es el cielo o algo por el estilo entonces? -Cuestionó sin entender, provocando que Violet soltara una carcajada. Leah la miró sin entender porque se reía.
-Hermanita, ay, hermanita. Aún no entiendes nada -Negó con la cabeza la pelinegra, limpiándose una falsa lágrima como si hubiera oído algo totalmente absurdo- No, esto no es el cielo. Si lo fuera, yo no estaría aquí por dos simples razones -Contestó realmente divertida sin explicar realmente nada.
Vio a Leah frotarse el rostro con algo de fuerza, y frustración probablemente, por lo que decidió dejar de jugar un poco y rodeó la isla, tomando asiento junto a ella para luego apoyar una mano en su hombro atrayendo su atención de regreso. La mirada azul se sintió atraída por la oscura que enfrentaba, eso le provocó una sensación de incomodidad a Leah, quién aún no comprendía porque eso ocurría.
-Esto, querida Caroline, es como le llamo... "El punto cero" -Continuó hablando la pelinegra, frotando dulcemente su hombro como si tratara de consolarla en medio de su confusión Es un punto muerto que Mr. P creó para nosotros, sus hijos, que podemos utilizar a nuestro antojo. Por lo general, cuando morimos debemos quedarnos aquí a esperar hasta que haya un nuevo cuerpo que podamos habitar, reencarnar ¿Captas eso? -La miró para asegurarse de que estaba entendiendo lo que decía, a lo que Leah asintió- Bien. Aunque también solemos utilizarlo para comunicarnos con nuestra contraparte, o algún otro medio-hermano, a través de sueños, y podemos modificar el paisaje según más queramos -Terminó con una leve sonrisa.
"Entonces estoy muerta... Morí y me tocó venir aquí para esperar con mi hermana..." pensó la mayor, recargando los brazos sobre la mesa mientras procesaba todo.
-Espera, todos dicen que debo recordar lo que sucedió, pero ¿Qué se supone que debo recordar exactamente? ¿Qué fue lo que sucedió hace seis años? -La volvió a ver, con algo de desesperación en la mirada.
Violet hizo una mueca mientras bajaba su mano, negando con la cabeza como si tratara de resistirse.
-No puedo decirte que fue lo que sucedió, Leah. Tú estás viendo las pistas, pero tiene que conectarlas, cuando logres hacerlo podrás recordar que pasó y serás libre para reencarnar -
-Dorothea -La tomó de los hombros, mirándola a los ojos y la menor le regresó la mirada- Necesito que me ayudes... Al menos dame una pista más.
La pelinegra suspiró pesadamente mientras la miraba, luego finalmente dijo:
-Moriste. Eso fue lo sucedió.
"O parte de ello al menos".
-Morí... Yo morí... -La pelirosa le soltó lentamente mientras volvía a poner las manos sobre la mesa.
El sonido de un temporizador atrajo su atención hacia el Timer con forma de manzana verde que estaba sobre la mesada junto a las hornallas, Violet volvió a sonreír y bajó de un pequeño salto del banco para luego girarse en dirección del horno para revisar el pastel de carne que había estado cocinando mientras arreglaba unos ojos de vidrio antes de que Leah la encontrara.
-¿Tienes hambre? -Preguntó como si nada, con aquella sonrisa dulce mientras colocaba la bandeja sobre la isla y con un chillo cortaba una porción.
La expresión desencajada de Leah debió ser realmente notoria porque alcanzó a oír un sonido extraño, percibiendo como la menor reprimía su risa con mucho esmero.
-No necesitamos comer en este estado pero con algo me tenía que entretener -Expresó Violet, adelantándose a la pregunta que veía que la pelirosa quería hacer- Además, así practico. Probablemente no recuerde nada en mi siguiente vida, pero aun así.
Leah esperaba despertar pronto, no estaba segura de como llevarse con su hermana menor.
3
2019
El aroma metálico, salado, flotaba en el aire mientras el brillante filo de aquel arma se deslizaba una y otra vez por la piel que se tornaba cada vez más pálida, dándole un gusto inmensurable al muchacho que lo deslizaba como si fuera un pincel y aquella mujer un lienzo en blanco que estaba encantado de tintar de carmesí. Tan hermoso carmesí que se deslizaba por la heridas abiertas.
