A FAVOR DEL AMOR

By EsperanzaElenaRenjif

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Un hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert... More

SINOPSIS
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capitulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capítulo 42
Capítulo 43
Capítulo 44
Capítulo 45
Capítulo 46
Capítulo 47
Capítulo 48
Capítulo 49
Capítulo 50
Capítulo 51
Capítulo 52
Capítulo 53
Capítulo 54
Capítulo 55
Capítulo 56
Capítulo 57
Capítulo 58
Capítulo 59
Capítulo 60
Capítulo 61
Capítulo 62
Epílogo (Parte 1)
Epílogo (Parte II)
Epílogo Parte III
Agradecimientos
Aviso

Capítulo 18

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By EsperanzaElenaRenjif

Con el confort y la bendición que sintió arropar su alma en el inmenso cariño y agradecimiento que sentía por Ernesto algo la condujo a un descanso sosegado, sereno y fructuoso que la envolvió completamente. Ellen le daba mil gracias a Ernesto por toda la comprensión y ternura que le había brindado, pues eso le había proporcionado la fuerza y la fortaleza para seguir sintiendo cerca a Ernesto en cada paso que dió, en cada decisión que tomó. El solo recordar su mirada paternal le daba la tranquilidad que necesitaba. Por ello muy en el fondo Ellen sentía que Ernesto por fin se había reunido con su amada mujer. Y le prometió nunca olvidarlo, porque él merecía tener esa hija que encontró y como tal ella quería honrar esa suerte de haber sido elegida como tal sin merecerlo. 

-Algunas veces piensas que vas a vivir 100 años, y ojalá así sea, yo sólo quiero vivir con tu recuerdo, en cierta manera me angustia esta vida que te has inventado para mi. ¡Hay Ernesto!, sólo a ti se te ocurre, yo una chusca en jaula de oro. Y me angustia el no llegar a ser todo lo que tu pensaste para mi. 

-Ernesto quiero darte mil gracias por despertar siempre  mi sonrisa, aún cuando mi corazón se siente triste, con tu presencia siempre lograste que mi día se iluminara, aún después de tu muerte. Dándome la esperanza de que todo pasará, y que el mañana será un nuevo comienzo. De verdad, no se como agradecer tantas cosas hermosas que me has brindado.  Y por ese amor paternal tan grande que me diste, sin esperar nada a cambio procuraré ser diferente y feliz, sin dañar a nadie, ni nada.

-Ernesto, sé que personas como tú, obtendrán siempre las recompensas más hermosas y perdurables de la eternidad. Bien decía superman que; "Ser buena persona es el negocio más redituable que existe" y es algo que creo que tú sabías muy bien. Ahora estarás disfrutando de tu amada esposa. El amor de toda tu vida y del más allá. Sólo quiero que sepas que en algún momento nos volveremos a encontrar...

 Por un momento sintió que ella también quería encontrar un amor así, un amor que le hiciera pertenecer a alguién o algo, con esa idea se quedó dormida.Ellen había descansado espléndidamente. Era la primera vez que dormía bastante, desde hacía un buen tiempo. Se levantó como cronometrada y corrió a la sala lista para escuchar a Max Weber, en doble VJK.

-¡Guau! gritó Ellen, era la primera vez que podía escuchar a Max Weber en un equipo de sonido con ecualizador y con parlantes que hacían que los sonidos salieran como si un ángel divino estuviera transportándola al mismísimo paraíso. Con toda la emoción que la embargaba se tiró al piso y apoyó su quijada entre sus manos mientras que echada boca abajo y con las piernas flexionadas y cruzadas hacia arriba, se sentía radiante y casi podía afirmar que Max Weber estaba ahí junto a ella, a nada, mientras que la vigorosa y masculina voz de Max Weber la seducía completamente... 

Y así estuvo hasta que de pronto, alguien vino a tocarle insistentemente la puerta, y precisamente por tener el volumen tan alto no lo escuchó, sino, hasta que los anuncios de los auspiciadores de la revista radial se hicieron presentes, y Ellen pudo bajar de esa nube en la que Max Weber la capturaba cada martes jueves o sábado.

-toc, toc, toc...

- ¿Quién podrá ser a esta hora?, -seguramente los vecinos vienen a darme la bienvenida, se dijo contenta, pensando encontrar a una señora, con su marido y sus hijos. -O tal vez, sean una pareja de ancianitos, se dijo sonriente; mientras se levantaba para abrir la puerta e invitarla a escuchar su programa radial.

Al abrir la puerta, Ellen no vió a la señora que se imaginó, ni a la pareja de viejitos ni al matrimonio feliz con niños. No. Nada de eso. Lo que Ellen vió al abrir la puerta fue a un hombre despeinado en pijamas, con una toalla en el cuello, con la cara ceñuda...

- Buee.... ¡Tú!

-Vaya habiendo tantas mujeres para la limpieza y mi vecino te tuvo que contratar a tí. -Dijo Albert malhumorado. Ahora me explico tan mal gusto.

