Después estaba Álvaro, un Álvaro que siempre aparecía en los momentos necesarios, un Álvaro que parecía que le importaba de verdad, que lo que habíamos echo no había sido sólo un polvo cualquiera.
No pude evitar pensar que después de ese viaje, en cuanto mis pies tocaran tierra todo quedaría atrás. No volvería a ver ni a Blas ni a Álvaro, no volvería a encontrarme con esa mirada tan penetrante ni con esa sonrisa tan perfecta.
Por un lado era lo mejor, necesitaba pensar en todo lo que había vivido, hace unas horas estaba preparando las cosas para irme a Madrid y ahora no sabía qué camino tomar.
Fue un alivio sentir los últimos traqueteos del tren que anunciaban el final de trayecto, por fin volvería a pisar tierra firme, por fin volvía a mi realidad. En ese justo instante Álvaro se tuvo que ir a su vagón a coger todas sus cosas y se despidió de mí con un simple beso en la mejilla, no pude evitar tocarme esa mejilla.
A todo esto, Blas que se había ido con su querida novia a no se sabe dónde, apareció en ese preciso instante por la puerta seguido de Dani y Carlos.
- Bueno, fin del trayecto- dijo Carlos ayudando a Dani con las maletas- fue un placer conocerte chocolatera- dijo abrazándome y pegándome su olor a chocolate- espero verte algún día por Madrid-
- Lo mismo digo Andrea, con compañeras así el viaje resulta hasta divertido- dijo Dani mientras me daba dos besos.
- El placer ha sido míos chicos, de verdad- dije echándoles una sonrisa.
Todo lo que acababa de decir era realmente lo que sentía, sin esos chicos el viaje se me haría eterno. Al final los iba a echar de menos y todo.
Dani y Carlos se fueron dejándome a solas con Blas, no sabía qué hacer, mi instinto me decía que tenía que despedirme pero mis sentimientos me decían todo lo contrario. Al final no tuve que romper el hielo, Blas decidió romperlo por los dos.
- Esto... Andrea mira, voy a serte claro, sé que me he comportado como un imbécil durante casi todo el viaje no me preguntes por qué porque no lo sé. Desde que te vi nada más entrar en este vagón sentí cosas dentro de mí, cosas que nunca había sentido. Pensé que los sentimientos eran mutuos hasta que os escuché a Álvaro y a ti en el lavabo, en ese momento supe de verdad cuales eran tu sentimiento.
- Hemos llegado al final del trayecto, a partir de ahora nuestros caminos se separan, cada uno por su lado. Sólo me queda desearte suerte- me dijo Blas recogiendo las maletas para atravesar esa puerta y no volver a verlo jamás.
En esos momentos no sabía dónde meterme, toda la culpa la tuvo el maldito polvo del lavabo, ojalá nunca hubiese ocurrido.
Respiré, cogí mis dos maletas y atravesé las puertas que me habían acompañado durante ese viaje.
Nada más bajar al andén, me encontré con decenas de personas que buscaban a sus familias o a algún familiar. Envidiaba eso, a mí nadie me iba a recibir a la estación, nadie me iba a guiar hasta mi nueva casa, casa que no sabía ni donde estaba.
Me sentía fuera de lugar, estaba sola en una ciudad que no conocía, era el blanco perfecto para los estafadores.
No me lo pensé ni un minuto más y me fui a la parada de taxis, si quería llegar sana y salva a casa tenía que coger uno de esos vehículos. Nada más llegar a la parada me encontré a más personas en mi situación, por lo menos no sería la única pardilla esperando.
Cuando ya llevaba un buen rato esperando, un taxi se apiadó de mi cara cansada y se paró delante de mis pies. El conductor bajó del vehículo dispuesto a meter mis maletas en el maletero del coche, era un chico joven, demasiado joven para ser taxista.- Puñetera crisis-pensé. Nada más colocar las maletas, le indiqué la dirección de lo que sería a partir de ahora mi hogar.
Tardamos casi media hora en llegar, quedaba algo alejado del centro, cosa que agradecí, por lo menos no iba a perder la costumbre de hacer ejercicio. El taxi llegó a su destino dejándome a las puertas de un gran edificio, por su altitud tendría por lo menos 12 pisos, suspiré, nada más cruzar la calle se encontraba mi casa, mi futura casa.
No tenía ni idea como sería por dentro ya que lo compré a través de una inmobiliaria y por motivos de tiempo no pude visitarlo en ninguna ocasión. A simple vista pertenecía a un edificio relativamente nuevo asique supuse que se parecería a la estética del edificio.
Antes de entrar, no puede evitar acercarme a una pastelería cercana donde todos los productos tenían una pinta exquisita, debían de trabajar todo artesanalmente, proporcionándole a los alimentos el toque de la casa. Sin duda acudiría allí a surtirme de cosas ricas.