El rostro, habitualmente afable, del joven enfermero se encontraba distorsionado con una sonrisa siniestra y un brillo en esos ojos oscuros que nadie había logrado presenciar jamás. Sus labios se fruncieron ligeramente solo para entonar una melodía de tono sombríamente infantil. No sabía porque esa melodía sonaba en su cabeza, no sabía de donde había llegado pero estaba seguro de que nunca le dejaría ir, no hasta que su alma finalmente estuviera ardiendo en el infierno más profundo y decadente.
-Benditos... -Su tono sonaba genuinamente desquiciado mientras se observaba en el reflejo del cuchillo unos segundos antes de lamer la sangre del mismo- Los curados... -Dirigió la mirada hacia el cadáver de aquella joven paciente- Por mi mano... -
Observó con satisfacción insana su "obra de arte", relamiéndose los labios con total gusto. Siempre había amado el tono rubí del que solo la sangre podía teñir los labios, era totalmente hermoso ver como sus expresiones se congelaban con ese precioso color, les hacía lucir tan vivos. El rojo era un color vivo, un color que respiraba y ardía y amaba.
Él solo les devolvía la vida cuando los tenía de aquel color, para que dejaran atrás los grises de sus tristes y monótonas existencias. Disfrutaba plenamente de la situación hasta que aquellos pensamientos trajeron consigo un flash a su mente que hizo que el arma resbalara de entre sus dedos.
Porque evocar el ácido recuerdo de Marlene Volkova era recordar una risa escandalosa que parecía fascinar a sus clientes y crueles labios de ciruela que esparcían veneno en cada beso. Recordarla era traer de regreso aquellas memorias de besos repugnantes y toques tan despreciables como prohibidos.
Era recordar cortos y ajustados vestidos góticos, a los hombres de aquella mafia y un colchón oculto en el armario. Soportar los gemidos con una sensación de estar sucio que nunca se podría quitar. Porque el agrio recuerdo de aquella mujer era como sentir el fuego rozando cada centímetro de piel en su cuerpo, quemando cada parte que alcanzaba y consumiéndolo con ansias. Tan peligroso, tan aterrador...
Uno de los recuerdos cobró más fuerza que los otros. Él tenía trece años, todavía temblaba sentado en el centro de la cama mientras sentía la mirada avellana de la mujer clavada en su nuca, la conocía lo suficiente para que el silencio que ella había guardado desde que le había dejado salir del armario lo inquietara enormemente, como un ciempiés balanceándose junto a su oído, tentándose de entrar y recorrerle por dentro.
"¿Sabes la diferencia entre un psicópata y un sociópata?" le había preguntado finalmente, él no volteó. Demasiado asustado para hacerlo y sintiendo un cosquilleo como si el ciempiés imaginario finalmente deslizara las primeras patitas dentro de su oído, causándole un estremecimiento "La diferencia está en que los psicópatas no se forman, ellos nacen así..." Su respiración se alteró por si sola mientras el ciempiés iba avanzando dentro de su cabeza, tocando diferentes fibras de su cerebro con sus pequeñas y asquerosas patas "Los psicópatas son difíciles de notar, de diagnosticar... Incluso de atrapar porque son maestros de la actuación y el engaño" No tenía idea de en que momento ella se había acercado tanto, pero pudo sentir los delgados dedos entre su cabello, enterrándole ligeramente las uñas en la cabeza mientras le sujetaba con fuerza halándolo un poco hacia atrás causando que sus labios acariciaran su oído, casi sentía al ciempiés enroscándose alrededor de su cerebro "Por eso nunca me atraparon" había siseado junto a su oído antes de lamer su cuello, provocándole total rechazo.
Porque recordar a Marlene Volkova, su madre, era... Simplemente enloquecedor. Era la prostituta más arrogante que alguna vez hubiera conocido y eso parecía encantar a los que la buscaban.
Pestañeó intentando eliminar aquella cínica voz de su cabeza, empujando los recuerdos nuevamente al fondo de su cabeza, bajo una alfombra imaginaria. Donde fuera, excepto la superficie donde no harían más que perturbarlo y molestarlo durante su tarea.
Dirigió la mirada nuevamente al cuerpo de aquella enfermera y recordó lo que hacía, miró su reloj de muñeca antes de apresurarse a envolver el cuerpo en una manta para luego ocultarlo entre las demás prendas y sabanas del carrito de lavandería, tras eso se dispuso a limpiar el pequeño cuarto en tiempo récord asegurándose de que no quedara ni una mancha en el lugar que pudiera delatar lo ocurrido.
