Esperaba que lo hicieras

By Lyra_worms

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Fanfic de Harry Potter More

Esperaba que lo hicieras
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7

Capítulo 2

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By Lyra_worms

Tres años más tarde

—Scorpius, cariño, si no te estás quieto nos volvemos a casa.

Haciendo caso omiso a su padre, el niño se revuelve  intentando quitarse el abrigo que lleva puesto y que empieza a incomodarle.

Draco vuelve a sujetarlo para que se esté quieto y el pequeño parece resignarse al fin y deja que su padre le desprenda de toda aquella parafernalia que le ha colocado, incluyendo botas, gorro y chubasquero.

Se está realmente quieto hasta que algo a su espalda le llama poderosamente la atención; abre los ojos y sonríe con entusiasmo para inmediatamente después, como siempre, salir corriendo hacia la puerta.

—¡Harry! ¡Harry! —grita mientras corre hasta el auror con los brazos abiertos simulando ser un avión.

Este, en cuanto lo oye, se agacha para recogerlo y llevarlo hasta su padre como si realmente pudiese volar mientras imita el ruido de las hélices

—Harry, hazme volar, porfa’ —chilla entusiasmado.

Vuelve a elevarlo en el aire, pero a los dos segundos se percata de la cara de Draco y deja al niño en el suelo.

—¿Cuántas veces te he dicho que no lo llames Harry? Y mucho menos cuando está trabajando, Scorpius. Es Señor Potter.

El niño hace un puchero y Harry le guiña un ojo para que sepa que no tiene porqué llamarlo así aunque su padre se lo haya repetido infinidad de veces.

Mientras Draco termina de guardar las cosas, Scorpius le hace a Harry un desfile de dibujos: desde dragones a centauros, pasando por hipogrifos, pájaros de dudosa procedencia y algún coche imitando a los que Harry le ha traído alguna vez de juguete.

—Ey, campeón —le dice Harry—, ¿nos dejas solos a papá y a mí un ratito?

El niño, que ya se ha instalado en las rodillas del auror, le hace un puchero.

—¿Cuánto ratito?

—Uno muy pequeño, te lo prometo y si te portas bien luego vamos a la cafetería a por un bollo.

El pequeño sonríe y coge sus materiales de dibujo, se dirige a la mesa más alejada y comienza a colorear concentrado.

Ambos adultos caminan hacia una de las ventanas y se acercan para que no les oigan hablar.

—¿Has ido a la botica? —Draco asiente casi sin mirarle—, ¿nada?

—Ya te lo dije, nadie me quiere en ningún sitio.

—¡Joder! —gruñe Harry bastante molesto—, no lo entiendo, ¡ha pasado mucho tiempo!

—No pasa nada, ya hace bastante que me resigné a trabajar en la cafetería, quizás deberías empezar a asimilarlo tú también.

—¿De verdad te conformas con eso? ¿Con lo que te gustan las pociones?

Draco mira para otro lado incapaz de dirigirse hasta esos ojos verdes que lo taladran.

—¿Tengo otra opción?

La pregunta le provoca un nudo en el estómago, y no por la pregunta en sí, sino por las miradas y gestos que la acompañan, el auror parece no entender que jamás podrá aspirar a algo mejor. Al menos no hasta que cambie su apellido y se tatúe algo sobre su marca tenebrosa.

—Bueno, ya lo intentaremos en otro lugar, quizás más lejos, sabes que puedes usar mi red Flu cuando quieras —Draco asiente como casi siempre que Harry le hace alguna de esas proposiciones—.  Te he traído esto —saca un paquete pequeño de su bolsillo y se lo deja en la mano.

—¿Qué es? —pregunta, dado que encogido no puede diferenciarlo.

—Son solo algunas cosas que vi la otra tarde mientras paseaba con Hermione por Hogsmeade. Desde que está embarazada solo visitamos tiendas para niños y como Scorpius es el único niño que conozco...

Draco lo mira con los ojos entornados. La excusa de hoy es buena, casi razonable. Si no fuese porque le trae cosas a Scorpius desde hace años y siempre le pone una diferente.

—Sea lo que sea, no, gracias.

—Vamos, no son caprichos.

—Da igual, Potter. No hay nada que necesite en este momento.

Ambos forcejean con el paquete de uno a otro.

—Ni siquiera lo has visto, ábrelo.

—Si tanto interés tienes, dáselo tú.

—Draco —le susurra para que el niño no los oiga—, solo es ropa de invierno; sabes que la necesita, deja de hacerte el orgulloso y acéptala.

El rubio aprieta los labios sintiéndose atrapado. Tiene razón, los niños crecen demasiado rápido y aunque tiene montones de ropa, la mayoría ya se le han quedado pequeñas.

—¡Scorpius! —grita Harry una vez que el slytherin tiene en sus manos el paquete—, ¡mira lo que te ha traído papá!

El niño corre como un torbellino y Draco vuelve a mirarlo con ganas de asesinarlo. Sin más remedio y con Scorpius saltando sobre sus pies, agranda el paquete que Harry le ha dado. Dentro, como siempre, no solo hay ropa, si no juguetes, chocolate, libros para leer y colorear...

