The morning star

By ArienGates

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¿Qué harías si un día tu padre paga sus deudas dándote a cambio con dos hombres que nunca habías visto en la... More

Aviso
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
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Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Aviso

Capítulo 24

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By ArienGates

—Joder, date prisa — le presiono bajando las escaleras, aunque él va frente a mí y tira de mi mano.

—Qué crees que hago — contesta y me lo imagino rodando los ojos.

—¿Y ahora? — pregunta Astaroth al mirarnos correr —. ¿Por qué tanta prisa?

—Vamos tarde — logro contestar pasando frente a él.

—Y a una misa — agrega Lucifer poniendo los ojos en blanco.

Salimos de la casa y por suerte el auto está aparcado a unos metros de la entrada.

Ambos nos soltamos de la mano y subimos sincronizados al auto. Me pongo el cinturón mientras ya vamos en marcha.

—Quince minutos — digo mirando el reloj —. Tenemos quince putos minutos para llegar.

—¿Por qué tanta prisa? Nadie llega a tiempo a los compromisos, menos a una misa.

—Bueno, tal vez porque es mi madre la novia. No lo sé, tal vez sea por eso. Supongo.

—No estoy acostumbrado a que me hables con sarcasmo.

—¿Y eso es culpa mía?

—No dije que lo fuera.

—Está bien, voy a fingir que nada pasa y vamos puntuales a la boda de mi madre.

—Llegaremos a tiempo.

—Ajá — me quejo mirando nuevamente el reloj.

—¿Cuándo he mentido o no cumplido algo que digo?

—Cualquiera que sepa quién eres y te escuche decir eso, se muere de la risa.

—¿Cómo por qué?

—Eres Lucifer, y tienes la mala y equivocada fama de mentiroso.

—Yo no soy mentiroso — se defiende —, jamás en mi vida he mentido.

—Las personas creen que las mentiras son muy de los demonios.

—Eso tal vez no te lo pueda negar — acepta —. Pero por ese mismo hecho quedo exento de eso.

—¿Qué?

—Llegamos — contesta en vez de aclarar mi duda.

Miro al frente y confirmo lo que me ha dicho. Hemos llegado.

—Como hubiera querido tenerte hace cinco años — menciono recordando mis constantes retardos en la escuela.

—Date prisa — dice frenando frente a la iglesia —, iré a estacionar el auto, busca a tu madre.

Bajo del auto enseguida, y apenas cierro la puerta me hecho a correr en dirección al tumulto que veo a unos metros.

Todas las mujeres que veo tienen un vestido color lila, eso me dice que son las damas de mi madre, y por lo tanto ella debe estar ahí.

—Ya llegué, ya llegué — anuncio llegando a ellas y abriéndome paso —. Aquí estoy.

—Cariño, te ves hermosa — suelta mamá en cuanto me mira y se me va encima abrazándome.

—Pensé que la que debía decir eso era yo — contesto sin aliento, pues me está abrazando muy fuerte.

—Lo siento cariño...

—Te ves hermosa — digo al fin observándola de pies a cabeza —. En serio.

—Muchas gracias, cariño.

—¿Y mis hermanos?

—Hace unos minutos llamaron, no tardan en llegar.

—Más les vale, que si no están aquí voy por ellos.

Me pongo junto a mamá y miro el rostro de las mujeres presentes, algunas se me hacen conocidas, pero otras nunca las había visto.

—Hola — les saludo sonriendo, y las siete regresan el gesto.

—Es mi hija mayor — explica mi madre —, para las que no la conocen, claro.

—Así es — acepto —. Soy Ness.

—Un gusto — dicen algunas.

—Y... ¿has venido sola? — pregunta mamá.

—No, vine con alguien — digo un poco nerviosa.

—¿Por fin conoceremos al individuo en cuestión?

—Si... no tarda en llegar, fue a aparcar en auto.

—Por lo menos tiene auto — dice una de las mujeres. Es bastante baja y robusta —. El novio de mi hija no tiene ni bicicleta — intento no reírme, pero todas las demás lo hacen —. En serio, no exagero, yo no sé porque mi hija se ha fijado en ese tipo sin ambiciones, no estudiar, no trabaja, no hace nada.

—A veces elegimos mal — contesta otra.

—Y tener mucho no siempre es lo mejor — agrega mi madre —, si lo sabré yo.

—Pero qué tal con tu chico, ¿crees haber elegido bien? — me pregunta la misma mujer.