Al pasar por el escaparate pude ver que había un cartel donde solicitaban un ayudante de repostería, no lo dudé y entré en la pastelería.
Nada más abrir la puerta vinieron hacia mí olores deliciosos, olores que me recordaban al lugar de donde venía.
El sitio por dentro era muy acogedor, contaba con diversos expositores llenos de pasteles de todo tipo. También contaba con algunas mesas donde los clientes podían degustar las exquisiteces del establecimiento mientras charlaban o leían el periódico.
Atravesé una hilera de mesas de un blanco impoluto y me dirigí al mostrador. Allí me atendió una chica bastante agradable que me mandó cubrir un formulario para entregarles a sus superiores, con suerte me llamarían, ya que era una de las pocas personas que se habían interesado por el puesto. Me despedí de Vero, la chica que me atendió, y me dirigí hacia mi edificio.
Justo en el momento en el que estaba cruzando el paso de peatones un coche se cruzó en mi camino y todo se puso negro.
Noté como alguien me estaba dando golpecitos, lo hacía con suavidad, estaba intentando que regresara a la consciencia. Poco a poco fui abriendo los ojos, me encontraba tirada en el suelo algo alejada de la carretera, giré la cara para ver a mi salvador. No me podía creer lo que tenía delante de mis ojos ¿qué hacia él aquí?
Álvaro al ver que poco a poco iba abriendo los ojos dejó de golpearme la cara, por su cara supuse que fuera él el causante del accidente, su nerviosismo lo delataba.
- Lo siento, lo siento mucho, iba distraído mirando el móvil y no me dio tiempo de frenar- dijo un Álvaro asustado.
En el momento en el que iba a contestarle un dolor muy intenso atravesó mi costado izquierdo sacándome un grito de dolor. Álvaro asustado llamó a una ambulancia, le explicó cómo llegar y se colocó a mi lado.
El dolor era demasiado intenso, era tan intenso que no aguanté las ganas de vomitar. Mi acompañante se limitó a incorporarme y a recogerme el pelo mientras echaba lo poco que me quedaba dentro.
Con mi grito de dolor y los posteriores vómitos Álvaro se puso aún más nervioso, no paraba de morderse los dedos, me estaba poniendo histérica.
Después de unos minutos que se me hicieron eternos, apareció la ambulancia, antes de subir me pusieron un collarín horroroso para evitar cualquier tipo de lesión, tras esto me subieron a la ambulancia.
Durante el trayecto mi acompañante, después de avisar a todos sus compañeros, no me soltó la mano ni un minuto.
Cuando llegamos al hospital nos estaban esperando Carlo, Dani, David, Blas y la odiosa Barbie oxigenada, bueno más que esperarme a mí estaba esperando a Álvaro.
Álvaro soltó mi mano y se acercó a hablar con ellos mientras a mí me tenían que llevar a hacer unas pruebas. Al pasar por Blas, este me dirigió una mirada de preocupación y ternura, la rubia por su parte me echó una mirada de asco. Me metieron por un pasillo de paredes blancas y los perdí de vista.
Siempre odié los hospitales eran lugares demasiado tristes para mí...
La celadora encargada de llevar mi camilla cada dos por tres se paraba a cotillear con alguna amiga haciendo el trayecto más largo.
El dolor que había desaparecido durante el trayecto en ambulancia comenzaba a florecer de nuevo, o la señora esta se daba prisa o me moría de dolor allí mismo.
Cuando creía que ya no aguantaba más, la enfermera me dejó dentro de una sala llena de aparatos de todo tipo, por su aspecto supuse que estaría en rayos. En el momento en que la celadora me dejó, salió por una de las puertas del fondo de la sala un médico cargado de papeles. Me mandó incorporarme en la camilla, lo que provocó que numerosos latigazos invisibles me golpearan por dentro. Ante mi cara de dolor, el doctor me tumbó y me colocó un medicamento intravenoso, según él el dolor desaparecería en unos instantes, y así fue.
Notaba mi cuerpo totalmente relajado,parecía que estaba flotando, si en ese preciso instante me vuelve a pasar un coche por delante no me enteraría.
Mientras yo estaba en mi estado de relajación total, el médico se dedicaba a mirarme cada una de las partes dañadas en el accidente, me hizo unas tres radiografías, dos de ellas salieron limpias y una de ellas mostraba 3 costillas rotas. –Genial- pensé.
En ese instante ,me acordé de Blas y recordando sus intensos ojos azules me sumí en un sueño profundo fruto del tranquilizante.
Me despierto totalmente desorientada, en una sala junto a otros paciente en mi misma situación. Giro la cabeza hacia la izquierda en busca de algo conocido pero nada, giro a la derecha y me encuentro frente a unos intensos ojos azules.