Louis le dirigió una mirada interrogante.
— ¿Qué diablos hacemos aquí?
— Buscamos un lugar seguro en el que puedas instalarte — respondió Harry con tranquilidad, y se puso en marcha.
— ¿Pero qué mierda? Espera un momento — le tironeo de la chaqueta —. ¡No puedo quedarme ahí contigo!
Harry se detuvo y lanzo un suspiro. Sabía que aquel momento llegaría. Se armo de paciencia y lo miro a los ojos. Esperaba que Louis comprendiera el porqué de aquella situación.
— Es perfecto, nadie podrá imaginarse jamás que tu estas aquí; es precisamente lo que necesitamos.
Louis sabía que los argumentos que le estaba dando Harry eran validos, pero en su cabeza no lograba concebir que Harry pudiera llegar a convivir bajo el mismo techo: mucho menos después de lo que había sucedido en la habitación de su casa. Era simple, no podía aceptar.
— No puedo, no puedo vivir aquí contigo — dijo Louis por fin.
— ¿Por qué no? — pregunto Harry mientras dejaba la maleta en el suelo —. Es un lugar que no llama mucho la atención, hay suficiente espacio para que podamos convivir sin ningún problema y, además, a Sam le encantara tenerte de compañía.
Louis frunció el ceño.
— ¿Sam? ¿Quién es él?
— Si, ya lo conocerás — dijo y sonrió de oreja a oreja —. Subamos y discutimos el asunto mientras comemos algo. No se tu, pero yo vengo hambriento.
Volvió a recoger la maleta y comenzó a caminar hacia la entrada del edificio mientras Louis continuaba de pie en el mismo lugar. Aquello no podía estar sucediendo, debía hallar una solución y marcharse cuanto antes.
— ¿Piensas quedarte ahí mucho tiempo? — le pregunto Harry mientras entraba.
Louis se cruzo de brazos para contrarrestar la rabia que estaba sintiendo. Había aceptado ayudarle y dejar que le buscara un lugar donde quedarse por su propia seguridad, pero nunca había esperado que Harry lo llevara a su casa. Podía haberse quedado atornillado allí hasta que el sol le caiga directamente sobre su cabeza terminando por hacerlo y demostrarle así que no estaba de acuerdo con lo que pretendía hacer, sin embargo sospechaba que Harry era capaz de dejarlo allí, sabía que tarde o temprano, acabaría por ceder. Comenzó a avanzar pesadamente hacia él cuando lo alcanzo junto a la puerta Harry se mordió el labio inferior para contener la risa.
— Que bueno que hayas comprendido lo que es mejor para ti.
Cuando Louis lo miro, sus ojos zafiros despedían chispas de cólera.
— Todavía no está dicha la última palabra Harry — respondió Louis secamente.
Caminaron hasta un montacargas enorme que funcionaba como ascensor, Louis entro y se recostó contra la pared en el lado opuesto a Harry. Tenía la vista clavada en el techo y evito temer contacto visual con Harry en todo momento. Segundos después, el ascensor se tuvo y Harry salió primero. Louis echo un vistazo al pasillo, aquel lugar parecía demasiado solitario.
— ¿Hay otras personas aparte de ti y del tal Sam? — pregunto mientras caminaba detrás de él.
— Solo hay cuatros lofts en el edificio y solo tres están habitados. Te van a encantar mis vecinos. — Se detuvo y le señalo una de las dos puertas que había en aquel pasillo —. Allí viven Mónica y Jessie, con la pequeña Priscila; en el tercer piso, viven el señor y la señora McKey y sus cinco gatos. Ya iras conociéndolos a todos.
Según sus palabras Harry esperaba realmente que aceptara quedarse en aquel lugar. Sería mejor hablar en serio con él y hacerle entender que aquello no era más que una maldita locura.
Llegaron hasta la puerta que estaba al final del pasillo y Louis supo que, detrás, se encontraba el mundo privado de Harry Styles, un mundo al que no estaba seguro de querer entrar y, mucho menos, conocer.
Harry entro y arrojo las llaves dentro de una vasija de barro que descansaba sobre una mesita de mimbre.
