CAUSA Y EFECTO

By Alba_asmr

583K 25.1K 2K

Alba acaba de llegar a Madrid en busca del éxito profesional tras concluir sus estudios en Bellas Artes, en e... More

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
Bad News
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
Parte sin título
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91 (CAPÍTULO FINAL)
EPÍLOGO
Se viene nuevo Fic

80

6.2K 257 27
By Alba_asmr

Alba

A diferencia de lo que esperaba cuando me acosté, no me había hecho despertar el dolor de cabeza por la resaca que afortunadamente no tenía, sino las enormes ganas de ir al baño, y una vez allí, el enorme agujero que tenía en mi estómago. Me moría del hambre y yo con hambre no podía dormir.

Decidí bajar hasta la cocina en pijama, por el silencio que había parecía que todas seguían durmiendo. Habíamos decidido no molestarnos, no despertarnos a ninguna hora para hacer nada, a nuestro ritmo, lo que vienen siendo unas merecidas vacaciones. 

Fui a hacerme un café, es lo primero que necesito por la mañana para ponerme en marcha, pero pude comprobar que la cafetera estaba llena y este recién hecho, así que supe que alguien más estaba despierto. Después de darle el primer sorbo y empezar poco a poco a situarme salí al porche de la piscina, donde me encontré haciendo lo mismo que yo a María.

- Buenos días Reche

- Hola – dije sentándome junto a ella - ¿Están todas dormidas?

- Solo Julia, Natalia y Pablo se han ido a dar una vuelta por la playa, yo no podía tirar de mi cuerpo

- Llegasteis tarde anoche, supongo

- Un poco, sí, ya estabais todas durmiendo ¿Vosotras que tal?

Hasta ese momento había dejado lo que había ocurrido aquella noche como un fichero en borrador, a la espera de revisarlo todo y almacenarlo definitivamente. En parte me alegré de que fuese María la primera persona que me encontrase y no Natalia, por ejemplo, no sabía cómo iba a reaccionar a lo que había pasado entre nosotras.

- Bien, estuvimos un buen rato charlando por aquí tiradas mientras disfrutábamos de las estrellas y de alguna que otra cerveza

- No sé cómo estamos así de bien, ayer nos pasamos la tarde bebiendo como cosacas

- Supongo que porque no fue en plan bestia como cuando salimos, sino poco a poco y comiendo algo. La verdad es que yo tenía una borrachera chula, no llegué a sentirme mal en ningún momento

- Una borrachera chula, me meo.

Tenía claro que quería decirle a María lo que había pasado, ella era la única a la que había reconocido que aún sentía cosas por Natalia, pero no sabía cómo hacerlo. Confiaba en que ella, sagazmente, acabase por llevarme ahí

- Te quedaste sola de cachondeo con dos ex, si me lo dicen hace unos meses me río en la cara de quien sea

- Ya, es surrealista - admití pensando en la situación - aunque lo pasé súper bien, nos reímos muchísimo

- Entonces... ¿Todo bien contigo?

Y ahí estaba la pregunta, María me había dado la entradilla que esperaba y yo respiré hondo antes de verbalizar en voz alta lo que había pasado justo antes de irme a dormir

- Anoche besé a Natalia

- ME CAGO EN LA PUTA, ALBA – María empezó a toser mientras me miraba con los ojos muy abiertos, se había atragantado con el café - ¿QUÉ?

- Lo siento, es que no sabía cómo decírtelo y me ha salido de golpe

- Casi me ahogo, joder... Cuéntamelo todo pero ya

- Natalia me había contado que la noche antes de venir salió de fiesta porque según ella no tenía sueño, empezamos a tontear un poco lanzándonos puyitas y ella me soltó que en realidad no es que no tuviera sueño, sino que le apetecía echar un polvo

- ¿Se ha tirado a alguien? - me dijo María con los ojos que se le salían de las órbitas

- No, esa es la cosa. Al final volvió a casa sin haberlo hecho. Julia empezó a picarla y ella nos contó que se estuvo besando con una chica pero que al final no le apetecía acostarse con ella

- Natalia está cachonda, se enrolla con una tía pero no se acuestan porque no le apetecía... No tiene sentido – analizaba acertadamente María

- Ya, eso pensábamos nosotras y no parábamos de reírnos y picarla. Entonces nos calló la boca con su recién estrenada manía de decir las cosas tal y como las piensa en vez de irse por la ramas

- Sí, la Natalia sin filtro, he oído hablar de ella... ¿Y en qué puto momento de esa noche de confidencias tan divertida y que yo me perdí se te ocurre darle un beso? Al grano Alba que está a punto de estallarme una artería

- Natalia nos contó que le apetecía follar pero no con cualquiera, tenía a alguien en su cabeza, por eso pasó de aquella chica al final. Julia decidió irse a la cama después de aquello y nos quedamos solas. Yo estaba bastante borracha, de estas veces que estás tan a gusto que no te importa soltar lo que se te pasa por la cabeza, así que le pregunté a quien tenía en su cabeza aquella noche...

