Hola, mi nombre es Miguel. Hace unos años terminé de vivir una experiencia... o al menos espero que haya terminado.
Tengo treinta y siete años, pero esta historia que te voy a relatar ocurrió cuando tenía treinta y cinco. Me encontraba de camino a casa luego de un día de trabajo. Trabajo en una compañía de construcción y carpintería. Siempre que salgo de trabajar, voy con un sentimiento de alivio al saber que voy a poder descansar, cenar y convivir con mi pareja, Sasha. Aún así, siempre tengo presente que al día siguiente tengo que volver al curro, porque eso es lo que me hace disfrutar aún más el momento de volver a casa. Al llegar, abrí la puerta y la primera criaturita en correr a saludarme fue mi perra, Koda, como siempre. Dejé mi mochila en el sofá, y me dirigí hacia la cocina, donde me esperaba mi pareja para poder cocinar juntos.
-Hola, cariño-dijo Sasha mientras sacaba los ingredientes para la cena-. ¿Cansado del trabajo?
-No suficientemente cansado como para no ayudarte a cocinar.
En ese momento la abracé por la espalda y le di un beso.
-¿Que cenaremos hoy?-pregunté mientras le echaba un vistazo a los ingredientes
-Ensalada de brócoli con pollo a la naranja. El pollo ha estado marinando toda la tarde en el refrigerador, lo pondré en el horno. ¿Puedes ir haciendo la ensalada?
-Seguro.
Saqué el brócoli y los demás acompañantes, y me dispuse a cortarlos.
-Tengo buenas noticias-dijo Sasha mientras cerraba el horno con el pollo dentro.
-¿Cuales?
-¡Me ascendieron en el trabajo!
-¡Toma! Te dije que lograrías demostrar ser un fuerte pilar para la compañía-Sasha trabajaba en una compañía que realizaba y distribuía productos para infantes-. Felicidades.
-Y eso no es todo. Debido a que la compañía quiere expandirse de manera internacional, me invitaron a una conferencia de dos días en Londres, más tres días de vacaciones. Es todo pagado, y me dejan llevar a un acompañante, o sea tú.
-Pues... la verdad me pillas algo mal. Tengo demasiado trabajo. De hecho, mañana tengo que viajar para llevar unos materiales a una casa que está a cinco horas de aquí, y tener todo pronto para instalar una cocina el lunes. Es un trabajo de unos tres o cuatro días.
-Ni siquiera me dejaste decirte en que fechas es el viaje-dijo mientras sonreía-. Es dentro de dos semanas. Y por lo que tengo entendido eres bastante respetado en tu trabajo. Dudo que sea mucha molestia para tu jefe el dejarte ir unos días conmigo de vacaciones.
-Tienes razón. Le preguntaré. Seguramente si termino con ese trabajo rápido, me gane unos días de descanso.
-Todo se trata en hacerse respetar, tanto como persona como con tu trabajo ¡Mírame a mí! Me gané unos días en Londres, los cuales espero poder compartir contigo.
-Iremos juntos, tenlo por seguro.
-Está bien. ¿Puedes ir poniendo la mesa? Yo limpiaré la cocina.
-De acuerdo.
Mientras colocaba la mesa, escuché a Koda ladrando en el piso de arriba. Por lo general es muy tranquila, así que decidí ir a investigar. Al subir las escaleras, la vi arriba de mi cama ladrándole a la ventana, la cual estaba abierta. Supuse que simplemente le ladraba a una ardilla, por lo que no le di mucha importancia, cerré la ventana, y fui hacia la sala de estar para terminar de organizar todo para la cena.
-¿Por qué ladraba la perra?-preguntó Sasha desde la cocina.
-Por una ardilla, nada de lo que preocuparse.
-El pollo estará listo en unos minutos. ¿Terminaste con la mesa? Sacaré un par de copas y vino para tomar mientras esperamos.
-Si, todo listo.
Sasha sacó el vino y nos sentamos a ver televisión. Estábamos viendo uno de estos típicos programas de remodelaciones de casas, hasta que en un momento me empecé a sentir mareado. Pensé que era por tener el estomago vacío y tomar alcohol, pero recién le había dado un par de sorbos a la copa, ¿que sentido tendría eso? Mientras pensaba en qué podría ocasionar tal mareo, sin darme cuenta me estaba sintiendo peor. Los mareos incrementaban, sentí que me pesaba todo el cuerpo. Aun así, intenté disimularlo ya que no quería preocupar a Sasha. Se me empezaron a tapar los oídos hasta el punto de no llegar a escuchar absolutamente nada, y la vista se me nublaba. De un momento a otro no podía ver ni escuchar casi nada. Lo último que recuerdo escuchar es mi copa partiéndose en mil pedazos en el suelo.
-¡Cariño! ¿Estás bien?
Inhalé aire como jamás los había hecho en mi vida. Sentía que llevaba horas sin respirar y no pude contenerme a la necesidad de llenar mis pulmones de oxígeno. Segundos después de hacer eso, mi vista y mi audición volvían a hacer presencia, y pude ver a Sasha en frente de mi cara.
-¡Háblame!-dijo Sasha sacudiéndome bruscamente.
-Estoy bien-le dije mientras me incorporaba- creo que solo fue un bajón de azúcar. No he comido mucho hoy, pero estoy bien.
-Quédate aquí, traeré la cena y comeremos en el sofá.
-No, cariño. No te preocupes. Puedo levantarme.
-Te acabas de desmallar, cojones. Déjame traerte la cena. Busca una película para ver mientras comemos.
-Esta bien.
Me puse a cambiar de canal en la tele en busca de una película. Poco a poco me sentía mejor, aunque aún percibía una leve presión en la cabeza. Al final encontré una película del estilo "comedia", la cual me parecía adecuada para ver mientras cenábamos.