— Bienvenido a mi hogar Louis. — Extendió sus brazos y lo invito a pasar.
Louis se pregunto a cuantas personas habría llevado a aquel lugar y les habría dicho lo mismo. Con seguridad la detective Rachel Parker había tenido el honor de conocer la casa también.
Louis se sorprendió gratamente cuando puso el primer pie dentro del lugar. No era una vivienda tradicional sino un enorme loft con paredes revestidas en ladrillo rustico que imitaban la fachada externa del edificio. Unas columnas de hormigón, distribuidas de forma simétrica, parecían sostener el techo. Todo estaba ubicado en un solo ambiente. El salón comedor y la cocina estaban separados de lo que, supuso seria la habitación principal, por una puerta corredera de madera. Un gran ventanal daba a una terraza completamente cubierta donde Louis distinguió unos cuantos aparatos de gimnasia.
El salón apenas estaba amueblado, había un enorme juego de sofás color azul, adornado con almohadones de gobelino, y la misa de centro era un baúl bajo de cuero color peltre. A un costado una estantería de madera de dos puertas sostenía una enorme pantalla de televisión.
Enfrente había una mesa de billar donde las bolas de marfil estaban esparcidas sobre el paño verde y gastado, como esperando una partida pendiente. Dos de los muros estaban cubiertos por posters de viejas películas de ciencia ficción y terror.
— ¿Te gusta? — por la expresión de fascinación en el rostro de Louis sabía de antemano cual sería su respuesta.
Louis camino por el salón y salió a la terraza. Harry corrió detrás de él y se dejo contagiar por su entusiasmo, parecía que no le iba a costar tanto convencerlo, después de todo.
Además de los aparatos de gimnasia y las pesas, había un juego de mesa y sillas de madera y macetones de terracota con flores de diversas variedades al pie del balcón. Se dirigió hacia el mirador y a pesar de no estar demasiado a su altura, la vista desde allí era maravillosa. Se podía ver el centro de Fresno y se imagino la belleza de aquel mismo panorama en una noche de luna llena.
— Todo esto es increíble Harry — en ese momento, todas las excusas que había recopilado en su cabeza para negarse a su loca idea de vivir con Harry se disiparon ante la magnitud y belleza de aquel sitio. Era consciente de que no debía mostrarse tan entusiasmado frente a él, en especial, después de haber protestado y rechazado su propuesta. Pero debía reconocer que no le molestaría pasar unos días en aquel lugar.
— Si, lo es — dijo Harry y apoyo los codos en el balcón —. No lo cambiaria ni por la casa más lujosa del mundo.
Louis distinguió algo que se movía entre las enormes hojas verdes que caían de una de las jardineras. Se inclino y con las manos aparto el follaje para descubrir quien estaba oculto mirándolo con sus enormes ojos pardos. Un labrador, con el hocico ancho y respingón, se asomo con timidez.
— Hey, hola amigo — le acaricio la cabeza al perro que parecía estar complacido con sus mimos —. ¿Cómo se llama? — quiso saber.
— Te presento oficialmente a Sam, el verdadero dueño de este lugar —. Louis sonrió.
— Entonces este es el famoso Sam — comento Louis mientras rascaba la barbilla al labrador.
— Pues sí, parece un chico agradable cuando acabas de conocerlo pero, créeme, puede convertirse en un verdadero fastidio — bromeo.
— Yo no lo creo. — lo miro con suspicacia —. ¿Sabes lo que dicen, no? Los perros siempre terminan pareciéndose a sus dueños.
Harry frunció el ceño. — Si buscas ofenderme, lo has logrado. — Louis sonrió.
— No seas tonto Harry. — Volvió a dirigir toda su atención a Sam, que se empeñaba en lamer la mano de Louis como si fuera un delicioso hueso.
— ¡Sam, compórtate! — le advirtió Harry, alzo la mano y le apunto con el dedo.
— Déjalo, no me molesta. — Le acaricio el lomo salpicado por dos manchas marrones y Sam se arrojo al suelo.