- No me jodas que dijo que eras tú porque me caigo para atrás – María tenía una mirada absoluta de atención en todo lo que le estaba contando, como si se tratase de desenmarañar al fin la trama de una película de asesinatos en las que has estado metida desde el minuto cero

- Cáete para atrás – le dije sonriendo como una tonta recordando sus palabras

- A ver... - decía María levantando los brazos e intentando tranquilizarse – Me voy una puñetera noche de cervezas con los amigos de Pablo y cuando vuelvo Natalia y tú os habéis casado de nuevo ¿En qué momento?

- Eh, tranquilita, que aquí nadie se ha casado. Solo me soltó aquello y mis bragas volaron nuevamente, así que cuando ella empezó a darme un beso de buenas noches antes de irse a la cama no me pude contener y me fui directamente a comerle la boca

- ¿Y ella te siguió el rollo?

- Totalmente – a esas alturas de la conversación mi cara ya era de gilipollas total

- Titilminti – me imitó María – Menuda cara de encoñada llevas ¿Y ahora qué?

- Eso es lo que no quiero ni plantearme. Solo fue un beso y de momento solo sé que le pongo cachonda y por eso no es demasiado cariñosa conmigo en plan, amigas

- Sí, amigas mi coño

- No sé qué va a pasar hoy, ayer no hablamos nada y no sé cómo se va a tomar Natalia lo que pasó

- Tú tienes claro que estás pillada – afirmó

- Sí, no sé hasta qué punto... pero se me cae la baba solo de verla

María y yo seguimos un rato más hablando. Cuando asimiló todo lo que le había contado se puso en marcha el mecanismo de María en modo amiga y empezó a decirme lo que pensaba

- Haz las cosas bien Alba, no quiero que todo esto vuelva a joder el ambiente que hemos conseguido después de lo que había pasado. Terminasteis muy tocadas y lo vuestro nos afectó a todas

- Lo sé, es lo que pienso todo el rato, pero no me siento mal. No me arrepiento de lo que ha pasado, ni siquiera me he levantado en plan drama. Ya hablé con ella la otra noche y le dije que me costaría ser su amiga porque me ponía demasiado

- Ya, tú como la otra, sin filtros – me reí – Vale, a las dos se os hace el coño Pepsi cola y lo habéis reconocido, pero eso no es lo que tú me contaste, tú sientes algo más que atracción física

- Sí

- ¿Y?

- No lo sé María, quiero ir paso a paso, hablar con ella, como hasta ahora lo hemos hecho...

No quería cambiar mi comportamiento. No quería darle mayor trascendencia a aquel beso que me había salido de forma tan orgánica y sincera, como todo lo que había compartido con Natalia desde que llegó. Estaba tranquila, hasta ahora todo lo que había salido de mi cabeza se lo había dicho al igual que ella a mí. No tendría por qué no ocurrir lo mismo. Encoñada de ella ya estaba antes de aquel beso, no había cambiado nada

Vale, yo sentía cosas por ella y ella simplemente me había dicho que era difícil no tener ganas de acostarse conmigo estando tan buena. Lo suyo de momento era algo físico, y lo mío no, dato que ella desconocía. Pero es que yo aún no sabía hasta qué punto seguía enganchada de ella y sí yo misma no lo descubría no podía llegar a ser sincera con ella. Lo que tenía claro era que no iba a salir corriendo de todas las cosas que provocaba en mí. Que no pensaba esconder mis ganas cuando se ponía delante de mí y sonreía. Que iba a dejarme llevar porque no podía evitar sentirme en la puta gloria cada vez que compartíamos tiempo juntas.

Natalia

A pesar de que la noche anterior al viaje había dormido tan solo unas cuatro horas, aquella noche tampoco pude descansar demasiado. Tenía los ojos cerrados, el cuerpo relajado intentando descansar, pero una parte de mi mente se mantenía entre la conciencia y el sueño repasando una y otra vez lo que había pasado aquella noche.

El calor de Alba cuando se tumbó junto a mí, las palabras divertidas de Julia y ella picándome, su olor de nuevo embotando mis sentidos y desatando corrientes eléctricas que atravesaron mi cuerpo de arriba abajo, y finalmente el beso.

Cada vez que recordaba la sensación que experimente cuando noté la piel de sus labios sobre los míos una punzada de placer atravesaba mi abdomen hasta terminar en mi mismo centro. Siempre había provocado ese efecto en mí.

Al menos estábamos en igualdad de condiciones. Las dos lo habíamos pasado mal en el pasado, las dos nos alegrábamos de habernos encontrado habiendo sabido superar los malos momentos, las dos nos habíamos planteado disfrutar de la otra como una amiga ya que, aunque no había podido ser de otra forma, ambas nos queríamos en la vida de la otra y sabíamos de la conexión que siempre habíamos tenido, y las dos, sin duda, nos habíamos dicho lo complicado que sería ser tan solo amigas cuando la atracción física que teníamos la una por la otra nos sobrepasaba en la mayoría de las ocasiones.