-¿Encontraste algo?-preguntó Sasha mientras se acercaba con dos platos de comida.
-Encontré esta película. Creo que es humorística, y acaba de empezar.
-Pues de lujo. Toma. Come, que te hace falta.
-Gracias, cariño. Se ve de maravilla.
-De nada. Que aproveches.
-Igualmente.
Terminamos de comer, y nos quedamos sentados hasta que la película termine. Mientras la veíamos, no podía dejar de pensar en qué me había pasado al momento de desmallarme. A pesar de que le dije a Sasha que seguramente fue un bajón de azúcar, se me hacía raro, porque de hecho si había comido ese día. Siempre como, y cuido muy bien mi dieta. No soy ningún ignorante, sé como alimentarme para no tener este tipo de problemas. A todo esto, la película había llegado a su fin. No me enteré del final, para ser sinceros.
-Ha estado bien-dije a pesar de no saber que pasó.
-Si, mas o menos. En fin, iré a bañarme. ¿Te encargas de lavar los platos?
-Por supuesto, no te preocupes.
Llevé los platos a la cocina, y mientras los lavaba sentía un frio en toda la casa. Al principio no le di mucha importancia, pero luego de unos minutos la sensación de frio pasó de parecer una pequeña brisa, a sentir la necesidad de asegurarme de que alguna ventana no haya quedado abierta. Así que eso hice. En la sala de estar estaba todo cerrado. Me dirigí hacia las escaleras para revisar arriba, aunque ya había cerrado la ventana de mi cuarto. Cuando iba subiendo el tercer escalón, escuché el sonido de una puerta en el piso de abajo. Me devolví hacia la sala de estar, y miré hacia la puerta de entrada, la cual no parecía estar abierta. Moví el picaporte intentando abrirla, pero efectivamente estaba cerrada con llave. En ese momento me acordé de la puerta ubicada entre la cocina y la sala de estar, que dirigía directamente a la cochera, y... si. Estaba abierta. La única manera de que esa puerta haya estado abierta en ese momento, es que alguien haya entrado a la cochera, ya que suele estar cerrada a esas horas de la noche. Tenía pensado ir directamente, hasta que vi una pequeña penumbra a pocos centímetros de la entrada. Al ver eso decidí tomar algo para defenderme. No sabía que habría allí. No era Sasha, evidentemente. Ella estaba bañándose arriba, y de hecho aún podía escuchar el agua de la ducha caer. Tampoco soy tan inocente como para pensar que fue un animal. ¿Que clase de animal genera una penumbra en la cochera? Fui hacia la cocina haciendo el mínimo ruido posible, y tomé un hacha de cocina. Puede parecer un poco exagerado, pero mi seguridad es primero, no me jodas. Necesitaba un plan. No sabía donde estaría el intruso, no sabía de que tamaño era, no sabía si estaba armado, y para empezar no sabía como mierda había entrado a ese lugar. Pensé en entrar golpeando la puerta, suponiendo que eso desconcertaría a quien este ahí, y así tener más tiempo de localizarlo, e intentar atacar. Al principio eso sonaba bien... sin tener en cuenta que en la cochera estaba mi auto, y mi cofre de herramientas, cosas las cuales estorbarían bastante al momento de hacer algo, y tampoco estaba muy confiado de atacar, no soy experto en artes marciales. Me pareció mucho más inteligente ser "discreto", pero a mi modo. Con esto me refiero a que decidí hacer creer al intruso que estaba yendo al piso de arriba. Agarré mi móvil, y simulé una llamada en la que supuestamente un amigo me pedía unos planos del trabajo, los cuales estarían en mi dormitorio. Subí los escalones asegurándome de hacer ruido al pisarlos. Al llegar arriba abrí la puerta de mi cuarto, y en ese momento me quité mis zapatillas, para poder bajar sin hacer ruido. Llegué hacia la puerta de la cochera, y me detuve casi sin respirar, esperando oír algo. Pero nada. No oía absolutamente nada. En ese momento creí estar alucinando. Es decir, vi una penumbra, ¿verdad? Pero, ¿cómo es que no se oía nada? Bueno, podría ser. Mantener el silencio tampoco es la gran cosa. Llegó un punto en el que mi cerebro y mi cuerpo actuaron individualmente. Mientras yo me cuestionaba el hecho de que haya alguien en mi cochera, inconscientemente abrí la puerta lo más rápido que pude, prendí la luz, y alcé mi mano izquierda, la cual sujetaba el hacha. Me costó ubicarme en la situación, y asimilar lo que acababa de hacer. Observe mi entorno, pero no había nadie. En ese momento ya no sabía que pensar. Estoy seguro de haber visto una pequeña luz, así como estoy seguro de que esta puerta tendría que estar cerrada desde un principio. El punto es que ya era tarde, y no había nadie en esa cochera. Así que no tenía sentido seguir parado ahí esperando a que alguien salte de la nada.
-¿Que haces con el hacha, cariño?
-¡Mierda!-miré hacia atrás, y vi a Sasha mirándome extrañada. Y faltaría mas. Estaba parado en la cochera con un hacha de cocina en la mano-Lo siento, cariño... es que creí que había algo en la cochera. Estaba la puerta abierta, y vi una...
-Fui yo-dijo Sasha interrumpiéndome-. Fui a llevar la ropa sucia al lavarropas, mientras tu lavabas los platos. Supongo que me olvidé de cerrar la puerta. Disculpa.
-Ya veo...-por alguna razón notaba a Sasha algo extraña-. No te preocupes. Vamos a dormir.
Dejé el hacha de cocina en su lugar, y subimos al dormitorio.
