Harry estaba en un pequeño lugar medio escondido en las orillas del lago negro, ese lugar tenía un árbol frondoso en el cual podías echarte a dormir durante horas, el viento era fresco y era relajante, ese lugar se lo había encontrado junto a Ron y Hermione en su quinto año siendo donde se relajaban de todo el asunto del ejército de Dumbledore, era de los pocos lugares del castillo al que podía llegar sin levantar sospechas innecesarias, necesitaba relajarse de toda la mierda que estaba apareciendo, en primer lugar el racismo y clasismo que ocurría dentro de la casa verde y plata, por otro lado la guerra de bromas en la que se había metido accidentalmente con los merodeadores.
James y Sirius habían intentado hacerlo caer en una broma cuando acababa de despertarse y él se las había ingeniado para devolverle la trampa a Pettigrew, que se había sumado a las bromas en su contra, Remus era el único que aunque se había sumado a las bromas no a las que iban en su contra, no lo negaría las bromas eran divertidas, pero la mayoría afectaban a Severus por lo que las detenía antes de que llegarán a mayores.
Se recostó tranquilamente bajó el árbol antes de darse cuenta del par de presencias que se acercaban cada una por un lado diferente, en unos pocos minutos llegaron Grace por la izquierda y Rómulo por la derecha, cada uno lo vio con una ligera sorpresa antes de voltear a ver al otro con la misma sorpresa.
— No sabía que alguien más conocía este lugar —Mencionó avergonzada Grace.
— Creo que sería difícil que solo nosotros conociéramos este lugar —Aceptó Rómulo apuntando a un lado de Harry como si le pidiese permiso para sentarse.
— ¿Les parece si solo nos callamos y disfrutamos del lugar? —Ofreció Harry sobándose el puente de la nariz
Grace se sentó al lado de algunas flores que crecían ahí, amapolas blancas, mientras que Rómulo se recostó en el troncó, hasta cierto punto una lágrima quiso caer de los ojos de Harry, exactamente ahí se sentaban los tres juntos antes de todo, Hermione a su izquierda leyendo tranquilamente en el suelo junto a las amapolas y Ron a su derecha durmiendo recostado en el tronco.
El silencio que se formó por el lugar era extrañamente cómodo, casi como si fuese algo natural, Harry tenía la mirada posada en el cielo a la vez que cientos de recuerdos dulces y agrios inundaban su mente.
Hermione
Se había asustado un poco cuando encontró a Rómulo y al hermano de Lily en aquel pequeño lugar de paz, ya que ese lugar siempre había sido su pequeño santuario de paz en mitad del caos de la guerra en su vida pasada por lo que tal vez ingenuamente había esperado que nadie supiera de él en esta época, para su suerte Evans, que era quien estaba ahí desde antes, no había tenido problema con que todos se quedaran tranquilos a disfrutar del lugar.
Inconscientemente, o tal vez por costumbre, se recostó en las amapolas para después sacar un libro de su mochila, La historia de Hogwarts, puede que la hubiese leído varias veces pero siempre le traía buenos recuerdos, de cómo encontraron ese lugar por accidente cuando Ronald los obligó a intentar escapar de Draco cuando estaba en la brigada inquisitorial y tropezaron con el lugar por accidente.
Logró secarse la lágrima que deseaba escapar de sus ojos, estaba ahí para darles un buen futuro a sus amigos, un futuro donde pudiesen reír y jugar con tranquilidad y no tuvieran que preocuparse por una guerra, un futuro en donde Harry no perdiese a su tío (que parecía bastante agradable una vez le dabas la oportunidad) ni a nadie de su manada, un futuro en el que Ron no tuviera que llorar por la muerte prematura de sus hermanos.
Cerró los ojos alejando esos pensamientos de su cabeza y fijándose unos nuevos, había comenzado con los preparativos para convertirse en animago, no quería que Remus pasase más tiempo solo del que ya lo hacía, y aunque el proceso era bastante complicado tenía una pequeña ayuda escondida, Harry en su tiempo había comenzado el proceso junto a Sirius y le había enseñado sobre la marcha, ninguno de los dos completo jamás la transformación pero aun podía recordar la gran mayoría, Harry, ese nombre también la llevaba al chico que estaba acostado viendo al cielo a través del follaje, ese chico era casi un calco del Harry que ella conoció, mismo nombre, mismas facciones, mismas especialidades, mismos ojos, y por lo que había escuchado de Lily, el mismo temperamento.
