MENTIRAS CRUELES: Yo Soy Tuya

By THETEARSOFMYANGEL

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Él la desea como nunca le paso con nadie... Ella sólo quiere usarlo para escapar... ESTA HISTORIA FUE ESCRITA... More

Comienzo a tener miedo
COMIENZO A TENER MIEDO:1
COMIENZO A TENER MIEDO: 2
COMIENZO A TENER MIEDO:3
Comienzas a ser mío
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FINAL
EPILOGO
VENECIA

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By THETEARSOFMYANGEL

En el salón solo quedan Suzanne y Kevin cuando las puertas de la casa se cierran. Algunas de las chicas se quitan sus pelucas de camino a la habitación, mientras que otras se turnan en el baño para mirarse en el espejo y sacarse el maquillaje.

-¡Muévanse! -Penélope saca a empujones a las chicas de su camino y entra en las duchas, seguida por Misty y por mi. Misty se queda a cuidarnos mientras terminamos de sacarnos los desechos y una vez que termino se apresura a meterse bajo el agua caliente.

Penélope, que sigue de mal humor, me hace un lugar en el espejo para que me pueda quitar el resto de maquillaje que quedo en mi, y que la ducha no logro borrar. Estoy segura que comportándose de esta manera lo único que va a lograr es que nos dejen encerradas o se pelee con alguna. Si lo hace espero que no sea con alguna del sequito de Suzanne, ella es muy protectora con sus amiguitas y se venga en nombre de la afectada.

-Penélope -le dice Red Velvet, ofendida por los empujones -¡Deja de comportarte como una perra!

-¿Qué me dijiste? -exclama ella, enardecida.

-¡Lo que escuchaste! -responde apretando los dientes.

Le agarro del brazo antes de que de un paso y la tiro hacia mi, alejándola de los problemas. Ella es una de las favoritas del Jefe. Si la toca seguramente va a ocasionarse mucho más problemas que haberse metido con las amigas de Suzanne. Penélope intenta sacudirse para sacar mi mano de su brazo pero enseguida llega Misty y la toma del otro brazo. Es como un niña rebelde. Siempre esta de mal humor y se toma todo a pecho, como si las personas hicieran estupideces apropósito.

Las dos la llevamos a la habitación, cada una agarrándole un brazo de cada lado, y la sentamos en la cama. Meterse con una chica de pulsera dorada nos haría tener a los guardias encima por mucho tiempo. O peor… podríamos terminar en la habitación del castigo.

-Duerme -le ordena Misty, tirándole a la cara una remera rosa que encontró en su cajonera.

Nos lanza una miradita filosa.

-No me mires así, Penélope. -Misty empuja un dedo contra su frente -Recuerda que soy mayor que tu. Es una falta de respeto que me trates como si fuéramos iguales.

Suelto una risita. Misty es mucho más tranquila que Penélope, en realidad ambas lo somos, aún así disfruta de sacarle de quicio.

-Ay muéranse las dos. -dice, acostándose de espaldas.

Luego de dos semanas desde el ataque, los nuevos muebles llegan en dos camiones grandes de mudanza. Son los mismos que perdieron. Solo hay que ponerlos en el mismo lugar de antes y todo va a volver a ser como antes.

Kevin todavía trata de recuperar la confianza que El Jefe en el. Él nos obliga a levantarnos temprano para que limpiemos el resto de la casa y ordenemos todo como antes.

-Quiero qué me hagas un café, Misty. -ordena, deteniéndose delante de ella. Últimamente parece fuera de control. Siempre está gritando y creo que es porque intenta hacerse el que está al mando delante de sus amigos.

-Misty tiene que limpiar la habitación del Jefe, Kevin. -le interrumpe una vos detrás de mí.

Kevin y yo lo miramos. Es uno de los nuevos guardias y no recuerdo su nombre. Es un hombre mucho más alto que Kevin y mucho mayor, aunque dudo llegue todavía a los cuarenta y cinco.

Sus ojos se enfocan en mí cara y una sutil sonrisa tironea de su boca.

Levanto una ceja.

-Fresa, sube y arregla la habitación del Jefe. -Le miro, levantando ambas cejas, como si se hubiera vuelto loco. -Misty me hará el café.

El desconocido se va sin decir otra palabra, pero de cualquier forma siento su mirada encima hasta que se va.

-Ve a hacerme un café. -ordena Kevin, señalando en dirección a la cocina.