—¡Mira, Harry! —grita el pequeño acercándose al auror con un dragón de juguete de un verde brillante.

—Guau, es precioso.

—Sí, papá siempre me regala dragones muy chulos.

Harry le revuelve el pelo y le sonríe durante los escasos cinco segundos que el niño permanece allí antes de salir corriendo hacía la alfombra para jugar con uno de los nuevos regalos.

—Algún día deberías decirle la verdad —le regaña el slytherin cruzándose de brazos.

—Ya lo hago en su cumpleaños y en navidad.

Draco se queda observando a Harry con los ojos entrecerrados mientras este se acerca a Scorpius y se lo lleva en brazos como si de un saco se tratase, probablemente a la cafetería del ministerio.

—¡No le dejes que coma mucho azúcar! —es la última advertencia mientras los ve salir por la puerta.

Aprovecha esos momentos para hacer algunas gestiones.

Su padre está cumpliendo pequeñas condenas, por aquellas cosas en las que han podido demostrar su culpabilidad. Así que de vez en cuando pasa días o incluso semanas en Azkaban o tiene que quedarse recluido en casa. Si el sistema penal del mundo mágico fuese de otra forma y no le hicieran cumplir las condenas por separado quizás pasaría el tiempo suficiente entre rejas para que Draco pudiera pasar a ser el patriarca de la familia. Así que por ahora, el único recurso que le queda es intentar que el Winzegamot le dé su herencia sin tener que esperar a que muera, cosa que sinceramente, no es que desee, pero espera que no tarde mucho en pasar. Después de los hechizos que dejó en Malfoy Manor para evitar que Draco y Scorpius pudiesen vivir allí, la muerte es lo mínimo que se merece.Puede entender que no lo quiera a él, pero su hijo no tiene la culpa. Cada vez que piensa que Scorpius podría estar viviendo de forma desahogada sino fuese por ese cabrón, se pone enfermo. En cada ocasión que su hijo no puede comprarse algo o viene a mendigar al ministerio, le gustaría dar una palada a la fosa de Lucius...

Casi media hora más tarde, está de regreso a la guardería vuelve de regreso hacia la guardería. Le da apuro dejar a Potter con Scorpius tanto tiempo aun con la seguridad de que el gryffindor no tiene ninguna queja al respecto. Al contrario.

Cuando está llegando, ve a varias brujas agolpadas frente a la reja que hay para que los niños no salgan del recinto. De repente, el corazón se le encoje, espera que Potter no haya hecho ningún estropicio con su pequeño.

Estando ya cerca se percata de que todas están riendo y siente alivio por un instante. A un par de metros de ellas, sus conversaciones empiezan a ser inteligibles:

—Es un partidazo. Sería un padre genial —dice una.

—Tú lo que quieres es que sea el padre de tus hijos —dice la otra en un tono muy agudo.

—¿Y quién no? Tendría un equipo completo de quidditch con él...

Draco pone los ojos en blanco y se hace espacio para pasar entre ellas. No es la primera vez que se agolpan para babear por Potter. Hasta él tiene que reconocer que el moreno, tirado por el suelo cargando a su hijo, o jugando con él, es una escena tierna de ver. Pero las secretarias de la planta son unas calenturientas; hablar de cuantos hijos les gustaría que Potter les hiciese en la puerta de una guardería....

Cuando llega a la alfombra, el auror está en mangas de camisa (que lleva remangadas hasta los codos), mientras intenta construir una torre alta sin que Scorpius con sus manitas, la derribe.

En el momento en que ambos notan su presencia, se giran y le sonríen.

—Vamos, Potter, a trabajar —le dice al adulto que parece aún más entusiasmado con el juego que el niño.

—Terminé hace más de una hora —le informa.

—¿Y qué haces todavía aquí? Vete a casa.

—Bueno, déjame un rato más. Has estado disfrutando de él todo el día y yo he estado trabajando....

—¡Porque es mi hijo! —dice conteniendo las ganas de reírse.

Este le lanza una mirada enfurruñada, así que decide dejarlos jugar un rato más.

Recuerda una ocasión en que Hermione Granger se le acercó. Le dijo que estaba embarazada y que quería que Harry fuese el padrino. Le preguntó que si le parecía una buena opción y Draco le dijo: “Míralo, si adora a los niños” con incredulidad. “Espero que al mío lo quiera tanto como al tuyo o tendrá problemas conmigo” le respondió ella.

Sabe que si no fuese gracias a Harry, las cosas le irían mucho peor. Además de ropa y juguetes, les ha regalado entradas para algunos actos infantiles, y el hecho de que se pasee con Scorpius en sus hombros por todo el ministerio, ha ayudado a que la mayoría de personas hayan relajado sus relaciones con él. También sabe que jamás podrá pagarle, ni con todo el oro de Gringotts, lo que Harry ha hecho por ellos.

