[Discontinuada] FRÁGIL {Rin M...

By Koyuki

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- Tampoco vas a decirme a qué se debe esto ¿verdad? - te preguntó una vez que se puso a trotar a tu lado. Sus... More

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Diez
Once
Doce
Trece
Catorce

Nueve

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By Koyuki

Te tapaste la cara con las manos, tus codos sostenían el peso de tu cabeza sobre la mesa. El dolor de cabeza te estaba matando y recién estabas a mitad de la mañana. Tenías todos los síntomas de una borrachera aunque obviamente no habías ni probado una sola gota de alcohol, solo habías dormido poco y a eso se le había sumado la culpa que te mordía sin piedad cada rincón de tu conciencia. Repetías una y otra vez los sucesos de la noche pasada.

Dios ¿quién me habrá mandado a ir al club? – querías gritar en frustración pero no podías hacerlo frente al profesor.

Lo que más te molestaba en ese momento no era la actitud de superado de Rin sino que, con solo cuatro palabras, había dado vuelta tu mundo. Tanto tiempo luchando por mantenerte tranquila fue en vano. Habías hecho un enorme retroceso a tu actitud de hace cuatro años, la que tantos problemas te había traído. Incluso lo habías provocado para terminar arreglando las cosas con los puños.

Ahora que lo pensabas con la cabeza fría, prestando atención a los mínimos detalles, Rin había sido casi un caballero y a pesar de que tu intención era molerlo a palos, él en ningún momento te levantó la mano. No estabas segura de cómo hubiera terminado de haber sido diferente, ya no eran niños.

A pesar de todo, ¿por qué sentías la necesidad de volver a ir tras él, sabiendo que las cosas podían empeorar? ¿Por qué, a pesar de la culpa, volvías a saborear el entusiasmo que habías perdido hace años? Quizás te habías vuelto una masoquista.

Te revolviste el pelo, habías arruinado todo. Ya no era como antes. Solían tener discusiones como todos pero por lo general él  terminaba llorando y tú disculpándote casi de inmediato, no soportaban lastimarse. Al otro día era como si nada hubiera pasado.  La magia de ser niños.

– ¿Estas bien, (Nombre)-chan? – escuchaste un susurro a tu lado. No tenías que mirarlo para saber que se trataba de Nagisa. – Has estado gruñendo y murmurando toda la mañana.

– Mi cabeza… me está matando. – Ya no sabías si el responsable era la migraña o tus pensamientos.

– ¡Ah! ¡Debe ser por la caballa que comimos en lo de Haru! – exclamó haciendo lo posible por no ser descubierto por el profesor. – ¿Quieres que te acompañe a la enfermería?

Negaste con la cabeza, sabias que no era por eso pero la idea de Nagisa era buena, aunque no irías a la enfermería. En su lugar, pediste permiso para ir al baño.

Una vez dentro de la pequeña habitación, te miraste al espejo. Eras un desastre, estabas pálida y las ojeras se te marcaban como nunca. No acostumbrabas usar maquillaje pero al verte de esa manera, te arrepentiste de no haberte puesto aunque fuera un poco. Tenías el pelo abultado y enredado de tanto revolvértelo con las manos. Si, era una imagen muy lastimosa.

Suspiraste cuando tu cara entró en contacto con el agua. Estaba fría pero se sentía bien.  Dejaste que resbalara un poco por tu rostro antes de secártela.

Sacaste el celular de tu bolsillo y buscaste el nombre de Rin. Quizás debías pedirle perdón, aunque no sabías por dónde empezar. ¿El relevo? ¿Tu cálida bienvenida? ¿Tu parloteo a pesar de no tener idea de qué había pasado durante esos últimos cuatro años? Tal vez tenías suerte y no había cambiado del todo, si era así, era posible que aceptara tus disculpas. No perdías nada con intentar.

Habías escrito apenas tres letras en el mensaje cuando oíste la puerta abrirse atrás de ti. Inmediatamente guardaste el teléfono en el bolsillo aunque el espejo que tenías adelante era enorme, la persona de seguro había visto tus manos. Estarías en problemas si te pescaban con el celular en el baño durante horas de clase. Levantaste la mirada y observaste en el espejo el reflejo de quien había entrado.

Maldita suerte. Era Tomomi.

Caminó hasta el tercer lavabo,  dejando vacío el que estaba en medio de ustedes dos. Habías seguido todos sus movimientos con los ojos, esperando que dijera algo pero no lo hizo. Solo se arremangó el brazo izquierdo de la chaqueta negra junto con la camisa. No pudiste evitar abrir bien grande los ojos cuando viste la enorme mancha morada que pintaba su blanca piel. Como sintiendo tu mirada, levanto la suya al espejo, mientras se mojaba la muñeca con agua fría.