Elegir... ese es el detalle. Yo no elegí a Lucifer.

Y muy probablemente él tampoco me haya elegido a mí.

Tal vez la vida nos eligió a ambos para tener algo.

—Ah... pues... — comienzo intentando formular una respuesta.

—Llegué — anuncia Lucifer poniéndose junto a mí y poniendo una mano sobre mi espalda baja —. Siento haber tardado, creo que los invitados ya han llegado, no había lugar por ningún lado y he tenido que hacer algunos arreglos — eso significa que seguramente un auto desapareció o hizo algo imposible de creer.

—No has tardado, todo está bien — contesto.

Regreso la mirada a las mujeres y veo absolutamente a todas boquiabiertas, incluyendo a mi madre.

—Ah, lo siento — digo dando un paso para atrás —. Ella es mi madre — le presento.

—Un gusto — dice Lucifer extendiendo la mano a mamá.

—Igualmente — responde ella estrechando su mano —, soy Brisa.

—Luzbel — se presenta él.

Me gusta su nombre de ángel, aunque realmente no creo poder llamarle así, me he acostumbrado a nombrarle Lucifer.

—Ya están llegando todos — menciona una mujer.

—Iré a hablar con los demás para que entren ya — dice otra y da la vuelta para irse.

—¿Puedo ayudarte con algo? — pregunto esperando que me de un deber para hacer.

—Tú sólo entra y siéntanle al frente, todo está organizado.

—Bien — acepto mirando todo alrededor en busca de mis hermanos, si no vienen en verdad me va a dar algo.

No podrían dejar plantada así a mi madre, no los creo capaces... a menos que mi padre se los impida...

Joder.

Si mi padre hace algo para que no estén presentes voy a arder de la furia...

Mientras pienso en un millón de cosas para hacer, mi mirada de cruza con la de mi hermano.

—Ahí están — musito.

—¿Quiénes? — pregunta Lucifer un momento antes de que comience a caminar.

—Peter — digo corriendo hacia él, mi hermano me recibe al instante. Me abraza e incluso me alza un poco del suelo —. Pensé que no vendrían...

—Se nos hizo tarde — explica con cara de molesto —. Mi padre se puso bastante pesado, pero no iba a permitir que arruinara esto, así que nos saqué de la casa a la fuerza.

—Sandy... — saludo a mi hermana, ésta se me echa encima igual.

—Ness — dice Anne saludándome.

Abrazo a mis otras dos hermanas juntas, y al final los cinco terminamos abrazados.

—Pensamos que no volveríamos a verte — dice Peter aún en el abrazo.

—Yo también lo creí — acepto con bastante tristeza.

Nuestra familia se rompió uno a uno. Primero con mamá. Luego conmigo. Y a fin de cuentas todos terminamos solos por un tiempo.

Pero no más.

—Aquí estamos de nuevo — digo separándome.

—Iremos con mamá — dice Cassidy con clara emoción —. Como lo prometió. Nos iremos a vivir con ella.

—Lo sé, me lo dijo.

—¿Vendrás con nosotros también? — pregunta con ilusión, cosa que me rompe el corazón.

Miro un momento a Lucifer... no puedo dejarlo, aunque tampoco debería dejar a mi familia.

Sin embargo soy bastante grande, y tengo en mente que no voy a vivir con mi familia hasta el fin de mi vida.

—Ya veremos que hacer después — contesto sonriéndole y dejando de lado el tema.

—Vayamos con mamá — pide Peter haciéndonos caminar.

—¡Mamá! — chilla Cassidy cuando está a poca distancia y corre junto a Anne lo poco que falta hasta llegar a ella.

—La tenemos de vuelta — dice Peter mientras los tres nos quedamos mirando a la distancia.

—De acuerdo al plan.

Los tres vamos a ella también. Mis hermanos la abrazan, y aunque estoy segura que todos queríamos evitarlo, varias lagrimas comienzan a resbalarse.

—No, no lloren — pido intentando no ponerme a llorar también —. El maquillaje, las lágrimas pueden esperar.

—Todo está listo — avisa la mujer de hace unos minutos.

Las típicas discusiones de antes se hacen presentes mientras mamá y mis cuatro hermanos se pelean por hacer que cosa primero.

—Basta ya — intervengo —. Todos adentro de la iglesia y mamá entra sola, dense prisa.