El fin de semana se acerca y siempre es triste para ellos dos. Harry cubre a Scorpius de besos y este se abraza a su cuello. Para un niño dos días es mucho tiempo, pero frunce el ceño ante el comportamiento infantil del Gryffindor.

—Vamos, vamos, ni que no os fueseis a volver a ver en la vida.

Escucha la risa fresca de Scorpius ante las cosquillas de Harry y le mira negando sin remedio.

Aún con el crío en brazos, el moreno se gira hacia él.

—Mañana por la noche es la fiesta de compromiso de Ginny y Theo, ¿vendrás?

—No creo.

—Vamos, si hasta el estirado de Zabini viene...

—Ya, pero no tengo con quien dejar a Scorpius —le señala.

—Con alguien lo dejarás, ¿quién se queda con él cuando tienes un compromiso?

—Potter —le aclara—, el único compromiso que tengo son él y mi trabajo, y lo dejo aquí cuando estoy trabajando.

—Venga —se ríe este—, ¿me vas a decir que desde que nació no has salido a divertirte ni una sola vez? —la cabeza gacha de Draco y sus labios fruncidos le dicen todo lo que quiere saber—, ¿hablas en serio?

—Es mi responsabilidad...

—Bueno, contrata una niñera —el slytherin le mira con una ceja alzada—, yo la pago.

—Estarás de broma. Acepto la ropa porque no tengo más remedio, Potter, no voy a dejar que pagues a una niñera para que yo vaya a una fiesta a divertirme.

  

Durante la fiesta del sábado, Harry no puede pensar en otra cosa, así que al final termina comentándole a Hermione que Draco no ha salido desde que tuvo a Scorpius y esta le mira con sorpresa. Que a Hermione, que no es el alma de las fiestas precisamente, le sorprenda que el slytherin no haya tenido ni un momento de ocio a solas desde que el niño llegó a su vida, provoca en Harry esa determinación de ayuda inmediata que de manera innata su cuerpo fabrica ante tales situaciones.

Pero no es hasta que Hermione le hace una pregunta inocente, que no se da cuenta de la forma más sencilla de ayudar al slytherin sin que este tenga que faltar a sus estúpidos principios sobre qué puede aceptar y qué no.

El lunes, cuando Draco llega de su turno en la cafetería, Scorpius corre hasta sus brazos y se tira sobre él.

—¡Papá! —grita entusiasmado—, mira, mira, mira, mira —repite una y otra vez refregándole un papel por la nariz.

—¿Qué pasa? —pregunta un poco descolocado.

Cuando consigue coger el papel en sus manos, lo mira y lo lee; e inmediatamente coge a su hijo en brazos para buscar al dichoso Harry.

—Gracias, pero no —le dice mientras le tiende las entradas de una manera un poco ruda.

—Ya las he comprado, no se pueden devolver —le responde este casi sin mirarle.

Draco tuerce los labios.

—No voy a ir a ningún espectáculo infantil más, Potter...

—¿Y quién te ha dicho que vas a ir a ningún sitio?  Estas entradas son para mí y para Scorp, ¿verdad campeón?

El chico le choca los cinco y sonríe.

—Potter...

—Nada de Potter —le corta—. Scorp y yo iremos a ver ese espectáculo de marionetas mágicas, luego nos iremos a casa, cenaremos y veremos una peli divertidísima. Y mientras, papá —dice haciendo especial énfasis en la palabra—, saldrá y se divertirá.

—Estás loco si crees que...

—¡¿Scorp, a dónde vamos el sábado?! —lo interrumpe antes de que suelte alguna excusa.

—¡Marinetas, marinetas, marinetas! —chilla con entusiasmo.

—Bueno, aún tenemos tiempo, te enseñaré a pronunciarlo bien —se ríe Harry.

—Esto no va quedar así, ¿lo sabes verdad?

Ante toda respuesta, Harry saca su lengua haciendo que Scorpius lo imite.

El sábado, Harry tiene que escuchar durante casi una hora como Draco le da toda clase de advertencias sobre el niño.

—Que no es la primera vez que estoy con él... —le dice con cansancio.

—Sí, pero siempre ha sido en la guardería, con personal autorizado a tu alrededor.

El niño, de su mano derecha, repeinado hasta el hartazgo pero con una sonrisa que no le cabe en la cara, no para de dar saltos a su lado.

—Tranquilízate cariño —le dice Draco como último consejo.

Y es que no puede estar más emocionado. Porque ha ido con su padre a alguna cosa parecida, pero con su padre tiene que estar sentado, callado y prestando atención. Pero con Harry seguro que puede ponerse de pie, chillar y saltar sobre su asiento.

Como prueba de ello, en cuanto salen por la puerta, Harry le hace desaparecer lo que demonios lleve puesto en el pelo, haciendo que parezca más natural y despeinado.

—Mucho mejor —le dice con una sonrisa.

Hace años, literalmente, que no sale. Así que lo primero que decide es qué quiere hacer. Lo tiene muy claro, follar. Merlín, su mano tiene más callos que la de un jugador de Quidditch profesional.

