I. Sintonía

By StSassa

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Han pasado casi cuatro años desde que Kongpob y Arthit empezaron a salir. Durante ese tiempo, han tenido que... More

Nota importante
I. Sintonía
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 2.2
Capítulo 3
Capítulo 3.2
Capítulo 4
Capítulo 4.2
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 6.2
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 8.2
Capítulo 8.3
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 10.2
Capítulo 10.3
Capítulo 11
Capítulo 11.2
Capítulo 11.3
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 13.2
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 15.2
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 17.2
Capítulo 18
Capítulo 18.2
Capítulo 19
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Capítulo 4.3

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By StSassa


Arthit entró a un cubículo y lo cerró. Se quitó la camiseta sucia y sacó la nueva de color azul, luego se la abotonó y guardó en la bolsa la que había ensuciado. Salió para mirarse al espejo y poder arreglar bien su nueva prenda. Cuando creyó que todo está bien, salió de los baños en dirección hacia donde había dejado a su novio.

Se detuvo tan sólo unos pasos después de salir. Un grupo de señoritas estaban rodeando a Kongpob, todas ellas muy bien arregladas y si esto hubiera pasado hace algunos años, Arthit estaría intentando algo con una de ellas.

Pero había algo que le molestaba a Arthit: Kongpob era muy cortés, quizá demasiado. Bien sabía él que su novio sólo era amable, pero muchas veces esa amabilidad se podía confundir con coqueteo. Por pura curiosidad, se quedó un momento más observando la escena.

-

—Mi nombre es Berry —dijo una de las chicas que había tomado asiento al lado de Kongpob. Su cara era redonda y sus labios rosados, tal como una baya.

Kongpob pudo sentir una mano de dedos finos tocando su hombro. De repente lo habían vuelto a sentar en aquella banca a pesar de sus intentos por retirarse de allí.

—Eres muy guapo, ¿qué haces aquí solo?

—No seas ridícula, Peach, por supuesto que está aquí con su novia —respondió otra.

—No puede tener novia. Y si la tuviera sería una chica muy descuidada, dejando aquí solo a su novio mientras va de compras...

Las otras chicas reían. Una de ellas tocaba el cuello de la camisa de Kongpob, intentando acomodarlo, pero mas bien estaba haciendo lo contrario.

—Su cabello es muy suave, ¡ven a tocarlo, Berry!

—¡Tienes razón! —dijo Berry, inclinándose sobre Kongpob para hacer lo que le indicaba su amiga.

Kongpob intentaba encontrar una excusa para librarse de aquellas chicas, pero éstas apenas lo dejaban respirar. Ya incluso se estaba mareando por la mezcla de perfumes de ellas.

De un momento a otro, sintió unos dedos que se colaban dentro de su camisa y jugaban con la cuerda de la que colgaba el engranaje combinado, el cual fue sacado de la camisa de Kongpob para ser observado por las chicas.

—¡Un engranaje! ¡qué bonito!

Arthit sólo miraba de lejos y cada acción de las chicas lo irritaba a niveles desconocidos, pero el detonante había sido cuando una de ellas tomó el colgante de sus engranajes combinados. Sin pensarlo dos veces, caminó hacia ellas. Las barrió con la mirada, al menos tres de ellas tenían sus manos sobre su novio.

—Kong... Ya estoy listo—. Sin vacilación, tomó a Kongpob de la mano y lo haló hacia él. Colocó su mentón sobre el hombro de éste e hizo un adorable puchero—. ¿Nos vamos ahora? —. Su voz fue la más dulce que pudo hacer en ese momento.

—Oye, él estaba hablando con nosotras —intervino una de las chicas.

Arthit suspiró y se giró hacia ellas.

—Estaban —recalcó—. Tenemos cosas más importantes que hacer, ¿verdad, amor? —Se dirigió a Kongpob, quien estaba sin palabras.

—Creo que no le importó lo que le dijiste —habló la que tenía los labios más rosados. Las demás comenzaron a reír.

Otra de las chicas se levantó y fue hacia ellos, colocándose cerca de Kongpob.

—¿Por qué no dejas a este aquí y te vienes con nosotras? —Con total descaro, la muchacha recorrió con su mano los músculos de los brazos del menor.

Pero Arthit no se iba a quedar sin hacer nada, así que jaló a su novio hacia él y sin dudar le besó. Le besó como pocas veces lo había hecho. Solo sintió las manos de Kongpob aferrarse a su cintura y escuchó los jadeos indignados de las chicas. No conforme con eso, tomó el labio inferior de su novio entre sus dientes y tiro de él, lo suficiente para que las presentes lo vieran. Ellas, expectantes, empezaron a cuchichear entre todas.

—Es un desperdicio de hombre... —dijo una.

—¿Sólo él? El otro también es guapísimo —respondió otra.