Como siempre todo se hace como lo digo, mis hermanos dejan que mi mamá comience a irse con sus damas, pero nos quedamos donde estamos.

—Antes de que entren — inquiero mientras Lucifer se acerca a mí —. Quiero presentarles a alguien...

—¿Él quién es? — salta mi hermano en cuanto el demonio llega a mí.

—Peter, no te pongas de pesado — le pido.

—Respeta a tu hermana mayor — se burla Anne.

—Yo soy el mayor también.

—De hecho te llevo once meses, así que por favor, respétame — pido siguiendo la burla.

—Soy Luzbel — se presenta Lucifer cortando los chistes.

—Soy Peter — se presenta mi hermano estrechando la mano del demonio —. El hermano de Ness, ¿tú quién eres?

—Soy el prometido de tu hermana.

Casi me atraganto al escuchar la palabra.

—¿Se van a casar? — pregunta mi hermano claramente pasmado.

Eso mismo me pregunto yo.

—Puede ser — acepta mirándome un momento.

—Bueno... — Peter no tiene ni la menor idea de qué decir ante la noticia de la cual yo también me acabo de enterar —. Ellas son mis hermanas. Sandra, Anne y Cassidy — las presenta de la más grande a la más chica.

—Un gusto, chicas — dice Lucifer sonriéndoles.

—Vamos ya, tenemos que entrar ahora — les presiono para que caminen a la iglesia de una vez.

Nadie dice nada más, todos me hacen caso y caminamos a la iglesia a paso rápido.

Mientras vamos me dispongo a preguntarle algo a Lucifer.

—¿Cómo que...?

—Tenemos que hablar de ello, pero será después — contesta sin siquiera escuchar la pregunta completa.

Peter deja que mis hermanas entren primero antes que él.

Yo me meto después y dejo que Lucifer se vaya, pues sé que no entrará a la misa.

—Date prisa o te robarán tu lugar al frente.

—¿Qué haces aquí? Pensé que no podías entrar...

—Si puedo, pero no me gusta hacerlo — responde encogiéndose de hombros.

—¿Es un mito que los demonios no pueden entrar a lugares sagrados?

—Pues...

—¿Sí?

—En realidad lo es. Los demonios pueden entrar a la iglesia si así lo quieren, pero es un poco molesto. Para un demonio es debilidad... al entrar a lugares sangrados sus dones se apaciguan, y se hacen débiles — comienza a explicarme —. Entrar aquí es como reconocer la derrota y el error.

—¿Así que estás reconociendo tu error sólo por mí?

—En teoría sólo estoy reconociendo mi derrota, yo no cometí errores.

—¿Así que te sientes débil?

—Para nada, estoy perfectamente.

—¿En verdad?

—En verdad. Soy Lucifer, no Belcebú.

—¿Eso qué tiene que ver?

—Que sólo los demonios se hacen débiles.

(...)

Miro a mi madre mientras entra al auto antiguo en el que irá con su esposo hasta la fiesta.

Está feliz. Ella y el hombre se ven demasiado felices, cosas que me pone igual a mí.

Las cosas cambiaron, pero seguro que es mejor.

—Vamos — dice Lucifer tomándome de la mano.

—Claro.

—No ha estado tan mal — comienza —. Ha sido bastante rápido, no hubo errores e incluso podría decir que ha sido perfecto.

—Gracias.

—¿Por?

—Por venir hasta aquí conmigo, entrar a la misa, y todo lo que estás haciendo ahora.

—Tú y yo teníamos un trato de acuerdo a los agradecimientos.

—Si, pero... no puedo con ese trato, me es difícil sólo no agradecer algo que hacen por mí.

—Bien, acepto los agradecimientos. Pero esto que he hecho te va a costar.

—No me digas. Con que Lucifer no actúa bondadosamente de a gratis.

—¿Dime quién haría algo gratis? Por favor, Ness, las cosas cuestan. Todo cuesta.

—Bien, ¿qué me va a costar a mí tu agradable y muy cara compañía?

—No te voy a decir.

—¿Por qué no?

—Me cobraré solo el favor.

—No me digas.

—Confórmate con que te haya informado.

—Muy amable de tu parte — digo con claro sarcasmo.

—Yo siempre tan amable — se elogia solo.

Subo al auto y me abrocho el cinturón mientras espero que Lucifer suba también.

Aunque sé que no corro peligro, hasta me espanta imaginar el costo de su compañía.