– Vóley – te respondió aunque no le habías preguntado nada.

– No eres zurda.

– Mh – se secó la muñeca con cuidado y se volvió a acomodar el uniforme. – Fue con un golpe bajo. Deberías saber que se usan las dos manos.

Te explicó como si hablara con un simio que no tenía idea de lo básico del juego. No tenías ganas de discutir con ella. La última vez las cosas habían resultado muy mal.

– Hablando de eso. Inaba-sensei dice que si no vas a las prácticas, te sacaran del equipo.

– Ya lo sé.

– Si ya no quieres ser parte, se lo haré saber.

Era una conversación semi-normal, pero su relación era muy tensa como para hablar relajadamente.

– No voy a dejarlo.

– Bien. – Se acercó a la puerta y la abrió pero habló una última vez antes de salir – Ignoraré lo del celular, no sé lo que te haya pasado pero te ves horrible. Me debes un favor por eso, así que más te vale presentarte en las prácticas. Odio decirlo pero el equipo te necesita.

No sabias si estaba intentado extorsionarte pero no ibas a agradecerle por hacerte un favor que no le habías pedido. Si quería delatarte con el celular, pues adelante, no sería la primera vez. Irías a las prácticas de cualquier forma.

– Quién se cree que es… maldita engreída…–  murmuraste una vez que cerró la puerta a su espalda. Intentaste acomodarte el pelo para estar un poco más presentable y tus manos se frenaron de repente.

Ya entendías por qué Rin te había hecho enojar tanto. Era como si de a poco hubiera mutado en una especie de Tomomi. Todo encuadraba. Con muy poco se sentía superior a los demás. Su nivel de competencia era ridículo incluso aunque la otra parte no quisiera participar.

Recordaste a Haru. El chico en cierta forma era muy parecido a ti. El no nadaba por ser mejor que nadie, lo hacía porque realmente se sentía cómodo en el agua. Tu no habías empezado a jugar para pasar a Tomomi, lo habías hecho por Kaori… no, tampoco, de verdad te gustaba el deporte. Te gustaba jugar en equipo.

Pero, Tomomi había matado toda esa pasión dentro de ti y temías que Rin intentara hacer lo mismo con Haru. ¿Qué otro motivo tenía para estar tan obsesionado con competir contra él?

Apoyaste la espalda contra la pared y te deslizaste en ella hasta quedar sentada en el piso.

– ¿Qué se supone que haga?

Rin se te había ido completamente de las manos y por como habían terminado las cosas quizás era mejor darte por vencida y seguir con tu vida. Aunque, muy dentro tuyo, habías sentido un alivio como nunca antes de haberlo vuelto a ver.

Maldijiste ¿por qué todos tus pensamientos derivaban en él?

… te negabas pero debías aceptarlo, no podías vivir sin él y menos sabiendo que estaba tan cerca.

*

Aprovechaste el descanso para acercarte al aula de segundo año. Habías aceptado ayudar a Gou con la folletería del club de natación del cual se había vuelto mánager.  No creías que fuera posible, ni siquiera creías que la escuela aceptara su petición de formar el club pero lo habían logrado y no solo eso, sino que en tiempo record habían restaurado la piscina. Debías aplaudirlos, lo único que necesitaban era hacer publicidad para atraer miembros. Como Gou siempre había señalado que le gustaba tu caligrafía y tenías cierto conocimiento sobre arte, te pidió que la ayudaras con eso. No te molestaba. La idea, extrañamente, te entusiasmaba.

Encontraste a Haru dibujando en su asiento pero no veías a Makoto por ningún lado, esperabas que su presencia hiciera menos raro el hablar con el pelinegro. Ninguno de los dos era de muchas palabras por lo que por lo general, las pocas veces que te habías quedado a solas con él estaban decoradas por un silencio incómodo.

Te acercaste con tus hojas en las manos y te sentaste frente a él, robando la silla de otro pupitre. Parecía estar bocetando los afiches para el club.

– Perdón por la molestia, Haru-san – le hablaste con algo de timidez, llamando su atención ya que no se había movido ni siquiera cuando te le acercaste.

–…No es molestia – te respondió sin detener su lápiz. Ya estaba acostumbrado a que fueras a buscarlos entre descansos para preguntar sobre el diseño de los afiches.

Dejaste las hojas a un costado, sacando dos con estilos diferentes de letras. – Aprovechando que estás con eso, quería preguntarte tu opinión sobre este tipo de letra. Esta me gusta más pero creo que esta otra va mejor con lo que dibujaste.

