La muñeca del pasado

By Marie_8760

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"Tengo mucho miedo..." "¿A qué?" "A mí misma." ..... "Por favor, no se vayan." No me dejen caer. Ella quiere... More

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~Q&A~
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By Marie_8760

— ¿Qué piensas romper, eh? ¿Qué te queda por romper? Dime una sola cosa que no me hayas hecho ya.— pregunté sin sentimientos en la voz.

Hacerme la rebelde e intentar dominarlo ahora no me serviría de nada en realidad. El tampoco me comería el cuento de  quererlo por el momento. Así que simplemente me quedaba callar y esperar una oportunidad para irme. Porque sí, me retiraría.

— Sabes...— mi atención recae en él y vuelvo a notar todo su peso sobre mí, su aliento en mi rostro, su mirada perversa. Toda su asquerosa existencia.— sigo creyendo que aún le tienes cariño a Seung.

La confusión me llena enseguida que escucho aquella barbaridad,  pero es cubierta al instante por la indignación y el rencor. De mi boca iban a salir decenas de insultos y razones por las que él estaba incorrecto. No obstante me mordí la lengua y esperé a que siguiera con su palabrería absurda. Me convenía, y además él no podía decir nada que me convenciera. Yo no quería a Seung para nada, ni que estuviera tan jodidamente loca.

— Lo sigues mencionando al dormir— eso no lo esperaba. Frunzo mi ceño y trato de descubrir si lo que dice es honesto. Si no está tratando de jugar conmigo. Pero también cabe la oportunidad de que esos sueños no fueran precisamente míos. Y si así fuera, entonces tenía más de un problema.— Por supuesto que no sabías eso — susurra con una sonrisa mientras tilda su cabeza hacia la izquierda con sorna — incluso cuando dices detestarlo, sigues mostrando tanto interés en él. Tu no puedes ver tus reacciones Lucia, pero cuando escuchas su nombre tus ojos te delatan. Te importa más de lo que dices. Ni en tu faceta más vil puedes ocultar tu atracción por él— su sonrisa crece a segundos al igual que su fuerza, su enojo ocultó tras su alegría mentirosa. Miro sus manos cerradas en mis muñecas y reprimo el quejido que quiere salir como un grito— Sabes como me molesta eso ¿no? Que quieras a otro hombre. Que pienses en otro hombre, que sueñes con otro hombre que no sea yo.— gruño, rechino mis dientes y cierro mis ojos para no matarlo con la mirada. Mi pecho ardía, la ira me estaba quemando la carne, la piel, hasta el alma. ¿Como podía ser tan descarado? — Porque, me perteneces, eres mía y como tal solo deberías prestarme atención a mí...como una buena esclava.

— Eso jamas pasara.— aseguré entredientes. El sabia como hacerme hablar, como picarme. Maldito.

— Ya pasó una vez, puedo hacer que pase de nuevo. Fácilmente.

— Ya no soy humana Stephan, ¿lo haz olvidado? No puedes manipularme de nuevo. — abro mis ojos lentamente y lo miro a los suyos. Era increíble como algo tan bello podía causarme tanto asco, tanto odio.

— ¿Cuanto tiempo llevas siendo una vampiresa, eh? ¿20 años? — sonríe complacido— Aun eres una bebé Lucia. No sabes nada de esto y con el padre que tienes dudo mucho que conozcas algo fuera de tu familia.— explica y para mi sorpresa me deja ir. Entonces, se reincorpora y se sienta al borde de la cama.

— Sé lo suficiente. No puedes hacerme lo mismo que me hiciste hace años.— le hago saber con confianza, acomodándome lo más lejos posible de él que pudiera. Sus ojos siguieron mis movimientos con vagancia maliciosa antes de sonrier por lo bajo. Estaba entretenido, esto le gustaba. Era un sádico.

Si fuera por mi hubiera salido corriendo hacia ya años, pero no podía. Él no me dejaría, se le notaba en la mirada. Si yo me movía de una manera que a el no le agradara, era mi fin.

Solo tenía que esperar, un momento de distracción y era libre.

— No exactamente lo mismo, no. Pero hay otras maneras de amarrarte a mi lado. — gira su rostro hacia mí por completo y me observa en silencio por lo que me parecen largos minutos. Me mira como si apreciara una escultura hecha por sus propias manos. Estaba orgulloso. ¿De que mierdas?— Hay muchas.

— Yo no voy a permitirlo. No soy la misma niña estupida de antes.

Su carcajada prende la llama de mi furia en un instante. Mi furia y mi angustia. Él no estaba jugando a pesar de que eso era lo que dejaba ver. Él había hecho algo. Me había hecho algo. Pero, ¿Qué? ¿Qué pudo haber hecho? ¿Las mordidas? No me había inyectado nada, lo hubiera sentido. No tenía ningún tipo de marca tampoco, además de la de Seung. Si algo de aquel coreano me hacia feliz, era esa estúpida marca. Al menos mantenía a Stephan lejos de proclamarme.