— Lo has conquistado realmente — Aquello no era habitual. Sam siempre había sido un tanto receloso a la hora de recibir visitas; sobre todo de personas desconocidas —. No tiende a ser tan cariñoso con los extraños, en especial con el género femenino, no sé porque tan celoso cuando traigo mujeres a casa.
Louis intento ignorar su comentario pero si Sam hubiese podido hablar le habría preguntando cuantas mujeres y hombres habían pasado por allí antes de que el llegara.
— Tengo una conexión especial con los animales. — Su voz se torno melancólica de repente.
Harry sabia que el recuerdo de haber visto la cabeza de su gato no le sería fácil de olvidar; tal vez, Sam y sus lengüetazos lograran animarlo.
— ¿Te imaginaras porque lo llame Sam no?
— Creo que sí, ¿eres fanático del cine de terror?
— No, no. Clásicos de terror y ciencia ficción — lo corrigió.
— Ok, no es difícil concluir que lo llamaste así debido a Sam.M Karloff.
— El gran Sam.M Karloff — lo volvió a corregir —. Supongo que habrás visto algunas de sus películas. — Louis negó con la cabeza.
— Eso tiene arreglo, tengo una colección completa de películas del género.
— Suena interesante — no supo que mas decir, pues las películas de terror no eran sus favoritas, prefería una buena comedia o alguna película de época.
— No te veo muy entusiasmado con la idea. — Sus labios se curvaron en una sonrisa.
— Me encantaría ver alguna de tus películas — mintió.
— No te creo, pero no importa.
Sam lentamente se fue quedando dormido mientras Louis le rascaba la barriga con suaves movimientos circulares.
— Así cualquiera se relaja — dijo Harry mientras observaba como los dedos de Louis acariciaban la barriga prominente de su perro.
— Dejémoslo que duerma, al parecer está cansado.
— Si, de romper todo lo que encuentras a su paso.
— Es un perro y los perros suelen hacerlo, sobre todo para llamar la atención de sus dueños — le explico Louis mientras bajaba la voz.
— Entonces quisiera saber cuál es su secreto para haber obtenido atención tuya casi de inmediato — Harry también había bajado la voz y sonaba más grave de lo habitual. Un escalofrió bajo por la espalda de Louis.
Recordó las palabras de Liam cuando le dijo lo sensual que era su voz, y debía reconocer que su amigo, a pesar de todo, tenía razón. Harry noto que su comentario lo había perturbado.
— Entremos, así conocemos el resto — le sugirió.
Louis asintió y entraron al interior.
La siguiente parada era la cocina. Era pequeña, pero con el mobiliario necesario. En el centro, había una encimera con cajones y puertas a ambos lados; dos taburetes de madera la rodeaban. De la pared colgaban tres armarios con laminado plástico blanco con detalles de caoba.
— La decore yo mismo, y no solo la cocina. — Inconscientemente lo tomo de la mano —. Ven.
Louis se dejo llevar sin oponerse. Se detuvieron frente a la puerta corredera que Harry abrió en un santiamén. Como Louis había adivinado, aquella era su habitación y el estaba invitándolo a conocerla. El suelo, a diferencia del resto del lugar que era de linóleo color ocre, era de madera de navío restauradora. Un armario con espejo biselado de estilo ingles descansaba junto a otra puerta que daba al cuarto de baño. La cama estaba rodeada con un dosel de bronce, y una manta color índigo combinaba a la perfección con las paredes empapeladas en azul celeste; una gran butaca descansaba junto a la ventana. Le llamo la atención la miniatura de una goleta sobre la mesita de noche.
— ¿Te gusta navegar? — pregunto Louis con curiosidad y Harry asintió.
— Mucho. — Esbozo unan sonrisa —. Tengo mi propio velero — le conto.
— ¿De veras?
— Si, está anclado en la bahía de San Francisco. De vez en cuando me gusta ir hasta allí y navegar en el hasta llegar a la bahía de Suisun.
— Suena relajante.
— Lo es. — Metió ambas manos en los bolsillos de sus pantalones —. Me gustaría llevarte a dar un paseo algún día.
Lo dijo sin pensarlo, sin detenerse a considerar las consecuencias de aquel ofrecimiento, solo quería que Louis pudiera experimentar la misma paz que él sentía cada vez que se internaba en el océano a bordo de su barco.