Nos ponemos en marcha sin mediar palabra. Todo adentro del auto es silencio.

Hasta que el radio comienza a sonar.

—Me parece extraño, imposible y sorprendente que no estemos escuchando Slayer, Iron Maden, o mínimo Black Sabbath.

—Me enteré por ahí que este es tu grupo favorito — contesta encogiéndose de hombros.

—¿O sea que estás escuchando Foster The People sólo por mí?

—Así es.

—¿Eso cuánto va a costarme?

—Es cortesía.

—No te lo creo.

—¿Cuándo te he mentido?

—De acuerdo.

Esa es la frase perfecta para que no siga insistiendo.

—Ness.

—¿Si?

—Quítate la ropa interior.

—¿Qué?

—Quítate la ropa interior.

—¿Por qué?

—No preguntes y hazlo.

—No voy a estar todo el día sin ropa interior — discuto.

—¿Lo haces tú o lo hago yo?

Eso sólo significa que hoy estoy sin ropa interior si o sí.

—Ya vi como vas a cobrarte todo — me quejo desabrochando el cinturón de seguridad para poder moverme y hacer lo que me pide.

—¿No era predecible? Qué creías, ¿que iba a cobrarte en efectivo?

—No, todo menos eso.

Deslizo mis bragas por mis piernas y me las quito como me ha ordenado.

—¿Ahora qué?

—Por ahora nada, disfruta del viaje.

No sé si me dan ganas de reírme o reclamarle, pero acabo sin hacer ninguna.

—Es incómodo estar así.

—¿Por qué? Vamos, Ness, te hice un favor, ese vestido no va con ropa interior.

—Ajá, se marca, ¿no?

—Así es.

—Eso no te lo tragas ni tú.

—Yo podía verlo.

—Bueno, pues ahora, en cualquier descuido cualquiera podrá ver que no llevo nada puesto.

—¿Crees que yo permitiría algo así?

—No.

—Exacto, sólo yo puedo mirarte.

—Que posesivo.

—Por supuesto, soy muy posesivo con mis cosas, y ya sabemos que eres mía.

—No soy una cosa.

—No dije que lo fueras, sólo dije que eras mía.

Entramos al estacionamiento del jardín. Hay varios carros estacionados ya, y uno de ellos es en el que mi madre venía.

Lucifer busca un lugar bastante lejano, se detiene donde no hay ningún auto estacionado debajo de un árbol.

—¿No pudiste buscar algo más lejos?

—Me lo agradecerás después.

Prefiero no hacer preguntas y me bajo del carro.

No traer bragas me es incómodo, siento que todos pueden verme aún cuando el vestido es bastante largo.

Lucifer me mira pensativo y se recarga en el costado del auto. Me quedo quieta mirándolo en espera de algo.

El viento sopla fuerte, la tela roja del vestido se alza y mis manos se van al instante a detenerlo.

—Detente — le pido a Lucifer, pues sé que él está haciendo esto.

—Yo no estoy haciendo nada — contesta, pero la sonrisa en su rostro le delata.

—Ahora, Lucifer, detente ya — le ordeno cuando el viento es tan fuerte que me cuesta trabajo mantener la tela del vestido abajo.

—Ya te dije que no soy yo.

—Bien — acepto cuando veo hacia la entrada y noto que varios tipos caminan por ahí —, entonces no creo que importe que el vestido se alce.

Dejo de pelear por mantenerme oculta, y ya que Lucifer también ha visto a los chicos el viento se acaba al instante.

—Que inteligente te estás poniendo — dice él acercándose a mí.

—Sólo me pongo a la altura — logro decir antes de que me rodee la cintura y me jale hacia él.

—A la altura — repite mirándome a los ojos, y siento una de sus manos colarse por debajo del vestido.

—Hey, no — me quejo e intento huir de sus brazos, pero no lo logro.

—Shh — me calla y me sostiene con mayor fuerza.

—Basta ya, tenemos que entrar — pido antes de que sus dedos se abran paso ente mis piernas.

—Un minuto, nadie va a sospechar por eso.

—No — gimo quejándome porque siempre se salga con la suya —, detente.

—¿Cómo quieres que me detenga con esa cara que pones? Cuando te miro lo único que quiero hacer es meterte al auto y cogerte ahí.

—¿Es la misma cara que puse cuando me desvirgaste?

—No, aún eras muy inocente, esta cara te la aprendiste conmigo.

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