Lo veo hacerme señas para que indicarme que baje por la ventana y es casi imposible no reír ante esa estúpida idea. Sin perder un segundo más, bajo rápidamente las escaleras y cruzo la sala principal. No me detengo a observar si Chad está en el sofá, porque mis pies se mueven tan rápido para poder abrazar al castaño una vez ya estoy afuera.
Su calor corporal me resulta reconfortante y no paso desapercibido la manera tan fuerte en la que me estrecha entre sus brazos. Inhalo su aroma, huele a cigarrillo y loción masculina. Definitivamente, podría acostumbrarme a esto.
Cuando nos separamos del efusivo abrazo, los labios de Alec no dudan en ir a mi encuentro. Sus labios son suaves contra los míos y hacen que mis piernas tiemblen con una leve caricia.
Su lengua busca la mía y una corriente eléctrica desciende por mi espina dorsal. Sus besos consiguen hacerme olvidar lo que acaba de pasar y eso me hace querer no dejar de besarlo. Alec consigue que olvide todo el dolor previo como si de un antídoto se tratara. Todo a mi alrededor parece desaparecer cuando estamos juntos.
Cuando nuestros labios se separan, su pulgar acaricia mi mejilla en una caricia reconfortante que me hace cerrar los ojos.
-¿Cómo es que siempre apareces en los peores momentos?- pregunto con la voz envuelta en un susurro. Abro los ojos y lo encuentro mirándome fascinado.
-¿Era un mal momento?
-Definitivamente.
-¿Quieres que me vaya?
-No.
-Bien, porque no planeaba hacerlo- replica- Te he echado de menos.
Una pequeña risa abandona mis labios.
-Sólo hemos estado cuatro horas sin vernos- anuncio.
-En realidad son cuatro horas, treinta y cinco minutos con-mira el reloj que descansa en su muñeca izquierda-Diez.., once..doce...
Continúa contando los segundos mientras que yo no dudo en estallar a reír en una carcajada sonora.
Probablemente si me hubieran dicho que terminaría enamorándome del chico raro y callado del instituto, les habría dicho que han perdido la cordura. En realidad, nunca pensé que alguien podría llegar a hacerme sentir tan bien como él lo hace. Me hace creer que ha valido la pena cada lágrima que he derramado, cada sollozo que brotó de mis labios y todo para poder llegar a él.
-Está bien, lo entiendo- alzo las manos en señal de rendición cuando he parado de reír.
-Quiero que me acompañes a hacer algo- su voz es ronca y un tanto seductora. Los pensamientos que empiezan a invadir mi cabeza hacen que el calor se agolpe en mis mejillas.
¡Diablos!, ¿qué me pasa?
-La última vez que escuché eso no resultó del todo bien - le recuerdo.
-Esta vez ninguna casa saldrá afectada- se apresura a aclarar.
Lo miro dudosa durante unos minutos antes de asentir. Sé que está lo suficientemente loco de remate, pero es justo eso lo que hace que me guste aún todavía más.
Alec y yo somos tan parecidos y al mismo tiempo tan diferentes que parecemos encajar perfectamente como dos piezas faltantes de un rompecabezas.
Somos perfectamente imperfectos.
[...]
-¿Estás seguro?- pregunto. Esto me parece una mala idea.
¡Una jodida mala idea!
-Si...
-Pero...- empiezo a protestar pero su voz me hace callar.
-Tranquila, las enfermeras y doctores saben, solo que a Kendall le gusta sentir a emoción de la persecución- añade divertido mientras yo le dedico una mirada asesina.
Nos encaminamos hasta la habitación de Kendall en completo silencio. Aún no me cabe en la cabeza como angelitos como ellos estén en situaciones como estas. Alec ya perdió a Evangeline de una forma que lo tortura constantemente, no puedo llegar a imaginar el dolor que le causaría si la vida le arrebata a alguien más.
Aún tenga toda una vida por delante una persona, cuando la muerte toca a tu puerta, no habrá nada que puedas hacer para detenerla. Ella no conoce de razas ni de clases sociales, no respeta edades ni sueños anhelantes. Algunos se van por decisión propia, mientras otros, son arrastrados en el camino para alcanzarla.
Cuando llegamos a la habitación, noto que el cuerpo de Alec se tensa al ver a una mujer con el cabello oscuro sentada al lado de Kendall. Frunzo el ceño y alterno la mirada entre el castaño y la mujer. No me pasa desapercibido el gran parecido que hay entre ella y él.
ALEC
Rabia. Todo lo que siento es rabia en cuanto la veo. ¿Cómo es que tiene las agallas de aparecerse después de todo lo que ha pasado? ¿Cómo es que se atrevió a abandonarnos para luego aparecer como si nada?
-¿Qué haces aquí?- pregunto con voz firme. No soporto verla cerca de Kendall.
-También me alegra verte, hijo- responde Audrey, o como yo solía llamarla "madre".