Hace tiempo que huía como de la peste de frases del tipo... "Tenemos que hablar". Me parecían que anticipaban el drama, que solo servían para poner a la otra persona en tensión y a la defensiva. Ninguna conversación que empieza así puede tener un buen resultado, así que no tenía ninguna intención de presentarme delante de Alba y decirle aquello. Además no había nada de qué hablar. Ambas habíamos bebido, ambas teníamos ganas y lo hicimos, nos besamos, no hay más.

El paseo matutino junto a Pablo me ayudó a recomponer todos estos pensamientos en mi cabeza y me sorprendió encontrarme tan bien.

"Estás madurando Natalia, ole tus ovarios"

Cuando llegase actuaría como si tal cosa, tampoco es que hubiera pasado nada determinante y no quería enrarecer mi comportamiento y que Alba terminase rallándose.

Al regreso Pablo y yo nos encontramos a Julia terminando de desayunar, María estaba sobando sobre una de las hamacas y no había ni rastro de Alba

- Qué madrugadora nos has salido Natalia – dijo Julia con la voz ronca producto de las horas de charla y risas de la noche anterior

- Pues me ha sentado de puta madre el paseíto por la playa, la verdad ¿Y Alba?

Llegar y no saber dónde estaba me empezaba a crear desasosiego, y debía huir de esas sensaciones como de la peste, lo mejor era preguntar y tenerla localizada. Hubiera preferido llegar y encontrármela de golpe, me había ido preparando durante todo el camino, hasta había pensado un saludo gracioso para dirigirme a ella y destensar cualquier situación hipotética desde el primer momento.

- Alba se está duchando. Hemos pensado ir a dar una vuelta por el pueblo y comer por ahí ¿Te apetece?

- Mucho

Alba

Me había duchado y me había quedado como nueva. Teníamos intención de ir a comer fuera y hacía un día estupendo, así que me apeteció sentirme guapa y terminé pasando de los vaqueros para ponerme una falda de peto rosa con una camiseta blanca de manga corta debajo, sabía que a Natalia le encantaba mirarme las piernas y me había despertado con ganas de jugar un poco. El tonteo que llevábamos los últimos días me estaba dando la vida.

Cuando terminé de arreglarme ya estaban todos preparados, incluso Julia que era la última que se había despertado. Saludé a todos, incluida Natalia, que se quedó mirándome sonriente desde la cocina cuando me vio bajar la escalera que venía de las habitaciones

"Vale, lo de anoche se lo ha tomado bien y está de buen humor"

Nos dimos dos besos y ella volvió a mirarme descaradamente de arriba abajo mientras se reía alzando las cejas de forma exagerada

- Hoy tampoco vas a tener sueño – le dije esperando que entrase al trapo de mi broma cuanto antes, evitando cualquier tipo de tensión

- Si llevas ese peto es imposible que me dé sueño Alba – contrarrestó

Aquello sin duda fue la señal definitiva para saber que todo estaba bien entre nosotras. Ninguna teníamos intención de cambiar nuestra actitud con la otra ni habíamos tratado de evitarnos.

Estuvimos comiendo en un Mesón al que nos llevó Pablo donde ellas se pusieron hasta el culo de pulpo y yo disfruté de una crema de tomate y un revuelto con algas que, quien lo diría, estaba espectacular. Todo transcurría como el día de antes. El mismo buen rollo, las conversaciones ingeniosas que nos hacían reír sin parar, y las miradas está vez más descaradas que Natalia y yo nos estuvimos lanzando durante toda la comida. En lo que no seguimos el mismo ritmo fue a la hora de beber. Una cervecita mientras comíamos y ya.

Pasamos la tarde paseando por allí, paramos a tomar un café y no dejamos de disfrutar de la compañía de las unas con las otras.

- ¿Qué plan tenemos para esta noche? – dijo Julia ya de camino a la casa

- Si os apetece podemos cenar en casa y salir a tomarnos algo después

- No me apetece nada meterme en una discoteca llena de turistas borrachos – dijo María

- Pues cenamos y nos vamos a la playa – se le ocurrió a Natalia – Me apetece plan tranqui y tenemos la playita al lado. Nos llevamos unas cervezas y nos tiramos allí en plan tranquilito

Creo que cualquiera de nosotras le habría puesto un monumento en ese momento. En aquel viaje todas parecíamos estar en el mismo mood, y eso hacía que en seguida encontrásemos el plan perfecto con el que disfrutar el tiempo juntas. Jamás pensé que me alegraría tanto de haberle dicho a María que vendría a pasar las vacaciones con ellas.

