Antes que nada, me gustaría que me siguieráis en vine. Estoy empezando a subir #6secondscovers :D
odemaneiro
______________________
Por fin era viernes por la mañana. Me había pasado la semana pensando en lo que haría, cómo haría para que ni Shawn, ni los chicos, supieran que el otro venía. El jueves había llegado a una conclusión: estaríamos todos en mi habitación, para cuando tocara Shawn en la puerta nadie más viera quién es. Entonces haría que los chicos bajaran y...no sé, ya había pensado demasiado.
Estiré las mangas de mi suéter y metí mis manos en los bolsillos de éste. El frío cada vez se notaba más, el otoño ya estaba allí y las brisas se habían convertido en congeladas rachas de viento. Claro que, aún no era tan frío como invierno, pero no era para nada un clima templado. En esos momentos echaba de menos California, su sol, su calor. Un grito desgarrador me sacó bruscamente de mis pensamientos, rompiéndome el tímpano derecho. Sin tan siquiera girarme, arremetí con mi mano izquierda a la persona de la cual provenía dicho grito, ésta impactando de lleno en su cara. Entonces fue cuando me giré, vi a un Cameron con mi mano marcada en su cara, y detrás de él, Tay y Abbey riéndose como si la vida les fuera en ello.
– A tus fans les emocionará tener un nuevo vine tuyo, Cam —. Le dijo Taylor aún riéndose por lo sucedido. Cameron abrió los ojos ampliamente al escuchar eso, girándose. Aún continuaba masajeándose la zona en la que le había dado.
– Dime que no lo has grabado —. Le suplicó Cameron.
– Oh, sí que lo he hecho. A propósito, te echaban mucho de menos —. Le responde el chico de la bandana, poniendo su mejor cara de pillo. En serio, lo amaba cuando ponía esa cara.
– ¡Yo a ti te mato! — Le gritó Cameron a Taylor, antes de salir corriendo detrás de su amigo, alejándose de nosotras. Abbey negó la cabeza y ambas nos reímos a la vez que continuamos nuestro camino hacia la entrada, sin ellos. Como siempre, los pasillos estaban llenos de gente cantando, gente bailando o pintando su taquilla. Nunca había comentado que teníamos taquillas porque yo no la uso. Debido a los recortes hay pocas taquillas porque las demás las han roto, así que si queremos una, tenemos que compartirla con otras tres personas y eso es algo que a mí, personalmente, no me gusta.
– ¿Cómo vas a hacer esta tarde? — Me preguntó mi pelirroja amiga, haciendo que apartara la vista de unos chicos que hacían bromas a lo largo del pasillo.
Le había contado anteriormente a Abbey lo que pensaba hacer hoy viernes. Ella había dicho que era algo muy dulce por mi parte el querer ayudar a alguien que conozco apenas unas semanas. También sabía lo que pensaba hacer con el resto de los chicos, por qué le había pedido el móvil a Taylor y Cameron. Pensaba reunir de nuevo a los nueve originales costara lo que me costara. Si tanto les dolía haberse separado significa que vale la pena hacer algo así por ellos.
– No lo sé —. Le respondí yo, sinceramente —. Vosotros venís a las cuatro e iremos a mi habitación, así ninguno verá quién está en la puerta cuando Shawn toque. Le dije a Shawn que veríamos una película, así que vendrá tan pronto como pueda cuando salga del estudio. Llegará sobre las cinco y media.
– ¿Y después de eso? ¿Cuándo se vean? — inquirió ella.
– Sólo he pensado eso. Lo demás se verá con el tiempo —. Me encogí de hombros a la vez que noté que alguien se apoyaba en éstos y saltaba sobre mi espalda. Como acto instintivo cogí sus piernas para que no se callera. Aquellas piernas tan delgadas tenían que ser las de Taylor. Al cogérselas todos mis libros cayeron al suelo, los cual me recogió Cameron mientras continuábamos caminando hacia clase.
– ¿El qué se verá con el tiempo? — me preguntó Taylor asomando su cabeza por el lado derecho. Yo lo miré, como mejor pude, a la cara. Le dediqué una mirada pícara y luego miré a Cameron. Tan sólo guiándole con los ojos y gesticulando una palabra entendió lo que quería.