Louis no dijo nada, apenas le devolvió la sonrisa. La idea de salir a navegar con Harry sonaba excitante pero no estaba dispuesto a enfrentar el peligro que representaría estar a solas con él en alta mar. Louis echo un nuevo vistazo a la cama. Al parecer era la única en el lugar y no entendía como Harry pretendía que el durmiera allí.
Era su habitación, su cama, su espacio, y Louis no quería invadir su intimidad.
— Dormiré en el sofá — afirmo Louis rápidamente.
— No lo creo Louis, tú dormirás en mi cama y yo usare este sofá.
— Harry, no tienes porque hacer eso, puedo perfectamente dormir en el salón.
— Si quieres compartir el sofá conmigo, no voy a poner ninguna objeción, pero creo que estaríamos más cómodos si tu duermes aquí. — Mantuvo una expresión grave pero había una chispa de risa en sus ojos.
Louis se sonrojo e intento fruncir el ceño, sin embargo, una sonrisa al fin, se abrió paso en sus labios.
— Creo que tienes razón pero todavía estas a tiempo de arrepentirte Harry.
— Buscare tu maleta para que acomodes tus cosas.
Cuando salió aprovecho para echar un vistazo al cuarto de baño. Las paredes estaban completamente cubiertas de azulejos blancos estampados con motivos marinos. El conjunto de sanitarios eran de una tonalidad azulada, al igual que la bañera que yacía recostada en un rincón, rodeada por una cortina de plástico. Salió cuando escucho a Harry entrar a la habitación.
— Aquí tienes. — Coloco la maleta sobre la cama.
— Gracias.
— Acabo de pedir una pizza — le aviso —. Supongo que debes estar hambriento.
Comer ocupaba en ese instante el último lugar en su lista de prioridades a pesar de no haber probado bocado en lo iba de día. Lo que más deseaba era darse un baño y relajarse un buen rato.
— En realidad no tengo hambre, tengo el estomago cerrado.
— Son los nervios.
Louis asintió, tenía razón en lo que decía aunque sabía muy bien que se debía a algo más, y ese algo tenía que ver precisamente con él.
— Me gustaría darme un baño y recostarme un rato — dijo Louis mientras esperaba que Harry saliera de la habitación y lo dejara solo.
— Por supuesto — respondió Harry sin moverse.
Louis se cruzo de brazos. — ¿No deberías esperar al repartidos de pizzas en otro sitio?
Harry lo miraba fijamente, el color de sus ojos se había vuelto más intenso. Louis sintió que la garganta se le secaba.
— ¿Podrías salir, por favor?
— Claro, por supuesto. Lo siento. — Estaba actuando como un tonto —. Siéntete como en tu casa, te guardare un par de porciones — le dijo y cerró la puerta tras él.
Ya solo, Louis se dejo caer sobre la cama y suspiro. Cerró los ojos en un intento por calmarse un poco. ¿Qué estaba haciendo allí, en la habitación de Harry y recostado en su cama? Levanto los parpados y observo los cuatro delgados postes de bronce que se erguían alrededor del lecho. Le parecía estar en otra época, y aquella cama perfectamente podría pertenecer a algún rey europeo. Se rio de sus propios pensamientos y de lo soñador que solía ser a veces. Se levanto de un salto y preparo la bañera, regreso a su habitación y comenzó a quitarse la ropa.
Mientras tanto, en la cocina, Harry se estaba comiendo una porción de pizza de pepperoni acompañado por Sam. Habría preferido compartir aquel almuerzo improvisado con Louis pero comprendía que lo que más necesitaba el era descansar. La imagen de Louis durmiendo en su cama lo estremeció.
No sabía cómo haría para ignorar lo que Louis despertaba en el al tenerlo tan peligrosamente cerca, pero tenía bien claro en su cabeza que no podía involucrarse con Louis de ninguna manera. Debía mantener su objetividad y pensar en el solo como testigo potencial del caso en el que estaba trabajando y que debía resolver por el bien de tanta gente. Le dio un pedazo de pizza a Sam y guardo el resto en el horno porque, con seguridad, Louis se despertaría con hambre luego.
