Desperté con un dolor de cabeza tremendo. Abrí mis ojos lentamente y empecé a sentir un vacío en mi garganta al ver que no conocía nada de este sitio. ¿Dónde estoy?
Estaba tendida sobre una cama con las manos atadas a la cabecera. No sé cuánto tiempo estuve así pero sentía un gran dolor en mis muñecas.
No me taparon la boca, lo que quiere decir que puedo gritar y pedir ayuda en cualquier momento pero no lo pienso hacer. Ningún imbécil dejaría destapada la boca de su víctima sin razones.
Intenté sacudirme en la cama para aflojar la cuerda que ataban mis manos pero todo el esfuerzo fue en vano. El que hizo el nudo, supo hacerlo muy bien.
Miré alrededor de la cama por si hay algo que me sirva de ayuda pero nada.
Pasaron un par de minutos intentando desatar mis manos hasta que unas voces se escucharon detrás de la puerta. Intenté hacer lo mismo que la vez pasada, fingir que estoy dormida.
Oí cómo la puerta se abre y unos pasos acercándose cada vez más a mí.
—Sigue inconsciente.—Habla uno de ellos.
—No me importa. Despiértala.—Esta vez habló otro hombre cuya voz me hizo estremecer un poco.
¿Y ahora qué hago?
Intenté quedarme quieta y no mover los ojos para que no se dieran cuenta de que estaba despierta pero acto después un chorro de agua cayó sobre mi rostro entrecortándome la respiración y haciéndome toser varias veces.
—¿Qué demonios hacéis? Casi me ahogo. —grito cuando ya me recuperé un poco.
Uno de ellos se me acerca y me coge del pelo sujetándolo muy fuerte.
—Que sea la última vez que nos gritas. —Amenaza.
Empiezo a tener más miedo que antes. Mis piernas al igual que el resto del cuerpo estaban temblando y el vacío de mi garganta seguía estando presente. Todavía me tenía agarrada del pelo, lo que me provocó un dolor inmenso.
—Por favor...pa...ra. Me está doliendo. —Intento decir como pude entre sollozos, pero, al parecer, lo provoqué más ya que tiró más fuerte aún.
—¿Ahora también das órdenes? Uy, esto no me está gustando.—Mira a su compañero—Tenemos que enseñarla a hablar Rick.—dice con una media sonrisa.
¿Qué pasa?
Veo como el otro hombre, que dí a entender que se llamaba Rick, busca entre sus bolsillos hasta encontrar una navaja.
Una navaja
Intento gritar pero la mano del capullo que me tira del pelo, me tapa la boca y me impide hacerlo. Intento sacudirme por toda la cama pero no pude. Cada vez que Rick se acercaba, el corazón me latía más y más. Ya está. Éste es mi fin.
—¡Quédate quieta!—Y
tira aún más de mi cabello.
Maldigo en mi mente el día que no escuché a Sara cuando me dijo que me lo cortara ya que llega el verano y me voy a asar de calor con él.
Cuando Rick ya está a mi lado cierro los ojos tan fuerte que se escapan unas cuantas lágrimas de ellos. Los cierro porque sé lo que iba a pasar a continuación. Me van a apuñalar hasta matarme.¿No querían ellos verme muerta? Pues aquí estoy.
No puedo explicar el miedo que tengo en este mismo momento.
Siento mis manos aflojarse. Rick había cortado la cuerda que me ataba las manos. Abro mis ojos llorosos y le miro pero no por mucho tiempo ya que ,el que me sujetaba, me había dado una bofetada.
Me cogió por las manos a la fuerza hasta bajarme de la cama.
Estaba de pie, mirándole con mis ojos llenos de lágrimas.
—Vas a aprender a respetarme perra.
Acto seguido estampa su puño contra mi mejilla izquierda hasta tirarme al suelo. Siento otro golpe en mi tripa. Me había pegado con su pié como si fuera un balón de fútbol.
—Por favor...pa..ra. Me estás haciendo daño.—apenas podía hablar.
—¿Sigues dando órdenes?
Y otro golpe. Y otro. No sabía defenderme pero aún si lo supiera, me era imposible con este monstruo.
—Bro, creo que ya tiene suficiente— esta vez hablaba Rick pero no hizo efecto. Él seguía pegándome hasta sentir mi cuerpo destrozado tanto por fuera como por dentro. Ya sentía la sangre fluir por mi boca.
—Bien, espero que hayas aprendido algo.—Se acerca más a mí—No juegues conmigo, perra. Si es necesario que lo haga de nuevo, lo haré sin pensarlo dos veces. Tú decides.
Se separa de mí dejándome tendida en el suelo casi muerta. Creo que en este momento preferiría estar muerta.
Me miran por un segundo hasta salir de la habitación.
Intento ponerme de pie, pero cualquier movimiento que hacía, sentía mucho dolor.
Creo que no pasaron ni diez minutos y la puerta se abre de nuevo.
—¡Avanza!—Grita el hombre que me había pegado minutos antes.
No quería que me pegara otra vez así que intenté ponerme de pie aún con todo el dolor que sentía. Caí un par de veces pero en un final lo logré.