Se va a un club del que ha oído hablar aunque nunca ha estado allí, pero uno de sus compañeros de la cafetería no para de hablar de él. Es un sitio bastante elitista. Ha oído que solo te dejan entrar de dos formas: si tienes más oro que escrúpulos o si eres una cara bonita. No es que sea un narcisista, pero sabe que no va a tener problemas para entrar. Bueno, quizás lo sea un poco, pero también es realista, tiene de lo que sentirse orgulloso.

Si no tuviese prisa y a alguien esperándole en casa, quizá simplemente se habría ido a un pub normal a tomarse una cerveza y con el tiempo suficiente habría podido terminar yéndose a casa con alguien, pero quiere regresar pronto junto a su pequeño y no tiene ningunas ganas de fingir interés ni flirtear con  nadie.

Sabe que en ese lugar la gente es directa y que va a buscar un polvo, por lo que no le lleva mucho tiempo confirmar sus sospechas, ya que apenas media hora después,  ya tiene a un hombre interesado en él que lo ha invitado a una copa y no para de mirarle de forma lujuriosa.

Llegados a este punto, tan solo respira hondo y se va hacia los baños con él.

Ahí no hacen más que meterse mano, porque el tipo (solo hay que echarle un vistazo para darse cuenta de ello) parece un poco reticente y escrupuloso con todo el lugar.

—¿Por qué no me llevas a tu casa? —le pregunta mientras le lame cerca del oído.

—Lo siento, pero no puedo. Podemos ir a la tuya si quieres...

—¿A mi casa? ¿Con mi mujer y mis hijos? —se ríe de forma estruendosa.

Draco lo mira, joder, quiere desahogarse y terminar ya... Lo piensa, mira hacia abajo donde su erección está palpitando; bueno, quizás no lo esté pensando tanto…

—Vale, pero en silencio, ¿de acuerdo?

Sabe que es una mala idea, y no puede parar de repetírselo mientras se meten en un pequeño cuarto donde poder aparecerse. Pero bueno, Scorpius estará en su quinto sueño ya, y Harry... le dejó una habitación para que fuese a dormir, así que no cree que esté despierto, es imposible. Si lanza un hechizo de silencio y de cerradura y luego abre las protecciones para que pueda desaparecerse desde su habitación no cree que nadie se dé cuenta.

Mierda, está demasiado desesperado.

Abre la puerta despacio, intentando que ni siquiera la cerradura suene.

—Pasa mientras cierro.

El hombre, del que no sabe ni el nombre, se adentra en el pequeño salón mientras Draco trata de cerrar con la misma ceremonia.

—Vaya, ¿todo esto es de verdad?

Draco se gira al oír la pregunta y casi le da un síncope cuando ve el panorama.

Harry está dormido en el sofá, o espera que sea él, porque tiene la cabeza tapada por una revista de EuroQuidditch abierta. Aunque sí, es su pelo lo que asoma por arriba. Tiene un brazo doblado tras la cabeza y su camiseta se podría comparar con un acordeón; sus piernas, embutidas en unos shorts, descansan una sobre el sofá y la otra apoyada en el suelo. La televisión está puesta aunque no podría decir a ciencia cierta qué es lo que está saliendo, porque el hombre se está acercando a Harry y está un poco inquieto.

—¿Es tu novio? ¿Por eso no querías que viniéramos aquí? No te preocupes, puedo daros cariño a los dos —dice con una sonrisa que revela que estaría más que dispuesto a hacerlo.

Draco se acerca a él para agarrarlo del brazo en el momento en el que el tipo ha empezado a levantar la camiseta de Harry. Pero todo se queda ahí, lo que sucede después es imposible de describir para él, porque sucede muy rápido.

Harry se despierta, sobresaltado ante la mano que no sabe de dónde ha salido y reacciona como todo un auror entrenado. Cuando se quiere dar cuenta el desconocido está con la cabeza apoyada en el sofá y un brazo retorcido sobre la espalda.

Cuando se da cuenta de la situación, suelta al tipo y mira a Draco con cara de arrepentimiento.

—Lo siento... no sé... yo...

El hombre, lejos de parecer asustado o enfadado, tan solo se masajea la muñeca y lo mira con los ojos abiertos de par en par.

—¡Eres Harry Potter!

El slytherin, en ese momento, solo cierra los ojos y suspira. Adiós a su polvo.

—Lo siento, os dejo, me voy para mi habitación –intenta desaparecer Harry para no seguir molestando.

—No, no joder —dice el hombre—, si puedo con los dos.

Harry alza una ceja y lo mira de arriba a abajo.

—¿Perdona? —le dice un poco irritado.

—Creo que es mejor que te vayas —le dice Draco al desconocido mirándolo fijamente con los brazos sobre las caderas.

El tipo abre la boca indignado y se acerca al rubio con candencia.

—¿Estás de broma? Al menos termina lo que has empezado... ¿no me la vas ni a chupar?

Draco se queda lívido y nota como se le seca la boca, Harry ha tenido que notarlo también, porque más enfadado de lo que parecía, ha sacado al gilipollas ese a empujones de su casa al grito de que no quiere volver a verlo por allí nunca más.