—Si tuviera la oportunidad me los llevaría a los dos a la cama —confesó una tercera y las demás estuvieron de acuerdo.

Kongpob ya había dejado de besar a Arthit cuando escuchó aquello. Miró a su mayor, cuyas mejillas estaban de un brillante color rojo. Las chicas corearon un sonoro «awwwwww» cuando lo vieron.

—Vámonos de aquí, P'Arthit —lo tomó de la mano y haló un poco para alejarlo de allí.

Mientras se dejaba llevar por su novio hacia quién sabe dónde, el mayor no podía despegar sus ojos del suelo.

Kongpob terminó llevándolos a la zona del cine, donde compró los boletos para ambos en una de las máquinas mientras Arthit esperaba de pie junto a una pared. ¿Por qué había hecho eso? Arthit no podía responder esa pregunta, aunque llevaba haciéndosela desde hace buen rato. Aun sentía sus mejillas arder, ¿ahora cómo podría mirar a Kongpob a los ojos? Había sido demasiado atrevido.

Pronto, Kongpob regresó con los boletos en la mano y una gran sonrisa en el rostro. Aún sentía un hormigueo en los labios por el beso que le había dado su P'. Ciertamente éste nunca le había besado de esa forma, tal vez por eso ahora la sensación que permanecía en sus labios también era diferente.

—¿Qué sucede, P'Arthit? —preguntó cuando vio a su amado con la mirada fija en el suelo—. ¿Ya no quieres ver la película?

Para Arthit, el estar dos horas en silencio y sin que nadie notara su timidez, sonaba como una idea excelente.

—Sí, claro... Vamos —le animó, pero seguía mirando al piso.

Sin embargo, Kongpob no pudo evitar empezar a preocuparse por la repentina timidez de su novio. Sí, entendía que, a pesar de ver en él cierto progreso, Arthit no dejará de ser un tanto cohibido cuando se trataba de muestras de afecto en público, así que pudo comprender que no se sintiera capaz de verlo a los ojos. Aun así, estaba angustiado.

—P'Arthit... ¿Quieres hablar de lo que acaba de suceder? —En parte, él sabía que había sido su culpa por no haber sido capaz de ponerles un alto a aquellas chicas en el momento adecuado; por lo tanto, debía ser él y no otra persona quien tendría que arreglar las cosas. —Discúlpame por lo de antes. No debí dejar que se me acercaran de esa manera, de haber sabido antes que te pondrías tan celoso...

—No estaba celoso —le interrumpió Arthit. Aunque bueno, sí lo estaba, sólo que nunca iba a decirlo en voz alta—. No es como si estuviéramos casados... Aún te puedes ir con quien quieras —. Pero no lo hagas, pensó después.

—Lo que tú digas, P'Arthit —sonrió ante la adorable negativa de éste.

Pero como Arthit seguía evitando mirarlo, Kongpob llevó la mano a la barbilla de su mayor para que lo viera a los ojos.

—Te amo, P'Arthit. No me iría con nadie que no seas tú —aseguró.

—Más te vale —respondió muy bajo el mayor, con sus mejillas cada vez más rojas debido a aquella declaración de amor—. ¿A qué hora comienza la película? —preguntó, cambiando de tema.

—En quince minutos. ¿Quieres ir a comprar algo? ¿Palomitas?

Kongpob apuntó a la zona donde vendían los alimentos. No había mucha gente pues era la primera función del día. Arthit aceptó y, cuando estaban esperando, arregló el cuello de la camisa de su novio y guardó bien el engranaje combinado.

—Gracias —susurró Kongpob a su pareja después de que éste acomodara su camisa.

Dejó que su mano descansara en la cintura de Arthit, al mismo tiempo para evitar que éste se alejara mucho de él. El mayor seguía tan tímido y eso lo hacía verse demasiado tierno.

—Pero, P'Arthit... Si no estabas celoso... Entonces ¿qué sentiste cuando me viste rodeado de todas esas chicas? ¿Qué te hizo atreverte a reclamarme como tuyo de esa manera?

Tan sólo faltaban dos personas enfrente ellos, pero al parecer la mujer que estaba ordenando frente a ellos no se decidía.

—Yo... Yo... Te salvé —aseguró, pero dudaba de qué tan creíbles habían sido sus palabras—. Te veías incómodo ahí.

—Sí, y te agradezco por ello. De verdad sentía que no podía respirar... —Aunque de repente, Kongpob se dio cuenta de algo. —P'Arthit... ¿Así se siente cuando estoy muy cerca de ti? Quiero decir, ¿sientes que te asfixio con tanto cariño? —deslizó su mano lejos de la cintura de Arthit, algo triste y apenado.

—Qué cosas dices Kongpob... Claro que no. Mira, ya es nuestro turno.

