El lugar donde se encontraba era húmedo, la luz del sol no llegaba y estaba iluminada por velas. No le gustaba ese sitio, cada rincón lo hacía horrible y agobiante, tenía miedo. Su celda era grande, con barrotes gruesos que se veían viejos, pero no estaba seguro, nunca se había podido acercar a ellos, la cadena que apresaba su tobillo no le dejaba acercarse. Su celda estaba en medio de la habitación, como la jaula de un pájaro, dejándolo expuesto por cualquier ángulo. Ellos lo sabían, siempre aparecían por donde no estaba mirando, siempre lo estaban asustando, haciendo saltar su corazón de miedo.
Era triste ver cómo había terminado. Él, quien iba a la prueba de cazador de demonios para morir, estaba apresado en una jaula. Un Marechi (sangre rara) y un Omega le habían dicho, una cosa rara, una cosa valiosa. Debía haber sido comido en el acto, pero la criatura que le había encontrado tenía pensamientos retorcidos. Sus ojos rojos y su corto temperamento le aterraban, siempre estaba asustado.
Muzan, como se hacía llamar la criatura, tomaba bocados de su brazo todos los meses, sin falta. Era la experiencia más horrible, en cada ocasión temía que la criatura no se pudiera controlar y lo devorara. Pero también temía que no lo hiciera y el tormento continuara.
Cada día era peor que el anterior, siempre había un demonio nuevo que quería entrar, que decía que se lo iba a comer hasta los huesos. Vio a muchos de ellos morir a manos de Muzan, otros por alguno de las Lunas Superiores. Ellas eran horribles, siempre comentando las formas en que moriría, siempre tratando de lastimarlo. No tenía donde esconderse en esa jaula en medio de la habitación.
Muzan tenía un plan, decía que la combinación de un omega y un merechi era sumamente rara, que esta oportunidad no podría perderse. Así que esperaba a que llegara su primer celo y ahí lo convertiría. Sería un demonio. Las criaturas que había prometido eliminar, los seres que tanto atormentaban a la gente. Sin duda había tenido paciencia, su celo no había llegado aún, habían pasado casi tres años esperando, pero su cuerpo se negaba a reaccionar. Lo cual era una bendición y una maldición.
Lo peor de todo es cuando algunas de las lunas superiores querían hablar con él. Podía escuchar el sonido de sus pasos y la melodía sangrienta que emanaban, algunos tenían melodías más fuertes que otros, pero eso no quitaba el oscuro que era el sonido. Dona siempre venía con una sonrisa y palabras dulces compadeciendo su situación, emanando lagrimas falsas de sus ojos, puesto que las palabras que decían eran contrarias al sonido que ellas emitían. Sabía perfectamente que no le importaba lo que le sucediera, solo era una entretención más para él.
Akaza era silencioso, pero siempre le enviaba miradas mortales en su dirección, había duda en sus acciones cada vez que se acercaba a su jaula, no lograba entender que era lo importante con su retención. Era el menos terrorífico de las 6 lunas.
Sin embargo, un día, la Luna Superior 6 dejo de venir. Su sonido desigual lograba confundirlo, era como si dos armonías se hubieran fusionado, pero no se coordinaban entre sí, era como una batalla constante. Poco después, quizás algunos meses, Luna superior 5 y 4 también dejaron de venir. Muzan cada vez estaba más enojado, sus ojos ya fríos se convirtieron en témpanos de hielo, cada interacción con él era un peligro de muerte.
La llegada de la nueva Luna superior 6 fue un Shock. Al verlo no pudo evitar soltar lágrimas de rabia, su maestro había sido traicionado, él se sentía traicionado. Kaigaku solo sonrió, se burló de él por estar en esa situación. Golpeo los barrotes con su espada burlándose de su encierro. Maldijo a su maestro, difamo su nombre y lo insulto. Nunca en su vida Zenitsu había tenido tantas ganas de matar a alguien. Trato de llegar al él con un grito de rabia, pero la cadena que le apresaba no le dejo avanzar, la maldijo. Kaigaku solo rio y se alejó de la jaula.
Después de eso habían pasado un par de semanas, Muzan no había venido, Akaza era el responsable de entregarle la escasa comida cada día.