Cuando vuelve al salón, el rubio aun parece algo afectado.

—Lo siento —le dice algo cohibido—, no debí quedarme dormido en el sofá, me siento muy culpable por lo que ha pasado…

Draco se gira sin mirarle.

 —No... yo... no debí traerlo a casa, ha sido un descuido estúpido, pero tampoco tenía la mente muy clara en esos momentos, ya sabes...

Harry le dirige una mirada comprensiva y le sonríe. Tampoco es que sepa decir en esa situación, la verdad.

El rubio se deja caer pesadamente en el sofá y zambulle la cara entre sus manos. Durante un rato no habla, y Harry intenta también mantener el silencio, pero él no es muy bueno con esos incómodos momentos, así que decide tratar el tema como suele zanjarlo él cuando está un poco bajo.

—Ha sobrado algo de cena, ¿quieres comer algo?

El rubio asoma su cara y asiente un poco inconformista.

Así, que al menos durante un rato, ambos comen y beben cerveza sin hablar, Harry se devana los sesos pensando en qué decirle hasta que saca el tema estrella que nunca les incomoda: Scorpius. Y a partir de ahí, ambos comienzan una charla bastante graciosa.

No es hasta después de dos cervezas que la curiosidad vence a Harry y no puede callarse así que pregunta que lleva rondando su cabeza desde que la puerta del apartamento de Draco se cerró.

—Y ese hombre, ¿es tu amigo o algo así?

—Qué va –le contesta con la misma sinceridad que a ambos le ha otorgado la cerveza—, si lo acababa de conocer. Potter, solo quería algo rápido y sencillo. Pero parece ser que ni así.

—Bueno, es la primera noche que sales después de mucho tiempo, quizás deberías probar en otro sitio la próxima vez —Draco lo mira de reojo y capta enseguida lo que quiere decirle—, vamos, ¿no me irás a decir otra vez que no me dejas al crío? Si yo me lo paso casi mejor que él, no seas así.

—No voy a ir dejándote a mi hijo como si fuese una carga cada vez que quiera salir.

—Eres tú el que lo ve como una carga. A mí me encanta quedarme con él, nos lo pasamos bien. Además, llevas mucho tiempo encerrado, también mereces pasártelo bien de vez en cuando.

—Bueno, quizás dentro de un tiempo vuelva a pedírtelo, cuando decida otro sitio a donde ir. No pienso volver al de esta noche.

—¿A cuál fuiste? —le pregunta con verdadera curiosidad.

Draco, lo mira un poco reticente, y por muchas cervezas que hubiese bebido, eso no cambia que se encuentre bastante reacio a decirle a Harry donde ha ido, a decir verdad, le da un poco de vergüenza admitirlo.

—Es un sitio del que me habló un compañero de la cafetería, está en a las afueras de Hogsmeade.

Que cuando le diga eso, Harry comience a reírse, le da que pensar que el sitio es más conocido de lo que él pensaba en un primer momento, hecho que no le hace sentir más cómodo en absoluto.

—Joder, Draco, es que ese sitio es para viejos verdes.

—El tipo con el que estaba no tenía más de cuarenta.

—¡Y era joven!, he ido alguna vez, por curiosidad, y ¡madre mía! Solo hay cincuentones detrás de niños que aparentan minoría de edad...

—Los magos a los cincuenta aun...

—¡Peor me lo pones! Entonces no tendrían menos de sesenta...

—¿Y a donde va a ligar el ultra popular y exigente líder del mundo mágico si puede saberse? –carga con toda la ironía que es capaz de procesar en ese momento.

Harry vuelve a reírse de nuevo. Y esta vez él tampoco puede evitar alguna risa, el hecho de que el auror se ría cuando pretende insultarlo, solo puede describir lo relajada que es su relación ahora.

—Pues en el pueblo mágico que hay dos callejones más abajo del Diagón, hay varios bares que son solo para hombres y están muy bien; hay gente normal, con gustos normales —al decir esto, Harry esquiva un cojín de manos del rubio—. No en serio, yo hace bastante que no voy, la verdad, pero no creo que haya cambiado demasiado.

—¿Hace mucho que no vas? ¿Alguna feliz noticia Auror Potter?

—Nah, nada de eso, tuve un royo bastante corto con un auror escocés que luego se volvió a su querida patria y ahora llevo unos meses algo desganado, ya sabes —Harry estira los brazos y se acomoda en el sofá—. Debería volver a salir en algún momento. Si me dejaras conseguir esa niñera, podríamos irnos alguna vez por ahí.

—No —responde tajante.

—¿No a la niñera o no a salir conmigo?

—A ambas, sin niñera no puedo salir —le responde con una sonrisa de esas que Harry define como “salirse con la suya”.

—Vamos, ¿es que no te fías de mí? Conozco un montón de sitios divertidos de los que estoy más que seguro saldrías con un tío decente para pasar una buena noche.

—Claro —se ríe Draco—, el hecho de que te rías al hablar de ellos y que digas que llevas mucho sin pisarlos me da mucha confianza.