Tenía que volver a la comisaria, no había hablado con Rachel después de la discusión y quería ponerse al tanto de los resultados de las investigaciones en casa de Louis.
Fue hasta la sala y busco la chaqueta. La puerta de su habitación estaba como él la había dejado. No supo porque, pero camino hasta ella y apoyo la cabeza contra la madera. No se escuchaba nada, con seguridad, Louis ya estaría dormido. Apretó la manilla. Lo que estaba a punto de hacer no era lo más prudente, pero necesitaba verlo si o si antes de marcharse. Corrió con cuidado la puerta y lo observo allí.
Louis dormía tranquilamente, su rostro se veía apacible y su cabello todavía estaba algo mojado. Se había cubierto solo con las sabanas y la manta estaba a los pies de la cama. Estaba con el torso desnudo durmiendo pacíficamente hacia abajo, dejando ver su espalda ancha totalmente bronceada y ambos brazos descasaban encima de la almohada. Se quedo observando cómo su espalda subía y bajaba al ritmo de su respiración. De pronto, Louis se movió inquieto y entonces Harry se percato de lo que estaba haciendo y cerró la puerta sin hacer el menor ruido. Camino a toda prisa hacia la cocina, busco un lápiz y un papel para dejarle una nota, la dejo sobre la mesa y salió.
En el pasillo, se cruzo con Mónica y Jessie Barton.
— Hola, Harry. ¿Cómo estás? — saludo el joven matrimonio.
— Estoy bien. Discúlpenme pero llevo prisa. — La puerta del montacargas se abrió —. Mándenle un beso de mi parte a la pequeña Priscila de mi parte.
— Lo haremos — respondió Jessie —. ¿Por qué no vienes a cenar esta noche?
— Se los agradezco, pero no puedo. — Les dedico una sonrisa amable.
— No deberías trabajar tanto — dijo Mónica con el ceño fruncido.
— Ya me conoces, Mónica — respondió Harry y se encogió de hombros mientras la puerta del montacargas se cerraba.
Unos extraños arañazos en la puerta lo despertaron. Por un momento no recordó donde se encontraba y se asusto. Luego cuando reconoció la habitación comenzó a calmarse.
Apretó el rostro contra la almohada. Aun conservaba el perfume de Harry, se incorporo y observo la hora. Su reloj de pulsera le indico que eran ya las tres de la tarde y por lo tanto había dormido más de dos horas. Miro hacia la puerta cerrada, parecía que alguien quería derribarla. Volvió a alarmarse, pero cuando escuchó los gimoteos de Sam del otro lado se levanto de inmediato y fue en su busca.
Apenas abrió la puerta, el perro se abalanzo sobre Louis buscando sus manos.
— Hola, Sam. — le apretó los mofletes y a él pareció no molestarle en absoluto. — Es bueno verte.
Luego el labrador corrió y se metió debajo de la cama. Lo escuchó revolcarse sobre el suelo de madera.
— ¿Qué haces ahí?
Louis se arrodillo y se agacho para poder ver mejor. Sam estaba mordiendo una vieja toalla hecha jirones.
— ¡Eres un chico malo, Sam! — lo reprendió divertido mientras movía la mano.
Sam dejo de morder y lo miro con sus expresivos ojos pardos. Parecía que no era la primera vez que escuchaba aquellas palabras.
Se arrastro hacia Louis y dejo los jirones a un lado.
— No debería hacerte mimos — le dijo Louis con una seriedad que se esfumo cuando Sam comenzó a lamerle el rostro.
— ¡Para! — la lengua húmeda le hacía cosquillas —. ¡Que te quedes quieto, Sam! ¡Esto no es gracioso!
No tuvo más remedio que tirarse al suelo y jugar un rato con la mascota. Cuando Sam, finalmente desistió de Louis y regreso bajo la cama, Louis noto que había algo además de la toalla hecha jirones, allí debajo.
— ¿Qué tienes ahí, Sam?
Estiro el brazo, y su mano rozo una delicada tela, seda o algo parecido. Por fin, logro sacarla y descubrir de qué se trataba.