Entonces, ¿Qué podía ser? No había otra manera. No que yo supiera al menos.

— Ya no depende de tí cariño. No serás capaz de romper lo que he hecho.

— ¿De que hablas? ¿A dónde vas?— pregunto aturdida al verlo ponerse de pie y dirigirse a la ventana abierta.

¿Pensaba irse? ¿Dijo todo eso, me trajo aquí, para irse? ¿Qué?

— ¿¡Charlotte!? — miro hacia la puerta de la habitación, aquella voz sonaba a través de ese pedazo de madera.

Nos encontraron. ¿Estaba escapando? ¿Stephan?

No. El no necesitaba eso.

— Nos vemos luego, muñeca.— vuelvo a mirarlo y me levanto de inmediato a verlo brincar por la ventana sin preocupaciones.

— ¡Stephan!— llego a la ventana molesta y trato de buscarlo, pero ni siquiera su presencia podía sentir cerca. Se había ido el muy hijo de puta.— ¡Maldición!

El golpe llego al marco con fuerza y aún asi mi ira seguía igual de latente. ¿Qué demonios acababa de pasar?

¿Qué hiciste Stephan?

— ¿Charlotte? ¿Estas bien?— la voz de Joel suena a mis espaldas con preocupación profunda y seguidamente siento su mano posarse delicadamente en mi hombro.

Pero yo estaba supremamente cabreada. Ni siquiera podía fingir lo contrario.

— ¡No me toques! — escupo al girarme y zafarme de su mano. Mi mirada fulminante cae sobre él y luego sobre su hermano mayor.

Todo se había ido a la mierda. A la jodida mierda. Y ni siquiera sabia que demonios estaba pasando.

— Charlotte, cálmate ya estas a salvo.— me dice con suavidad Joel, como si le hablara a una jodida loca. Mi ira no podía crecer más y ellos eso lo notaron perfectamente.

— ¡No me llames así joder! ¡Maldita sean los Salvatore! ¡Me cago en sus muertos! ¡Los odio, joder, los odio! — les grito a los dos hermanos que me miran sorprendidos.

— ¿Charlotte que sucedió? ¿Qué te sucede? — Edward pregunta con la confusión escrita en su cara. Una carcajada sale de mi garganta y tiro mis manos al aire.

— ¿Qué no se suponía que eras el más sabio Edward? ¿Se te fue al culo la inteligencia o qué?

— Charlotte no hay necesidad de- — ruedo mis ojos sin querer oir sus discurso innecesario y le interrumpo sin más.

— Cállate y vete ¿Si? Ambos. Joder que estorbo. Tengo mucho que pensar y ustedes no me van a servir de nada.— les doy la espalda de nuevo y miro por la ventana con los brazos cruzados.

¿A dónde pudo ir? Aunque eso no era tan importante, él volvería. Estaba segura de eso. Lo que tenía que pensar era en la manera en la que lo terminaría. Debe haber una forma de matarlo. Alguien debe saber, alguien...

Nicolás.

— Joel, Edward vuelvan a la mansión. Yo les explico todo luego — lo que faltaba. Ya me extrañaba que no llegara primero que los demás. Miro sobre mi hombro con desprecio, esperando un Seung empalagoso y cursi como siempre. Sin embargo, me encuentro con una mirada fría y seca. Un ceño profundamente fruncido una mandíbula a punto de estallar por la tensión— Nos vamos a casa.— ordena y me rio a carcajadas ignorando el hecho que su seriedad era un poco enervante.

—¿Casa? ¿Que casa, el pet shop dices? Por favor. Ese sitio no es mi casa, no voy ni muerta. — le clarifico con asco. Ni loca volvía ahí. En ese sitio yo no podía salir. Lucia era demasiado fuerte allí como para poder controlarla.— Seung — gruño al momento en el que toma mi brazo y empieza jalarme hacia la salida. Pasamos junto a sus dos hermanos, quienes nos miran en silencio pero se nota lo tocados que estan con todo esto. Igual no me importaba.— ¡Seung suéltame!— grito mientras me remuevo. Esto de que me jalaran para todos lados sin hacer nada me estaba jodiendo enormemente. Malditos ancianos sobrenaturales.— Joder, no me ignores. Maldita sea ¡Suéltame perro estúpido!

— ¡Ya basta! — grita con una voz tremendamente aspera que resuena por todo el apartamento e incluso afuera. Se detiene de forma abrupta, jalandome hacía él en el proceso. Entonces, me doy cuenta que él sabe algo. Pues cuando me mira, el café de sus orbes se ve opaco, vacío, dolido.— Ni siquiera sabes lo que hiciste.— susurra con la voz rota.

Joder.

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