– Cómo te caes —. Grité y entonces solté las piernas de Taylor a la vez que Cameron tiraba de él hacia atrás. En menos de dos segundos el chico de la bandana estaba en el suelo, bocarriba. Nos dedicó a ambos una mirada de odio y se levantó por sí sólo del suelo. El golpe no le había dolido mucho porque la maleta había parado casi todo el impacto. Nos enseñó su bonito dedo del medio y siguió caminando delante de nosotros. Sonó el timbre así que lo seguimos hacia nuestra primera clase del día.
No lo había sentido al despertarme, pero a partir de la segunda hora comencé a notar un nudo en la boca del estómago que se iba apretando según se acercaba la hora en la que los chicos volverían a ver a uno de sus viejos amigos. No sabía cómo actuarían, ni siquiera me lo podía imaginar. Nunca me ha pasado algo así. No sé qué haría yo en tal situación, cómo me lo tomaría. ¿Correría a abrazar a la persona? ¿Le pegaría un tortazo por haberme dejado alguna vez sola? O quizá, sólo me quedaría en silencio, mirándola e intentando recordar lo que hice mal para perder a esa persona. No conocía tanto a los chicos como para saber la reacción.
Sin tan siquiera darme cuenta, ya estaba sonando el timbre que anunciaba el final de las clases. Abbey tenía todas las cosas recogidas y esperaba por mí, con sus brazos cruzados sobre su pecho. Cuando subí la vista hacia sus ojos ésta me sonrió al igual que yo. Me ayudó a recoger las cosas y salimos juntas como cada día. Por el camino nos encontramos con Taylor y Cameron. Éste último se había acostumbrado a que lo llevara a casa, pero habíamos llegado al acuerdo de que si quería que lo llevara y trajera, tenía que contribuir a pagar la gasolina, algo con lo que estaba completamente de acuerdo.
– Con tal de no tener que conducir —. Había dicho él cuando le comenté sobre pagar la gasolina.
Sentía que mi estómago se iba reduciendo a cada segundo que pasaba. Me faltaba la saliva y me costaba tragar. Cada vez me preocupaba más la reacción que pudieran tener. No quería, tampoco, que pasaran un mal momento por mi culpa. ¿Y si todo esto que estaba haciendo sólo iba a empeorar las cosas? Quizá todo esto no era más que una idea estúpida. Tal vez esto sólo haría que se gritaran las cosas a la cara y para entonces, acabar completamente con toda relación que tuvieran. Aunque, por otro lado, podría que se gritaran las cosas y eso ayudara a que al final se aclarara todo.
– Hey ¿estás bien? — preguntó Cameron agarrando mi mano y apretándola fuertemente. Lo miré a los ojos y vi que estaba preocupado. Sin darme cuenta, me había quedado parada en medio de la salida, mirando a la nada y pensando. Desde entonces, el moreno se había quedado mirándome. Apreté su mano de vuelta y asentí.
Comencé a caminar de nuevo sin tan siquiera esperar una respuesta por su parte, por lo que Cam se vio obligado a seguirme. Ya tenía las llaves fuera, así que antes de llegar al coche ya lo tenía abierto. Una vez subida en él, lo arranqué y salí del aparcamiento, de camino a la casa de Cam y luego, por fin, a casa. No cuento nada del camino porque fue como siempre. De vez en cuando hablábamos, pero la mayoría del tiempo cantábamos las canciones que ponían en la radio.
Ahora ya estaba en mi casa, tirada en el sofá. Ya había comido, después de conseguir que el nudo de mi estómago desapareciera lo suficiente como para poder ingerir algo. A las cuatro menos cuarto me fui a bañar confiando en que los chicos no fueran puntuales, y así fue. Me dio tiempo a vestirme con unos vaqueros apretados, una camisa de Nirvana holgada y unos Vans negros; así como me dio tiempo de maquillarme, simple. Ya lo he dicho antes y lo vuelvo a repetir ahora: no me gusta llevar una máscara como si fuera a carnavales. A las y media ya estaban tocando en mi puerta. Una hora antes de que Shawn llegara. Y otra vez estaba el nudo ahí. Saludé a los chicos, incluyendo a Abbey, con un abrazo y los dirigí hacia mi habitación. Mientras ellos hablaban no dejaba de pensar en lo que pasaría cuando Shawn llegara, cómo haría para que se encontraran. ¿Tenía que hacer que Shawn subiera para que así los viera en mi habitación? No, quizá eso no sería una buena idea. Pero tampoco podía llamarlos porque si no se enteraría de quienes son.