Mientras intentaba dormir, me percaté de que a pesar de que Sasha dijo haber ido a la cochera para lavar ropa, no recuerdo el sonido del lavarropas encendido. Eso, y el hecho de que me haya cortado la frase al momento de explicarle por que estaba en la cochera, me hicieron sospechar de su comportamiento. Estuve unos cuantos minutos pensando en que pudo haber sido la luz de la cochera. ¿Por qué esa actitud de Sasha? ¿Me estaba ocultando algo? ¿Como era posible que ella haya ido desde el baño hasta la cochera, sin que yo me haya enterado? Todas esas dudas me estaban comiendo la cabeza, y necesitaba descansar para el día siguiente, ya que tenía que viajar. Así que opté por levantarme y echarle un vistazo a la cochera. Ya no creía que había un "intruso", o algo así. Simplemente quería ver si todo estaba como debería. Me levanté de la cama lo más cautelosamente posible. No quería que Sasha se despierte. Koda me seguía el paso yendo hacia abajo. Empezó a saltar, y a ponerse inquieta, pero sin hacer mucho ruido, por lo que le di un poco de sus croquetas para perros para que se esté quieta. Sin más rodeos me dirigí hacia la puerta de la cochera, y entré. Encendí la luz, pero todo parecía estar bien. Incluso había ropa lavada en el lavarropas, lo cual me dio a pensar que me estaba emparanoiando. Quise revisar más el lugar, pero no había absolutamente nada. En ese momento mi cerebro se apagó, metafóricamente hablando. Le saqué importancia al hecho de haber visto una penumbra esa noche, y al hecho de que era absurdo que Sasha haya lavado ropa sin yo darme cuenta, siendo que la cochera está solo a unos metros de la cocina. Quería dejar de pensar en todo eso, y dormir. El sueño me mataba, y eso importaba más. Cerré la puerta de la cochera, llamé a Koda y subimos nuevamente hacia el dormitorio. Por suerte, no me costó mucho dormirme.
A la mañana siguiente desperté solo en la cama. Eran las seis menos cuarto. Miré a mi derecha, pero Sasha no estaba. Podía sentir un olor a huevos y café, así que enseguida me di cuenta de que estaba preparando el desayuno. Baje las escaleras, y estaba todo pronto en la mesa para desayunar.
-¿De que fecha me olvidé?-dije de manera irónica mientras me acomodaba en mi silla. Sabía que algo le pasaba. O eso creía...
-No es nada-respondió Sasha con una sonrisa mientras terminaba de servirse una taza de café-. Hoy tienes que trabajar, y no quería que te pase lo de ayer. Ya sabes... eso de desmallarte arruinando la alfombra con vino, y tal.
-Si... fue algo circunstancial. Aun así, gracias.
-De nada. Necesitaras fuerzas para terminar el trabajo e ir de vacaciones.
-Exacto. De todas formas, seguro que no será demasiado trabajo. Además, nadie me estará supervisando. Puedo organizarme mejor al momento de llevar las tareas a cabo.
-¿Ves lo que te digo? Ya tienes la confianza suficiente con tu jefe para no requerir de su supervisión.
-No por nada llevo trabajando quince años en esto.
Terminamos de desayunar, y en ese momento caí en la idea de que sentía a Sasha más "normal", por así decirlo, que la noche anterior. No duró demasiado, ya que luego de haber levantado la mesa, me dirigí hacia la cochera para dar un ultimo vistazo a las herramientas que llevaba en el maletero, pero ella fue a un paso ligeramente acelerado intentando entrar a la cochera antes que yo, con la excusa de que sacaría la ropa lavada de la noche anterior. En ese momento ya no me interesaba demasiado preocuparme por el comportamiento que tuvo el día anterior a ese, después de la cena. Por alguna razón me sentía con muchas ganas de trabajar. Pero no lo veía como un trabajo. Lo veía y lo pensaba como un hobby, como un oficio aún más personal. Por ende, la deje pasar. Espere a que saliera, y luego entre yo. Sin complicaciones. Todo lo que necesitaba para trabajar estaba en la camioneta, y el resto de herramientas ya estaban en la casa donde iba a trabajar. Me quedaban unas horas antes de tener que partir. Di unas vueltas por la casa para ver si había algo para limpiar, acomodar o algo que simplemente me ayudara a matar el tiempo. Mientras maquinaba eso en mi cabeza, sentí algo que pasaba por mis pies. Era Koda. Por lo general, Sasha o yo sacamos a Koda por las mañanas. No solo por sus necesidades, sino que también lo usábamos para despertar el metabolismo antes de ir a trabajar, o realizar cualquier tarea. Podía dar un paseo de media hora, y volver para preparar mi almuerzo, ya que estaré en pleno viaje. Parecía una buena idea. Tanto que de un instante a otro ya estaba en la calle paseando a la perra. El clima estaba perfecto. Al ser tan temprano, el sol brindaba el calor adecuado para no generar molestia. Siempre tuve un recorrido en específico al momento de pasear a la perra. Caminaba un par de cuadras hasta llegar a una plaza donde dejaba que Koda haga sus necesidades. Pero esta vez quería tomar un camino alternativo. Empecé a caminar para el lado contrario de donde estaba acostumbrado ir. Mi objetivo era pasar más tiempo sacando al perro de lo habitual, como era evidente. Me quedaba poco más de tres cuadras para llegar a la plaza, cuando me empecé a sentir raro. Y no me refiero a una molestia, ni siquiera me sentía débil como en la cena de ayer. Es raro de explicar la experiencia. Se asemejaba a una resaca, pero sin sentirme cansado. Simplemente tenía una sensación de irrealidad. Si, eso existe. Búsquenlo por Internet si les apetece. Intentaba no pensar en eso, pues creía que ignorando la situación, desaparecería más rápido. Pero nada más alejado a la realidad -nunca mejor dicho-. De un momento a otro dejé de sentir mi cuerpo, de cierta forma. Podía caminar de manera totalmente normal, pero casi de forma inconsciente. Básicamente: mi cuerpo estaba en automático, y mi mente estaba trabajando individualmente a él. Por alguna razón no me resultó muy difícil normalizar la situación. Quiero decir, sí, lo que me estaba pasando era extremadamente raro, e incluso era preocupante. Pero poco a poco dejé de darle importancia, logrando controlar la situación casi de manera total. Sin dar a cuenta, ya estaba en la plaza. Me senté en un banco y le saqué el collar a Koda para dejarla libre. Ella siempre se mantenía cerca, así que no me preocupaba. Seguía sin sentir mi cuerpo, o al menos no lo sentía en su totalidad. Comencé a frotarme las manos como si tuviera frio, pero en realidad era para estimular el tacto. Funciono un poco, pero en cuanto dejé de hacerlo, dejó de resultar efectivo, y me abstenía a estar todo el rato frotándome las manos. Busqué a Koda con la mirada. Estaba a unos metros de distancia con otro perro. Se le veía feliz jugando y conociéndose con su nuevo amigo. Observé con mas detalle al otro perro, y parecía muy bien cuidado para suponer que era callejero. De hecho, entrecerré los ojos y logré verle un collar desde la distancia. Intenté buscar a su dueño en toda la plaza, pero no lograba ver a nadie.