Le mostraste las hojas y finalmente levantó la vista de la que tenía sobre la mesa, observándolas unos segundos.

– Cualquiera sirve –te contestó sin dar demasiadas vueltas.

No era como si esperaras una opinión de él, para ser honesta, pero igual preguntaste ya que era asunto de ellos y tú solo estabas participando de buena onda.  Dejo su lápiz a un costado y buscó algo en su bolso.

– Bien… iré con la segunda entonces. – descartaste la primera opción prefiriendo ir por el estilo antes que por tu gusto personal. Era la forma más profesional de actuar.

– Pruébala con estas – te pasó una montañita de hojas con imágenes ya totalmente terminadas. Estaba mostrando algo de interés, algo que no te esperabas para nada.

– S-si – separaste la primera hoja y te detuviste a admirarla.

Te daba un poco de pena escribir sobre el dibujo del chico. Era verdaderamente impresionante, ya entendías por que el club de arte estaba tan interesado en él. Sabía naturalmente cosas como perspectiva, anatomía y color. No eras una experta como para evaluarlo, pero tenías el ojo un poco más entrenado que las personas comunes, habías sido parte del club cuando Kaori todavía estaba en el colegio.

– ¿Qué sucede?

Te diste cuenta que tenía la vista clavada en ti. Probablemente porque te habías quedado callada y quieta de repente, mirando uno de sus dibujos.

– No, nada – sonreíste encogiendo un poco los hombros – estaba pensando que me daba pena escribir sobre esto. Son muy buenos.

Cuando levantaste la vista el desvió la suya hacia un costado, estaba siendo modesto.

– No pienses, solo escribe.

Asentiste y decidieron volver a trabajar en silencio. Delinearías suavemente sobre la parte superior para evitar tapar lo menos posible el dibujo. Estiraste la mano para agarrar el lápiz a la vez que Haru hacia lo mismo, sus manos se rozaron y alejaste la tuya como si te quemara. Él simplemente siguió con su acción y agarró el lápiz.

 – P-perdón

–… no es nada.

Esto es muy incómodo. Gou, Nagisa, Makoto ¿dónde están?

– ¿No trajiste tus cosas?

Negaste con la cabeza un poco más precipitadamente de lo que querías. – Sólo quería venir a pedir opinión con la letra, no planeaba escribirlo ahora.

Te clavó nuevamente esos ojos azules y lo único que querías hacer era huir de ahí. No podías leerlo, sabías que estaba pensando algo pero no podías descifrar qué, eso enloquecía y te ponía más nerviosa de lo que ya estabas.

Se agachó nuevamente a su bolso y sacó otro lápiz de su cartuchera. Estiró la mano para dártelo. – Usa este.

– ¡Gracias! – lo agarraste, con cuidado de no volver a tocar su mano y miraste el útil escolar. Cualquier cosa para huir de su mirada.

El tiempo se estiró horriblemente hasta que volvió a hablar.

– Tú… –  te viste obligada, por educación, a enfrentar nuevamente sus ojos –…te ves diferente.

Terminó la extraña oración y no sabías qué responderle. Ni siquiera sabías a que se refería. ¿Tu cara de muerta? ¿Tus ojeras?

Te rascaste la nuca sintiéndote algo insegura de tu apariencia. – No pude dormir bien y sin maquillaje pues…

Lo viste arrugar un poco la frente, no era la respuesta que buscaba.

– No lo digo por eso. Estás más animada.

El comentario te tomó por sorpresa. Todos, incluidos compañeros con los que poco hablabas, te habían señalado lo ‘cansada’ que te veías. Lo que Haru decía parecía una locura.

Sentiste que no podías escapar, te había leído con una simple mirada de sus ojos azules. Era verdad, a pesar de la pelea con Rin, te sentías más enérgica.

– Ayer…– tomaste valor para contarle. No sabias por qué a él, no te gustaba compartir tus asuntos con los demás, no querías molestarlos… pero quizás Haru buscaba las mismas respuestas que tú. –… me encontré con Rin en el club de natación, aunque discutimos.

Jurarías que le viste los ojos brillar. Eran muy expresivos solo que no sabías como leerlos. Te daban curiosidad.

– ¿Discutieron? – Giró la cara hacia un costado y murmuró con algo de molestia –… en qué está pensando.

– ¡(Nombre)-chaaaan! – Nagisa entró corriendo a la clase con Makoto siguiéndolo de cerca. Cortó tu conversación con Haru. – ¿Cómo va eso?

– Bien, los dibujos de Haru-san son geniales – levantaste el que estabas por escribir para que el rubio pudiera verlo mientras que con la otra mano le mostraste la otra hoja, la que tenía la tipografía que habías decidido usar. – pensaba poner los detalles del club con esta letra.

