Capítulo 3
Por la mañana alguien entró en mi habitación y me dijo:
-Hola, cielo.
Con cuidado me incorporé en la cama vi a mi padre y a Lex en la puerta.
-¿Qué tal estás?- me preguntó mi padre.
-Bien.- yo seguía mirando a Lex con un odio creciente dentro de mí.
-Perfecto. Hemos venido a decirte que ya te han dado el alta y que puedes venir con nosotros.
-¿A dónde? ¿A qué habéis venido?
-Lex me ha dicho que te quiere tanto que desea casarse contigo lo antes posible.
Yo me quedé muda; ¿casarse conmigo? Yo no le amaba y mi padre me decía que me casara con él. ¿Estaban del mismo lado?
Estaban a punto de salir de la sala cuando yo repliqué:
-No quiero.
Ellos se dieron la vuelta y me miraron como si hubiese recitado un poema de golpe sin ningún motivo.
-¿Qué dices?
-Que no quiero casarme con Lex, ya no le amo.- dije con voz más firme.
-¡Vas a casarte si o si!- gritó mi padre.
-No puedes obligarme.
-¡Claro que puedo, te casarás mañana!
Las máquinas de la sala empezaron a acelerarse conforme mi pulso subía.
-Señores, por favor, ¿podrían salir de aquí? Están acelerando el pulso de una señorita enferma, de una paciente enferma.- dijo la voz de Alexei en la puerta. Iba vestido como un médico y tenía los ojos fijos en Lex.
Mi padre le miró y suspiró. No podía contradecir a un médico.
-Claro.- dijo.
Lex le miró como si estuviera loco.
Alexei se apartó de la puerta para que ellos pudiesen salir y después cerró la puerta.
Se acercó a mí, todavía estaba sentada sobre la cama, me puso las manos en los hombros y con suavidad me empujó para que me volviera a tumbar.
-No sabía que fueses médico.- le dije.
-¿Esto? No, que va. Solo es una tapadera para que te dejasen en paz.
Yo respiré hondo y cerré los ojos.
-¿Ese era tu padre?- me preguntó él interrumpiendo mis pensamientos.
-Sí. Quería que me casase con Lex. A veces me preguntó de qué lado está, quién es. No sé nada de él en el fondo.
-¿Cómo se llama?
-Albert.
La cara del vampiro se puso blanca como la cal y abrió los ojos como platos.
-¿Qué pasa?- le pregunté con miedo.
-Nada.- dijo recuperando su expresión normal de ternura que tenía conmigo.- Descansa. Mañana te llevaré a mi casa.
-¿Cómo? No puedo salir de aquí.- dije.
-He oído que mañana te darán el alta, vendré a buscarte, no te preocupes.
Salió por la puerta y yo en unos minutos me dormí.
A la mañana siguiente me despertó una enfermera diciéndome que ya me podía ir a casa, pero que tuviese cuidado.
-¿Va a venir a buscarte alguien?- me preguntó.
-Sí, un chico.- le dije mientras me vestía.
-¿Ese que estaba contigo antes de ayer?
Yo asentí con la cabeza.
-Que suerte tienes de tener un hermano tan guapo como él.
-No es mi hermano.- dije mientras me ponía colorada. Yo no me parecía en nada a Alexei. Él era todo perfecto y yo, bueno, como que no estaba mal.
- Mejor entonces, ¿no? Ahí viene.- dijo la enfermera.
Alexei se acercaba por el pasillo con las miradas de todas las enfermeras puestas en él. Al llegar junto a mi me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
-Te ves bien. ¿Nos vamos?- me preguntó y me ofreció la mano.
Yo se la cogí y me despedí de la enfermera.
-Hasta luego.- me dijo ella.
Cuando salimos del hospital Alexei me llevó hasta un todoterreno negro.
-¿Adónde vamos?- le pregunté.
-Primero vamos a mi apartamento a coger unas cosas y después cogeremos un avión a Paris.
-Vale.
-Si te cansas o te mareas me lo dices, ¿vale?
Yo asentí y subí al coche.
Cuando llegamos al apartamento de Alexei me encontré con una habitación negra, cortinas rojo carmín y unos muebles hermosos que presumía que ya eran muy antiguos.
-¿Te gusta?- me preguntó él.
-Es muy bonito todo esto. Yo me imaginaba ataúdes, calaveras y velas por todas partes.
-¿Esa es la imagen que damos?- me preguntó con curiosidad.
-Es como os imagina todo el mundo. Como seres siniestros que matan sin razón y que no tienen piedad.
-No lo sabía, se lo diré a mi padre cuando lleguemos. Ahora vuelvo.- me dijo. Se marchó a una habitación a lado de la principal y volvió con dos tazas. Me ofreció una y yo la cogí entre las manos para calentármelas.
Él tomó un sorbo de la suya.
-¿Quieres algo imprescindible que haya en tu apartamento?- me preguntó mientras dejaba la taza en la mesa.
-Sí, algo de ropa que tengo en el armario de mi habitación.- yo también dejé la taza en la mesa y me dirigí a la ventana para mirar fuera, vi un hermoso jardín… ¡No, imposible! ¿Un jardín interior? Volví al sofá y me senté, alucinada.
-Voy a por ella, enseguida vuelvo.- me dijo.
Cuando se fue volví a coger mi taza y le di un sorbo.
El líquido rojo espeso bajó por mi garganta y me dieron arcadas. No sabía del todo mal, fue más la sorpresa que el asco. Corrí al baño y levanté la tapa del váter de golpe y vomité en él. Una ráfaga de aire y Alexei apareció a mi lado. Me sujetó el pelo y me frotó la espalda con delicadeza.
Una última arcada y me aparté del váter hasta quedar sentada en mis rodillas.
-¿Estás bien? Lo siento, no debí haber dejado la taza con la sangre en la mesa- se disculpó Alexei.
Yo asentí y me limpié con la manga la boca. Tragué saliva, hice ademán de levantarme y él me ayudó. Me apoyé en su pecho.
-Aplazaré el vuelo para mañana. Vamos, te llevaré a la cama.- me cogió en brazos y me dejó en la cama. Me tapó con una manta y cuando se fue a dar la vuelta le cogí por la parte de debajo de la camisa.
Él se dio la vuelta y me dijo:
-¿Qué pasa, te duele algo?
-No, pero… quédate conmigo.
Alexei me miró con una ternura que casi se me derrite el corazón.
-Claro, mi amor.- me dijo. Se tumbó a mi lado y me pasó el brazo por la cintura. Él estaba frió, pero de alguna forma sentaba bien.