Ese chico parecía tener como su protegido a Snape y parecía que Bellatrix estaba interesada en él, además de eso, si lo que había oído de los rumores que volaban por Hogwarts (que eran demasiados) eran ciertos, el chico parecía querer tener una “charla” con los Slytherin que agredieron a Severus y a Aysel Stone, una Slytherin de primer año, rumores que salieron luego de que se oyera a Harry murmurar maldiciones a las serpientes por sus actos, aunque nada era oficial hasta donde se enteró; el chico era peligroso, eso le quedó claro desde la primera clase de DCAO que tuvieron.
Rómulo
Sorprendentemente la compañía de esos dos no era nada desagradable, había ido a ese lugar por dos motivos, tal vez tres, escapar de su tía (Que parecía esmerada en hacerle estudiar hasta desfallecer), de los merodeadores (James y Sirius siempre se quejaban del hermano de Lily con él) y por los recuerdos del lugar (aunque eso solo lo pensó cuando se recostó en el tronco), pero ese silencio cómodo no le terminaba de convencer, ya de por sí sentía que estaba violando ese lugar al estar ahí con alguien más que no eran sus viejos amigos como para sumar ese silencio cómodo que solo se formaba entre ellos.
— Y Evans ¿Cómo te va en las clases extra? —Preguntó casualmente, el chico abrió los ojos con curiosidad mientras que Grace los abría con cierto asombro.
— ¿Clases extra? —Preguntó la única chica del grupo viendo con cierta curiosidad y emoción al joven Evans.
— ¿Cómo te enteraste? —Preguntó el chico enviándole una mirada gélida como solo las sabía dar Harry logrando que esa pesadez en su estómago se hiciera peor.
— Lo escuché de mi tía mientras lo conversaba con Slughorn, aparentemente el profesor Slughorn tiene interés en que te unas a su club de las eminencias, mi tía parecía no muy complacida con eso —Respondió sin poder guardarle ese secreto, era como estar frente a su viejo amigo una vez más, y por un instante, un solo instante creyó en las palabras que le dijo el sombrero, antes de volver a la cruda realidad en la que su amigo aun no nacía.
— Son clases interesantes, aunque parece que el profesor Dickens está en el mismo tren de ideas que el profesor Slughorn —Sentenció con tranquilidad queriendo dejar zanjado el tema, así se pasaron un par de horas antes de que cada uno partiera a seguir con sus propios asuntos, aunque no sabía a donde irían los otros dos él tenía bastante claro a donde iría, a su sala común.
Los merodeadores
Sirius estaba aventando una pelota pequeña contra la pared agarrándola cuando rebotaba, no necesito ni una mirada hacía James para conocer su línea de pensamientos, Harry Evans, ese chico les había arruinado broma tras broma, e incluso les había devuelto una, ya no era por su “Rencilla del tren” como al chico de ojos verdes le gustaba llamarle, ahora era por su orgullo como bromista, si querían que sus bromas y travesuras trascendieran tenían que lograr burlarlo.
— Sigo sin entender que tienen en contra de él —Les interrogó Remus viéndolos a los tres.
— Nos ha arruinado cada broma que hacemos —Gruñó James enfadado, había gastado bastante tiempo preparando esas bromas y le frustraba que fueran detenidas tan fácilmente.
— En realidad solo las que están intencionadas contra Slytherin o más concretamente contra Snape —Corrigió el licántropo.
— Da miedo —Declaró Pettigrew temblando— Esos ojos que te prometen una muerte cruel, esa aura que anuncia el fin, esa presencia que recuerda a la de la muerte —Añadió espantado el chico.
— Está bien, lo reconozco, Harry es un poco aterrador, más bien diría que sobreprotector, pero una vez lo conoces es un chico bastante agradable —Defendió Remus intentando lograr una tregua entre los dos bandos en la habitación.
— Eso no me importa, ese chico no me cae bien —Sentenció Sirius enfadado, había intentado bastante por su propia cuenta para jugarle una broma al chico, desde abrir su baúl hasta encantar su cama, el resultado fue que quedó inconsciente, con las manos y pies incapaz de separarse, y todo por una defensa en el baúl, eso además del aparente interés de su prima Bellatrix con él hacía que no le agradase en lo más mínimo.