– Quedará muy bien (Nombre)-san – Makoto observó por encima del hombro de Nagisa. –Gou tenía razón, tu letra es muy prolija.

–  Gracias. – Soltaste una risita con algo de timidez, no sabías como responder al cumplido.

– ¡Con esto seguro conseguimos montones de miembros! – Nagisa se veía decidido – Necesitamos uno más para poder abrir oficialmente el club.

– Es verdad – suspiró el castaño.

Haru no se veía afectado, siguió con su dibujo. Nagisa giró la cabeza hacia ti, sonrisa plena junto a una cara inocente. Sabías que el pequeño demonio tramaba algo.

– No, ya estoy en un club – lo interrumpiste antes de que pudiera decirte algo. Viste como los espíritus del chico se caían al suelo ante tu respuesta. Refregó la frente contra tu hombro un par de veces antes de pararse recto de nuevo.

– ¡Pero si no vas a las prácticas de tu club! Mira, ¡hasta te estas poniendo fofa!

– ¡¿Fo-fofa!? – gritaste sin poder contenerte.

– ¡Nagisa! – Makoto se veía tan sorprendido como tú. Regañó al rubio. – No puedes decirle eso a una chica… lo siento, (Nombre)-san.

–Fofa…

– Pero mira, esto se puede solucionar fácilmente en nuestro club – te pellizcó un costado y gritaste en respuesta, huyendo de su mano. Eras muy sensible a las cosquillas.

– ¡Ni se te ocurra! – esquivó por meros centímetros la puñalada con el lápiz que le habías mandado.

– Mi lápiz… – murmuró Haru.

*

Esa tarde te presentaste en la práctica de Vóley. Tanto la entrenadora Inaba como tus compañeras –sin contar las nuevas– estaban súper entusiasmadas de tenerte de vuelta. Aunque siempre que tenían la posibilidad, bromeaban con que la próxima no te recibirían. Ya estaban acostumbradas a tus esporádicas desapariciones pero aun así te mostraban autentica alegría de verte de nuevo.

– Empezaba a preocuparme, (Nombre)-chan – Inaba te saludó con una sonrisa mientras inconscientemente jugaba con una pelota – desapareciste justo para los torneos, tus remates hubieran sido de mucha ayuda.

– Lo siento… tenia cosas que hacer.

Hicieron un calentamiento, unos ejercicios y jugaron un partido entre ustedes al final de la clase, como de costumbre.

Te sorprendió y a la vez te asustó lo bien que Tomomi y tú se complementaban en las jugadas. La entrenadora también lo había notado y estaba fascinada. Tomomi recibía o bloqueaba los golpes enemigos y tú rematabas por el punto. Sus compañeras armaban la jugada ya que era muy difícil para ustedes hacerse pases.  Era extraño pero parecía que tuvieran miedo de pasarse la pelota la una a la otra.

Te sentías bien. Dentro de la cancha podían olvidar sus diferencias y trabajar como un verdadero equipo. Si solo las cosas siempre fueran así.

*

Te desviaste de tu camino, bordeando la playa. Desde que Makoto te habías atrapado junto al gato, habías evitado llevarle comida. Sabías que el chico había cumplido y no había hablado con nadie del tema, quizás con Haru pero no eran peligro alguno. Antes de que te dieras cuenta habías vuelto al lugar que solía transitar el felino.

Te detuviste cuando viste a Makoto junto a este. El gato se refregaba contra su mano mientras ronroneaba. Se te escapó una suave sonrisa al ver tanta gentileza de alguien que en un principio te asustaba por su tamaño.

–  ¿Ah? ¿(Nombre)-san?

– Hola Makoto-san – levantaste tu bento para mostrárselo y él sonrió. El gato corrió de inmediato a tus pies, maullando con insistencia pero retrocediste unos pasos, no querías tocarlo.

Le diste los restos de tu comida mientras tenías una pequeña charla con Makoto. Te preguntó si te sentías mejor y eso te descolocó por completo. Era muy probable que Nagisa le contara de tus dolores de cabeza a la mañana y, por cómo era él, de seguro se había preocupado.

Sentías una agradable calidez en el pecho, tu ansiedad y miedos de a poco iban desapareciendo. Te gustaba esa sensación, esa tranquilidad.

Estabas tan preocupada por el tema de Rin que eras completamente ciega a todo lo demás, no los conocías hace mucho pero te habías encariñado con ellos sin darte cuenta. No podías entender cómo Rin quería cortar relación con personas como ellos.