-¡Despierten, imbéciles!

Las luces se prenden de repente y todas nos quejamos al mismo tiempo. Me tapo con la sabana hasta la cabeza y apretó los ojos, bebiendo las ultimas gotas de sueño.

Todas las mañanas es igual

-¡Muévanse, idiotas! -Es la voz de Kevin. -¡El Jefe compro nuevas cosas y ustedes tienen que limpiar la casa! ¡Salgan ya o las voy a matar a golpes!

Salgo de la cama y me voy al baño a vestirme. Es noche de sabido y vamos a estar ocupadas todo el día también. Me miro en el espejo y hago una mueca, descolocada por lo que veo. Tengo el cabello grasiento por la falta de shampoo. Pero no hay nada que pueda hacer. El Jefe no va a comprarnos productos de limpieza hasta que termine de costear todas las perdidas por el último ataque.

Misty se pone detrás de mi y poco a poco se va armando una fila. Queda poca pasta dental. Misty y yo vamos a tener que volver a esconder lo que nos queda para que ninguna intente robárselo. Me peino el cabello en una cola de caballo y me lavo la cara.

-Fresa, Red Velvet, Fantasy y Dulce, ustedes van a ayudarnos a mover los muebles. Necesito que todo este listo para esta noche. -Nos informa Kevin al salir de la habitación.

Ruedo los ojos, suspirando. Todas nos repartimos con distintos guardias y nos vamos por un camino distinto. Paso por al lado de un hombre alto de cabello rubio y ojos cristalinos. Él me enseña una de las cajas que debo cargar y me abre la puerta de una de las habitaciones.

Cuando un guardia dice que necesita ayuda quiere decir que hagas el trabajo mientras el supervisa.

–Coloca la caja en ese estante. – dice, señalando uno de los estantes.

Esta demasiado alto. Miro alrededor, buscando alguna silla para subir.

–Iré a buscar unas escaleras. – Aviso, poniendo la caja en el suelo. Los seguridad solamente le sirven al Jefe y pedirle ayuda por algo es estúpido.

Paso por su lado sin mirarle a la cara y sujeto el picaporte. Sin embargo, al tirar del picaporte no puedo abrir la puerta.

–Te estuve observando desde que llegue. – Siento su aliento rancio a mi alrededor, hablando detrás de mi. – Desde el primer momento que te vi sentí la conexión entre nosotros…

Su mano pasa por mi cintura, rozando con su pulgar mi piel debajo de la remera, y se pone encima de mi vientre, mientras se inclina sobre mi. Pone la otra mano en la puerta, al lado de mi cabeza, y su pecho, caliente, se apoya contra mi espalda.

–Te haría cosas tan buenas… - Sus labios rozan mi cabello y su aliento golpea mi oreja –… te haría venir tan bueno como nadie nunca te hizo sentir…

Mi pulso se vuelve pesado y parece que puedo sufrir un ataque en cualquier momento. Mis manos, una todavía en el picaporte, tiemblan y se agitan al igual que mi errática respiración. Tengo la sensación de estar atrapada y que ese es mi fin.

–El Jefe no tolera a los impertinentes. Si me hace algo… le diré cada porquería que intente y usted morirá.

El Jefe no tolera que toquen su mercancía. No le gusta que se arruine su producto.

–Mi amor, te hare cosas que te van a gustar. ¿Por qué te quejas?

Intenta subir la mano por mi vientre pero le piso en el pie, la retiro de un manotazo y salgo por debajo de su brazo, apartándome de el. Camino en dirección opuesta y levanto los brazos delante de mi, tratando de que no se me acerque.

Si llego a agredir a alguno de los seguridad todos vendrán por mi sin dudar. Ellos son uno solo y todos se apoyan. No es la primera vez que alguno intenta meterse con nosotras y tampoco la última.

–¿Qué pasa, Fresa? – gira la cabeza a un lado, sonriéndome torcido. – Te prometo que lo pasaremos bien.

–¡Aléjese de mi! – grito, retrocediendo. – Si se le ocurre ponerme un dedo encima voy a gritar.

Es totalmente inútil pedirle piedad a alguno de estas bestias. Ellos hacen lo que quieren. Esto es tierra de nadie.

–Nena, te voy a tener por las buenas o por las malas. – Da un paso a mi y me agarra de los brazos – Ojala sea por las buenas porque si no va a ser feo para ti.