Bellatrix le había arrinconado para comentarle que quería hablar con su compañero “Harry Evans”, el chico era fuerte, Sirius no podía negarlo ni aunque quisiera, pero que su prima, un miembro de la familia Black, mostrara interés en entablar una relación cordial con un nacido de muggles era extraño por donde se viese, porque nada que se relacionase con los ideales supremacistas de su familia le agradaba.
Estaba tan concentrado que no alcanzó a darse cuenta de que un elfo doméstico le había dejado unas notas sobre su cama.
Harry
Caminaba a paso veloz en dirección de la biblioteca a sabiendas de que su hermana se encontraría ahí junto a Aysel Stone y Severus, estaba caminando velozmente, porque se negaba a correr, para su buena fortuna, que probablemente se le había acabado la buena suerte para el resto del año, no se encontró con nadie que le interrumpiera, al llegar buscó con la mirada a su hermana y la encontró junto a Severus y quien supuso era Aysel Stone.
Se sentó frente a Severus y al lado de Lily, la chica que estaba frente a su hermana que se había volteado a verlo con nerviosismo, observó atentamente a la chica atentamente, tenía un lindo cabello castaño, su cara era un poco redonda con algunas pecas en la nariz, unos ojos caramelo bastante emotivos, su piel era clara sin llegar a lo porcelana, era bastante bonita con todo y todo, estaba tan ensimismado en eso que no vio como la chica temblaba y su hermana le estaba picando las costillas con nerviosismo.
— Déjame presentarte a mi hermano, Harry —Le presentó su hermana y con esas palabras volvió a prestar atención al mundo, Severus le miraba preocupado y hasta un poco enfadado, Aysel le miraba preocupada y tal vez asustada, y Lily solamente nerviosa.
— Perdón, Harry Evans, un gustó —Se presentó extendiéndole la mano que fue aceptada con demasiados nervios, solo pudo suponer que la había puesto incómoda cuando se le quedó viendo.
— Aysel Stone, un gusto —Saludó entre tartamudeos la chica.
Empezaron a charlar un poco, empezaron con un tema que no la pusiera tan nerviosa; las clases, la chica parecía ser bastante buena en herbología al ya llevar bastantes elogios de la profesora Sprout, después pasaron a pasatiempos, a la chica le gustaba la jardinería, nada raro si debía apostar, y pasaba algo de tiempo en la enfermería ayudando con pequeñeces cada vez que podía, había confiado lo suficiente en ellos como para confesarles su sueño de ser medimaga en el futuro.
— Muy bien, en realidad aunque disfrute bastante de nuestra charla creo que debo ir al punto que quería llegar —Sentenció Harry con mirada seria y firme, Severus pareció verlo mal por un momento— Sé que los atacaron en su casa, también estoy enterado de todo el juego de poder que hay en la casa de las serpientes —Anunció con calma viendo como la chica parecía perder la energía y alegría que llevaba teniendo un rato mientras que ahora Severus si lo miraba molesto— Por eso quiero preguntarte a ti, que eres la mayor afectada ¿Quieres que me encargue de los matones? —Preguntó con seriedad.
La mirada caramelo lo vio con cuidado, como si analizara sus palabras y en ese momento pudo ver por qué el sombrero la envió a la casa de las serpientes, esa mirada era astuta y sagaz, con una ligera gota de malicia pero aún más importante, desconfianza ante la falta de posibilidades.
— ¿Qué quieres a cambio? —Preguntó un poco más fría y menos relajada, claramente ella no creía que algo le pudiera salir gratis una ayuda de ese calibre, ahí podía dar otro motivo de que la chica si hubiese ido a Slytherin.
— ¿En realidad? Nada —Y con esas palabras abrió los ojos sorprendida— No creas que no cobraría por ayudar de esta forma a alguien, pero se metieron con Severus, mi amigo, y soy muy… protector con mis amigos, lo único que necesito para ayudarles, es que me dejes libre su área común por 10 minutos para que pueda encargarme —Se explicó con más calma— Eso, y el nombre de quien los atacó —Añadió calmado como si fuese la cosa más obvia.
— ¿Nos veremos perjudicados de alguna manera? —Preguntó con desconfianza, la chica le agradaba, era lista.