— ¡Vaya, vaya! — Lo que Louis había hallado era un sujetador de seda color negro y adornado con encaje. Estaba sucio, pero seguía casi intacto. Con la prensa en la mano no supo qué hacer.
Seguramente, alguna de las amantes de Harry lo había olvidado allí. Pensó que, tal vez, pertenecía a su compañera. Podía imaginarse el motivo de la discusión que habían tenido Harry y la detective Parker aquella mañana. Lo más probable era que él hubiese comunicado sus intenciones de llevarlo a su loft, y por supuesto, eso había enfurecido a la detective.
Se puso de pie, se dirigió al cuarto de baño y arrojo el sujetador en la cesta de la ropa. No era asunto suyo; sin embargo, le molestaba haberlo encontrado debajo de la cama de Harry. ¿Cómo haría Harry para llevar gente estando el allí? Tal vez su vida amorosa se vería reducida por su culpa. No lo lamentaba del todo; después de todo la idea de ofrecerle su casa había sido de él.
Regreso a la habitación pero ya no había señales de Sam. Saco algo de ropa de la maleta y se decidió por unos vaqueros oscuros y una camisa blanca. Se había despertado hambriento y los ruidos en su estomago solo podían aplacarse con algo de comida. Se acomodo el cabello hacia arriba y abandono la habitación.
El lugar estaba en completo silencio y Harry no estaba por ningún lado. Debía haberse marchado mientras el dormía. Echo un vistazo a la terraza y descubrió a Sam jugando con un hueso de goma encima de una de las banquetas que acompañaban a los complementos de gimnasia.
Entro a la cocina y vio la nota de inmediato. La saco y la leyó.
“Louis, te he dejado la pizza en el horno. Dispone de todo como si fuera tuyo. Regreso más tarde, Harry.”
Louis hizo una bola con el papel y lo tiro en el cesto de la basura.
Abrió el horno y saco la caja de la pizza. La coloco sobre la encimera que servía también de mesa y prefirió servirse un refresco antes que abrir una de las latas de cerveza que había visto. Se llevo un pedazo de pizza a la boca. Estaba fría pero no le importo. Encendió la radio y busco la emisora de música más popular de Fresno, era la que siempre escuchaba. La melodía de una canción bastante melosa resonó en la cocina; al menos la música le haría algo de compañía. La locutora de turno, de voz estridente, dio unos cuantos comerciales y luego dio paso al conductor de aquel programa vespertino.
Se llamaba Bob y se notaba que sabía hacer bien su trabajo. Los oyentes comenzaron a llamar a la estación para pedir sus temas preferidos. Louis canturreo las canciones que conocía y Sam regreso, curioso, a la cocina.
Louis le dio otro pedazo de pizza y termino de beberse su refresco. El tema que estaban transmitiendo termino y el locutor anuncio que tenían una dedicatoria muy especial.
— Nos ha llamado un caballero que prefiere quedarse en el anonimato y mantener así el misterio, para dedicar una canción a una persona muy espacial para él. Me pidió recitar una parte del tema que escucharemos a continuación. Dice así: “Te enviare nomeolvides para ayudarte a recordar.” La canción es del año 1982; se titula Recuérdame y la interprete es Patrice Rushen. Boo Bear, quien quiera que seas, tu eres alguien afortunado, y este tema va dedicado a ti.
Louis se quedo quieto, su cuerpo pareció paralizarse por completo, casi in atreverse a respirar. Sintió una punzada de dolor aguda en la cabeza. Esa misma canción ya la había oído antes. Le era extrañamente familiar. El dolor de cabeza se hizo más persistente y tuvo que sentarse en uno de los taburetes para no caerse. Poco a poco la melodía fue acabando y con ella cada nota que parecía perforar su cerebro. Sin embargo, la sensación que le había provocado se negaba a abandonarlo.
Nuevo capitulo, bueno solo les quiero agradecer por las mil leidas que tiene el fic, para mucho tal vez sean pocos pero para mi es muchisimo, asi que gracias enserio.
Espero que les guste, nos vemos pronto :)