-Es mío, no te preocupes-dijo una voz en mi oído derecho.
-¡Me cago en todos los putos dioses!-grité asustado, apartándome para ver quien me hablaba. Era una mujer, la cual aparentaba una edad de cuarenta años-. ¿Quién eres? ¿Cómo apareciste aquí de la nada?
-Lamento asustarte, de verdad. Pero de todo lo que te ha estado pasando, ¿esto te parece lo mas extraño? ¿Como llevas eso de no sentir el cuerpo?
En el momento que dijo eso, empecé a sentirme totalmente normal. Ya no tenía esa sensación de irrealidad, y poco a poco todo mi cuerpo comenzó a "hormiguear", hasta sentirse normal.
-¿De que hablas?-dije estando completamente asustado, pero me pareció más inteligente demostrarme extrañado a la pregunta.
-Está bien, prefiero no perder el tiempo, pero sabes a lo que me refiero. Solo venía a decirte que necesitas estar preparado mentalmente para una serie de eventos que vendrán más adelante. Es por eso que te has estado sintiendo extraño últimamente. Necesitas acostúmbrate a ciertas emociones y situaciones. Por otra parte, tengo que admitir que no te lo tomas del todo mal. Al menos no tan mal como otros.
-Oye, ¿tú ves normal lo que me estás diciendo? ¿A qué te refieres con "eventos"?
-Tú solo ten en mente que cualquier cosa puede ser posible. De esa forma, tendrás mejor postura al momento de solucionar problemas. Y hablo en serio al decir "cualquier cosa puede ser posible". Tienes la prueba de ello en frente tuyo, de hecho. ¿Cómo una mujer aparece de la nada a hablarme? ¿Cómo es que sabe como me he sentido estos días? ¿Por qué cuando empezó a hablarme, terminé por sentirme normal? Sé que todo esto resulta absurdamente extraño. Pero te acabo de dar todo argumento necesario para afirmar mi punto.
Como sospechaba...: perdí la puta cabeza. Eso fue lo único que se me ocurrió, y hoy en día, mientras te narro esto, en ocasiones me lo sigo planteando. Intentaba mantener mi expresión de extrañado, pero a ese punto me era casi imposible. Intentaba no demostrarme sorprendido, o asustado. No sabía que estaba pasando, no sabía con quien hablaba, y no sabía como reaccionaría si me ve con la guardia baja.
-No quieres hablar-dijo mientras se levantaba del banco-. Entiendo.
Ni siquiera se preocupo por donde se quedó su perro. Solo silbó, y él fue inmediatamente. Una parte de mí quería correr hacia ella y hacerle mil preguntas. De hecho, estuve a punto de hacerlo, hasta que Koda se acercó hacia donde estaba sentado, y subió a mi regazo. En ese momento, sin sentido alguno, empecé a llorar. No fue un llanto muy extremo. Simplemente podía sentir mis ojos llenarse de lagrimas hasta desbordar. No sabía por qué, ni tampoco necesitaba saber. Lo único que hice fue ponerle la correa a Koda, e ir hasta casa. Estaba demasiado confundido. Hasta el punto en el que ya no sabía que sentido tenía vivir. Y no me refiero a la manera "suicida", de la expresión. Supongo que simplemente mi mente no pudo procesar todo lo que había ocurrido, y decidí no pensar ni sentir. Lo único que se mantenía presente en mi cabeza, era el hecho de lograr terminar mi trabajo lo más rápido posible, e ir de viaje junto a Sasha. Creo que eso fue lo que me mantuvo cuerdo en ese momento. El hecho de saber que tenía una responsabilidad así de importante, me mantuvo con los pies en la tierra. Llegué a casa, y al abrir la puerta presentí que Sasha ya no estaba. Todo estaba muy silencioso. Era domingo, y por lo general nos quedábamos en casa a descansar. Me dirigí hacia la cocina, donde encontré una nota en la mesa, la cual rezaba que había ido hacia el súper mercado para comprar comida suficiente para esa semana. Revise la alacena, y no había mucha comida. Me despreocupé, y me fijé en la hora. Aún me quedaban cuarenta y cinco minutos aproximadamente para partir a donde tenía que trabajar. Recordé que no me había duchado al levantarme, y que me esperaban cinco horas encerrado en un coche, así que fui a bañarme de inmediato. Ya tenía todo listo. Me había bañado, había desayunado, saqué al perro, tuve mi momento de paranoia... ¿Preparado mentalmente? ¿A que se refería con eso? ¿Acaso fue una amenaza...? ¡Sasha! ¿Estará en problemas? Nada me afirma si esa nota en la mesa fue escrita por ella. Debo llamarla.