—Eh, que es porque no me apetece...

—Eso sí que es gracioso, Potter... ¿conoces a algún otro hombre al que no le apetezca tener sexo?

—No sé, ahora mismo estoy sentado con uno que hace años que no tiene, así que no sé qué pensarás tú...

Draco cambia su expresión, parece no haberle hecho gracia que Harry le eche en cara su situación, así que le manda su mirada más condescendiente.

—No es porque no me apetezca, precisamente. Pero comprenderás que no tengo muchas opciones a mano, entre el crío y el trabajo… además, no es como si pudiera salir a algún bar cualquiera sin que alguien me señale con el dedo “ahí va el mortífago”... Ni siquiera puedo trabajar en un lugar decente. Pero, desde luego –dice ahora cambiando un poco su expresión a una incrédula—, lo que no entiendo es tu celibato, seguro que sales y se te echan a los pies —añade mirándolo de arriba a abajo mientras arruga los labios.

—Ya, pero eso no quiere decir que yo sea un libertino. Si me fuese a la cama con todo el que se me tira a los pies, habría una edición de Corazón de Bruja solo con mi nombre.

—Ah, pero, ¿es que no existe ya? —pregunta dejando que una solitaria carcajada salga de sus labios.

—La mayoría de “romances” que han salido en esa revista son mentira, te lo puedo asegurar.  Siempre que salgo tengo que ir con mil pares de ojos, no me puedo fiar de nadie; normalmente solo de amigos de amigos, ya me entiendes... No es fácil, tengo que ser muy cuidadoso, de ahí que no me apetezca mucho la idea de tener que volver a salir.

—Vaya, es curioso que tengamos el mismo problema con dos situaciones tan contrarias.

De repente se da cuenta que Harry lo está mirando con los ojos abiertos. Frunce el ceño y lo mira intentando averiguar que está pensando.

—Es cierto —dice el gryffindor en un tono extraño; y mirando hacia otro lado como si estuviera devanándose los sesos pensando, añade—: sí, tenemos el mismo problema.

De repente, cae en qué puede estar pasándole por la mente.

—Oh, no... Espero que no estés pensando en lo que creo que estás pensando.

—¿Y qué pasa si lo estoy pensando?

—Ni de broma, si piensas que voy a acceder a eso es que estás loco...

—Ah, vale, gracias —dice mirándolo algo molesto—, sí que sabes cómo herir el orgullo de un hombre...

Draco lo mira algo sorprendido.

—No era por eso. Pero esto es ir demasiado lejos ya... ¿qué será lo siguiente? ¿Cuándo no llegue a una estantería te pondrás en el suelo para que me suba sobre ti?

—¿De qué demonios estás hablando? —pregunta sin entender pero empezando a estar ligeramente molesto.

—De todo, Potter. Compras lo que necesito para mi hijo, lo cuidas y lo sacas para que yo salga y ahora te ofreces a esto solo porque sabes que hace un siglo que no lo hago... ¿tanta pena te doy?

—Oh, por Merlín; otra vez con el tema de la pena, no...  Sabes que quiero a Scorpius como si fuese algo mío... Y no soy un maldito muñeco, Draco, ¿o es que crees que solo lo he sugerido por ti? Yo también pensaba disfrutarlo, ¿sabes? —le dice más irónicamente de lo que pretendía. Draco lo mira de una forma que Harry no sabe cómo interpretar—. No le des tanta importancia, ¿vale? Solo pensaba en pasar un rato agradable, disfrutarlo y ¡joder! Tan solo quería que nos divirtiéramos. Te considero un amigo. No pienses en tonterías. He hecho esto en el pasado con algunos amigos, un buen rato y ya está. Si tú no lo vas a considerar así o te lo vas a tomar a mal, déjalo.

—No es eso, pero…

—¿Qué es lo que te parece tan raro? Creo que es peor que te vayas por ahí a pillar con cualquier desconocido, al menos así estás tranquilo, seguro y sabes lo que vas a encontrar. Sin sorpresas desagradables.

—¿No —titubea un poco—, no es raro después?

Harry se sorprende por la pregunta, pero intenta no parecerlo para hacer que el rubio se relaje.

—No será raro si nosotros no hacemos incómoda la situación.

Draco lo mira como si lo viese por primera vez. A ver, tiene que admitir que tiene su atractivo, si no lo conociese probablemente le parecería un tipo guapo, ya se ha acostumbrado a verlo a diario así que no es como si al hacerlo fuese a encapricharse con él o algo.

—Y sería… ¿solo una vez? –pregunta con un tono que a Harry le da muchas esperanzas.

—Bueno —dice sonriendo de lado—, dejémoslo en solo una noche...

El slytherin vuelve a mirarlo de una forma extraña, Harry intuye lo que podría ser duda e inseguridad, si fuese posible que Draco alguna vez sintiese algo como eso, se le ve siempre tan seguro de sí mismo, que es raro. Se levanta y le tiende una mano. El rubio la mira un segundo antes de tomarla y levantarse con él. Harry mira a su alrededor, pero en seguida el otro toma el control y lo dirige hacia adentro, hacia su dormitorio.

