Atracción Destructiva +18 | L...

By Legendarya

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¿Qué tan dispuesto estás para renunciar a tu vida por la persona a quien amas? Chase White convive con un p... More

Prólogo
Reparto
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79 - Final
Epílogo
Sinopsis | AD2 | Destructivos
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9 🔞 | AD2
10 | AD2 | Parte 1
11 | AD2 | Parte 2
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71 (Cap especial) | AD2
72| Parte 1 |AD2
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ATRACCIÓN DESTRUCTIVA - NUEVA VERSIÓN
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109 | AD2 (FINAL, parte 1)
110 | AD2
Epílogo | AD2

59

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By Legendarya

Chase

A la siguiente semana ya estaba trepando para meterme por la ventana de Skyler para poder verla. Cuando me metí lo primero que vi fue su cabello negro. El aroma de su perfume llegó rápidamente hasta mi nariz y sonreí. No me gustaba ese perfume nuevo que tenía, y sabía que a ella tampoco, pero Ryan se lo regaló cuando salió del hospital y Skyler se vio prácticamente obligada a ponérselo dado a que a su hermano le hacía mucha ilusión que lo llevara.

—No me gusta ese perfume —recordé con fingida seriedad. 

Pegó un salto y se dio la vuelta para verme. 

—Ya sé, lo dijiste mil veces desde que me lo dieron —rodó los ojos—. Y quedamos en que nos veríamos fuera de la casa de Violett.

Después de que con Sky acordáramos mantener una relación un poco más seria —y con esto me refería a conocernos más y a ver cómo funcionábamos juntos—, uno de sus puntos fue que no quería andar escapándose de casa para verse conmigo, así que acordamos que hablaríamos con su madre y sus hermanos sobre el tema. Con su madre no tenía problema en hablar, pero con sus hermanos sí, porque ellos no tenían por qué andar decidiendo de la vida de ella. No eran sus padres, y aunque entendía que solo la querían proteger de mí y de todo este tipo de mundo, ellos no tenían por qué tener mucha palabra en el asunto. Pero Skyler tenía un alto sentido de la preocupación, de la incomodidad y de la necesidad de aceptación, así que, sin agradarme ni un poquito, tuve que aguantármela e intentar poner mi mejor cara para convencerlos de que no la lastimaría jamás. 

Cuando golpeé la puerta de la casa de los Rice tres días después de que saliera del hospital, Ryan fue quien abrió la puerta y frunció su entrecejo de inmediato. Vi detrás de él que su madre y Luke estaban en el sillón y que me observaron confundidos y alertas. Justo entonces, antes de que me sacaran a patadas, Skyler bajó de las escaleras para aclarar el motivo de mi visita y para hablar sobre algo que era muy importante. 

Sabía que la charla no iba a funcionar, que era inútil, pero lo intenté por ella. La madre se quedó callada, analizando toda la situación, mientras que sus hijos gemelos se negaron desde un principio y amenazaron con matarme. Sabía que no lo iban a hacer, que para matarme tendrían que utilizar magia negra o buscar una estaca y a un hombre lobo, y quise ponerlos en su lugar, incluso también deseé pegarles un puñetazo a cada uno y mandarlos a dormir, pero me tuve que contener cada puto segundo para no hacerlo. O para no comérmelos. 

Luke me insultó y me ordenó que me fuera, pero le dije que no lo haría porque quería estar con su hermana. Soltó una risa tan chocante para mis oídos que tuve que volver a contenerme. No me gustaba que me hablaran mal o que me ordenaran cosas. Ryan parecía un poco sorprendido por la noticia, y después de un par de insultos se quedó callado. La mamá, después de pedir que se calmaran, me miró con mucha seriedad. 

—No me parece bien que estén juntos —respondió.

Cuando oí lo que dijo fruncí las cejas porque me parecía algo que ella no podía comentar dado a su historial de malas decisiones.

—Si te quedas embarazada, Skyler —la miró fijamente—, puedes hacer que las cosas se compliquen. No sé qué pasa si una abominación y un vampiro tienen un hijo, pero no quiero correr riesgos solo porque ustedes se gusten. 

Skyler la miró con indignación. 

—No puedes decirme esto. ¡Si estoy aquí y Ryan y Luke están enfermos, es por tu culpa! Yo no fui quien se acostó con un vampiro y terminó embarazada. Además, no cometeré tu mismo error, de eso puedes estar tranquila. 

—No me hables con ese tono, Skyler. Soy tu madre. 

—No vas a alejarme de Chase. 

—No voy a hacerle ningún daño. No porque sea vampiro significa que la destriparé. También tengo sentimientos. 