Alguien comenzó a zarandearme de un lado a otro, sacándome bruscamente de mis pensamientos.
– ¿Qué te pasa hoy? Estás en las nubes —. Miré hacia Taylor, que aún seguía con su mano en mi brazo, preparado para volver a zarandearme. Quité su mano y se sentó al lado mío en la cama.
– Nada —. Le respondí yo con una sonrisa —. Sólo que tenía cosas que pensar.
– Bueno, pues ahora estás con nosotros —, comenzó a decir Taylor levantándose de nuevo. Se apretó la bandana y me dedicó una mirada traviesa —; así que tienes que divertirte —. Me cogió en peso, dejando que mi estómago descansara sobre su hombro y empezó a dar vueltas. En esos momentos daba gracias de que la habitación fuera lo bastante grande como para no meterle uno de mis pies a nadie en la boca, o chocar con las paredes. Le estaba dando una paliza a Taylor para que me dejara bajar, pero él no parecía estar por la labor. Cuando más le pegaba, más se reía. Eso daba mucho que pensar: O bien yo no tenía fuerza ninguna, o quizá a Taylor le gustaba que le pegaran en otros sitios. No sé si sabéis lo que quiero decir.
De pronto, un sonido en la puerta hizo que Taylor se parara. Aunque, aún así, seguía sujetándome sobre su hombro. Miré como pude el reloj que estaba detrás de mí, era tan sólo las cinco y cuarto. Quizás había llegado antes.
– Vamos —. Me dijo Taylor saliendo de la habitación en dirección a las escaleras.
– ¡NO! — grité más alto de lo que pretendía. Taylor me bajó al suelo y lo miré a la cara, viendo que tenía el ceño fruncido. Había inclinado ligeramente la cabeza, confundido —. Es que...uhm...es que. ¿Y si es un violador en serie? Tengo que bajar yo sola —. Me di una bofetada mental mente. ¿Un violador en serie? ¿No se me podía ocurrir algo mejor? Taylor abrió los ojos ampliamente, ahora con una sonrisa. Alcé las manos y me encogí de hombros. Sin darle tiempo a que me diera una respuesta, me giré y comencé a bajar las escaleras.
Mi puerta tenía una zona de cristalera, se podía ver desde dentro pero no desde fuera. Así que desde la mitad de las escaleras pude ver el perfil de Shawn. Su mentón pronunciado, sus mejillas rojas por el frío, la comisura de sus labios ligeramente alzada, sus pestañas revoloteando a cada parpadeo. Negué con la cabeza y me di cuenta de que me había quedado parada en medio de la escalera, simplemente observando. Miré hacia arriba y vi a Taylor apoyado en la barandilla. “Vete”, gesticulé las palabras hacia Taylor y éste hizo un puchero, pero igualmente se fue sin rechistar. Podía oír las risas de Cameron y Abbey desde donde estaba, pero igualmente esperaba que Shawn no lo notara.
– Hola —. Susurré cuando abrí la puerta, por fin. Tiré del cuello de su camisa e hice que se acercara a mí, para así poder darle un abrazo. Él no hizo nada por evitarlo, y envolvió mi cuerpo entre sus brazos. Sus abrazos eran siempre tan confortables. A pesar del aire frío que estaba entrando por la puerta, no sentía frío. Shawn me cubría casi por completo, protegiéndome. Me podría acostumbrar a sus abrazos, a su calor.
– Hola, Cake —. Susurró él en mi oído. Ni siquiera sabía por qué susurrábamos. Quiero decir, yo sí, pero él no. Dejé a un lado mis dilemas y lo abracé aún más fuerte. Él no parecía estar incómodo con aquel momento, así que yo simplemente lo disfrutaba tanto como podía. Miré hacia arriba, hacia su rostro y me detuve en cada facción. Adoraba el modo en que sus mejillas se tornaban rojas debido al frío. Parecía como si se hubiera puesto colorete y se le hubiese desparramado por todo el cachete. En ese momento me entró la necesidad de besarle en cada una de las zonas enrojecidas, pero reprimí todo sentimiento. No debía hacerlo.
– ¡Ruth, cariño! ¿Cuándo vas a subir? ¡Estoy aquí esperándote en tu cama! — gritó Taylor desde la habitación. Se me había olvidado por completo que ellos estaban arriba. Noté cómo Shawn se tensó bajo mi agarre, y fue separándose poco a poco.
