//Mientras...//
Mientras sus amigos estaban en la fiesta de bienvenida a Katia, más bien Narnia, ellos estaban en el avión, sentados juntos, cada uno a su "rollo."
Los últimos días en Alemania no se habían dirigido palabra, ya que Jane cuando Jason habría la boca le daba la espalda.
En parte ni se acordaba de por qué estaba enfadada, pero, no podía hablarle ella, a la próxima que él le dirigiese la palabra le callaría a besos.
Le daba pena irse de Alemania y no haber disfrutado los últimos días.
Volvió a la Tierra entre sus pensamientos y miró hacia Jason que estaba a su izquierda, el cual miraba hacia el principio del avión donde estaba la azafata explicando el proceso de huída por si hay algún problema en el avión.
Esta miró su mano, allí faltaba su anillo, su precioso anillo.
-Jane.- dijo Jason mirando al frente pausando. -Yo te quiero.- se tocó la cabeza. -Siento haberte hecho enfadar, no era mi intención.- apoyó el brazo en el reposa manos sobre la de ella, acariciandola.
Jane ante eso solo pudo sonreír y sentirse afortunada. Es verdad que Jason la hizo enfadar, pero no siempre pueden haber sólo cosas malas, aunque ella siempre pensaba que lo mejor de sus peleas era la reconciliación.
Tras un corto beso le puso el anillo en su sitio del principio.
//En la fiesta.//
Tras unas horas comenzó a venir la gente, la casa se llenó tanto que llegó a ser un agobio, aunque en parte era divertido, nuestros amigos se lo pasaban bien, bailaban, hablaban, conocían a nueva gente, John y yo estábamos junto a Lau y Robert sentados en un sofá que había al lado de la mesa de comida.
Hacían una pareja preciosa, aunque si es verdad que él se distraía mucho, pero se notaba que se querían mucho, a pesar de que él fuese un año menor que ella, por eso la llamábamos "la pederasta."
-Te quiero, rubia.- le susurró al oído robándole un beso.
Ella sonrió mientras le daba ese beso.
La pobre andaba media piripi, como la mitad de la gente de allí.
-John, dentro de un rato nos vamos ¿No?- apreté su mano la cual agarraba para que me mirase.
-Sí, vámonos ya, me voy a despedir de los chicos.- se levantó y me dio un corto beso en la mejilla.
Tras eso fue hacia el centro de la fiesta y desapareció entre la gente.
-A ver, ¿Quieres que te dé consejos para cuando tú y él... Ya sabes?- dijo Lau dando un salto sentándose a mi lado.
-Yo mejor me voy que esto tiene pinta a conversación de chicas.- Robert acarició un mechón rubio de Lau y se levantó yendo junto a sus amigos, Zeus y Sam, que estaban al lado de la puerta que daba a la parte de la piscina.
Me senté de lado poniéndome en frente de ella. -Ya sé cómo hacerlo, lleváis toda la semana dándome la chapa.- le enseñé la lengua.
-Aaaaaay, amore, tranquilaaa, no te estreses.- se abalanzó sobre mí abrazandome.
Os he dicho ya que mis amigas están súper locas ¿verdad? Aunque cada una tiene su propia locura. Y siempre las recordaría por esa singularidad.
Me sentía rara, estaba muy feliz, nunca sentí tanta felicidad junta en mi interior, era como que.. Todo era bonito, nada podía fastidiar esa noche, una noche genial al lado de mis amigos, que son mi segunda familia, y junto a mi pareja, que poco a poco se iba volviendo lo más importante en mi vida hasta un punto limitado en el que estar lejos de él me dolía. Dulces sentimientos que tenía ganas de saborear una y otra vez.
Tras despedirme de mis amigos, cogimos un taxi, aún me acuerdo cómo fue todo, desde fuera se seguía escuchando la música, había gente que entraba y salía constantemente de la casa.
Entramos John y yo primeros y esperamos allí unos pocos segundos a David, con el cual iríamos, ya que así nos costaría menos el taxi,(Pero en parte estaba cansado de ver a Pau liarse con ese tío que medía como dos metros. De dónde habrá salido ese gigante. Se preguntaba una y otra ve extrañado.)
John me acariciaba la mano con la yema de sus dedos en forma de círculos mientras yo apoyaba mi cabeza en su cuello, o al menos lo intentaba, diciéndole al oído alguna que otra tontería por la cual reía de nervios no porque fuese graciosa.
El taxista, un hombre mayor con canas y gafas de acento mexicano nos preguntaba alguna que otra cosa sobre el origen de la fiesta, un hombre muy agradable.
A mitad de camino se quedó David, y en la puerta de su casa estaba el padre, que daba miedo, mientras le peleaba, pero nosotros, o al menos yo no entendía nada porque hablaban en inglés y yo soy muy lerda en eso, bueno, en eso y en todo.
Pero eso nos daba igual, en parte, estábamos como en una burbuja, yo solo me fijaba en su manera de mirarme, e intentaba oír los latidos de su corazón, a ver si iban tan acelerados como el mío.
Tras llegar cerca de mi casa, pagué al taxista y nos despedimos amablemente, fuimos todo el camino hacia allí cogidos de la mano, sin hablar apenas, esa noche era una noche genial, no hacía no frío, ni calor, ni viento, el cielo estaba despejado y se podía ver a la perfección las estrellas.