Cenamos, nos agenciamos algo de abrigo para no pasar demasiado frío en la playa, y nos fuimos paseando cargadas con unas colchas enormes que Pablo había encontrado y una nevera portátil cargada de cerveza. 

Mientras María y yo extendíamos las colchas en un lugar seco y resguardado del viento, Julia y Pablo abrían las cervezas y Natalia conectaba un pequeño altavoz al bluetooth de su móvil.

Natalia y yo habíamos tenido alguna que otra conversación a lo largo del día, pero siempre compartida con otras personas. Nos habíamos mirado intensamente todo el rato, casi siempre que nuestra miradas se cruzaban sonreíamos lejos de esquivarlas. Me gustaba esa sensación. No había miradas huidizas, ninguna apartaba sus ojos de la otra al ser pillada, y eso hacía que sin palabras de por medio ambas supiéramos que estábamos siendo sinceras la una con la otra, lo cual nos hacía sentir bien.

Me apetecía disfrutar un rato de ella a solas, sabía que eso era imposible, así que al menos haría por estar a su lado, me moría por sentir su calor corporal tan cerca como lo había sentido la noche de antes. Natalia se tumbó en el extremo de una de las colchas y a mí me faltó tiempo para hacerlo junto a ella.

Natalia

Me apetecía estar cerca de Alba. De acuerdo, mi máxima de "no la toques" seguía en pie. Si después de lo que había pasado por la noche entre nosotras dos no me mantenía, al menos dos pasos separada de ella, me iba a explotar algo. Pero eso no quitaba que deseara con todas mis fuerzas sentirla un ratito cerca, aunque fuese allí junto a todos y no a solas, como había ocurrido horas antes.

Como si me leyese el pensamiento noté que se venía directamente a mi lado nada más tumbarme y lo hacía junto a mí. Yo boca arriba, disfrutando las estrellas, ella boca abajo apoyada sobre sus codos, para mirar a las demás mientras manteníamos una conversación en grupo

- ¿Y podían follar y desahogarse a pesar de estar grabados las 24h? – le preguntaba Pablo a Natalia curioseando sobre la etapa en la que ella trabajaba en OT

- Bueno, había sitios donde no grababan. En los dormitorios, las duchas y eso. Supongo que aprovechaban para desahogarse ahí, en todos los sentidos – le explicaba a Pablo

- A mí me graban durante todo el día y tengo que disimular delante de toda España y me da un mal – decía Alba

- ¿Tan mal se te da disimular? – Incidí.

Era la primera vez en toda la noche que nos mirábamos tan cerca. Estábamos una junto a la otra, yo solo tenía que girar mi cabeza hacia ella que me miraba con las cejas alzadas desde arriba después de mi comentario

- No lo sé, dímelo tú

Sonreí ante ese comentario, claramente me lo decía con segundas intenciones y aquello consiguió acelerar mi pulso un poquito más, ya lo estaba desde que se había puesto tan cerca de mí. Los demás eran como si se hubieran evaporado, ni siquiera sabía si hablaban o no. Por unos minutos solo volvíamos a estar ella y yo, diciéndonos todo con los ojos e insinuando algunas cosas con las palabras.

- Disimulas fatal

- Pues anda que tú... - se hizo la ofendida a pesar de que era algo que había afirmado de sí misma

- ¿Yo disimulo mal? No te creas – la piqué

- Eres muy obvia y disimulas fatal. El primer paso es no reconocerlo

- ¿Por qué te has tumbado a mi lado? – le dije y ella tragó saliva ante el aparente cambio de tema y la pregunta tan directa – La verdad, Alba

- ¿La verdad?

- Sin excusas baratas – le dije sonriendo

- Porque me apetecía estar cerca de ti

Habíamos estado hablando claramente la una para la otra, por eso ninguna de las demás se habían metido en aquella conversación. Pero aquellas últimas palabras las dijo susurrando, asegurándose de que tan solo yo las escuchase e incluso dejándome la sensación de que eran tan desgarradoramente sinceras que hasta le había costado pronunciarlas.

- Pues yo me he tumbado en una esquina con la esperanza de que hubiera sitio a mi lado para que estuvieras cerca de mí, y estoy segura de que ni siquiera te has dado cuenta – Alba me miraba sorprendida esbozando una sonrisa con la boca abierta – Tan obvia no seré.

Alba se quedó callada ante mis palabras y yo me sentí poderosa. Había ganado en la vida, no podía sentirme mejor conmigo misma.

Las demás continuaron charlando un poco de todo y Alba parecía prestarles atención de nuevo. No me había dicho nada después de mi reciente revelación, no sabía si la había sorprendido, dejado sin palabras o no le había dado mayor importancia. En un momento dado, se incorporó sobre sus brazos como si estuviese haciendo flexiones

- Dios, estoy incomodísima – dijo

Y acto seguido y sin darme tiempo a reaccionar se tumbó de lado completamente pegada a mí. Me había movido como a una almohada y me había colocado en modo cucharita recogiéndola por detrás, uno de mis brazos lo había puesto rodeando su cintura, el otro lo había pasado bajo su cabeza y me usaba de almohada.