— Si nadie interrumpe, lo dudo bastante —Respondió con una sonrisa bastante dulce, probablemente no correspondía a la conversación, tiñendo aquella sonrisa de emociones más aterradores.
— Charles Avery es el que lideró el ataque —Delató la chica con actitud seria a lo que Harry solo sonrió complacido.
En menos de cuarenta minutos se encontraba en su habitación, que milagrosamente se encontraba vacía, revisando el diario de Salazar en busca de una oportunidad para ir por el camino fácil, cuando por fin lo encontró, en la veinteava página en realidad, así que comenzó a leer los detalles.
"La sala común en las mazmorras, la de Slytherin, tiene una gran variedad de estatuas de serpientes encantadas para responder a la lengua pársel como medida de defensa en caso de que alguno de mis descendientes se encuentre en dificultades dentro de nuestra casa, confió en que usaran este conocimiento con cuidado y astucia, sin ser atrapados y logrando sus objetivos."
Con esas líneas, pues le había prestado menos atención a lo anterior al ya haberlo leído con anterioridad antes de encaminarse a las mazmorras con una sonrisa en el rostro.
Dos horas más tarde...
Severus y Aysel se habían asegurado de que nadie se encontrara en la sala común con excepción de Charles Avery y su grupo de matones, a los cuales menos no le pudo importar sus nombres, mientras él se quedaba detrás de la puerta en la sala común, aunque le habían dado la contraseña, y comenzó a silbar, o eso pensarían todos si no conocían aquel idioma que salía de su boca, la lengua pársel, no necesito de entrar para saber lo que estaba ocurriendo dentro; las serpientes que estaban escondidas por casi la totalidad de la habitación efectuaron su orden, atacar a los que se encontraran dentro de la habitación.
Los gritos de terror y sorpresa se escucharon dentro del lugar, solo un par de minutos después intentaron abrir con desespero la puerta de la sala común intentando escapar, pero la serpiente que custodiaba la puerta no se movió ni un milímetro, aunque no podía verlo se estaba regocijando de lo lindo con sus gritos y llantos de terror, ni siquiera se preocupó por sacar su varita para la actuación, cuando se dio el tiempo suficiente para asustarlos se alejó de la puerta y permitió la salida de los pobres diablos de quinto año.
Los cuatro pobres idiotas salieron corriendo con varias mordidas de las crueles serpientes, algunas de las estatuas de roca enroscadas en su cuerpo apretándolos de forma bastante dolorosas sin llegar a romper extremidades mientras el pequeño muchacho de ojos verdes los miraba con cruel burla, considerando que ya no podía hablar la lengua de las serpientes (o terminaría delatandose y no era algo que quisiera por el momento) solo tronó los dedos y los cuatro muchachos fueron estampados hacia dentro de la sala común contra un sillón de piel y sus cuerpos quedaron completamente paralizados en el lugar.
— Muy bien, caballeros, ustedes y yo tenemos asuntos que tratar —Sentenció entrando en la habitación con aquella sonrisa maquiavélica y cerrando la puerta detrás de si— Quiero que les quede claro pequeñas pestes, vuelven a siquiera considerar lastimar a mis amigos, a cualquier mestizo, o nacido de muggles, y yo mismo me voy a asegurar de destruirlos, les romperé los huesos, aplastare sus cuerpos, mutilare sus existencias, espero no tenga que volver a tener esta charla con ustedes ¿Entendieron? —Explicó viéndolos con frialdad y algo de crueldad.
— ¡Un sangre sucia como tú no podrá hacernos nada! —Le espetó Charles con una mirada enfadada, Harry levantó la ceja interrogante antes de sonreír divertido.
— Así que eso piensas, bueno, que alegría, así puedo darles una muestra práctica —Anunció prendiendo una bola de fuego en su mano.
Solo 15 minutos más tarde estaba saliendo silbando con total calma y probablemente traumando a cuatro chicos de quinto año, y al día siguiente los cuatro pobres diablos temblaban cuando Harry entró en el gran comedor, y si la sonrisa de Severus y Aysel era señal de algo, había logrado su cometido.
Lamentablemente, al parecer la palabra se extendió entre las serpientes sí la mirada de Bellatrix y Lucius le dio algo para notar, lo que, bien podría significar puntos para él, también inconvenientes.