Aún recuerdo la calidez de la palma de su mano. ¿Cómo se me iba a olvidar la mejor sensación del mundo?
Entramos en la parte baja de mi casa, una especie de apartamento que solíamos alquilar en verano, pero que actualmente estaba deshabitado.
Me acuerdo de que el día anterior estuve toda la tarde limpiando, pasando la escoba, y el plumero, haciendo la cama con sabanas limpias y lavando todo, para que su corta estancia de una noche fuese perfecta.
-Voy a cambiarme.-dije encendiendo la luz de la habitación, cogiendo la maleta y metiéndome en el baño.
Lo que hice tras cerrar la puerta fue cambiar totalmente de acción, me puse a correr como una loca de un lado a otro, quitándome la ropa, poniéndome braguitas cómodas, lavandome los dientes, poniéndome el pijama, haciendo pis, y todo a la vez.
Tenía que estar más que perfecta, y que me viese sexy; como decían las chifletas de Jane y Lau.
Salí del baño apagando la luz y entrando en la habitación.
Él ya tenía el pijama, era sencillo, una camisa de manga corta y unos pantalones cortos
Bueno, yo le veía igual de guapo que siempre.
Vaya, hizo lo mismo que yo en menos tiempo y quedó mejor, increíble. Ser mujer es un coñazo, lo tengo comprobado.
-Ya estoy.- susurré para que me mirase porque estaba ocupado colocando la maleta en una esquina de la habitación.
Me acosté en la cama tapandome con la manta, ya que hacía un frío... Cómo decirlo... De cojones.
Él me miró riendo y se colocó la camisa bien sentándose en la cama mientras me acariciaba el pelo.
Estaba feliz, aunque muy nervioso, durante toda la semana sus amigos le habían estado dando el coñazo con el tema del sexo, ya que era virgen, y le estaban diciendo muchos consejos sexuales, y le agobiaban un poco.
Quería hacerlo, pero sólo si ella quería, y sino, la esperaría el tiempo que hiciese falta.
-Bueno, buenas noches.- Saqué la cabeza de debajo de las mantas y le di un beso en los labios dandole luego la espalda.
-Nooo.- susurró con voz débil abrazandose a su espalda mientras besaba su cuello.
Sus amigos le habían comentado que eso era excitante para ellas.
Me di la vuelta y le di cortos besos en los labios, él estiró la mano apagando la luz, mientras se ponía más cerca de mí, acariciando mi mejilla mientras la llevaba hasta el cuello.
Tras besos, abrazos, risas y tonterías variadas tan nuestras, llegaron la caricias, los fuertes gemidos, la excitación de los dos en una sola habitación en esa noche tan especial y que se hizo tan amena y corta, una noche especial, la más especial de nuestras vidas. Esa noche llegamos al cielo sin salir de nuestro cuarto.
-¿Siempre juntos?-
-Sin duda.
Fueron nuestras ultimas palabras antes de quedarnos dormidos aquella bonita noche.
//Mientras en la fiesta.//
Cris estaba sentada junto a Coraline, la cual estaba borracha acostada en el sofá con la cabeza en sus piernas.
Había decidido quedar con Sein pero él llegaba tarde y tenía que irse a su casa en menos de una hora.
Creía que esa fiesta sería divertida, pero tuvo que quedar cuidando de su amiga, la cual estaba deprimida se hartó a beber porque un chico le hizo daño o algo así, no lo entendió muy bien, y como que ebria no estaba para contar nada.
Ella solo quería ver a Sein, ¿Era mucho pedir? Desde que lo dejaron no es la misma...
Le quiere, y realmente se muere de ganas por recuperarle, cambiar, demostrarle que le quiere no solo por palabras. Finalmente se dio cuenta de que sus amigas tenían razón, se dio cuenta de cuánto lo quería cuando ya no estaba a su lado, ¿Cómo lo humanos pueden ser tan tontos? ¿Cómo puedes valorar algo cuando ya no lo tienes? Es lo peor que le puede pasar a alguien. Esa impotencia en el pecho te quita las ganas de todo.
Al día siguiente llamaría a Sein, estaba segura de que quería tenerle a su lado. Le daba miedo volver a cagarla, pero estaba segura al cien por cien que aprovecharía esa oportunidad tan valiosa que a lo mejor recibiría.
Se levantó y le puso un cojín a Caroline en la cabeza yendo a ver cómo iba la fiesta.
En el centro de la pista estaba Narnia bailando junto a James, con un tabaco en la mano, no era de extrañar.
James estaba junto a Dori en la barra, mientras tenían una agradable charla, aunque para James todas sus charlas con Dori eran geniales, tenían tanto en común y le parecía una gran persona.
En la piscina estaba Lau junto a Robert, su primer rato a solas como pareja, estaban abrazados, a lo koala, como solía decir Pau, que por cierto, a saber dónde estaba esa metida.
Era un momento especial, su momento a solas, el cual había deseado durante tantos años.
-Te quiero, enano.-
-Y yo, rubia.- acarició su espalda.
Sus ojos estaban encontrados, y en ese momento es como si fuesen solo uno.