"Madre mía, cómo huele... me voy a morir"

Solo Pablo alzó un poco las cejas y evaluó al resto viendo la situación. Alba y yo tumbadas haciendo la cucharita en una conversación cualquiera después de lo que llevábamos a nuestras espaldas, de locos. Pero nadie más pareció asustarse por aquella estampa. Julia siguió riéndose de todo con naturalidad y sacándose chistes de debajo de la manga y María riéndose de ellos. Solo Pablo, y claro está, yo, habíamos flipado con aquella escena. Él porque sin duda habría oído hablar de nuestros dramas pasados, y yo, porque mi empeño en no tener contacto físico con ella me había hecho no darme cuenta de cuanto me gustaba realmente que así fuera. Estaba en el puñetero cielo

Mi mano caía lánguida por la cintura de Alba. Ella era la que la había colocado ahí, pero yo dejé la mano muerta, sabía que si la tocaba conscientemente y ella empezaba a agitarse entre mis brazos perdería el control de la situación totalmente.

Aquello me recordó a aquella ocasión en que me senté en el sofá con ella sentada entre mis piernas y una manta sobre nosotras, y acabó corriéndose entre mis dedos delante de todos sin que nadie más que nosotras supiera lo que estaba pasando bajo aquella manta. El recuerdo me prendió como una mecha seca y una sacudida eléctrica se esparció atropellada por mi cuerpo

"Por ahí vamos mal, Natalia"

Cada vez me costaba más no dejarme llevar, y traer recuerdos a mi mente no ayudaba a aliviarme el calentón en absoluto. No quería estar en ese momento en otro sitio que no fuera allí y de esa forma, pero necesitaba respirar y pensar claro por un momento, así que me disculpé poniendo una excusa para darme unos minutos de tregua

- Voy a dar una vuelta a ver si encuentro un rincón donde echar una pis, ya no aguanto más

- Te acompaño – dijo Julia como si le acabara de hacer un regalo – llevo un rato aguantando porque no me apetecía ir sola

Alba

Sabía que Natalia había tratado de tener el menor contacto físico posible conmigo, me lo había confesado la otra noche. Por un momento durante aquel día, y dado lo bien que se había tomado el hecho de que nos habíamos besado, pensé que quizá ese pacto consigo misma había pasado a mejor vida y disfrutaría de algún acercamiento con ella, pero me equivocaba.

Natalia había pasado el día tan agradable como siempre, mirándome, ahora sí, sin cortarse un pelo. Pero no había hecho absolutamente nada por rozarme ni de casualidad, ni un poquito.

Tenerla solo a unos centímetros de mí, tumbada justo al lado y después de reconocerme, haciendo que mis bragas volasen nuevamente, que había buscado aquel sitio con la intención de que acabase cerca de ella, y no tener ningún contacto me estaba matando. Así que no me lo pensé ni un poquito y cuanto tuve la oportunidad la agarré por los brazos haciéndome un ovillo entre su cuerpo y asegurándome que esta vez no recularía como el día de antes con tal de no tocarme. Necesitaba sentirla

Nada más alejarse de allí junto a Julia, a María le faltó tiempo para arrodillarse a mi lado con el cuerpo flexionado sobre sus piernas hablándome bajito

- Me parece a mí que no eres la única aquí que sigue encoñada

- No lo sé Mari, no me lo planteo

- ¿No te lo planteas?

- No, no quiero pensarlo, estoy demasiado a gusto, solo me dejo llevar

- ¿Y ella? ¿También se está dejando llevar? Porque la has dejado sin respiración cuando te has tumbado pegadita a su cuerpo

- No lo sé, no sé nada de lo que está pensando ella, solo tonteamos pero no hemos hablado de nada, ni sé si quiero, quiero que las cosas pasen o no, no me apetece hablarlas

- Pues lo tenéis jodido aquí delante de todos... quizá cuando lleguemos os podáis quedar solas un rato

- ¿Tú crees? – Eso en realidad era lo que deseaba. Desde que nos habíamos encontrado de nuevo siempre habíamos tenido un momento para nosotras solas, y precisamente ese día había sido imposible

- Por mí no hay problema, en cuanto lleguemos a casa me llevo a Pablo a la habitación

- Julia ayer se fue a la cama y estoy segura que lo de dejarnos a solas lo hizo adrede

- Pues ya estaría Reche, suerte que por ahí viene tu morena de metro ochenta

Cuando Natalia y Julia regresaron habían estado hablando del tiempo que hacía que no tocaban juntas la guitarra, ambas se la habían llevado, siempre cargaban con ella hasta la playa aunque hasta ahora no la habían sacado ni de su funda en ningún momento. Esto hizo que Natalia ya no recuperase la posición tan íntima en la que estábamos antes de que se fuera, cosa que me fastidió, la había disfrutado tan poco.