Su madre me apuntó con el dedo. 

—Según sé, tú tienes una mala reputación. Has matado a mucha gente. ¿Piensas que dejaré que mi hija esté contigo? Estás muy equivocado. 

Skyler me tomó de la mano e hizo presión en ella, como si buscara apoyarse en mí en este momento de tensión. Su cuerpo expresaba estrés. Yo no me sentía tenso ni nada por el estilo, solo estaba enojado por no poder mandarlos a todos a la mierda y llevarme a Skyler lejos del pueblo. 

La mujer se cruzó de brazos y sentí un pinchazo en el pecho. Mi verdadera mamá hacía lo mismo cuando se enojaba. Sentí un bajón emocional tan fuerte que casi me hace perder las fuerzas para mantenerme respetuoso, y si no hubiera mirado a Skyler un segundo después, me habría largado después de insultarlos, me habría largado para irme al bosque a buscar tranquilidad, sin importarme si algún cazador merodeaba por ahí. Ver a la mamá de la chica por la que estaba arriesgándome me hizo dar cuenta de lo mucho que necesitaba a la mujer que me dio la vida. En realidad, a toda mi familia muerta. Echaba de menos el contacto físico y el sonido de sus voces pronunciando mi nombre. 

—No van a alejarme de él. Lo quiero y me gustaría que no se interpusieran. 

—Él es bipolar, Skyler —habló Luke—. Ya te lo dijimos la otra vez. Él puede decir que te quiere pero un momento después puede tener ganas de asesinarte. No puedes estar con alguien así, alguien que seguramente te pegará y alguien que seguramente terminará con sus colmillos en tu cuello. Te mereces algo mejor que un vampiro. 

—No —hablé claro y con seriedad—. No le pegaré jamás. No sabes nada, Luke. Así que cierra la boca. 

—¿Ah, no? ¿No le pegarás jamás? ¿Tengo que recordarte que hace unos meses la encerraste en un cuarto de la escuela, la arrinconaste y le dejaste marcas en sus manos? Ah, y le dijiste que se fuera del pueblo.

Di un paso hacia él. 

—No soy bipolar —solté entre dientes y lo miré con todo el desprecio que en el momento me salió. Si había algo que también odiaba es que me hablaran de mala manera. Y odiaba a Ryan y Luke, claro. Noté que Skyler se me quedó viendo confundida. Los demás no me creyeron en lo absoluto. 

—Déjate de estupideces, Chase —respondió Ryan. 

—¿Estupideces? ¿Quieres que lo compruebe? —estiré mi brazo hacia él para que me tocara—. Haz la prueba. Toma mi brazo y siente. 

Los gemelos intercambiaron miradas. Skyler permaneció callada, pero sabía que su mente maquinaba preguntas. La madre se me acercó y rodeó mi brazo con su mano. Cerró los ojos y respiró profundamente, como si eso le facilitara la concentración. Cuando abrió los párpados, sus ojos se clavaron en los míos de manera penetrante, como si fuera que, a pesar de saber la verdad, quisiera intimidarme. Pero no lo iba a lograr. Ni ahora. Ni nunca. 

—No es bipolar —dejó salir de sus labios. 

—¿Qué? —dijeron los gemelos a la misma vez.

—Pero tiene otra cosa en lugar de eso: una profunda depresión. 

Por cómo me miraban todos quería volver el tiempo atrás para que no supieran de algo tan privado. Pero si no lo decía, iban a seguir tachándome de monstruo, y ese Chase incontrolable murió por magia negra, y este Chase que era ahora, nació cuando gracias a Skyler me revivieron. Ahora había una traba menos en nuestro intento de relación, pero todavía quedaba la aprobación de la madre, algo que, aun sabiendo que yo ya no era tan peligroso, no nos había dado. Pero por cómo miraba después de saber que mi bipolaridad ya no estaba, supuse que en el futuro lo aprobaría, pero necesitaba tiempo para aceptarlo. 

Después de ese día no hablé mucho con Skyler. Me sentía sin ánimos de nada y preferí no hablar mucho con ella. Sabía que Sky quería que nos viésemos para conversar sobre nuestros temas pendientes, y ayer en la noche, cuando me sentí mejor, decidí enviarle un mensaje y preguntarle si le gustaría tener una pequeña aventura conmigo. Al principio dudó sobre mi propuesta de irnos por todo un día a las afueras del pueblo, a una cabaña que Caleb tenía, pero pude persuadirla, porque si íbamos a intentar tener algo teníamos que pasar tiempo juntos y en tranquilidad, no en su cuarto, con la puerta cerrada con llave y susurrando.