En ese momento mi cerebro empezó a trabajar con toda su capacidad. Emociones y pensamientos se mezclaron entre sí. Las emociones pasaron a ser pensamientos, y los pensamientos emociones. Ya no había nada que me mantenga cuerdo en ese momento. No sabía que era real y que no lo era. ¿Estaba enloqueciendo realmente? ¡Dios! ¿Toda esa situación en la plaza ocurrió? ¿Cómo era posible? Tal vez me drogaron sin que me diera cuenta. Por eso no sentía el cuerpo y me sentía tan raro. ¿Pero en qué momento? Debía enfocarme e investigar. Es imposible que todo lo ocurrido anteriormente, no haya sido causante de alguna droga. Agarré mi móvil, y busqué por Internet si existía algún tipo de droga la cual haga efecto al instante. En ese instante un pitido empezó a sonar en mi oído izquierdo, y luego pasó a sonar en el derecho. Al principio era leve, pero al cabo de unos segundos era mucho más fuerte, y mi cabeza comenzó a doler de manera aguda.
-¡Miguel! ¿!Qué mierda le pasó a la casa!?
En cuestión de segundos, mi cabeza dejó de doler, y los pitidos desaparecieron. Sasha entró a casa con unas bolsas de supermercado, y cerró la puerta de forma que los vidrios de la misma temblaron al impacto con el marco. Miré a mi al rededor, y prácticamente todo estaba hecho un desastre. La mesa de la cocina estaba movida de su posición original, al igual que el sofá. Libros y un par de cuadros estaban desparramados por el piso, y podía ver a Koda asustada detrás de Sasha. No tenía ni idea de lo que acababa de pasar, pero estaba seguro de que yo no tuve nada que ver... creo. Inhale aire profundamente, pensando en que si yo era el único que estaba en la casa, seguramente haya sido yo. Y a pesar de que no recordaba haberlo hecho, no me importaba recordarlo. Simplemente lo acepté.
-Disculpa, en serio-dije con la mente totalmente en blanco-. Estoy llegando tarde al trabajo y no encontraba las llaves de la camioneta. Te ayudaré a limpiar.
-No, cariño. No te preocupes. Yo tomé tu camioneta, ya que creía que tenías ir más tarde. ¿Por qué te vas tan temprano?
¿Tan temprano? En ese momento realmente creía que estaría llegando tarde al trabajo. Pero vi el reloj detrás de Sasha, y a pesar de haberme bañado, y... bueno: todo el desorden que aparentemente hice, solo habían pasado quince minutos. Todavía me quedaba media hora para partir a tiempo.
-Mi jefe llamó. Dijo que el dueño de la casa ofrece más dinero, a cambio de terminar la cocina lo más rápido posible. Y como ese dinero también será para mi sueldo...
-Entiendo. No te preocupes. Traje unas bandejas con aperitivos para que lleves al viaje. Toma.
Sasha me dio la bandeja, seguido de un beso.
-Muchas gracias. Prometo compensarte este desastre que hice.
-Más te vale-dijo ella entre risas- Ahora, ve. Nos espera un viaje.
Tuve que salir más temprano, pero no me fue una molestia. Tomé la camioneta, y comencé mi viaje. El conducir, y escuchar música al mismo tiempo, siempre me ha ayudado a relajarme. Supongo que suena muy cliché, pero es verdad. El hecho de tener el control de una máquina de ese tamaño, y al mismo tiempo tener capacidad de disfrutar de la música detalladamente, es algo que me hace sentir en completo equilibrio. Gran parte del viaje fue tranquilo. Sin ansiedad, sin preocupaciones, y sin destrozar el coche inconscientemente. Pero en un momento, llegue a un punto de la carretera en donde la señal del radio perdía presencia. Solo se lograba escuchar una emisora en donde hablaban de noticias, y nunca me han gustado esos programas, así que preferí apagar el radio.