Comenzaron a tocar temas, uno tras otro, mientras el resto disfrutábamos de sus voces y del apacible ambiente que habían creado con ellas

Qué morena vienes, de andar por ahí

Lo bien que te sienta estar lejos de mí...

Natalia me miraba burlona mientras cantaba esta parte de Sinmigo, una canción que a ambas nos encantaba, y yo no pude evitar negar con la cabeza sonriéndole a la vez que lo hacía.

Nos había sentado bien estar separadas, sí. Las dos habíamos madurado en varios aspectos y curado nuestras heridas. Pero no me sentaría bien estar alejada de esa Natalia, la que una vez conocí, la que ahora tenía cantando alegre delante de mí y de dos de las personas que más quería en el mundo, de nuevo juntas.

Camino a la casa me quedé unos pasos atrás buscando quedarme a solas con Julia. Al menos por mí no iba a quedar intentar poder disfrutar un rato a solas con ella

- ¿Qué vas a hacer cuando lleguemos? Ya es tarde - Julia me miró enarcando sus cejas divertida

- Quieres que me vaya prontito a la cama y quedarte a solas con Natalia ¿verdad?

Noté como me moría de vergüenza cuando Julia me dijo aquello. Debía tener la cara como un tomate, pero es lo que quería, y ella me estaba dejando claro que no tendría ningún problema en hacerlo. Asentí mientras miraba avergonzada hacia el suelo y después alzaba mi vista hacia Natalia, que hablaba desenfadada con María y Pablo hacia la casa.

- Tus deseos son órdenes Rubia, ningún problema

Sabía lo importante que era Julia para Natalia, ella siempre me lo había remarcado. Cuando ambas,cada una  por nuestro lado, teníamos claro que sentíamos algo por la otra, en aquella época en que yo aún salía con Julia, a veces las ganas de que reaccionase y dejase de ponérmela siempre como excusa, me había hecho desesperarme injustamente, y no entender cómo su amor por Julia estaba por delante de lo que parecía sentía por mí. Claro que no conocía tan bien a Julia como ahora, y no sabía hasta qué punto era importante la relación que a ellas las unía.

Julia era una de las personas más buenas y generosas que había conocido en mi vida, y ahora entendía perfectamente que a Natalia le hubiera costado tanto anteponer sus propios deseos a los de su amiga. Cuando todo volvió a ir bien entre Julia y yo, en un principio me sentí mal por todo el daño colateral que había sufrido en la historia que habíamos tenido Natalia y yo. Pero tras conocerla más profundamente, y ahora verla relacionarse con Natalia, lo que sentía era una gratitud enorme al universo por habernos dado la oportunidad de rectificar y empezar de cero dándonos lo mejor de nosotras mismas.

- Gracias Julia

- Aprovéchalo bien, nena – me dijo, y aceleramos el paso para entrar junto al resto

María cumplió su cometido y apenas llegamos a la casa se disculpó con el resto y arrastró a Pablo hasta la habitación. Natalia se fue al porche para fumarse el último antes de ir a dormir y Julia y yo nos quedamos mirándonos atentas en el salón

- Ahí la tienes – me dijo señalando con la cabeza hacia el jardín - yo me voy a dormir

- Buenas noches Julia

Salí al jardín y me la encontré sentada con las piernas recogidas por sus brazos en una de las hamacas, efectivamente fumando. Me miró nerviosa cuando me vio aparecer, pude notar cómo se tensaba, pero me devolvió una sonrisa. No me lo pensé dos veces y fui a sentarme junto a ella, justo al borde de sus pies, apoyando yo también mis brazos sobre sus rodillas y quedando nuestras respiraciones muy cerca.

- ¿Tienes algún problema con ocupar tu propia hamaca? – me dijo en un susurro, se notaba que estaba excitada, conocía perfectamente esa voz, y eso me encendió a mí aún más.

- Ya te he confesado hoy que quería estar cerca de ti

- Luego la obvia soy yo – dijo Natalia con media sonrisa e inmediatamente desvió su mirada hacia el suelo rompiendo el contacto visual

- ¿Por qué has dejado de mirarme?

Hablábamos tan bajito que era imposible que nadie que estuviese siquiera a un metro nuestro pudiese escucharnos. Solo nosotras

- Por lo mismo que evito tocarte, me pones nerviosa

- ¿Nerviosa significa cachonda?

- Alba... - soltó en un susurro abrasador mientras alzaba la mirada de nuevo para fijarse en mis labios

- Tú a mí también me pones cachonda, Nat

- ¿Y qué quieres que hagamos? ¿Incentivarlo aún más hasta que no podemos pararlo? No sabes cómo me estoy conteniendo Alba

Su última confesión salió como un grito desesperado que me hacía tomar conciencia de lo húmeda que estaría y de lo mojada que me estaba a mí poniendo. No podía parar, yo no quería parar.