Skyler

—No me gusta ese perfume —su voz ronca hizo que pegue un respingo. 

No me esperaba su presencia en este momento, pensé que nos veríamos afuera de la casa de mi compañera Violett como acordamos hacer. Chase me propuso ir a una cabaña a las afueras del pueblo para tener tranquilidad para nosotros, así que tuve que rogarle a Violett que me dejara ir a su casa para luego irme con Chase. Le pregunté a mi madre si podía llevarme y asintió, así que, unos quince o veinte minutos después de que me deje esperaría a mi galán para que me recoja. Pero aquí lo tenía, ya frente a mí y con un comentario ofensivo pero cierto.

—Ya sé, lo dijiste mil veces desde que me lo dieron —rodé los ojos—. Y quedamos en que nos veríamos afuera de la casa de Violett.

—Es que no aguanté las ganas de verte —se me acercó y me mordió la oreja. Una de mis debilidades más grandes. 

Me reí. 

—Es tan raro verte siendo cariñoso —dije. Y sí que lo era. Estaba muy acostumbrada al chico malo y frío con el que casi siempre hablaba, así que escucharlo decir eso ponía mi mundo patas arriba pero en el buen sentido. 

Dejé que me diera un beso en los labios. Dios, adoraba su boca, era tan tentadora todo el tiempo que asustaba. Pero más asustaba el hecho de saber que lo que hacíamos podía terminar mal. Me resultaba algo hermoso que quisiera estar conmigo a pesar de todo, que quisiera ser egoísta, pero me daba miedo lastimarlo. Y me pesaba la consciencia cuando recordaba que llamé a mi madre egoísta y ahora yo estaba haciendo lo mismo. Me estaba dejando llevar. 

—Mamá me está esperando abajo, así que te tienes que ir. 

Asintió y me besó. 

—Lo sé, oí que le dijo al estúpido de tu hermano que te llevaría. 

Rodé los ojos. 

¿Siempre tenía que comportarse así?

—Es mi hermano, Chase. No lo llames así. 

—Tú una vez me dijiste que Sam es un loco —atacó. 

—Porque lo es —afirmé—. Ahora vete, alguien puede subir. La puerta no tiene traba. 

Después de darnos algunos besos, Chase salió por ventana. Tomé mi bolso en el que tenía algo de ropa, mi cepillo de dientes, una toalla y algo de maquillaje. Le dije a mamá que me quedaría a dormir, así que no me preguntaría por qué llevaba estas cosas. Solo esperaba que en el auto no hiciera preguntas ni que se pusiera a desconfiar de mí. Quería ir a mi salida con Chase con tranquilidad. 

Me bajé del auto y me despedí de mamá con un beso en la mejilla a pesar de que las cosas entre nosotras estuvieran tensas por su culpa y por mi pedido de aprobación para mi relación con el vampiro. En el viaje el silencio fue rellenado por la radio, porque entre nosotras no intercambiamos ni una sola palabra. Me sentía mal por ello, pero lo dejé pasar para no estresarme. Hoy debía ser un día tranquilo. 

Violett hizo muchas preguntas sobre mi salida con Chase, y cada que respondía una le pedía que no dijera nada de nada a nadie, ni siquiera a su novio porque él era amigo de Luke por el equipo de fútbol. Cuando menos me di cuenta, los veinte minutos pasaron y salí de la casa al ver que el auto de Nate se estacionaba. 

—Gracias, Violett. Me estás ayudando mucho. Te debo una —sonreí y le di un abrazo. 

—No te preocupes, no es nada. Ah, y cuídense. No querrás un hijo a esta edad, mujer —bromeó. 

Negué y la saludé con la mano antes de meterme en el auto con Chase. 

El viaje duró menos de una hora. Todo el transcurso fue silencioso en palabras, porque la música ruidosa que a Chase le gustaba no paraba de sonar. Quería conversar con él, quería decirle que apagara la música, pero se notaba que le gustaba, así que me callé la boca y me dediqué a verlo de reojo de vez en cuando. ¿Siempre se veía guapo? ¿Por qué esa mirada seria me tenía loca?

Por fuera se notaba que la cabaña era chica y vieja, pero eso no quería decir que no fuera bonita. Abrí la puerta del auto rápidamente para que Chase no la abriera por mí. Se me hacía algo superatento, pero no quería que siempre lo hiciera, yo podía hacerlo sola. 

—¿Te ayudo con el bolso? —preguntó, pero no me dio ni tiempo a responder porque me lo quitó de las manos. ¿Para qué me preguntaba si iba a sacármelo?