Una vez allí, uno enfrente del otro, se miran hasta que Draco aparta la mirada. Harry empieza a temer que todo se vuelva demasiado incómodo y se eche atrás, pero ahora es él quien quiere ir más allá, seguir adelante; no sabe cuándo ha sucedido pero ahora está demasiado excitado como para marcharse solo de allí, así que sin darle un segundo más comienza a desabrochar su túnica lentamente mientras le cuenta algo que sabe que lo hará sonreír.

—¿Sabes? —le dice prestando especial atención a los botones y hablando lo más tranquilo que le sale en ese momento—, el otro día, mientras salía de la guardería hacia la cafetería, una bruja bastante mayor se acercó y le dio un dulce a Scorpius, él le dio las gracias y cuando estaba lo suficientemente lejos, ¿sabes lo que me dijo?: “Harry —dice intentando imitar la voz de Scorpius—, ¿cuánto tiempo ha pasado esa señora en la bañera para estar tan arrugada?”

Draco comienza a reírse enseguida y Harry sonríe sintiendo que ha conseguido lo que quería, que el slytherin se relaje.

Este, que no es estúpido, y sabe lo que el gryffindor pretende, le devuelve el favor haciendo exactamente lo mismo.

—Eso no es nada —contra ataca, dejando que ahora Harry le quite la camisa— el otro día, en el mercado muggle, nos acercamos a una tienda de animales en la que siempre paramos de camino —Harry asiente, Scorpius le ha hablado de esa tienda alguna vez—, en el escaparate había una gran urna con una serpiente enorme y Scorpius la miraba ensimismado —Draco para un segundo para respirar mientras Harry desliza la camisa por sus hombros, y aprovecha para sacar la camiseta del auror por la cabeza de este.

—¿Sí? —pregunta Harry temeroso de haberle asustado.

—Perdón. Mientras la miraba, se nos acercó la chica y le preguntó a Scorpius que si le gustaba, él le dijo que sí y la chica le dijo que para un niño, la mascota más adecuada era un perrito o un gatito, no una serpiente, porque eran malas y podían picar —se para para coger aire mientras nota cómo Harry va abriendo su cinturón—, Scorpius le dijo que las serpientes no eran malas y comenzó a sacar su lengua imitando a una mientras decía: “mi padre es una serpiente”

Harry echó la cabeza hacia atrás de la risa.

—Creo que eso me suena de algo —añade Harry mientras intenta recuperar la compostura—, una vez le hizo algo parecido a Ron...

—¿Ron Weasley? –pregunta algo incrédulo.

—Sí, un día que vino a recoger a Hermione, creo, mientras jugábamos. Le dijo algo así como que las serpientes no valían nada y que tenía que ser un gryffindor, ya sabes, cosas de Ron, y empezó a hacer eso de la lengua, Ron se quedó pasmado, y yo no pude parar de reírme, además, le dijo algo a Ron... —no continúa porque, joder, eso que está haciendo Draco le está gustando...

Draco que está rozando con su lengua el cuello del auror, para de hacerlo también.

—Sigue —dicen ambos a la vez mirándose y justo después empiezan a reírse.

—Parece que ya te has relajado —susurra Harry ahora algo más serio.

Enseguida capta la indirecta, no más hablar. Así que acerca su boca a la del moreno y lo besa por primera vez. Que Harry gruña dentro de su boca, provoca que se aparte inmediatamente.

—Lo siento, quizás en este tipo de relaciones uno no se besa y yo...

—Calla —le ordena, antes de volver a atrapar su boca de nuevo.

Diciéndose mentalmente que Potter es un mandón, decide volver a prestarle atención, porque “oh, Merlín” hacía siglos que necesitaba algo así.

Draco no recuerda como ha pasado, hace un momento se encontraba de pie vestido con unos pantalones y con la ropa interior decentemente puesta y ahora, de repente, está tumbado en la cama y Harry le está bajando ambas prendas mientras su boca besa toda la piel que va quedando al descubierto. No se está quejando, por supuesto.

Hace tanto que nadie toca su cuerpo de esa forma que siente cada caricia multiplicada por mil; además, está el hecho de que al mirar hacia abajo, sea la cara de Harry la que encuentre, sus ojos los que vea, haciendo aún más irreal la situación si cabe.

Siente cosquillas en cada rincón, como si esa lengua que le recorre pesase una tonelada, tiene que controlarse para no gemir aunque a veces no puede controlarlo y lo hace. A Harry parece que esto lo motiva, porque cada vez que su boca ha dejado escapar algún gruñido de placer, este incrementa lo que sea que esté haciendo con su boca en ese momento.

Aunque no quiere parecer un simple muñeco, ha pasado demasiado tiempo desde que mantuvo esta clase de intimidad con otro hombre (a su mujer solo la tocó en el momento de engendrar a su hijo y no sintió absolutamente nada), sus músculos no le responden adecuadamente, están tan atrofiados como sus sentidos, y aunque siente todo maximizado, lo único que puede hacer ahora mismo es, precisamente, dejarse hacer.

