Por petición de Mika_stereo he hecho este one-shot. Ella me ha pedido que los personajes sean así, así que no me digáis nada xd ha sido un encargo.
Tenía pensado subirlo en un libro aparte, pero bueno. Así lo lee más gente. Espero que os guste :)
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Brian se encontraba en el salón, viendo una revista (no pornográfica).
—Brimi...
De repente, se escuchó una voz agonizante por al lado de la escalera. El rizado se giró para ver qué pasaba, y se encontró a un Roger con la nariz roja, como si fuera a estallar, ojos entrecerrados y un poco amoratados, labios secos y casi ni se podía poner en pie.
—Dios mío, Roger, ¿qué te ocurre?
—Pupa...—En ese momento, Brian supo que su amigo estaba realmente mal. Cuando Roger se sentía mal y quería atención, se comportaba como un niño pequeño.
La piernas de Roger flojearon, y eso hizo que cayera al suelo y se diera en la cabeza contra el suelo.
—Mucha pupa...—repitió con el mismo tono infantil de antes.
Brian se levantó enseguida y subió las escaleras lo más rápido que pudo. Tomó al rubio en brazos y lo llevó hasta su cama.
—Va a ser un día largo... —dijo en un tono bajo.
—Brimi...—tiró de su manga.
—¿Sí?
—Tengo que...—le dio una arcada y se tapó la boca inmediatamente.
Brian lo comprendió al instante, y le llevó hasta el baño para que vomitara. Con una mano sujetaba su frente, estaba ardiendo, y con la otra sujetaba su pelo, a forma de coleta, para que no se manchara.
—Roggie, estás fatal...
El rubio iba a contestar, pero otra arcada lo interrumpió, y siguió vomitando. Cuando consiguió parar, continuó con lo que quería decir.
—Necesito...necesito...
—¿Qué necesitas?—Acarició su, ahora pálida, mejilla.
—Tus mimos...—Se aferró a él. Brian le correspondió de la misma manera.
Le levantó con mucho cuidado y le lavó la cara en la fregadera, para luego secar con cariño su cara. Cuando terminó, volvió a levantarlo como antes y lo metió en su cama.
Roger estaba sudando mucho, así que pensó que sería una buena idea mojar un paño y frotarselo por el cuerpo.
—¡Au! Brian...no...está frío...—Se quejaba en menor.
—Estás ardiendo, Roggie, necesitas frío.—Le quitó la camiseta para hacer el trabajo más fácil.
—¡Ay! no...—Roger se quejaba como un niño pequeño, pero tampoco tenía fuerzas para detenerle, así que se tuvo que aguantar.
[...]
Pasó el tiempo, y Freddie entró a casa, junto a John. Se disponían a relajarse cada uno en su habitación, pero oyeron un estruendo en la habitación de Roger.
—¿Qué ocurre? —preguntó John, inocentemente.
—No sé... —respondió Freddie, poniendo la oreja en la puerta. John le imitó.
—Venga, Roger. Estás muy caliente, tengo que hacer esto...sólo para saber qué más hacer.
—¡No!
—Oh, vamos...no duele...por favor...
—¡Que no!
—Oh, veo que quieres por la malas. ¿Sabes cómo les hacen a los bebés con esto?
—¡Ay, no! ¡Por el culo no!
Freddie y John dejaron de escuchar después de eso, y cada uno se encerró en su habitación, sin hacer preguntas.
Brian sólo quería ponerle el termómetro a Roger.
—Roger, levanta ese brazo para que te pueda tomar la temperatura.
—Que no, Bri, no me gusta...
—Te comportas como un bebé.
—¡No soy un bebé!—Gritó y pataleó como uno.
—Teniendo en cuenta que te comportas así y que hace media hora te has hecho pis encima...no sé qué pensar.
—No me quería hacer pis encima, fue un accidente.
—Ya, bueno, pero yo soy quien tiene que limpiar tus accidentes —dijo en un tono algo más alto.