Mala idea. Por unos minutos solo estaba enfocado en la ruta, totalmente sereno. Pero a partir de cierto momento comencé a pensar en que me habrá pasado en casa. Ya había perdido interés sobre lo ocurrido en la plaza. Ya lo había normalizado. Pero sí estaba confundido por lo otro. ¿Cómo fue que hice tal desastre sin siquiera acordarme? ¿Habrán sido lagunas mentales? Y, ¿por qué? ¿Por qué tendría lagunas mentales? Por otro lado, ¿por qué me importaba eso ahora? En su momento no le di ni un poco de importancia. Solo lo acepté. Eso fue más fácil. Pero, ¿que me detenía de no pensar en ello? No se por qué, pero me sentía angustiado y sosegado al mismo tiempo. Y no tenía razones para estar así, realmente. Es decir, seguramente todo lo que ocurrió anteriormente me haya generado cierta angustia... pero no encontraba razón alguna para estar tan tranquilo. Anteveía una laguna mental, otra vez. Y esta vez estaba en un coche. Estaba totalmente aterrado, pero no reaccionaba en lo absoluto. Solo sabía que algo malo iba a pasar. Mi cuerpo tenía voluntad propia. Me estaba poniendo muy nervioso, hasta el punto de temblar. Estaba enfadado, confundido, y sin saber que hacer, prendí la radio de un puñetazo. Podía oír la voz de la reportera de noticias, aunque no lograba enfocarme en lo que decía. Poco a poco empezaba a sentirme mejor. Mis temblores desaparecieron, perdí mi cólera y confusión. Luego de toda esa escena, pude concentrarme nuevamente en la carretera. Inhalé y exhalé profundamente, para terminar de tranquilizarme. ¿Acaso era esa la respuesta? Me puse a pensar en que cuando prendí la radio y escuché la voz de la reportera, fue cuando tomé nuevamente el control de mi ser. Lo mismo pasó cuando estaba en casa, y oí la voz de Sasha tras entrar por la puerta. ¿Sentir a otra persona cerca me ayudaba? Al pasear a Koda por la plaza, mi cuerpo perdió presencia... al menos en mi cabeza. Pero reaccioné totalmente indiferente. No sentía mi cuerpo, pero no me asusté. Habrá sido por estar junto a Koda? Tal vez el estar con alguien, o el escuchar a alguien, me ayudaba a controlarme a mi mismo, y también las situaciones que vivía en ese momento. Eso significa que tendré que estar escuchando a alguien, o estar junto a alguien constantemente para evitar accidentes. La idea me incomodaba. El hecho de estar escuchando la voz de alguien, o estar acompañado todo el tiempo, era algo que me resultaba frustrante, e imposible. Sea como sea, todo era pura teoría, por lo que no podría confiarme, y necesitaba buscar un lugar donde descansar la mente. Busqué en mi GPS la ubicación del motel mas cercano, el cual quedaba tan solo a veinte kilómetros de distancia.
Al llegar me sorprendí con el tamaño del edificio. No se si calificaría como "hotel", o "motel", ya que probablemente habían más de cien habitaciones. Fui hacia recepción un poco nervioso. Tenía miedo de comportarme inadecuadamente en ese preciso momento.
-Hola-dije al llegar-. ¿Tienen una habitación disponible?
-Hola, buenas tardes-dijo el recepcionista levantando la mirada del monitor en donde escribía algo-. Seguro. Necesito que llene unos papeles con sus datos, si no le molesta. Luego le daré su llave.
Sacó un papel debajo del escritorio, y me lo entregó. No requería completar muchas cosas. Solo tenía que escribir mi nombre completo, cuantas noches me quedaría allí, cuantas personas se alojaban, y algún documento para identificarme.
-Listo-dije mientras le extendía el papel-. No tengo mucho dinero, la verdad. Cual es la habitación más económica?
-Tenemos habitaciones de quince dólares la noche. No tienen televisión, ni aire acondicionado-dijo mientras le echaba una mirada al papel que le di-. Pero por lo visto no se quedará mucho tiempo. Creo que le vendrá bien.
-Perfecto. Deme una de esas, por favor.
-Con gusto.
El recepcionista se levantó de su asiento y entró por una puerta la cual estaba a sus espaldas. Supuse que había ido a buscar las llaves, pero se demoraba demasiado para una terea tan sencilla. Se tardó como cinco minutos, pero finalmente salió revoleando las llaves entre uno de sus dedos.
-Aquí tienes-dijo mientras me las daba-. Disculpa la demora. No tenemos demasiadas habitaciones económicas, por lo tanto no hay muchas llaves. Y la ama de llaves que se encarga de organizarlas cada mañana hoy no vino . Yo entré a trabajar hace una hora. No sabía que estaban así. Puedo ofrecerte un desayuno gratis mañana a la mañana por las molestias.
-No te preocupes, no hace falta. Muchas gracias.
Tomé la llave, y me dirigí hacia la habitación correspondiente, la cual era la número ciento treinta y siete. Por suerte el motel disponía de un ascensor. Llegué a la habitación, y al entrar sentí el ambiente súper pesado. Estaba caluroso, y la luz del sol entraba con dificultad por una de las ventanas. No tuve lugar a quejarme, realmente. Al fin y al cabo me quedaría solo esa noche. Dejé todas mis cosas arriba de la cama, y me eché a un lado de ellas. Por lo general siempre tengo energías, a pesar de despertarme tan temprano. Pero ese día estaba hecho polvo. No podía retener un solo pensamiento sin distraerme con otro. Opté por dormir un poco, esperando despertarme en un mejor estado. Estaba tan cansado física y mentalmente, que caí casi muerto al cabo de unos minutos.
Desperté en una especie de torre. Estaba sentado en una barandilla, la cual estaba situada en un balcón. Veía para abajo, pero solo veía una niebla de la cual salía una especie de luz fosforescente.
-¿Qué... mierda?-dije al ver mi situación.