Salimos de aquella habitación y andamos por un pasillo hasta llegar a otra puerta.
Cuando ésta se abre, no pude creer lo que mis ojos veían. Allí estaba Kim, atada a la silla y golpeada igual que a mí. Se veía horrible.
—Puedes llorar con ella hasta que vuelva—dice de repente.
¿Cómo puede tener alguien un corazón tan malo? ¿Realmente no le importa ver a la gente sufrir?
Intento avanzar hacia Kim pero su mano me detiene en un movimiento brusco.
—Escúchame muy bien—se acerca más—como intentes jugar conmigo, os mataré a las dos.
Dicho esto, sale de la habitación dejándonos solas.
Intento caminar rápido hacia Kim sin importarme los dolores de mi cuerpo y al estar junto a ella, le quito la tela que la impedía hablar.
—Kate..—fue lo primero que dijo.
—Shh, tranquila, no te muevas. Intentaré desatar todo esto ¿si?
Asiente con su cabeza y hace lo que le pido. Primero intenté desatar las cuerdas de la manos. ¡Mierda! Están muy apretadas y yo apenas tenía fuerzas.
Busqué algo por la habitación pero no había nada que me ayude.
—Kate, mira en ese cajón —Kim me señaló con sus ojos el cajón que había en una mesilla al lado de la cama y, al abrirlo encontré una navaja.
¿Qué secuestrador deja una navaja con la víctima? Idiotas.
No pensé más y andé como pude hacia Kim. Corté la cuerda de sus manos y después la de sus piés.
—Gracias.
—No las des. Tenemos que salir de aquí. —dije.
—No podemos. Hay cámaras en cada esquina de esta maldita habitación.
Miré en cada esquina y mierda, tenía razón. ¿Ahora qué?
Joder subconsciente, piensa en algo..
¿Qué demonios quieres? Soy tan idiota como tú. Déjame dormir.
—¿Qué tal si las tapamos? —Dije en un susurro.
—Sería muy arriesgado. Ahora mismo nos estarán vigilando, ¿sabes?
Kim tiene razón. Además, ya me quedó claro que si intentamos jugar con ellos, nos matarán a los dos.
—¿Cómo has llegado hasta aquí? —me preguntó sacándome de mis pensamientos.
—Verás, nos mandaron un vídeo donde estabas, ya sabes, en esta situación e intentamos averiguar dónde te habían escondido.—tomo aire antes de seguir hablando—Con el vídeo, también había una nota que en mayor parte nos ayudó. La nota indicaba que estabas en un lugar llamado Infinite, una fábrica según me contó Karan.
—Y los chicos fueron allí
—¡Exacto! —Espera—¿cómo que fueron allí? ¿No estamos en Infinite?
—¿Te parece esto una fábrica?
Genial. Ahora sí estamos muertas.
La poca esperanza que tenía de que los chicos nos iban a encontrar era mínima, pero existía hasta hace dos segundos.
—¿Y dónde estamos?
—No lo sé Kate. Lo único que sé es que estamos atrapadas en una maldita habitación con cámaras de vigilancia. Y si intentamos escapar, estaremos muertas. Tenlo por seguro.
No pasó mucho tiempo desde que salió el secuestrador y la puerta se abre de nuevo.
Esta vez entra un hombre alto, de unos 30 años con una cicatriz en la cara seguido del hombre que me pegó.
—Éstas son, jefe.
El hombre nos inspeccionó a las dos antes de hablar.
—Haremos un gran trabajo con ellas. Gran trabajo Troy.
Trabajo
—¿Qué queréis de nosotras?—pregunto de inmediato. —por favor déjanos salir de aquí y no diremos nada a nadie. Lo juro.
El "Jefe" se acerca hasta quedar en frente mía.
—Tu debes de ser Katerina
¿Cómo sabe mi nombre?
—¿Realmente crees que soy tan idiota como para dejarte irte?
—Lo siento jefe, al parecer no la hice callar suficiente—esta vez habla el tal Troy, avanzando hasta nosotros—Pero no te preocupes, yo me encargo.
Agarra mi brazo fuertemente pero el "jefe" lo impide.
—¿Te he dado la órden de que lo hagas?— Troy niega con la cabeza mientras me suelta el brazo. —Ya has hecho suficiente. Tiene que gustarles a los clientes.
Clientes..
Dicho esto salen de la habitación dejándonos solas. Miro a Kim por un segundo y desvío la mirada hacia la cama. Ando hasta ella para sentarme. ¿De qué clientes hablan? Tenemos que salir de aquí cuanto antes pero ¿cómo? Además Rayan y los demás piensan que estamos en Infinite así que no nos serán de mucha ayuda.
—Éste era uno de los Hunters—Habla Kim.
La miro de inmediato y sentí como mis lágrimas empapaban toda mi cara. Empecé a temblar cada vez más y cada temblor me provocaba un dolor inexplicable por los golpes que tenía. Mi mente no podía pensar en otra cosa que en la palabra clientes.
Sólo sabía una cosa. Estamos en peligro.