Esos primeros gritos que escuche al llegar vienen a mi mente. Las recién llegadas pidiendo piedad cuando se las inicia, sus ruegos por que se detengan…

Siento el pánico invadiéndome en el cuerpo con una fuerza brutal. Mi corazón retumba contra mi pecho y una descarga me sube por cada una de mis extremidades. Nadie nunca ayudo a esas chicas que pidió ayuda. Si llegara a gritar nadie me va a dar importancia, mucho menos intentar meterse con un seguridad de la casa.

–¡Sácame las manos de encima!

Levanto mi brazo y le pego un cachetazo en la mejilla, dándole vuelta la cara.

–Entonces va a ser por las malas.

Se abalanza encima de mi, empujándome contra un mueble y yo trato de empujarlo desde los brazos. Forcejeo contra él en una pelea descomunal y trato de resistirme a su ataque lo más que puedo. Caemos en el suelo los dos juntos y trato de arrastrarme hacia adelante para salir debajo de su cuerpo, pero sus manos me agarran de los tobillos y avanza a mi, gruñendo. Le agarro del cabello y le pateo en la cara. Sus manos se ponen en el botón de mi pantalón y siento como desagarra mi remera, montándose encima.

–¡Puta de mierda, quédate quieta!

Su ceja esta sangrando. Eso es por mi. Tiene rasguños por su cara y su cuello.

-¡Quédate quita, basura! -Sus manos intentan agarrarme el cuello. -Nadie te va ayudar. ¡Cállate si no quieres que esto sea más doloroso! No me gustan las perras busconas que después se esconden.

Le escupo en la cara.

Me pega un cachetazo y trata de empujar hacia arriba las copas de mi corpiño. En ese momento siento el verdadero terror, casi como si ya no tuviera más escapatoria. Casi como si mi cuerpo se inmovilizara…

–¡FRESA!

Misty…

Me agarro de sus mangas, tirando de mi cuerpo hacia él y, sacando fuerzas de algún lugar, le pego con mi cabeza en la frente. Nunca hice algo así. Lo conocía como parte de la pelea pero nunca intente. Fue estúpido. Mi cabeza duele y me siento algo mareada.

Pero funciona.

El seguridad retrocede, aturdido, y yo me doy vuelta, arrastrándome debajo de el. Me pongo de pie y caigo sobre la puerta.

–¡Misty, ayúdame! –grito, tirando del picaporte con las dos manos.

Detrás de mí escucho como él se empieza a mover. Salgo disparada hacia la otra punta de la habitación y busco algo con lo que pueda defenderme. No hay nada más que la caja que el me hizo traer con la excusa de preparar esta habitación.

Su mirada turbia se coloca encima de mí, mientras estoy analizando el siguiente paso que debo hacer a continuación. En el mismo momento que decido ir por ella, el se vuelve a abalanzar hacia mí. Tropiezo en el suelo, con las manos rozando el cartón marrón oscuro y forcejeo con el para liberarme de sus brazos, que me abrazan desde la cintura.

Ahora lo tomo muy personal.

Perseguida por sus insultos, me arrastro como puedo y con una mano trato de llegar hasta la caja. El seguridad me agarra de la nuca y la caja cae boca abajo. Lejos de mí.

-¡Venecia!

La puerta se sacude primero y después se escucha el sonido casi furioso de la cerradura al abrirse. La luz del exterior nos ilumina a ambos y ella da un paso adelante.

-¡Déjala! -Misty corre a su cabeza y tira de su cabello, empujándolo lejos de mí.

Apoyo las manos en el suelo, me doy media vuelta y le miró a la cara. Misty tiene su cuello rodeado por su brazo y está pareciera que intenta asfixiarlo.

-¡No la toques!

Me plantó en el suelo, agarro la caja y le doy con todo directo en su cara. ¡No toques a Misty!

-¡Imbécil! -grito fuerte. El guardia cae de costado, rendido y Misty se apresura a ponerse a mí lado. -¡Degenerado! ¡No la toques!

Le pateo en las costillas y empujo mi pie en su miembro, pisando con fuerza.

-¿Estas bien? -Pregunta Misty. Mis manos se agarran de sus antebrazos y me sostengo de ella. -¡Venecia! ¿Te hizo algo? ¿Te toco?

Apenas puedo mirar sus ojos. No todas las chicas tenían la suerte de recibir ningún tipo de ayuda. Hoy pude haber sido una de esos casos. Pero Misty apareció.