Otra vez no lograba comprender que estaba pasando. ¿Por qué estaba en una torre? ¿Que era esa niebla luminosa en mi pies? Otra vez esa sensación... otra vez pensamientos, dudas y miedo se mezclaban en mi cabeza convirtiéndose en un solo. Pero esta vez no me molestaba, o no reaccioné de mala manera. Solo era consciente de que estaba confundido, de que tenía algo de miedo, y de que no era capaz de controlar que dichas emociones se entreveren. Eso me ayudo a pensar. Intentaba recordar que había hecho antes de llegar ahí, donde sea que estaba. Pero no era capaz de recordar nada. No recordaba que había hecho antes de estar ahí, ni tampoco recordaba que había hecho el día anterior. No tenía conocimiento ninguno de algún tipo de pasado. Eso hizo que mi respiración aumentara su ritmo. Sabía lo que tocaba. Seguramente me vendría otro de esos "ataques", y estando sentado en un balcón, eso no me hacía mucha gracia. Baje de la barandilla, y desesperadamente intenté buscar una salida. La torre no era muy grande, así que no debería de costarme mucho encontrar una. Pero no lo logré. No había tal salida. Empecé a sudar demasiado. Me sentía encerrado, a pesar de estar en una torre a lo que parecía ser aire libre. ¿Cómo diablos subí a esa torre si no hay salida? ¿Habrá puerta por dentro de la torre pero no por fuera? A lo mejor alguien me había llevado... pero, ¿quién? ¿Y para qué? Mi sudor empeoraba, y el ritmo de mi respiración aumentaba. Tenía que calmarme, pero no sabía como. No tendría sentido encontrar tranquilidad en una situación así. Pero lo intenté. Me apoyé en la barandilla, y traté de regular mi respiración "manualmente". Dejaba de respirar por unos segundos, tomando aire nuevamente hasta sentir el frescor del mismo en mis pulmones. Bien... ya había logrado calmarme, más o menos. Ahora solo necesitaba recordar. Tenía que obligarme a recordar. Sabía quien era, sabía que me llamaba Miguel, pero no sabía que pasó antes de llegar a ese lugar. ¡Era ridículo! Miré hacia el cielo, con la esperanza de encontrar alguna respuesta, aunque sea inconscientemente. Continué viendo a la nada, hasta ver una mancha negra volando a lo lejos, acercándose hacia donde estaba. Al verlo más de cerca pude distinguir lo que era. Era un cuervo. Se posó al lado mío, me miró fijamente, y empezó a picotear la barandilla. Era un picoteo lento y tranquilo. No me molestaba, para nada. Me transmitía tranquilidad. Sentía que gracias a él podía despreocuparme de todo, respirar, y sonreír. Está bien: No sabía que pasaba, o por qué estaba ahí. Pero me sentía feliz, así que daba igual. Sequé el sudor de mi frente mientras cerraba mis ojos aliviado. Abrí mis ojos devuelta, y no sentía que me haya secado ningún sudor. Intenté hacerlo devuelta. Pasé mi puño cerrado sobre mi frente, y le eché un vistazo. Mi mano se veía húmeda, mas la sentía seca. ¡Era un sueño! ¡Claro! Recordé que en los sueños no sueles disponer del sentido del tacto. Por eso la típica técnica de pellizcarse para saber si estás soñando, o no. Al darme cuenta de eso, percibía una suave brisa por mi espalda, la cual iba incrementando su velocidad, de manera excesiva. Parpadeé una vez, y al instante estaba cayendo de la torre. Caía al vacío, hacia la niebla luminosa. Parecía estar muy cerca, aunque la caída era infinita. Lo bueno es que sabía que estaba en un sueño, y sabía que en esos momentos es cuando uno despierta, por lo que cerré mis ojos y disfruté de la sensación de estar en caída libre. De sentirme libre, concretamente. Al abrir los ojos ya estaba en mi habitación, sonriendo. Había despertado. O eso creía, hasta que percibí el ruido de un picoteo en un vidrio. Me levanté y me dirigí a la ventana, para abrir las cortinas. Al abrirlas esperaba ver un cuervo, pero no fue así. Había un gato, y lo que escuchaba eran sus garras golpeando el vidrio de la ventana. Lo dejé entrar, ya que me transmitía la misma serenidad que el cuervo de mi sueño. Al dejarlo entrar, no dudó en saltar hacia mis rodillas y situarse debajo de la palma de mi mano, exigiendo sus caricias.
-Es hermoso-dijo una voz a mis espaldas-. ¿A que sí?
-Lo es-contesté sin preocuparme por quien me hablaba, pues conocía esa voz. Era la mujer de la plaza-. ¿Que se supone que tengo que entender con todo esto?
-Veo que ya asimilas las cosas como debes hacerlo: con tranquilidad. No te preocupes por intentar entender lo que te acaba de pasar. Lo entenderás en un futuro. Puedes quedarte con el gato.
-De acuerdo-dije volteando mi mirada hacia donde estaba ella-. Gracias. Supongo que volveremos a vernos, ¿verdad?
La mujer sonrío, cerrando mi ventana, y se fue. Dejé que se fuera. Como ella dijo: ya asimilaba las cosas como debía. No me cuestionaba nada, o intentaba hacerlo en menor frecuencia. Las cosas pasaban, y no podía hacer nada para evitarlo. ¿Por qué liarme tanto entonces? Aún así, tenía una última necesidad.
-¡Espera!-dije abriendo la ventana rápidamente-. ¿Cuál es tu nom...?
Miré por todos lados, pero la mujer había desaparecido. Y no me refiero a que tomó el ascensor y se fue. Es imposible, no le daría el tiempo. Simplemente desapareció. Cerré la ventana, mientras miraba al cielo. Estaba oscureciendo, y necesitaba llegar a la casa para empezar a trabajar al día siguiente. Por suerte me quedaban unas dos horas de viaje, y estaba con energías. Todo parecía ir bien. Tomé mis cosas, al gato, y fui hacia recepción para entregar las llaves del dormitorio.
-Hola-dije al llegar a recepción. Pero esta vez era otra persona quien atendía. Era un hombre más veterano que el que me dejó la llave-. Vengo a dejar las llaves.
-De acuerdo-dijo el hombre sin despegar la mirada de el teclado del ordenador-. Dígame el numero de la habitación, por favor.
-Ciento treinta y siete.
-Déjeme buscar... Parece que se ha registrado hace unas horas. Debes pagar la noche entera. Sabes eso, ¿verdad?
-Si, lo comprendo. No hay problema.
Cuando fui a darle el dinero, el gato, el cual estaba dentro de mi bolso abierto, dio un pequeño maullido. Eso obviamente llamó la atención del recepcionista.
-¿Llevas un gato ahí dentro?-dijo el hombre levantándose de su asiento.