Chase abrió la cabaña y enseguida abrió las ventanas para que se ventilara el ambiente. Olía un poco a humedad, pero no me molestaba en lo absoluto, aunque, al parecer, a Chase sí. 

Una sensación de nervios me recorrió el cuerpo entero cuando me di cuenta que esta vez era distinta a todas las demás. Esta era la primera vez que Chase y yo estábamos solos en una casa. Me daba curiosidad saber qué sorpresas me traía el día de hoy. 

Agrandé los ojos cuando Chase se quitó la remera y dejó a la vista su endemoniado y sexy cuerpo. Ese chico me quería matar. 

—¿Qué quieres para el almuerzo? Puedo cocinar lo que quieras según se ajuste a lo que he traído. 

Elevé las cejas y fingí que no me ponía de los nervios que anduviera sin remera. 

—¿Cocinas?

—Tengo setenta años, Skyler. ¿Piensas que no voy a saber cocinar?

¿Setenta? Mierda. Estaba saliendo con un viejo.

—¿Tienes setenta? 

—No te sorprendas. Supongo que sabías que era mucho más grande que tú. Ah, y a las preguntas las dejas para después, para cuando estemos cenando. 

Fruncí las cejas y negué. ¿Quería hacerme esperar hasta la cena? Recién iba a ser la hora del almuerzo. 

Pasó por mi lado para salir de la casa.

—Ya me hiciste esperar mucho tiempo para obtener respuestas. ¿Me harás esperar hasta la noche? —inquirí, pero no me respondió. Aunque tomaba su silencio como un sí. 

Me quedé impresionada con la habilidad de Chase para cocinar. La verdad, no pensé que él supiera, y cuando me lo dijo, no creí que lo hiciera tan bien. Mi cara reflejó la sorpresa y eso hizo que él rodara los ojos y que comenzáramos un debate sobre mi mala imagen de su persona. Después de almorzar salimos a caminar por el bosque y luego nos recostamos bajo el sol; mi cabeza quedó sobre su pecho mientras él me abrazaba levemente. En lo que iba del día, ese fue mi momento favorito. Su compañía era única, tranquilizante, nueva y distinta. Me gustaba mucho esta faceta de Chase, me hacía pensar que lo nuestro podía tener un futuro. Este tipo de cosas hacían que caminara por el camino del enamoramiento. Chase me gustaba demasiado y eso se podía notar con una sola mirada. 

Ya en la hora de la cena, al fin pudimos tener la charla que teníamos pendiente, esa en la que descubriría más sobre el misterio que Chase White traía consigo. Me contó sobre la tristeza profunda que sentía, sobre la soledad, sobre lo que fue tener bipolaridad, sobre cómo se enteró de que ya no tenía ese problema, sobre su amnesia de lo que pasó cuando murió la segunda vez y sobre su familia verdadera. El último era un tema muy sensible para él, eso era obvio. Lo sabía por cómo apartaba la mirada cada vez que intentaba mantener un contacto visual con él y por el brillo que mantenían sus ojos azules. Me quedé helada al saber cómo fue que murieron. Chase se echaba la culpa por todo y eso provocaba una grieta en mi corazón. Sentía empatía por su historia y por su dolor. 

Quería abrazarlo. 

Así que lo hice. 

Lo abracé. 

—Siento mucho que pasaras por esto, Chase —susurré. 

Decir «lo siento» me parecía algo muy usado, algo que se intenta utilizar como método de consuelo pero en realidad no consuela en lo absoluto. O tal vez sí, pero sabía que en él no funcionaba. Me sentía estúpida al decirlo. Me sentía estúpida por no saber qué más decir. 

—Skyler... —habló cuando me correspondió—. Espero no te moleste, pero no quiero hablar más del tema. No siento que pueda seg... 

—Está bien —le interrumpí. No quería seguir haciendo presión en una herida abierta. Ya bastante se abrió, y para una persona como Chase, una persona tan cerrada, esto era complejo. Era gratificante que confiara en mí—. Ya has hablado suficiente —asentí mientras acaricié su espalda. 

Me separó unos centímetros de él para darme un beso en los labios. Un beso lento y excitante. Por cómo sus manos se movían con lentitud y gusto sobre mi cintura podía asegurar que él quería más que un beso y un poco de toqueteo. El contacto de labios pasó a tener contacto de lenguas, y las cosquillas se hicieron presentes en mi entrepierna. Ni hablar de cuando sus manos bajaron lentamente hasta mi trasero. 

Solté un gemido cuando hizo presión. 

Me encantaba que me tocara. 

—Chase... —susurré con la voz entrecortada. 

—¿Qué? 

—Quiero hacerlo contigo —dejé escapar de mis labios.

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