—P-perdona...—Roger se calmó. Tapó sus ojitos, que estaban a punto de soltar lágrimas.
—Ay...no, Roggie...no quise decir eso...—Rapidamente, envolvió con sus brazos a su pequeño amigo. Plantó un beso en su frente y le susurró algunas cosas para que calmara su llanto.
—Soy inútil, Brian...
—No, no es cierto. Si vuelves a decir eso...te pegaré. Ya sabes que odio las mentiras...
—Pero Brimi...mirame...ni siquiera puedo levantarme.
—Yo te llevaré a todas las partes que hagan falta.—Se quedó pensando. —Creo que te vendría bien un baño.
Se levantó en dirección al baño y empezó a preparar la bañera. Cuando todo estaba listo, volvió con el rubito para sacarle la ropa.
Cuando le sacó el pantalón se quedó un rato viendo su ropa interior de autos. Y en que cuando fue a buscarle ropa interior limpia, todos eran de autos.
—No mires, cochino.—Se tapó sus partes.
—Creo que aquí el cochino no soy yo...
Le quitó toda la ropa y lo volvió a cargar hasta la bañera. Una vez dentro, echó jabón en el agua y la removió para que salieran burbujas. Roger se emocionó y recuperó un poco las fuerzas. Las suficiente para ponerse a jugar con su patito de goma.
Brian miraba la escena con ternura.
Pasado un rato, el mayor lo sacó del agua. Roger se quejó, diciendo que no quería, pero Brian le dijo que si no salía se iba a quedar arrugado como una pasa y que parecería viejo con veinte años. Entonces accedió a salir.
Le volvió a cambiar, ya que a su enfermo compañero hasta le costaba levantar un brazo. Lo metió en la cama y lo arropó. Le puso otro paño en la cabeza para que durmiera con él puesto.
[...]
Freddie salió de su habitación con hambre, dispuesto a arrasar con la nevera. Pero otros gritos procedentes de la habitación de Roger le hicieron retroceder. No quería escuchar, pero no pudo evitarlo.
—Roggie, tranquilo...ven aquí.
—¡Pero Brian! Es muy grande...
—No es tan grande...
—¡Es enorme!... Me hará mucho daño.
—Ya sabes que yo soy muy cuidadoso con estas cosas. Ven.
—De ningún modo. Esa cosa me matará.
—Que no. Al contrario, te hará mejor. Venga... Sólo necesito que bajes un poco tu pantalón para que pueda...
Freddie dejó de escuchar y volvió a su habitación. Se le había quitado el hambre.
Brian sólo quería inyectarle la medicina a su amigo.
—...para que pueda ponerte la inyección.
—No...me da miedo...
—Oh, vamos.—Se sentó a su lado.—¿Confías en mí?
—Sí...pero en ese aparato de tortura, no.
Brian suspiró, ya no sabía qué hacer. Entonces, se le ocurrió una idea.
—Roger...¿esa cosa rota que está en el suelo es tuyo?—Señaló a un punto al azar de la habitación.
—¡Mi coche de juguete! —gritó y se inclinó para buscarlo con la mirada.
Brian aprovechó ese momento para bajarle el pantalón clavársela rápidamente, pero con cuidado de no lastimarle.
(No malpiensen, puercos)
El rubio soltó un pequeño chillido.
—B-Brimi...—Su labio temblaba.—Pupa... Pupa...—Esa era la señal que decía que ahora Brian tenía que consolarle hasta que se le pasara el dolor.
Y así hizo. Pasó toda la tarde (y toda la semana) junto a él, cuidándole, curándole, cambiándole, dándole de comer, dándole la medicina... Pero no le importó. Ya que estaba más preocupado en si su amigo se ponía sano.
(Sé que el Roger es mega infantil y a algunos no os gusta xd pero me han pedido que sea así).
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Sucios pecadores.
Hasta yo malpensé mientras escribía.
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