- Pues tampoco pasaría nada – Natalia levantó aún más su cabeza y me miró a los ojos sorprendida – Somos dos adultas, ninguna tiene compromiso con nadie y a las dos nos apetece, tampoco veo el problema

- Si sigues por ahí me vas a matar, Alba

"Me vas a matar..."

Cuantas veces había soñado con ella y aparecían esas palabras que me había dicho mientras nos besábamos

"Me vas a matar..."

Aquellas palabras las tomé como una invitación, como un código secreto que ella y yo conocíamos, que nos hacía saber en qué punto estábamos. Nuevamente decidí ser yo la que tomase la iniciativa y me acerqué lentamente hacia sus labios. Le dejé tiempo, pero ella no se apartó. Nada más impactar contra su boca noté como dejaba escapar su lengua, tímida, abriéndose paso hasta lo más profundo de mi boca.

Necesitaba más, mi cuerpo me pedía profundizar aquel beso y no quedarme como la noche anterior, donde nuestros labios se habían rozado pero nuestros cuerpos apenas se habían tocado. Necesitaba acariciarla.

Empujé sus rodillas hacia abajo, separándolas de su cuerpo, e inmediatamente me levanté para sentarme a horcajadas sobre ella. No sabía si iba demasiado rápido, pero no podía pensar y no quería parar. Nada más sentarme sobre ella comencé a mover mi pelvis de manera casi automática, buscando su contacto. Natalia jadeó profundamente y después se aturulló. Cortó aquel beso. Me sujetaban sus manos por las mejillas y me miraba a los ojos casi pidiendo disculpas

- Alba, es mejor que lo dejemos aquí... Yo, no me ha dado tiempo a asimilar esto, no me lo esperaba

- Vale, tranquila, no te agobies... solo nos hemos dejado llevar

- No quiero que imagines cosas raras, me pones, muchísimo ¡Dios! – sacudía la cabeza asimilándolo, y a mí me encantaba la forma que tenía ahora de contármelo todo – Pero es que no sé si esto es lo mejor ahora, créeme que estoy pensando con la cabeza porque si le dejo el control a otra cosa...

- Está bien, no pasa nada, no estoy enfadada ni me siento rechazada ni nada de eso – ambas sonreímos, ella bastante aliviada – Solo me apetecía estar un ratito contigo y, bueno... con un poco de suerte repetir el beso de ayer, que por cierto me encantó – la sonrisa con la que me miraba inundaba toda su cara

- A mí también me encantó Albi, bueno, los dos... todos

Siempre me ha parecido un bebé pequeñísimo cuando se ponía en ese plan, y a mí me daban ganas de comérmela a besos, pero lo mejor era parar ahí, era lo que me estaba pidiendo y me parecía bien. Así que me levanté de su regazo, le deseé una buena noche sonriente y me fui directamente a mi habitación

Natalia

No sabía cómo debía actuar en ese momento. Me hubiera gustado tener cerca a Sara y hablar con ella, poder preguntarle. Alba había accedido a mi tregua y amable había dado un paso al costado dejándome allí sola con todo lo que sentía.

La cabeza me iba a estallar y la entrepierna aún más, y no sabía encontrar la forma de ponerlas de acuerdo. Me fumé otro cigarro. Me subí a la habitación. Me tumbé en la cama y me levanté para mirar desde la ventana en repetidas ocasiones. Y ni el fuego que Alba había dejado en mí ni el anhelo por sus labios se calmaban.

Trataba de repasar lo que había pasado una y otra vez. Sentirla de nuevo besándome y notar su roce a horcajadas sobre mí había sido demasiado para asimilar en un solo momento. Así que colapsé y preferí pararlo ahí. Recordaba las palabras de Alba. Éramos adultas, habíamos madurado y no le debíamos explicaciones a nadie. Tenía razón, y aquello me reconfortó.

Empecé a sentirme bien poco a poco. No había dolor en lo que sentía, solo un poco de vértigo, pero el vértigo había pasado poco a poco a base de repetir las imágenes que se habían producido una y otra vez en mi cabeza. Ya solo quedaban las ganas.

Me moría por estar con ella otra vez y sabía que hasta hace una hora ella se moría por estar conmigo ¿Habría conseguido dormirse? Yo sabía que no podría pegar ojo en toda la noche.

Ni siquiera me paré a pensarlo demasiado. Salí de mi habitación y me fui directamente a la que sabía que ocupaba Alba. Llamé dos veces suavemente a la puerta y luego la abrí lo justo para que mi cabeza asomase. La persiana estaba levantada y se filtraba la luz de la luna y de alguna que otra farola de la carretera que pasaba por allí, así que pude divisar perfectamente el bulto que Alba formaba sobre su cama.

- Alba – siseé - ¿Estas dormida?