Se cambió el uniforme por uno limpio, colocando su gafete en el nuevo y dejando su ropa sucia en una bolsa que ocultó con el cuerpo, decidiendo que se desharía de ella de otra forma, probablemente la ocultaría en su casillero hasta que pudiera escabullirse del edificio para ir a su departamento y ocuparse de ello a solas.
Silbó una cancioncilla por lo bajo mientras cerraba el armario con una copia de la llave que había hecho a escondidas del enfermero Lynch, quien tenía llave de cada habitación del lugar al igual que la directora, tras salir de allí y comenzar a caminar por el pasillo para llevar el cuerpo al cuarto de lavandería.
O más probablemente, lo arrojaría por el cubo de la basura.
Saludó amistosamente a alguna enfermera o paciente al pasar, ocultando a la perfección el desprecio que sentía por aquel color sin vida, tan pálido de sus uniformes. Alguna le dedicó una sonrisa coqueta causando en él un sonrojo y timidez que pretendían ocultar el monstruo que realmente era.
Tras cumplir su meta, todo siguió normal, otro día común y corriente en un trabajo no muy bien pagado, plagado de cosas estresantes. Otro ordinario día viendo al amable y entusiasta joven enfermero nuevo cumplir sus deberes con dedicación, echando una mano por aquí y por allá en lo que podía, ganándose la confianza del personal, haciéndose confidente de algún paciente que le contaría sus pesares o las "instancias" de sus días.
O al menos eso creyó, porque durante la hora recreativa podía sentir una mirada intensa atenta a sus movimientos mientras él armaba un rompecabezas con un chico castaño. Intentó ignorarla pero entonces una voz que conocía demasiado bien le erizó la piel.
Aquella voz que aún le perseguía en sus pesadillas.
-Has pasado tanto tiempo lejos de mí, mi tierno Sascha -Su voz era como aquel ciempiés que había imaginado, deslizándose cerca de él y deseando invadir su cráneo otra vez. Un tono burlón, como si se deleitara de haberlo encontrado- Y te has portado tan mal, niño mío, yo no te eduqué así -
Lentamente el enfermero se giró hacia la dirección en la que provenía la voz de esa diablesa sin emociones, pero su mirada avellana solo encontró a una muchachita de chaqueta roja y mirada oscura que lo miraba fijamente. Paseó su vista por el lugar pero Belle era la única que estaba cerca de él y el otro chico, pero parecía que solo él había escuchado aquella voz aterradora.
La pequeña Belle.
Con sus ojos oscuros llenos de inocencia y locura, con una sonrisa infantil que nadie descifraría lo que ocultaba realmente.
Lewis se obligó a recomponerse rápidamente y regalarle una sonrisa amable a la joven, mientras volcaba su atención a ella, jugando distraídamente con una pieza de cartón entre sus dedos.
-¿Ocurre algo, Belle? ¿No encuentras tus aviones de papel? -Se mostró tan gentil como siempre mientras su mirada se suavizaba, tratandola como una niña al igual que todos lo hacían.
-Sé lo que hiciste, Sascha -Mencionó ella sin perder la sonrisa, con el tono de una niña que había encontrado a un hermano suyo haciendo una travesura y podía extorsionarlo con ello.
Sin embargo, Lewis no pareció inmutarse, no mostró cambio alguno en su expresión a pesar de que sus dedos se tensaron sutilmente alrededor de la pieza del rompecabezas mientras la miraba fijamente tras aquellas cinco palabras.
-No sé de que hablas, Belle, si no eres más clara no podré comprenderte. Sabes que soy nuevo aquí, no tengo la misma experiencia o facilidad que tienen los demás para comprenderte -El rubio se mostró amistoso y con un ligero gesto de pena en su sonrisa al decirlo.
Se había asegurado de que nadie lo viera, conocía todos los puntos ciegos de las cámaras y los había estado usando a su favor durante los últimos meses, no había ningún testigo que le hubiera visto siquiera hablando con la enfermera Jean.
Entonces ¿Como era posible que esta niña dijera saber lo que había hecho? No, la duda era otra... Ahora que recapitulaba. ¿Como es que ella sabía su verdadero nombre? ¿Donde lo había oído? Nadie en el país lo sabía, había conseguido documentos falsos que lo acreditaban como Lewis Ajax, había estudiado el idioma lo suficiente para que su acento no se notara en absoluto.