– ¡Oh! — exclamó él, encarándome —. Ya veo que tenías compañía. Creo que debo irme —. Podía notar la rabia en su tono. Pasó la lengua por sus labios y se llevó una de las manos a su pelo y la otra la puso en su cintura. Se quedó un rato pensando, mirando al suelo. Yo no sabía qué hacer, estaba mirándolo; esperando a lo qué iba a hacer. Cuando comenzó a girarse fue cuando por fin reaccioné.
– No, no te vayas. Puedo explicarlo —. Le dije después de cogerlo por el codo. Él se volvió a girar y se mordió el labio. Metió ambas de sus manos en los bolsillos delanteros de su sudadera y se quedó mirándome, directo a los ojos. Su mirada me estaba intimidando.
– ¡Chicos, bajad! — grité yo, y vi a Shawn fruncir el ceño.
Escuchamos risas y golpes en el piso superior mientras esperábamos por ellos. Shawn miraba directo a las escaleras, ahora con los brazos cruzados sobre el pecho. Yo me giré para poder mirar a la escalera, también. Después de unos segundos y unos cuantos golpes más, vimos bajar a Abbey. Detrás de ella venían Cameron y Taylor, riéndose y pegándose hasta que vieron quién estaba en la puerta. Vi sus rostros volverse pálidos, sus miradas fijas en un único punto: Shawn. No podía verlo a él, pero lo escuché aclararse la garganta. Seguramente estaría como mis otros dos amigos.
– Shawn... — musitó Cameron. Su voz se fue apagando según salían las letras de su boca. No sabía si era un reflejo, pero parecía que las lágrimas estaban llenando sus ojos. Conocía a Cameron de hacía bien poco, pero sabía que era muy sentimental, y que ahora mismo tendría un montón de sentimientos encontrados. Taylor, por otro lado, estaba con el ceño fruncido y su labio inferior entre sus tientes. A él no le gustaba que la gente supiera que tenía sentimientos, pero sabía que tenía tantas ganas de llorar como Cameron.
Yo me aparté a un lado para que los chicos vieran mejor a Shawn. Y fue muy acertado de mi parte que hiciera eso, porque nada más haberme movido hacia un lado, los chicos corrieron escaleras abajo y se tiraron a su amigo. Al ver esa escena no pude evitar sonreír. Había pensado mucho durante el día en qué podría suceder, pero nada se asemejaba a lo que estaba viendo. Incluso aunque lo estéis imaginando, tal y como os lo cuento, nunca se asemejará al recuerdo que tengo en mi memoria de aquel momento.
Abbey se acercó por detrás de mí, apoyó su cabeza en mi hombro y puso uno de sus brazos alrededor de mi cintura. Le dediqué una mirada corta junto con una sonrisa y volví a mirar a los chicos. Estaban hablando entusiasmadamente y cada vez me sentía más orgullosa de haber hecho esto. Nunca había visto una sonrisa tan alegre en el rostro de Shawn. No me había dado cuenta hasta ahora, porque no lo conocía tanto como para saber algo así. Pero él siempre había tenido un tono de tristeza en su sonrisa. Al cabo de un rato, decidimos ir todos al salón de estar. Cameron, Abbey y Taylor se sentaron en el sofá, mientras, yo buscaba algo de beber en la cocina y Shawn estaba en el baño. Cogí una botella de refresco y cinco vasos para llevarlos a la sala de estar, dejándolo todo sobre la mesa. No tenía ganas de sentarme, así que me quedé de pie. Mirando la mesa. Estaba orgullosa de que todo estuviera saliendo bien. Había sido una tontería el preocuparse esta mañana. El nudo de mi estómago se había ido por completo, ahora sólo sentía alegría.
– ¿Hiciste tú todo esto? — me preguntó Shawn en un susurro, acercándose por detrás y pasando sus manos por mi cintura. Yo asentí, orgullosa de ello —. Muchísimas gracias —. Terminó de rodearme con sus brazos, envolviéndome en un abrazo fuerte y lleno de cariño. Yo pasé mis manos por las suyas, y él entrelazó sus dedos con los míos. Shawn tenía su mentón pegado a mi cuello, así que sentía su respiración en éste. No quería que se fuera, no quería que quitara sus brazos de mí, no quería que soltara mis manos. Estaba bien así. Me besó en la mejilla, pero no fue un beso casto, fue uno duradero que me hizo sentir un antiguo sentimiento. Uno que pensé que no volvería a sentir con nadie más.