-Estoy bien -Miento, respirando agitada.

No es la primera ni será la última.

Esa sensación de impotencia vuelve a mí. No soy dueña de mí cuerpo. No tengo el poder de decidir sobre mí misma mientras estoy en esta casa. A lo único que puedo aspirar es a obedecer las demandas de un tipo al que le dicen El Jefe.

-¡Venecia, dime la verdad! -Sus manos bajan por mí cuerpo, revisándome con la mirada. Es una situación muy desgraciada. Apenas puedo mirar sus ojos y no romper en llanto. -¿Te toco? ¿Logro…?

-¡Estoy bien!

Pero mí cuerpo sigue temblando y no puedo controlarme. Nada de lo que sucedió está bien. Ellos no deberían sentir este tipo de impunidad. No deberían salirse con la suya así de fácil. ¿Pero que puedo hacer? ¿Qué otra opción tengo? Se sienten seguros, protegidos, porque saben que no tengo más opción que callarme y que no hay nada que pueda hacer contra ninguno de ellos.

Apoyo mí cara contra su pecho y me agarró más fuerte de sus brazos. Es increíble. De no ser por Misty no sé si podría haber salido de aquí.

Misty me abraza y rompe en llanto también. Es aquel sentimiento que compartimos. Esa sensaciones de no ser nadie.

-Vas a estar bien -Dice acariciando mi cara. -¿Me escuchas? Todo va a estar bien.

Quiero irme a casa… Quiero que esto termine. Ya no aguanto más.

-Espero que Suzanne hablé con el jefe de este asunto -Dice Penélope, intentando en vano ocultar el pánico, que es mayor a cada minuto -Pero esa arpía sólo se preocupa por ella.

Me encojo de hombros, negándome a darle importancia a algo sin sentido. Y menos si se trata de Suzanne, alguien que ya no tiene ni siquiera sentido mencionar.

-Esta enamorada -Le respondo, mirando la taza con té recién hecho. No sé cuántas veces tuve está conversación con Penélope, creo que perdí la cuenta.

Suzanne es una mujer enamorada y hace cosas sólo para quedar bien con su novio. No esta bien pero nada de lo que hace logra que la ve como algo más que una victima.

Me acaricio la muñeca herida y le pongo hielo. Dos guardias pasan por delante de la puerta de la cocina mirando disimuladamente y se van en línea recta hasta la sala donde ellos descansan. Hay cámaras en la habitación y se que están escuchando nuestra conversación en este preciso momento. Ellos solo pasaron para recordarme que debía callarme si no quería que me hicieran algo peor.

Todas sabemos que debemos hacer en este tipo de situaciones. No hace falta que nos amenacen porque sabemos lo que pasara si intentamos hacer algo.

-Ella es la mujer del Jefe, chicas. No es su responsabilidad lo que pase con nosotras. -Misty me mira preocupada. -No es una mentira.



-Bueno, Señoritas…Es un sábado en la noche y los viejos asquerosos nos esperan.

-Pero millonarios – Suzanne se sienta en la cama de Penélope, con las piernas cruzadas y una sonrisa felina.

Lo único que le importa aparte de El Jefe es el dinero. Siempre observa lo que las demás podamos recibir de nuestros clientes para revisar que no sea más costoso que lo que obtiene ella. Se dice que hasta revisa la cantidad que recauda cada una y trata de eliminar a la que haya obtenido más cosas. Todo es por temor a que El Jefe la pueda consentir más.

-No me digan que no le gustan los regalitos. Si son tan lindos.

En el pequeño espacio para guardar mis cosas que se me entrego guardo todos los perfumes que estuve recibiendo en estos años en la casa. Ya no tengo idea de donde más pueda esconder las cosas. Tengo tantos perfumes y pulseras que no se donde más guardarlos. Misty ya no puede guardar nada más por mi.  Pero, ella, sin embargo, se quedó con el placar completo y no tiene problemas en guardar sus cosas. Quizás por eso esta fascinada con lo que recibe.

-Fresa, ese anciano con el que te acuestas te regalo una cartera azul de Valentino. Es bastante costoso y bonito. -Suzanne se desliza a mi cama – Debe ser muy triste para ti ver esas cosas ¿Cierto? Te hacen recordar la vida que antes tenias.

A veces puede ser tan molesta sin proponérselo.

-Quédatelo. -Le respondo, abriendo la cajonera para que tome lo que quiera. -No me gusta.