El menor asintió, aún con un pequeño sentimiento de culpa. Una vez pidieron, pagó también por las palomitas y lo demás que quiso su novio para comer dentro mientras veían la película. Después, él y Arthit se encaminaron a la sala que indicaban sus boletos de cine.

—Ten cuidado de no ensuciarte otra vez, P' —fue lo último que dijo antes de que las luces de la sala se apagaran y empezaran los comerciales.

Kongpob se quedó callado y quieto en su lugar durante las dos horas que duraba la película, pero Arthit podía ver en el rostro de éste que aún estaba pensativo sobre lo que le había preguntado.

Al salir del cine, Arthit llevó a Kongpob a un pequeño parque que estaba cerca del centro comercial. Se sentaron en una banca y lo tomó de la mano.

—Kongpob... No es que me asfixies con tu cariño... Es sólo que... —comenzó a jugar con los dedos de su pareja—. Sólo que nunca me espero tus comentarios, y... aún me da algo de vergüenza escucharlos. Nunca se cómo reaccionar o qué decir, no me mal entiendas, no es un reclamo —sonrió levemente—. Sabes que el afecto en público no es mi fuerte... Pero de verdad estoy trabajando en eso.

Kongpob sólo pudo sonreír avergonzado. Por supuesto que no dudaba de los sentimientos de su novio hacia él, pero a veces pensaba que lo abrumaba con su personalidad y sus coqueteos. Ser acosado horas atrás por esas chicas le hizo darse cuenta de lo cansado que podía ser tener a alguien que quiere tu atención y necesita tu cariño. Además, como Arthit pocas veces le expresaba lo que sentía, al menor tampoco le era fácil saber lo que su novio quería o no o si estaba cómodo con lo que le pedía. Ahora se sentía tan tonto por permitir que ese tipo de pensamientos le dieran tantas vueltas en la cabeza. Sin embargo, también lo hacía muy feliz el hecho de que Arthit se sincerara con él de esa manera. Aquello provocaba que su amor por él creciera más y más.

—De verdad que te amo más cada día —confesó y se apresuró a disculparse por sus palabras cuando vio la expresión apenada de su mayor, aunque sólo por educación, pues nunca se arrepentiría de expresarle sus sentimientos a su novio por más vergüenza que le diera a éste—. Gracias por decirme eso, P'Arthit. Pero por favor no temas en decirme lo que no te gusta de mí y me esforzaré en cambiarlo para ti.

Arthit se acercó todavía más a su pareja, haló de su mano y se rodeó con su brazo. Le gustaba... No, le encantaba ser abrazado por Kongpob. Giró su rostro y besó tanto su mandíbula como su mejilla, luego escondió con vergüenza su rostro en su cuello.

Y al sentir contra su piel el rostro caliente de Arthit, Kongpob lo arrimó más hacia sí simplemente para sentir su cercanía. Arthit había cerrado los ojos para disfrutar mejor del ambiente y se sentía bien, relajado e incluso algo cariñoso. Se despegó del cuerpo ajeno y se acomodó de tal forma que su cabeza descansara en el regazo de Kongpob.

Entonces, este empezó a acariciar con las yemas de sus dedos el cabello de Arthit, quien parecía un poco adormilado por el gesto. Su otra mano reposaba sobre el pecho de su novio, el cual subía y bajaba con total calma. Pero claro, pensó Kongpob, por supuesto que está cansado. ¿Y cómo no iba a estarlo? Lo había levantado temprano después de un día tan cansado como el anterior.

A lo lejos, Kongpob vio que estaba también la pareja de chicos que habían visto salir de la tienda horas antes. Estaban recostados contra un árbol, tomados de la mano mientras charlaban entre ellos. Ambos jóvenes se veían muy enamorados, Kongpob metafóricamente podía ver sus ojos de corazones al mirarse el uno al otro. Se preguntaba si así es como otros lo veían cuando miraba a Arthit, con ojos de corazones. Alguna vez sus amigos le comentaron algo al respecto. Rio, volviendo su mirada hacia su pareja.

—Puedes tomar una siesta si quieres, P'Arthit —susurró.

—Mmmm... No, estoy bien —respondió Arthit momentos después, entrelazando sus dedos con los de Kongpob que jugaban en su pecho. Después, abrió los ojos con algo de pesadez. Observó como su novio lo veía fijamente con demasiada ternura y amor, subió su otra mano y acarició sus mejillas.

¿Qué había hecho para merecer tanto amor?




*

S: ¿Ustedes qué opinan de este capítulo? Recuerdo que me divertí mucho escribiendo a esas chicas y más leyendo las respuestas de Yael a las mías, bwahahaha.

Y: Deberíamos poner más veces celoso a Arthit? Por que así, el se me hace muy tierno y adorable!!

S: Estoy segura de que la mayoría va a decir que sí, pero... tengan cuidado con lo que desean.

¡Nos leemos el próximo lunes!

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