El Espacio Entre Nosotras (Ca...

By LagrimasDulces

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"Soy la luz que invade el espacio de la Luna" (Universo alternativo) Aunque te sientas perdido en la oscurida... More

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77. (Final)
78. (Alternativo prt 1)
79. (Alternativo prt 2)

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By LagrimasDulces

—¿Qué hacías anoche espiando a mi hija?

—¿Yo?- preguntó inocentemente. El hombre rodó sus ojos con irritación.

—Sabes que no tienes derecho de entrar a mi Imperio sin autorización, mucho menos a mi hogar y peor, para espiar a mi hija. A Selene no le va a gustar estos actos tuyos.

—Si, ya. Lo siento. Quería ver con mis propios ojos cómo quedó tu hija.

—Sigue siendo una persona normal. Pudiste venir de visita por el día.

—Me gusta más la noche.- sonrió.

—Da igual. No quiero que lo vuelvas a hacer. No te quiero cerca de Lauren.- habló estrictamente.

—¿Por qué, temes que le haga algo a tu querida Lauren?- la mujer soltó una risa divertida.

—No sé cuál es tu interés en ella, pero te quiero lejos. Lejos de Lauren, lejos de aquí. No puedes entrar de nuevo sin una autorización mía, porque entonces se lo diré a tu hermana.- el Rey apretó su mandíbula ante la mujer de cabellos negros.

—Suenas como un niño, Arthur. No le temo a mi hermana.

—Recuerda que ella sigue siendo la Reina mayor.- Elena cambió su rostro por una expresión de enfado y apretó sus puños con furia; esta vez fue el turno del Rey Arthur sonreír.

—Y tu recuerda que pronto yo tendré el poder.

Elena alzó el ruedo de su vestido y de una vuelta, se transformó en una lechuza para después salir volando por la ventana antes de que fuese detenida por Arthur.

—¡Maldición!- exclamó dando un golpe en su escritorio. Elena ya se había ido por su cuenta, pero quería confiar en que la mujer saldría por su propio bien lejos del territorio.

***

—Bueno, esto pasó hace apenas unos cuatro días.- comenzó Luke a narrar. Lauren lo escuchaba atentamente interesada —No sabemos qué ocurrió, pero se creó un fenómeno en la frontera, justo en el bosque de nieve. Es un lugar poco habitado, pero los que vivían cerca eran unas 50 personas de escasos recursos que estaban ahí por estar más próximos al río. El punto es, que estas personas se infectaron a causa de un extraño virus, convirtiéndose en monstruos de ojos rojos, apariencia humana, alas de Ángel y dientes afiliados. Ellos están dispuestos a matar. Atacan a todo aquel que se le cruce.

—¿No hay cómo detenerlos?- Lauren estaba sorprendida por lo sucedido.

—Por ahora no, pero hay más.- el joven tragó grueso. Nervioso —Se han denominado demonios y lo peor es que se han esparcido algunos... fuera del territorio.

—¡¿Qué?!

—No grites.- le suplicó.

—¿Por qué no quieres que mi padre se entere? Esto que me acabas de decir es peligroso. Esos demonios pueden estar aquí. El océano que nos separa no es muy grande.

—No lo sabemos. La Reina Krista no ha dado aviso a los otros Reyes porque quiere acabar con los demonios ella misma y algunos soldados, además, tiene la teoría de que no sobrevivan a los otros climas.

—Eso es una estupidez.

—Además, quiere recaudar pruebas para probar que los demonios son producto de la contaminación de sangre.

—¿Tu crees eso?

—La verdad no.- dijo jugando con un puñado de arena —Creo que las mezclas de sangre no causan eso en el individuo. Además, son muchos demonios... a menos de que sea contagioso y por eso se reproducen. Algo me dice que el Imperio de la noche tiene algo que ver en esto.

—¿Por qué piensas eso?

—No lo sé... Nuestros bosques están unidos y ya sabes lo que dicen de ese lugar.

—Habitan brujas...- Luke asintió lentamente.

—Dan miedo.

Lauren se quedó procesando toda la información. Lo que le contó Luke era muy peligroso para quedarse callada.

—¿Cuántos heridos obtuvieron?

—Los demonios han matado alrededor de una docena de personas y dejando heridas unas 300. Los soldados han matado 10 y no se saben cuantos demonios hay; se cree que son 50, pero podían ser menos... o más.

—Luke, esto es demasiado fuerte. Mi padre y los demás reyes deben estar al tanto.

—No, por favor.- el miedo estaba instalado en los ojos del joven —Me castigarán por hablar. Yo confío en que la Reina Krista va a solucionar todo ese lío.

La ojiverde miró con lástima a su amigo y lo apoyó prometiéndole su silencio. Ambos sellaron el pacto con un abrazo y al separarse, Luke tenía una sonrisa en su rostro porque sabía que podía confiar en su amiga de ojos verdes, sin embargo, dicha sonrisa desapareció, dando paso a una expresión confusa y extrañada en su pálido rostro.

—¿Qué pasa?- preguntó Lauren. El menor acercó su mano lentamente al rostro de su amiga y con cuidado, tocó un mechón de su cabello, observando detalladamente algo particular entre las hebras.

—Tienes una cana.

—¿Qué?- como pudo, Lauren observó el pelo que salía de su cuero cabelludo —Soy muy joven para tener canas.- Luke rió ante el comentario y rápidamente arrancó el pelo lanzándolo al mar.

—No me imagino cuando estés vieja. Tendrás todo el cabello blanco como una anciana.

Lauren rodó los ojos y le dio un empujón.

—De hecho, el cabello de los ancianos es gris.