Penélope intenta detenerme pero le digo que no es importante. Suzanne toma la cartera de la que estaba hablando y la cuelga en su hombro.

-Gracias. Fresa. ¡Tu eres tan generosa! -Me da una palmada en el hombro.

Y se va con alegría.

Al menos me libre de una cosa.

-Vamos, Fresa -Me llama Kevin desde la puerta -Tu príncipe azul te espera.

-¿Por qué eres tan buena con Suzanne? Es una abusiva. -Penélope me golpea en el brazo al pasar -Seguro ahora te va a sacar todas tus cosas.

-No me importa. Esta bien.

Terminó de pintarme los labios y salgo sin prestarle importancia a la mirada lasciva de Kevin. Entro en la habitación que Loncaster reservo y pongo la traba detrás de mi, asegurando que ningún guardia vaya a entrar.

-Hoy me tengo que ir antes -Dice ansioso Loncaster.

Baja de la cama y busca sus pantalones. Por su forma de moverse noto que se siente bastante incómodo, casi como si ya quisiera salir corriendo de la habitación.

-¿Te gusta? Es para ti. -Saca una caja negra de una bolsa de papel blanco y me entrega un reloj metálico. La agarró con las puntas de los dedos y lo levanto.

Es Cartier.

Un original Cartier.

-Gracias.

Dejo que me dé un beso en la frente y observo como termina de vestirse. ¿Cuánto le habrá costado este reloj? No creo que pueda permitirse este tipo de cosas con el sueldo que dijo que tenía. La membresía por entrar en la casa ya de por si sale una fortuna. ¿De dónde saca el dinero?

Abro de las mayas y lo doy vuelta.

Fresa

Mí nombre de fantasía está grabado.

Pongo el reloj en mí muñeca y lo abrocho. Es precioso. Me queda preciosa también.

-Me gustaría que lo usarás siempre. -Me hace una petición.

Le miró, observando atenta esa expresión irritante, y dibujo una sonrisa de falsa alegría. Es una sonrisa que toda puta debe tener en la cara. Una que ya te aprendes a ponerle a los clientes, esa que usamos cuando le decimos que son los únicos.

-El Jefe no le gusta pero haré lo posible. ¿Si? -gateo en la cama hasta llegar a el y agarró su mentón con la punta de los dedos y beso su mejilla. -Gracias. Me gustó mucho.

Día a día Loncaster se muestra más animado al verme. No me hace feliz ver como me mira cuando aparezco, porque se ve que se está confundiendo conmigo…y yo sólo lo necesito para escapar.

Sus mejillas se sonrojan con vergüenza y sonríe tonto.

Te estás obsesionando conmigo ¿Cierto?

-Eres muy linda, Fresa. -No puede mirarme a los ojos por la vergüenza. Él abotona los últimos botones de su camisa color lila, escondiendo la cara.

Sonrió de lado, asqueada.

No hay nada más patético que un hombre como él. Un hijo de puta con todas las letras.

-Gracias, Señor Loncaster. Usted es muy generoso y dulce conmigo. -Suelto una risita linda. -¡Me hace sonrojar!

Hay clientes a las que le gusta las chicas lindas y otros a los que le gusta la salvaje. Al viejo Loncaster le gusta la niña adorable que adora todo su ser.

Le ayudo a ponerse la camisa y lo acompañó hasta la puerta. Loncaster lo puede mirarme ni siquiera cuando se va.

En la puerta veo que está el degenerado que esa mañana intento atacarme. Él se queda mirándome con frialdad cuando paso por su lado y yo sostengo la mirada. Eso solamente puede significar represalias por parte de los guardias.

Igualmente sabía que no iban a perdonarme fácil. Ataque a uno de ellos. Esto me lo van a hacer pagar.

-Me parece que no te va a ayudar más -Observa Misty. 

Nunca puedo entender que clase de clientes tiene Misty. Sus atuendos son muy extraños para este tipo de lugar. Le miró de arriba abajo, analizando el vestido simple de color lila. ¿Será una niña Loli? No entiendo.

-Yo tampoco creo que siga siendo nuestro amigo.

Y por eso debo deshacerme de el. Porque si ese hombre pierde el objetivo, lo primero que hará será ir a contarle todo al Jefe.

