Cuando desperté, era un día bastante frío pero soportable. Miré a María durmiendo en la cama siguiente y luego eché un vistazo al reloj y para mi puta suerte eran las ocho de la mañana ¡Por Dios! Llegaríamos tarde.
—¡María! — gruñí, estaba de mal humor esta mañana, ella se despertó al instante y como si me leyera la mente miró al reloj, y ambas volamos, literalmente, de la cama a vestirnos. Agarré una falda rosa chillona y María me miró mientras se reía a carcajadas.
—¿Es enserio?— preguntó— ¡Por Dios! Eres Destruction Black y ¿vas a usar eso? — miré a la falda rosa y después a María. Tenía razón joder, me estaba humillando de una manera única. Era respetada en la mafia por ser destructiva y peligrosa ¿Y usaba una falda rosa? Una furia interna me recorrió de pies a cabeza y arranqué los vestidos, faldas y algunas remeras del armario dejando todo en el suelo. María chillo de alegría y yo me puse los pantalones negros de jean, mi musculosa blanca, mi chaqueta de cuero de siempre y mis botines militares negros. Até mi cabello a una coleta y absolutamente nada de maquillaje. Agarré mis cuadernos y maría estaba lista con unos jeans celestes rotos, una camiseta gris y su gorro caído tejido color café algo viejo. Y prendí el cigarrillo que tenía en mis manos, me hacía falta una calada. Aspiré el humo y automáticamente me relajé, le saqué uno a María y ella lo prendió, no había nadie ahora en los dormitorios y bueno... ya todos estaban en sus seminarios. Una vez terminados nuestros cigarrillos, fuimos corriendo al seminario de administración y para nuestra suerte no había llegado la profesora. Todas las personas se nos quedaron mirando, y sinceramente me importaba un carajo. Me senté despreocupadamente en uno de los bancos de atrás junto a María y luego de cinco segundos, la profesora llegó para atormentarnos la existencia.
La hora terminó bastante rápido al igual que todas, ahora estábamos ya libres de la universidad hasta mañana, pero una voz sonó por los altavoces interrumpiendo mi bocado hacia la gran pera que tenía en mi mano.
—Queridos estudiantes, la próxima semana será la visita de los familiares. Es la única vez al año. Por lo tanto avisen a sus familias para prevenir inconvenientes. Muchas gracias—
Esto definitivamente era una puta cárcel ¿Quién determina que los familiares vengan una vez por año? Si serán bastante estúpidos. Rodee los ojos junto a María, era obvio que nadie para las dos vendría. Suspiré mientras salía por la puerta principal y me encontré con una escena que realmente hizo que quiera babearme encima, joder. Era él, era Justin caminando junto a sus amigos de la mafia rival, todos vestidos como los deportistas de las películas románticas. Como un sexy jugador de fútbol americano, la transpiración le caía en gotas por sus mejillas y frente mezclado con la tierra y sus cabellos dorados. Sus ojos eran tan penetrantes y asombrosamente dorados, era algo así como mirar un tarro de miel... ¿Qué mierda digo? Salí del trance al verlo tan seductoramente hermoso y me reproché por ser estúpida ¡Por Dios, Destruction! Es el mujeriego mundial de toda la universidad, incluso parezco una cría de catorce años. Rodee los ojos y giré mi cabeza al ver a María, tal y como estaba hace un rato. La golpee fuertemente en el hombro, lo que hizo que se quejara, mis hombros se tensaron como la puta madre y sin importar las miradas saqué un cigarrillo. No fumo tanto, es más bien... para sacar tensiones. Prendí el cigarrillo con el encendedor y aspiré mientras cerraba los ojos de placer al relajarme. Se sentía de maravilla. Empujé el humo de mi garganta, para que salga en perfectos anillos. ¡Era una jodida profesional fumando!
Ignoré las miradas de mis compañeros de clase y apagué el cigarrillo una vez fumando. Justin y su pandilla se iban acercando a nosotras, que estábamos completamente desprevenidas con los tatuajes en la muñeca, por lo cual corríamos el riesgo de ser descubiertas, por lo tanto la arrastré conmigo para cambiar de rumbo mientras disimulaba que la mirada de Justin no hacía efecto en mí. Cuando caminábamos unos chicos se nos acercaron a nosotras, traté de ignorarlos pero cuando pasábamos por el medio de ellos, el de ojos café oscuro me tocó el muslo, tratando de sacar mi maldita ropa. Mis ojos se encendieron, y los momentos cuando trataron de violarme de niña salieron como una furia de mí, como un radioactivo a punto de explotar, me di la vuelta y por la adrenalina no sentía el tirón del cuello. Pero más tarde lo sentiría.
—Esto es algo de lo que te arrepentirás— susurró María a mi lado. Todos en la mafia sabían mi historia y si te metías con Destruction, mejor elige desde ahora tus flores para tu funeral.
— ¿Qué carajos piensas hacer? — le grité y el rubio abrió bien sus ojos cuando me acerqué furiosamente a él. No abrió la boca para nada por lo tanto decidí alejarme pero en segundos paré en seco cuando oí unas palabras, que era mejor que no las hubiese dicho ni aunque estuviera ahora a ochenta kilómetros.
<<Solo le falta sexo para que se conforme la perra>> seguido de varias risas. A grandes zancadas volví y le agarré el cuello con una sola mano, enseguida su color de piel se hizo rojo
— ¿Para qué me conforme? ¿Perra? ¿O acaso escuché mal? — él iba a hablar pero corté cada una de sus palabras con un golpe en la mandíbula con mi brazo izquierdo. Un diente voló de su boca y lo solté para seguido que quedara tendido en el suelo como un mantel.
—Meredith no vale la pena— dijo María a mi lado sosteniéndome el brazo derecho, queriendo arrastrarme para sacarme del espectáculo que acabo de armar.
—El sexo no me conforma en ninguna manera, pedazo de mierda— dije para saltar sobre él y repartir algunos golpes en la cara, no podía parar y algo dentro de mi dijo que me detuviese que era suficiente ya que estaba a unos cuantos golpes más para matarlo. Pero no podía, los años que llevo en esa jodida mafia y siendo abusada de todas las maneras quería descargarlo en un pobre chico virgen que nunca puso su polla en la vagina de una chica.
Unas manos fuertes recorrieron mi cintura levantándome del suelo para que no siguiera golpeando al chico virgen, me sacudí furtivamente para que me soltara, pero era en vano, giré mi cuello para ver quién era y era nada más, y nada menos que el señor pantalones de lycra Justin Bieber. Me volví hacia el chico queriendo saltarme sobre él
—Si vuelves a tocarme, mejor cuida tus bolas amigo— lo señalé con el dedo índice amenazándolo— Porque yo me encargaré de cortártelas con una tijera para uñas— El rubio abrió bien sus ojos y luego miré a la multitud— Y si alguien de ustedes vuelve a faltarme el respeto terminarán peor que él. Ustedes eligen—
Me solté como pude de Justin y sin más me fui a los dormitorios que quedaban a pocos metros, para llegar a mi habitación y hundirme en mis cálidas sábanas mientras lloraba completamente frustrada, triste y cansada.