Miro a la pequeña dormir mientras que todo dentro de mí amenaza con colapsar en cualquier momento. La mano de Mack me da un ligero apretón para evitar perder la poca cordura que me queda. Sé que está evitando que arme todo un escandalo en el hospital, sin embargo, me aparto de ella y me acerco a la mujer que nos permitió vivir un verdadero infierno al marcharse.
-Largo- siseo entre dientes. Estoy haciendo de todo mi autocontrol para no estallar, pero me resulta imposible con ella frente a mí.
-Alec, no creo que quieras hacer una escena con Kendall dormida y la señorita presente- murmura. La manera en la que habla es tan tranquila que me hierve la sangre.
-¡¿Y tú que sabes?! - cuestiono sonando grosero, pero no tengo intención en camuflar lo que siento.
La mujer que tuvo los ovarios de abandonarnos, se levanta y me toma del brazo guiándome lejos. Los ojos de Mack se encuentran con los míos por cuestiones de segundos y sé lo que trata de decirme. Casi puedo hasta escuchar su voz en mi mente diciéndome "Mantén la calma" .
Salimos de la habitación y lo primero que hago es zafarme de su agarre. Sus ojos me miran dolidos por mi acción, pero no digo nada al respecto.
-¿Quieres tranquilizarte?- pregunta.
-¿Tranquilizarme?- cuestiono con ironía- ¡¿Cómo esperas que esté tranquilo cuando te fuiste y nos hiciste pasar canutas con nuestro queridísimo padre?! Ah, no espera...¡Te refieres a que esté tranquilo teniendo en cuenta de que cuando nos abandonaste Evangeline murió, o peor aún, que a los golpes me tocó convertirme en el hombre de la casa para cubrir los gastos de las quimioterapias de Kendall y todo porque el hombre con el que decidiste engendrarnos no hacía un carajo!- exclamo- Ya sabes, es lo más normal que le puede suceder a un adolescente. Pero claro, como tú no viste el cuerpo inerte de Eva, seguro quieres reparar los daños ahora con Kendall y eso te convierte en la madre del año. ¡Pues felicidades madre, lo has hecho de maravillas!- agrego aplaudiendo sin ninguna pizca de emoción en mi rostro.
Mi respiración es acelerada y me he quedado con la garganta seca después de ese pequeño discurso.
-No los abandoné- responde en un hilo de voz.
- Claro que no, sólo se te olvidó regresar- respondo con voz apática.
Audrey trata de llegar a mí lado pero mis pies rápidamente retroceden, haciendo que una sonrisa triste se instala en sus labios.
-Evangeline sabía que hice todo esto por ustedes. Me fui de Londres para poder darles una mejor vida. Conseguí un empleo en una casa de familia en donde no me permitían llevarlos conmigo. Por eso hice lo que hice. Tu mejor que nadie sabes que tu padre me golpeaba sin remordimiento. Temía que un día sus golpes me dejaran inconsciente a tal punto de matarme, no quería tener que dejarlos a la deriva con él- la voz se le quiebra pero no me permito sentir algo.
-¿En serio?- inquiero sin dar crédito a lo que estoy escuchado- ¡Porque eso fue exactamente eso lo que hiciste; te fuiste y nos dejaste a la deriva con él!- me paso las manos por el cabello y camino dando vueltas en el pequeño espacio tratando de despejar las lágrimas que se agolpan en mis ojos- Me la paso en ese taller de mierda para poder pagarle las quimioterapias a Kendall, y tú...- antes de que pueda continuar, me interrumpe.
-¡Yo también las pago!, ¿o es que crees que lo que ganas te es suficiente para todo lo que ella necesita? ¡¿Es que nunca te lo preguntaste?!
Mi mandíbula se tensa. Claro que muchas veces me lo pregunté, pero no contaba con que ella estaría aquí. Muchas veces creí que Jorge me ayudaba con los gastos, ahora veo cuán cegado estaba.
Como no digo nada, ella toma mi silencio como una invitación a seguir hablando.
- No tenía idea de la muerte de Eva hasta que aterrice aquí. El alma se me partió en millones de pedazos al tener que visitarla en el cementerio para comprobar con mis propios ojos que mi hija estaba muerta. Sé que he cometido errores, Alec. No soy perfecta. Me he equivocado mucho, y no me alcanzará la vida para disculparme por haberlos dejado, pero quiero recuperarlos. Sé que es mi culpa que Eva ya no esté con nosotros, por eso quiero recuperarlos.
Sus ojos se han cristalizado y las lágrimas humedecen su rostro. Por más que quiera abrazarla, no lo hago. Sé que tal vez estoy actuando como un crío inmaduro, pero la muerte de Evangeline creó una cicatriz muy profunda en mi alma, y palabras como estas no significan nada en comparación con lo demás.
-Demasiado tarde- empiezo a decir- Porque a mí me perdiste desde el día en que te fuiste.
Me doy vuelta y me apresuro en llegar hasta Mack para tomar su la mano y tirar de ella para salir lo más rápido posible de este hospital. Me consuela el hecho de ver dormir a mi hermana y no tener que darle falsas explicaciones. Lo único que quiero es salir y procesar todo lo que acaba de pasar.
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