-Puede ir a contarle todo al jefe con tal de no perderte. Los hombres que parecen tranquilos son los peores. -Misty pone una mano en su cintura, mueve el cabello hacia su hombro y se pone delante de mí. Es uno de sus juegos. Siempre le funciona. -Sobre todo un tipo de su edad. Un anciano no quiere perder aquello que lo hace sentir joven de nuevo.

Asiento y le muestro mi nuevo reloj. Loncaster le grabó mi nombre. ¿Por qué? No es como si tuviera donde presumir algo asi. Esto no es un lugar importante, es un prostíbulo.

-Lo se. -Digo para confirmar esa idea. Su interés en mí es peligroso. No puedo permitir que Loncaster se ponga en contra de mí. -Voy a hablar con El Jefe y decirle que se obsesionó conmigo.

De esa manera voy a ganar tiempo. Si El Jefe se entera que un cliente se obsesiona con alguna chica el le prohíbe la entrada.

-Le diré que estuvo haciendo preguntas personales. -El Jefe siempre tiene cámaras en las habitaciones. Él sabe todo lo que sucede en la casa y no le va a costar demasiado averiguar qué mí palabra es sincera.

Siempre dependí de la astucia de mis planes, Loncaster no era indispensable para mi. Sin embargo, conocía mucho de mis secretos. Fui una estúpida al confiar en que podría ayudarme. ¿Por qué? ¿Para que? Fue tonto.

-No entiendo…es viejo – Comenta Misty con indiferencia. Ella se nota insegura de mí plan. -¿Cómo puede pensar así de una niña?

-Porque es un pervertido como todos los enfermos que están acá acostándose con menores de edad o chicas que se visten de lolitas.

Enfermos que vienen y pagan por acostarse con jovencitas. ¿Qué vas a esperar de alguien como el?

-Solamente ven lo que quieren ver. -Como si fuera normal que una niña de quince años se sintiera emocionada por montarse encima de un pene flácido que intenta sobresalir de unas piernas peludas y que es arrevesada por una panza enorme. Un cuerpo tan voluminoso que apenas te deja respirar cuando cambian de posición.

Misty se ríe y las dos nos empezamos a burlar de todos esos viejos asquerosos que caminan delante de nosotras, persiguiendo niñas que de no estar en esta situación jamás los hubieran mirado. Para pasar el rato inventamos un juego. Uno donde apostamos en quien será el primero en abandonar la habitación.

-Mira ese tipo – Digo, señalando a un viejo que ronda los sesenta años -¡Es el más rápido!

Las dos nos reímos a carcajadas de todos y no dejamos de burlarnos hasta que aparece Kevin para llamarnos la atención. Él nos ordena a las dos callarnos.

-El jefe está cerca – Kevin coloca una mano en el hombro de las dos. -Se portan bien o las voy a matar a golpes. ¿Me entendieron, idiotas?

Las dos saludamos al Jefe, sin mirarle a los ojos, y él nos deja regresar a nuestra habitación, porque ya no tenemos ningún cliente que atender, Cerramos con llave por las dudas, somos las únicas que tienen la llave de la habitación esta noche asique no corremos ningún problema de un duplicado.

Misty se arrodilla en la cama, doblando las piernas a un lado y se abraza a si misma. Hecha un rápido vistazo y mira la puerta. El ruido de afuera no cesa y todavía se escucha como si estuviéramos con el resto.

-¿Crees que Loncaster sea un peligro?

Alzo las cejas con sorpresa.

-Le diré al Jefe que el se obsesiono conmigo. -¿Es no es suficiente? – Si El Jefe se entera lo va a correr. Ahí deja de ser un peligro para nosotras ¿No te parece?

-Puede ser, pero tu no eres nadie para que el pueda tomar en cuanta tu palabra, Venecia. El Jefe no quiere que ningún cliente se obsesione pero quizás solamente le prohíbe tener contacto contigo.

-O Loncaster podría decirle que lo estoy haciendo por que se rehusó a ayudarme a escapar…

Respiro hondo. Estoy metida en una mala situación por Loncaster. Mierda. ¿Y ahora como salgo de esto? ¿Cómo soluciono este pequeño altercado? Maldita sea esos ancianos patéticos que se enamoran por dos palabras coquetas.

-Ya veré que hacer.

Ahora es ella quien alza las cejas y me mira con sorpresa. No parece tener fe en mi.

-Voy a arreglar esto… Confía en mi, Misty.