—¿En serio? Pues yo lo veo blanco.

—Tienes que detallarlo bien. Está comprobado eso. La barba de mi padre es gris, al igual que su cabello.

—No me la paso viendo el cabello de los ancianos, Lauren, es de raros eso.- rió el joven para luego levantarse rápidamente al advertir que su amiga le lanzaría arena en la cara.

Luego de juguetear por la arena, Luke volvió a la fila de desembarco; por su parte, Lauren se acercó a su hermano quien le dio un abrazo cariñoso y juntos observaron durante varias horas como el buque iba bajando contenedores con grandes placas de hielo seco.

A pesar de que el Imperio de la lluvia era el más avanzado tecnológicamente, aún estaban en busca de una solución de máquinas capacitadas para bajar las placas y transportarlas a sus propios contenedores de refrigeración, así reducirían el esfuerzo de los trabajadores al cargar con las placas sobre sus espaldas durante horas y horas, causándoles dolores y a veces consecuencias graves que terminan en el hospital.

Christopher había entrenado desde niño; se consideraba un hombre fuerte ahora que sería Rey. Al igual que su padre, tenía un corazón noble, algo que lo hacía actuar por impulso al querer salvar siempre a todos, no obstante, estaba trabajando en aquella falla. También era un hombre callado, meticuloso y perfeccionista cuando lo quería; por eso veía cuidadosamente el traslado de la mercancía por si alguien tenía algún descuido, ya sea un accidente o algún hurto.

—¡Último contenedor!- gritó uno de los trabajadores del Imperio del Hielo desde arriba del buque.

Los hijos del Rey Arthur estaban algo cansados, pero todos estaban felices pues una vez más todo salía bien. El mayor de los Jauregui cerró sus ojos un momento mientras suspiraba y alzaba su cabeza para sacar la tensión del cuello. Al abrir los ojos y mirar el cielo nublado, divisó tres enormes pájaros gigantes volar a gran velocidad hacia ellos, pero mientras más se acercaban, se dio cuenta que no eran pájaros.

—¡Cuidado!- gritó al mismo tiempo que arrastraba a Diana con él hacia un lado del muelle cerca del buque. Lauren advirtió el grito de su hermano y se lanzó al suelo del otro lado cuando una ráfaga de viento le alborotó el cabello.

Chris se puso alerta ante la presencia de las criaturas desconocidas. Luke, quien sostenía una placa de hielo junto a sus compañeros, abrió sus ojos al darse cuenta que eran los demonios del bosque de hielo.

Los demonios, eran un poco más bajos que ellos, pero seguían teniendo apariencia humana, a excepción de las garras de sus manos, las alas y los dientes afilados. El futuro Rey del Imperio de la lluvia dio orden de avisar a los guardias más cercanos y se puso a pelear junto a los otros habitantes quienes alzaban grandes olas de agua para alcanzar a las criaturas que volaban por el aire. Eran más veloces y esquivaban los ataques con facilidad.

Uno de los demonios volaba bajo para rasgar la piel de algunas personas, estas cayeron al agua, dando chapoteos para no ahogarse. Otro lanzaba corrientes de aire frío de su boca, congelando el cuerpo de sus víctimas hasta romperse.

Los habitantes del Imperio de la lluvia no sabían qué hacer pues nunca se habían enfrentado a enemigos voladores y menos así de veloces. Chris estaba nervioso, pero se le ocurrió un plan cuando analizó la situación. Era mucho mejor con sus poderes de agua, pero se arriesgó a probar con los eléctricos, creando bolas de carga eléctrica en sus manos y lanzarlas al aire sin medir a quien le caía, sin embargo, su plan funcionó, sólo le quedaba el demonio que volaba bajo, pero el más difícil pues esperaba que tomará vuelo alto para lanzar las bolas pues si lo hacía a esa altura podría lastimar a alguien o explotar en el suelo.

El último demonio era el más veloz; arremetió contra Lauren tumbándola al suelo y tomando sus extremidades con sus garras, Chris concentraba todo su poder en la mano aprovechando que el demonio estaba quieto, lo malo era que estaba muy cerca de su hermana y no sabía si le iba a atinar. Sorpresivamente, antes de hacer su ataque, otro demonio se apareció de la nada, tomando al hombre por la camisa y arrastrarlo al mar. Se escuchó el grito de una mujer de fondo, pero antes de caer, Chris se llevó al demonio con él y ambos cayeron en las profundidades del océano.

Mientras tanto, Lauren trataba de salir de las garras de su opresor. Sentía el viento helado penetrar su piel. No estaba soportando el frío. Una fina capa de hielo se estaba formando en sus brazos, desesperando a la ojiverde. Cerró sus ojos, buscando mantener su cuerpo caliente de alguna manera; pensó en cómo se sentía el infierno que sintió cuando Camila Cabello la torturó. Literalmente obligó a su mente a volver a vivir ese momento para sentir el fuego abrazando su piel, quemando su rostro, ver la maldad en los ojos de la hija del Rey Alejandro... funcionó, el hielo se fue derritiendo de su piel y al ver la sorpresa del demonio, éste bajó su fuerza, dando chance a Lauren de soltar al menos un brazo de sus garras, sostuvo el cuello del demonio con la mano libre y con fuerza, le dio una descarga eléctrica hasta hacerlo desfallecer y por consecuente, morir.

Respirando pesado, la ojiverde se sacudió el cuerpo de la criatura del suyo propio para salir debajo de él. Buscó entre todos la figura de su hermano, pero no lo encontró hasta que Diana le dijo con lágrimas en los ojos que estaba dentro del océano y que no sabía si estaba vivo.

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