– (Nombre)-san ¿puedo preguntarte algo… sin que me arranques los ojos? – te preguntó sin miedo alguno de tu vieja amenaza. Hasta incluso era un tono juguetón.

Aun hacía frió, por lo que la tarde duraba relativamente poco y era devorada en gran parte por la noche. Había insistido en acompañarte a la parada del tren y aunque al principio te quejaste, cediste cuando te dijo que igual tenía que ir para tu lado. Quería pasar por el Club de Natación que no tenía más de uno o dos días más de vida.

– Depende – lo miraste con curiosidad pero le diste lugar a que preguntara.

– ¿Por qué tanto miedo a que te vean con el gato?

Te tensaste un poco y exhalaste pesadamente.

– No es miedo… – murmuraste tapándote la boca con la parte trasera de la mano mientras mirabas hacia otro lado. Pensaste un poco las palabras antes de decirlas. No te sentías del todo cómoda hablando del asunto. – No tengo permitido acercarme a los animales. Mientras no los toque supongo que está  bien. Pero verme junto a uno, por un desconocido, puede llevar a mal interpretar la situación. Por eso reaccioné como reaccioné aquella vez. Lo siento.

Makoto te miró mientras digería la información. – No hay nada de qué disculparse, aún conservo ambos ojos – se rió suavemente mientras que tu esbozabas una sonrisa. Era imposible no sentirse cómoda con su amable personalidad.

– ¿Por qué es que no puedes acercarte?

Sabías que te lo iba a preguntar pero no estabas preparada para escucharlo. Te quedaste en silencio. Era la pregunta que te habías hecho durante casi toda tu infancia. Si amabas a los animales, ¿por qué no podías acercarte a ellos? ¿Por qué no podías tener una mascota? Simple. Porque podrían terminar como Hachiko.

Hiciste una mueca ante el recuerdo que no pasó desapercibida por los ojos verdes de tu acompañante.

– No importa. No tienes que decirme.  – Hizo una pausa para mirar el camino adelante. – Ahí está el club. ¿Te molesta si nos detenemos un momento? Te acompañaré a la estación luego.

Agradeciste por dentro que fuera tan considerado, tanto por lo de acompañarte como lo de no presionarte a hablar. No estabas segura por qué pero querias contarle. A él también le gustaban los animales, suponías que el entendería mejor que nadie.

– Cuando era chica, – te detuviste y Makoto hizo lo mismo, unos pasos más adelante mirando hacia atrás con curiosidad, – tenía muchos problemas de carácter. Me peleaba con mis compañeros y con chicos de cursos más grandes. La cosa empeoró tanto que tuve que ir a una psicóloga. Entre otras cosas, la mujer le dijo a mi mamá que estuviera atenta a otros síntomas de mala conducta como agresividad, desafiar a los superiores, escaparme del colegio o de casa, torturar animales… supongo que ella creyó que estaba metida en todo eso y pues ha tomado precauciones. – Terminaste con una sonrisa llena de lástima hacia ti misma.

Te habías decidido por contarle pero a mitad del relato no te sentías preparada para revivir el recuerdo de Hachiko, no sabías si en algún momento se lo pudieras contar a alguien pero mientras pudieras huir de eso, lo harías.

– Que terrible, no me lo hubiera imaginado. Siempre estás tan tranquila.

Te encogiste de hombros, como si no tuviera importancia. – Cosas del pasado. Aprendes a vivir con todo.

– No puedo hablar de todo lo demás, pero sé que no lastimarías a un animal. El gato al que vas a ver parece quererte mucho – te sonrió, podías ver que no estaba muy seguro de qué decir.

Te reíste pero eran palabras que habías añorado oír durante mucho tiempo. Sé que no lastimarías a un animal.

– Muchas gracias Makoto-san, de verdad, pero… – hiciste un silencio – ahora no solo te sacaré los ojos sino que te cortaré la lengua si le cuentas a alguien de esto.

– ¡¿L-la lengua?!

Te reíste más fuerte cuando lo escuchaste gritar algo perturbado.

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Reader-chan, ¿por qué insistir con el amargo de Rin cuando tienes a estos otros caballeros a tu alrededor? ( ´ ▽ ' )ノ

El que viene es el cap 10. Jamás pensé que llegaría a escribir tanto.  Se los agradezco muchísimo, no se hacen una idea de lo feliz que me pone que les interese la historia, que se debatan que va a ocurrir en el próximo capítulo, que la agreguen a su biblioteca, los favs, comentarios, en fin, ¡todo!

Les prometo traer al pelirrojo de vuelta en el capítulo que viene, les daré el reencuentro lindo que les quedé debiendo (?)

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