No es la primera vez que me meto en problemas. El corazón late más rápido que antes. Seguro que Loncaster ya tiene algo entre manos y espera el mejor momento para salir adelante. Misty me sonríe, pero la sonrisa carece de cualquier emoción. Para ella soy una niña inocente que solamente esta aferrándose a la esperanza para no perder la cabeza. Nunca me ha tomado enserio.

Respiro hondo, de nuevo, y me cubro con las frazadas hasta la cabeza. Debo salir de aquí. Debo evitar que Loncaster hable con El Jefe y sacarlo de aquí.





-¿Qué es eso? -Pregunta Penélope de repente, moviéndose en la cama de al lado.

A pesar de lo cansada que estoy reaccione rápido. No hago casos a lo que pasa afuera, es mejor asi, pero Penélope suena muy asustada.

Me encojo de hombros, estirando una mano para encender la lámpara.

-¿Qué esta pasando? -Ella baja las piernas, con los ojos entrecerrados, y se impulsa con las manos para levantarse. Misty se remueve desde el otro lado, frunciendo el ceño y abriendo los ojos ligeramente, casi como si no pudiera despertarse del todo. -Ah, no me importa.

Y entonces suena el sonido de un disparo y el sonido de los gritos estallan como una bomba.

Abro los ojos de golpe, terminando de despertar. Miro a la puerta. Afuera los gritos de las chicas desesperadas por entrar terminan por ponerme alerta.

-Atacan la casa… ¡Misty, despierta!

Me levanto corriendo y voy a abrir la puerta. Penélope agarra del brazo a Misty y se la lleva corriendo al baño.

Entre las chicas, los clientes entran despavoridos en nuestra habitación para esconderse. Detrás de mi se escuchan la llegada de más disparos y más gritos. Algunos clientes que quedaron corriendo vienen hacia mi al ver la puerta abierta y me empujan para entrar, desesperados por vivir. Kevin aparece con más chicas y las empuja dentro de la habitación.

-No salgan – Me advierte Kevin empujando a las que quedaban por sueltas por ahí.

-¿Qué paso? -Pregunta Penélope, apareciendo detrás de mi y tratando de ver por encima de él. La empujo hacia atrás cuando escucho un balazo mas cerca y nos tiramos al piso.

Esta habitación es de las más grande que tiene la casa, la primera es la suite del Jefe, pero no es suficiente para todos nosotros. Apenas hay lugar para que nos podamos mover. Los clientes se amontonan en un rincón, desde los clase V.I.P hasta los sectores comunes, y otros intentan colarse en el baño.

-¿Qué paso afuera? -Le exige saber Penélope a Red Velvet, una de las chicas V.I.P.

-Los guardias que el Jefe contrato eran infiltrados. Ellos vinieron a matar al Jefe.

Suzanne…

Cuento con la mirada a todos las presentes y veo que mis sospechas no eran infundadas. La que falta es Suzanne. Ella sigue afuera.

-Falta Suzanne. -Le digo volviéndome a la puerta.

-Deja que la maten – Dice Misty detrás de Penélope -Seguro fue persiguiendo al jefe.

Es lo que seguramente esta intentando hacer y eso es lo que más me preocupa. Ella fue corriendo a rescatarlo al enterarse que estaban detrás de él. ¡Mierda! Seguro fue a protegerlo, sabe que él no podrá defenderse por si mismo.

-Tengo… tengo…

Misty me agarra de la muñeca, tratando de detenerme.

-Ella… se fue por El Jefe, Misty.

No puedo mirar a otro lado. No esta bien.

-Venecia, deja que la maten. ¡Ella no es más importante que tu vida!

Pero aun así…

Empujo su mano, abro la puerta de un tirón y antes de que me detengan le pongo la llave. Al volverme veo el desastre que dejaron. A pesar de ver todo eso, corro hacia los ascensores.

-¡FRESA, ENTRA ADENTRO! -Escucho la voz de Misty gritar.

Hay sangre por todos lados, los cuerpo están tirados por el suelo indiscriminadamente. Tengo que repetirme que debo encontrar a Suzanne para no salir corriendo. Ella también es una víctima y necesita ayuda. Una vez en el elevador pierdo tiempo intentando recordar la clave del piso superior.

-¡Suzanne! -Llamo, entrando en la habitación del Jefe.

-¡Acá!

Me salta a los brazos llorando y nos tiro al suelo, detrás de un sofá. Ella llora desesperada por el miedo. Saco la cabeza por encima el costado del sofá y busco al Jefe.