- Nat... pasa

Cerré la puerta tras de mí y un poco nerviosa me acerqué hasta su cama. Ella retiró la sábana dejando un sitio para mí y no me lo pensé dos veces, me tumbé junto a ella.

- No podía dormir – le dije

- ¿Quieres quedarte aquí conmigo? Te echaba de menos

Su costumbre de decirme cosas que me dejaban si respiración. Asentí sin decir nada, no me salían las palabras y así parecían estar las cosas bien.

Alba dejó un beso en mi mejilla y se giró dándome la espalda quedando nuevamente con ella en cucharita. Pero aquella vez no era el momento antes. En aquella ocasión estábamos a solas y yo me moría por tocarla.

Mi mano comenzó a subir poco a poco su camiseta, tirando suavemente desde su abdomen. Alba notó el lento movimiento y lo que pretendía y se removió dejando su culo totalmente pegado a mi sexo. Aquello me hizo jadear adelantando mi pelvis y dejando temblando a Alba con una primera embestida. Seguí levantando su camiseta parsimoniosamente, el filo de esta ya llegaba hasta su ombligo y su cuerpo se había quedado cubierto de cintura para abajo solo con sus bragas. Aproveché su desnudez para dar dos embestidas más. Cada una más profunda, a cada una de ellas notando como la húmeda tela de mis bragas quería fusionarse con cada parte de su trasero. A cada embestida ambas acelerábamos más nuestra respiración, la voz de Alba sonaba más ronca que nunca, entrecortada.

- Nat, si piensas parar esto otra vez hazlo ya, porque me tienes muy mal

- Dime cómo te tengo

Sabía que Alba lo entendería. Que yo le dijese aquello en lugar de contestarle era muestra más que evidente de que no pensaba parar. Ahora no esquivaba que ella me encendiera con ciertas palabras, ahora lo estaba deseando.

Alba giró su cabeza para mirarme y poder hablarme directamente al oído mientras permanecía de espaldas y yo bajaba lentamente mi mano y comenzaba a acariciarla por encima de la tela mojada que la cubría.

- Me tienes muy cachonda, Nat

Se me escapó un gemido de placer al escucharla decirme aquello, tan cerca, mientras mis dedos ya se enredaban entre sus pliegues.

- Entonces qué quieres que haga – le dije mientras acentuaba el movimiento de mis dedos a la vez que me moría del placer que me provocaba el continuo roce de mi sexo contra su maravilloso culo.

- Fóllame Nat, quiero que me folles, necesito que me folles

Mis dedos se adentraron dentro de Alba mientras ella los devoraba con movimientos de pelvis que la satisfacían tanto a ella como a mí, gozando del roce de su trasero haciendo estragos en mi centro. Un mar de sudor y jadeos inundó aquella cama, aquella habitación donde dos personas que habían aprendido a vivir la una sin la otra, volvían a encontrarse sin poder evitar disfrutar la una de la otra cuando se encontraban cerca.

Alba era como un imán para mí, me era imposible resistirme a ella. Sabía que si ella quería, yo caería rendida a sus pies sin lugar a dudas, quizá por eso establecí aquel paradigma de guardar distancia con ella, porque en el fondo sabía que si se encontraba lo suficientemente cerca de mí, nada podría detener lo que me provocaba. Pero aquella barrera la había establecido casi sin querer desde el dolor, desde el tener que protegerme, y ahora no sentía que debiera protegerme de nada. Las dos hacíamos aquello porque lo deseábamos, las dos habíamos hablado todo y puesto nombre a nuestros temores y deseos. No tenía por qué detener aquello ni luchar contra ello porque no, no me hacía sentir mal, sino todo lo contrario.

Así que con esta algarabía de pensamientos alborotados, con todas las ganas y el deseo del mundo, con toda la ansia, con todo el placer que ese momento nos estaba proporcionando, Alba acabó por correrse entre mis dedos, nuevamente, y yo volví a deshacerme sobre su culo, después de apartar desesperada la tela que me separaba de ella para sentirla más íntimamente, lo suficiente como para correrme sobre ella, otra vez.

Continue Reading

You'll Also Like

16.4K 1.1K 4
Natalia y Alba siempre han sido la pareja perfecta a ojos de los demás. Quizá tenga que ver con el hecho de que llevan más de cinco años juntas o con...
142K 7.5K 26
Alba Reche, por una decisión repentina, termina en Madrid trabajando en una de las mansiones más adineradas de la ciudad. Lo que no sabía era que co...
86.1K 6.9K 34
Alba Reche es una mujer que tiene un plan a largo plazo, conseguir el trabajo perfecto en una de las agencias de publicidad más importantes del país...
248K 14.4K 45
La vida de Natalia dio un giro de ciento ochenta grados el día que un accidente de coche le arrebató el sentid de la vista, ahora adaptaba a su nueva...
Wattpad App - Unlock exclusive features