Estaba comiendo el pequeño trozo de pan que le habían entregado para la cena con lágrimas en los ojos, estaba cansado, estaba enojado, estaba asustado. Quería desaparecer, pero al mismo tiempo quería ser libre. No quería pensar el futuro que le deparaba, solo oraba para que los Asesinos de Demonios no perdieran la larga batalla en sus manos.
Soltó un suspiro cansado, dejo la pequeña pieza de pan en el plato, su apetito se había esfumado. No tuvo mucho tiempo para pensar, un fuerte temblor sacudió la habitación. Corrió a esconderse debajo de la cama aterrado. ¿Qué estaba pasando? ¿Se iba a morir? ¡Iba a quedar aplastado por las paredes!, luego constantes temblores sacudieron el lugar, cada uno más fuerte que el anterior.
El fuerte sonido de una pared siendo derribada le hizo saltar, lágrimas de terror corrieron por sus mejillas. Iba a morir, sin duda iba a morir. Cerro los ojos con fuerza esperando que aquella criatura no lo encontrara. El sonido atronador de los temblores que se mantenían no le dejaban concentrarse, solo sabía que una batalla se desarrollaba a las afueras de su jaula. No recuerda cuanto tiempo estuvo bajo la cama llorando, rogando para que se fueran, que lo dejaran solo.
El silencio fue ensordecedor, la batalla había terminado. La caída de escombros era el murmullo que rompía con la quietud, se tapó los oídos asustado, no quería saber quién había ganado. No quería saber que demonio había venido a clamar por él.
El sonido de la puerta de su jaula siendo forzada lo sobresalto, se hizo más pequeño. Lagrimas manchaban sus mejillas sin cesar. Los sonidos de pasos resonaban en su dirección. Los latidos de su propio corazón lo distraían.
Iba a morir, había llegado el día.
Pero... llego una melodía... una melodía cálida, gentil, como la brisa de un día de primavera. Un sonido lleno de bondad y sinceridad. Un sonido que no pertenecía a un demonio. Vio los pies desde su posición debajo de la cama y posteriormente como este se arrodillaba y se encontró con los ojos más llamativos que había visto en su vida.
- ¿Estás bien? – el sonido era sumamente gentil.
No podía ser bueno, tanta amabilidad no podía existir, debía ser una mentira, sus sentidos le estaban fallando. Era un demonio disfrazado, era la única explicación. Sin embargo, el olor a alfa, el olor a seguridad hizo que se relajara.
- ¿Quién eres? – dijo en un susurro desde su escondite. La figura le sonrió.
- Soy Tanjiro, Kamado Tanjiro, un Demon Slayer... ¿tú eres?
- ... - la figura solo sonrió ante su silencio, tomo asiento un poco más lejos de la cama, permitiéndole un descanso a su cuerpo que estaba erizado por el miedo.
- Me imagino que no lo sabes... pero Muzan ya no existe – Zenitsu no pudo más que llevar las manos a su boca y llorar de alivio – ahora estamos revisando este lugar para eliminar a los demonios rezagados.
-... - ¿era libre?, ¿por fin iba a ser libre?
- Por favor ¿puedes salir? – a pesar de las palabras del joven ante él, no pudo evitar retroceder del miedo, salir de la jaula estaba prohibido, acercarse a los barrotes era imposible. Escapar no era una opción – te prometo que nada te pasara.
- No puedes prometer eso... si salgo de aquí moriré, ellos me matarán, vendrán a cumplir sus amenazas – su tono de voz iba en aumento a medida que hablaba - ¡No puedo salir! ¡Moriré!
- ¡Para! – la orden del alfa le hizo callar, el silencio fue pesado, pero después de unos segundos una mano se asomó bajo la cama, se alejó lo más posible, pero el alfa estaba liberando sus feromonas, el olor del aire cambio dejando una estela de seguridad que logro relajarlo – Solo falta eliminar a la Luna Superior 4... la que ha manipulado este lugar, pero todos los demás están muertos, créeme, no dejaré que nada malo te pase – el sonido de sus palabras no destilaban más que seguridad, el realmente estaba dispuesto a protegerlo, aquella afirmación estaba repleta de amabilidad y seguridad, el alfa frente a él era fuerte, su aura lo decía, pero sus palabras era poderosas por las emociones que descargaba en ellas.
- Ze... Zenitsu Agatsuma.
- ¿Puedes salir Zenitsu?
- ¿Me protegerás? ¿Nada malo pasará?
- Te lo prometo.
Y Zenitsu creyó en sus palabras...