Había sido tan previsor con cada detalle para que ella nunca volviera a encontrarlo, entonces ¿De dónde había sacado esta niña tal información?
Sus dedos aflojaron el agarre en el pequeño cartón, dejándolo sobre la mesa mientras intentaba convencerse de que quizá estaba pensándolo demasiado, quizá solo era una mera coincidencia que los delirios de Belle concordaran con los hechos del día.
La castaña se acercó más a él, inclinándose junto a su oído como si fuera a decir un secreto... Y vaya secreto.
-Sé que mataste a la enfermera Jean...-
Lewis dirigió su mirada nuevamente a ella cuando la notó enderezarse, mirandoles con aquella sonrisa que a algunos les daba ternura. A él solo le estaba crispando los nervios. Él había dejado de sonreír, mostrando una faceta más seria.
-Tú...-
El rubio se levantó lo más disimuladamente posible y la tomó del brazo con rudeza disfrazada de gentileza, llevándola fuera de la sala para asegurarse de que los otros pacientes no oyeran a la pequeña castaña.
-Al menos no fue Grace, tienes suerte de que no haya sido Grace... Tendrías muy serios problemas con un caníbal -
"Ese monstruo está encerrado, aislado" quiso burlarse de la chiquilla pero no lo dijo, aunque pareció que si lo había hecho por la respuesta que ella le dio después.
-Adair es mi amigo... y tú no eres el único que tiene acceso a todas partes -El tono de Belle continuaba siendo tan inocente como siempre, pero en sus palabras parecía haber un ligero matiz burlón que él notó con sorpresa dada la naturaleza adorable de la muchacha.
"¿Que le estaba insinuando? ¿Ella también tenía llaves del lugar? ¿Estaba jugando con su cabeza?" Se detuvo en el pasillo para voltear a verla, observando como está parecía totalmente ajena a lo que acababa de decir. Tragó saliva deseando llevar las manos al cuello de la joven que le miraba con ingenuidad. Acallarla sería tan sencillo si solo...
-Belle -Nikolai apareció caminando en su dirección desde un extremo del pasillo, con las manos en la espalda y la misma mirada fría habitual- Te estaba buscando. Nath quiere jugar contigo, ven -Le tendió la mano con aparente amabilidad.
El rubio apretó los labios en una sonrisa gentilmente vaga, disimulando el disgustante sentimiento que le invadía.
La incendiaria esbozó una sonrisa alegre mientras tomaba su mano sin dudar, ignorando la presencia de Lewis tras la promesa de jugar con su amigo y comenzó a caminar, casi dando saltitos y medio jaloneando un poco al chico. El ruso echó una mirada burlona al enfermero antes de darse la vuelta, llevándose a la chica consigo.
Lewis... No, Sascha se sujetó la cabeza entre las manos.
Se estaba riendo de él.
Se estaba riendo de él.
Se estaba riendo de él.
Eso se repetía en su mente, y la risa de Marlene regresaba a atormentarlo en el fondo de su cabeza.
Se estaban riendo de él.
Jugando con su cabeza como ella.
Como si quisieran que la fuera a perder.
Una ligera risa amarga salió de sus pálidos labios mientras negaba.
Ya la había perdido hace mucho antes de llegar allí, y nadie le ayudaría a recuperarla.
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¡No me morí! Hace un par de días retomé esta historia, no sé, creía que los bloqueos de escritor eran mitos. Tengo en mi cabeza lo que ocurrirá en al menos tres capítulos más pero por alguna razón no me salía escribirlo :/
Recuerden que si tienen alguna duda de la historia, se las responderé sin problemas nwn ni idea que me fumé para escribir este capitulo, pero me gusta como quedó. Todos están... solo un poco rotos.
Bueno, como sea, espero que estén bien y se anden cuidando con esto del covid, pinche porquería. Espero que les guste el capitulo, ya sé que pasó mucho tiempo (perdón por eso), y que aun me sigan leyendo.
¡Ah si! La canción que Lewis (Sascha) tararea se llama Secrets of wysteria.
Voten y/o comenten por favor, saben que me gusta ver sus reacciones o que opinan al respecto.
IvetteBellerosse 🌹