-Sí. Pero no lo traje conmigo al llegar, lo juro. Apareció en la ventana de mi dormitorio y decidí llevármelo.
-Entiendo, no te preocupes. Solo tenía curiosidad. Ya está todo hecho. Muchas gracias, espero que haya disfrutado su estancia aquí
-Gracias a usted. Pude descansar… bastante bien.
Dejé las llaves, y fui hacia mi camioneta. Dejé mis cosas en el maletero, y llevé al gato conmigo, para que tome el papel de copiloto. Arranqué la camioneta, y al cabo de unos segundos me hallaba en la carretera nuevamente. Esta vez no tenía miedo. Podía respirar tranquilamente, ya que sentía que pase lo que pase, podría controlarlo. El gato saltó hacia mi regazo, y al hacerlo escuché un sonido metálico. Tenía un collar, el cual no había notado anteriormente. Se me hizo un poco raro no verlo antes, pero ahí estaba. En él había una medalla, con un nombre grabado: "Zira".
-Así que ese es tu nombre, ¿no? Se me hace muy familiar.
Detrás de la medalla estaba grabado el número "1998". Lo que era evidente, es que ese no era su año de nacimiento, ya que estábamos en el año 2025, y era imposible que ese gato tenga veinte y siete años. Zira dio un par de vueltas sobre su propio eje, y se acostó. El resto del viaje fue agradable. El cielo estaba despejado, y al acercarme al pueblo ya podía escuchar música en la radio.
Estaba a quince minutos de llegar, así que saqué uno de los aperitivos que trajo Sasha, para comer mientras llegaba. Era una ensalada con cuadros de queso y pollo seco... No compren comida preparada en supermercados. Aún así no me desanimó. Conduje lo restante hasta la casa, mientras comía y compartía parte del pollo de la ensalada con Zira. Habían doce trozos, y no tenía idea de si la había comido antes de que aquella mujer me la regalara. Ni siquiera sabía con certeza si realmente era una gata. Y no me refiero a su sexo. Sentía que estaba demasiado apegada conmigo, y me seguía pareciendo familiar. Finalmente llegamos a la casa, y todavía eran las ocho y media de la noche. No tenía nada de sueño, ya que había descansado en el motel, así que pensé en desempacar y organizar mis herramientas lo antes posible, para tener todo organizado al día siguiente, y poder disfrutar un momento de la tranquilidad que brindaba un lugar como ese. Al entrar quedé boquiabierto. Desde fuera, la casa ya se veía grande. Pero por dentro era algo completamente lujoso. El dueño de la casa tenía un gusto de decoración, el cual comparto. Los pisos eran de baldosa, pero con diseño de madera, y casi todos los muebles eran de color negro, marrón, o con una tonalidad oscura, la cual estaba acompañada de colores "otoñales". Todo se veía bastante elegante. Había una habitación vacía, con un refrigerador el cual tenía una nota en él que decía: <<Hola, Miguel. Soy Francis, el dueño de la casa. Hablé con tu jefe, y no se si te lo ha mencionado, pero hay algunos materiales en el patio trasero de la casa. Dentro del refrigerador hay un poco de comida, y cervezas por si te quieres tomar un descanso. A cuatro cuadras de aquí tienes un súper mercado por si necesitas algo. Desde ya te agradezco el trabajo, y que sepas que por el tiempo que te quedes, siéntete como en tu casa. Pero siempre con responsabilidad, evidentemente.>>
Lo primero que pensé al leer la nota, es en la amabilidad que presentaba este tal "Francis", teniendo en cuenta que ni me conoce. De todas formas tomé una cerveza del refrigerador, y comencé a guardar todas mis cosas. Saqué la caja de herramientas que tenía en la camioneta, y las lleve al patio trasero de la casa, donde estarían parte de los materiales para construir. El patio tenía una piscina. Eso fue suficiente para despertar mi felicidad. Llevé las herramientas a su lugar, corrí hacia la camioneta para llevar mi ropa al dormitorio, y sin pensarlo fui hacia la piscina con mi cerveza. Me lo merecía. Aunque por alguna razón ya empezaba a aceptarlo, esos últimos días fueron para realmente plantearme si estaba cayendo en algún tipo de esquizofrenia. Solo habían pasado dos días de sucesos paranormales. ¿Cómo es que ya me había acostumbrado? En ese momento sabía que se vendría uno de esos "ataques de realidad", pero lo dejé pasar. Tenía esa necesidad de sentir que estaba volviéndome loco. Una parte de mí no quería normalizar el hecho de tener esos momentos bajo control, ya que me daba a pensar y creerme que yo veía la realidad diferente a los demás. Es decir: yo estaba tranquilo en mis pensamientos, cuando en realidad estaba haciendo un espectáculo de vista a terceros, así como ocurrió en casa con Sasha. Seguramente estaba ahogándome bajo el agua, aunque yo creía estar en el borde de la piscina pensando en todo esto.
Finalmente encontré un equilibrio entre mis pensamientos. Parte de mí creía estar loco, y otra parte de mí creía que todo estaba bien, logrando así que ambas sensaciones se complementaran entre sí. Tenía el control absoluto de mis pensamientos. Y aunque no suene algo muy sorpréndete, ponte a pensar en las veces que un pensamiento te taladra la cabeza aunque intentes evitarlo. Otra vez no percibía mi cuerpo, y al estar dentro del agua esa sensación incrementaba. Ese sentimiento desapareció en el momento que Zira se acercó a la piscina. Dio un pequeño maullido, volteé para verla, y...
-Ya estás listo.
Lo último que recuerdo es oír un disparo, y cerrar mis ojos involuntariamente, sin lograr ver quien había disparado.