Al menos, hasta que Harry recorre el camino hacia su boca y comienza a besarlo de esa forma arrebatadora tan suya, que hace que parezca un dementor que te absorve la razón convirtiéndote en alguien sin voluntad ni albedrío. Llegados a ese punto, solo puede abrir la boca e intentar comérselo, por muchas razones en las que ahora mismo no puede pensar, aunque tampoco necesita pensar en ellas, porque su cabeza está en otro lugar... entre sus lenguas, saboreando cada milímetro e intentando disfrutarlo todo al máximo.

Y entonces, el gryffindor se separa de él.

—Sé que llevas mucho tiempo sin... bueno, ya sabes –le dice mirándolo inseguro desde su posición—; así que ¿prefieres estar arriba?

Draco lo mira con los ojos abiertos de par en par. Ser activo ha sido siempre su posición favorita, desde luego, pero viendo la disposición y la actitud del moreno, ha supuesto que al menos discutirían sobre eso.

—¿No te importa? —pregunta entrecerrando los ojos.

—No, sino, no te lo habría dicho –responde como si fuese lo más obvio.

Draco cierra los ojos y sonríe. Mientras Harry busca algo, que no sabe si es la varita o el lubricante (dependiendo de cómo le guste hacerlo) piensa en eso. ¿Por qué no puede ser todo el mundo tan sincero y simple como el gryffindor? Él mismo no lo es, pero le solucionaría mucho que el resto del mundo lo fuese, porque hace que sea tan fácil sentirse cómodo y confiar en él.

En cuanto Harry se vuelve a centrar en lo que están haciendo y descubre, para su alegría, que ha optado por la varita, hace ademán de levantarse, pero este le empuja en el pecho y Draco se sorprende al descubrir qué postura ha elegido el moreno; no es una fácil, ni cómoda y sí algo dolorosa, pero no será el quién se le lo impida, desde luego.

Así que cuando a los pocos minutos, Harry se deja caer poco a poco y con sumo cuidado sobre su erección, su temperatura corporal asciende unos cuantos grados, su autocontrol se pone en alerta y su mente tiene que intentar contar hasta diez, o puede que hasta cincuenta; por qué tener a Harry Potter sentado sobre ti, desnudo y con esa cara de satisfacción, tiene que ser lo más caliente del planeta.

Echa la cabeza hacia atrás y comienza a gemir descaradamente, Draco se dispone a imitarlo y no es precisamente porque quiera, sino porque está muriendo y la única forme de detener ese concierto de gemidos, sería coserle la boca.

—Draco —oye, e inmediatamente mira a Harry—, más rápido.

Lo hace, pero el gryffindor sigue pidiendo más. Y aprovechando que ambos son más o menos de la misma altura, en un momento en el que ambos lo están dando todo, le da un arrebato, lo agarra con ambas manos y lo gira tumbándolo sobre la cama; pensando que va a oír alguna protesta, su erección brinca al escuchar un gemido de placer de boca del chico que vivió.

En esa posición, le es mucho más sencillo darle lo que quiere, rapidez. Pero también le da fuerza, pasión y entusiasmo, mucho entusiasmo. Porque no entiende cómo ha podido pasar tanto tiempo sin compartir su cama con alguien, menuda estupidez, ¿cómo ha podido ser tan tonto? Si el sexo es lo más maravilloso que existe.

Si hace un momento había tenido miedo de parecer un muñeco inanimado a ojos de Harry, ahora lo observa, estudia su expresión porque no sabe si está siendo demasiado brusco, o si le está dando lo que desea. Pero las palabras que salen de su boca, no todas ellas entendibles, le dicen que sí, que está disfrutando tanto como él (ya que más es imposible), así que continúa, estocada a estocada, clavándose en él provocando que su cuerpo explote en cada embestida.

—Draco, ya –le oye decir simplemente.

Este baja la cabeza, provocando que el pelo rubio y mojado de sudor, llegue hasta el pecho del moreno.

No terminan a la vez, pero son pocos los segundos que separan ambos orgasmos.

Una vez que ha recuperado un poco la respiración, Harry se pregunta qué debe hacer, porque no tiene ni idea de si debe abandonar la habitación de Draco inmediatamente o darle algo de conversación, ir al salón...

Así que bastante incómodo, se incorpora en la cama con la intención de coger su ropa y viendo que Draco no lo detiene, se pone la ropa interior y los shorts. Cuando coge la camiseta y se acerca a la puerta, oye la voz de Draco a su espalda.

—Ey, no tan rápido —le dice.

Se da la vuelta y lo observa durante unos segundos, tumbado en la cama de lado, apoyando la cabeza en su mano. Parece divertido.

—¿Qué pasa? —le pregunta sintiéndose algo estúpido.

—Aun tienes que contarme que fue lo que Scorpius le dijo a Weasley... ¿no irás a privarme del placer de oír como mi hijo lo puso en su sitio?

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