El Jefe esta sentado en un rincón de la habitación, con el mentón apoyado en su pecho y los ojos cerrados. Por la forma que Suzanne esta llorando quizás sea que él esta muerto. Su pecho no se mueve como lo haría alguien que estuviera respirando. Le miro las manos, inmóviles, y concluyo que todo termino.

-Suzanne, vamos a salir de aquí. -murmuro tomando sus dos manos para que venga conmigo. -Levántate.

-No.. no puedo.

-Suzanne, vamos. Él esta muerto.

-No, no lo esta… se desmayo…

Tomo una bocanada de aire, lanzo una mirada al Jefe y luego miro otra vez a Suzanne. Él no se mueve. Pero Suzanne se aferra a su creencia y no quiere levantarse para irse conmigo. Suspiro. Contrólate, Venecia. Esta chica es una victima que necesita ayuda, no reproches.

-Después vuelvo por El Jefe, Suzanne. -utilizo mi tono más dulce. -Ahora lo vengo a buscar.

-¿Me lo prometes?

-Si, si. Vámonos, Suzanne.

Dirijo una mirada al cuerpo inerte del Jefe y respiro hondo. Para mi esto es demasiado. Suzanne me agarra de las manos al fin y se pone de pie conmigo. La encamino a la puerta pero cuando estoy por sacarla cuando veo que el seguridad que quiso violarme está mañana está saliendo del elevador. Empujo a Suzanne dentro de la habitación y nos tiro detrás del brazo del sofá.

-Aquí estamos, hijo de puta.

Su sonrisa es maligna, sin duda disfrutando de lo que ve, mientras camina a él.

Él se pone de rodillas, delante del Jefe y saca un cuchillo de su bolsillo.

-¿Tanto te gusto que das el primer paso? -dice el Jefe levantando la vista y sonriendo feliz. -Te aviso que me gustan las fáciles. Soy débil a la carne.

-No debe ser fácil esta vida, entonces, si tienes tantas bellezas bajo tu tutela.

¿Es que no se puede morir?

-Hago lo que puedo… ¿Qué puedo decir?

El ex guardia saca el cuchillo de su bolsillo, lo levanta del cuello y lo acerca. Parece como si lo estuviera abrazando. Pero se que no es asi. El Jefe se ríe casi contento y le pone las manos en los hombros, apretándose contra él.

A mi lado, Suzanne tira de mi remera. Intenta lanzarse encima pero le agarro de los brazos y la tiro al otro lado. Si nos ven nos van a matar, idiota.

-Fresa, hace algo – Dice llorando Suzanne.

Ella sólo piensa en su príncipe.

-Bien, bien… Todo va a estar bien, Suzanne.

Lo va a superar.

De cualquier forma debería hacerlo. Si él se muere entonces vendrá alguien mucho peor y eso sería un problema para mis planes. Suzanne se agarra de mí mano, suplicando que vaya a ayudar a su novio y que la salve a ella también.

-Por favor, Fresa. -Me ruega, agarrándose de mí mano. -No puedo vivir sin él.

Me levanto de detrás del sofá. Quizás ayudar a Suzanne es algo que no puedo evitar. Pase lo que pase no quiero ser como ellos y haré lo que se necesite para no perder mí humanidad.

Aunque eso significa que tengo que ayudar al Jefe. Haré lo que sea necesario para escapar de aquí. Voy a pelear hasta que mí corazón deje de latir.

Voy a pelear con todas mis fuerzas. Voy a luchar… Y voy a ganar.

Agarro la lámpara y se la parto en la cabeza. Es un golpe bajo. ¿Pero quienes son ellos para recibir algo digno? No, ellos harían cosas peores. Él se toma la nuca y se da vuelta. Rápido, antes de que se de cuenta, golpeó su quijada con la base de la lámpara y le doy una trompada en el estómago. 

Es el mismo…

Cuando miro sus ojos reconozco al desgraciado que me encerró en esa habitación y trato de atacar, el mismo que intento tocar a Misty. Es él.

-Perra…

Se mira la mano ensangrentada. No puede creer lo que esta viendo. ¿Cómo una puta se va a atrever a tocarlo? No, eso está mal.

-No grites. -Le repito las mismas palabras que él me dijo esta mañana. -Nadie puede ayudarte.

Solo estamos tu y yo.

Agarro el cuchillo de su mano y, sin que ponga resistencia, lo clavo en su ojo… profundamente.

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