-¡Eh!..., quién se ha creído que es para venir a faltarme el respeto en mi. Y en mi propia casa. ¡Claro!, tenías que ser tú el arrogante del café que quiso tirarme el taxi encima por una manchita insignificante, vete al mismísimo carajo, y si no encuentras la dirección, mejor vete a la mierda. Le dijo Ellen y le tiró la puerta en las narices, sin dejarle que Albert expresara, el motivo por el que él le tocaba la puerta.

Instantes después Max Weber la volvió a envolver en la nube de fantasía que tanto Ellen disfrutaba. Mientras que el airado Albert siguió tocando y tocando la puerta. Al final se dió por vencido, se metió a su departamento y se duchó lo más rápido posible para irse a su bufete.

Albert estaba que se lo llevaba el diablo, él odiaba ser despertado antes de las 5 horas de sueño reglamentario, o que lo interrumpieran mientras escribía o hacía algún estudio de algunos casos, y el volumen tan alto que tenía el equipo de sonido de casa de su vecino, incluso hacía que algunas ventanas de su apartamento vibraran y eso unido al volúmen alto y al programa radial lo desquiciaban.

Su llegada al bufete tuvo sus consecuencias, pues llegó como alma que se lleva el diablo, repartiendo sarcasmos, tirando puertas, exigiendo no ser molestado. Incluso Leticia que tuvo el descaro de aparecerse frente a él en el horario que él habituaba salir a los juzgados fue tratada con mucha tirantes. Albert le dejó en claro que su personal estaba completo, y que no necesitaba de ella. Y que buscara trabajo en otro bufete.

A la hora del almuerzo tanto Albert como Marcelo compartieron un momento agradable, hasta que Albert vio cruzar frente a su mesa del apartado a Ellen, la cual venía para atender a un comensal del apartado vecino mientras él iba al baño. Sus ojos azules, su piel blanca y aporcelanada hacían juego con el uniforme celeste con finas líneas Azul  rey, y con el cabello recogido en un fino moño, mostraba un cuello largo y bien femenino con facciones delicadas, piernas largas y bien torneadas escapaban de ese uniforme que le entallaba cada curva,.. era increíblemente bella. Albert sintió que ella irradiaba energía, lo entorpecía el solo mirarla, tenía la cabeza hecha un lío y aunque intentó despejarse mientras se lavaba la cara en el baño, no podía dejar de pensar en esos ojos azules tan intensos. Y eso lo molestaba,pues él tenía que molestarse por sus comportamientos pasados.

-¡Aichhh!, no puede ser se decía Albert mientras golpeaba con ímpetu el mueble del lavado, pues por mas que deseaba plantearse sentimientos que linden con la ojeriza o el desprecio hacia ella, lo que menos sentía era eso, sino más bien ¿deseo?.

-¡No! no y NOoooooo. -Se decía Albert enojado

Cogió papel toalla y con él se secó el rostro con fuerza, luego lo estrujó y tiro al tacho con mucha ira. Salió molesto consigo mismo de retorno al apartado para recoger su saco y su maletín, al salir volvió a verla, casi chocaron al cruzarse y Albert la cogió del brazo para evitar que ella resbalara, solo ese contacto fue suficiente para que ambos conectaran sus miradas durante algunos segundos eternos.

-Tú otra vez, le dice Ellen. Entonces se miran desafiantes, pero Albert la sigue cogiendo y no sólo del brazo sino, también de su torso, pegándola hacia él, hasta estabilizarla. En ese lapso ella pudo detallar su rostro angulado y armonioso, su mirada penetrante, con una buena mandíbula, cuello ancho y cabellos ondulados. Albert era simplemente sexi, despedía un aroma a hombre, y al momento de cogerla y acercarla a su pecho casi elevandola del suelo pudo darse cuenta de su gran altura y la simetría de su torso ¿era casi una v?, y lo que más le llamó la atención era el escuchar su grave voz al decirle; ¡cuidado señorita! mientras la envolvió en sus fuertes brazos de forma brusca y la elevó por unos instantes evitando así su caída. 

-Algo turbada Ellen quitó la mirada penetrante de Albert, al sentir que era colocada nuevamente en el suelo, al bajarla sus ojos quedaron pegados a su pecho, desde donde pudo apreciar esos bellos tan varoniles que él apenas podía ocultar tras su camisa ligeramente desabotonada. Ella sólo atinó a colocar sus manos en el pecho de él para que Albert la soltara. Y aunque esa acción sólo demando unos segundos, Ellen sintió que unas llamas la quemaban, y se retiró de la escena lo más rápido que pudo, dejando a un Albert quieto y absorto en la contemplación de su amado interior.

Marcelo alcanzó a Albert en el vestíbulo.

-¿Ya te vas Albert? -Preguntó Marcelo.

-....

-¿Albert? ¡Tierra llamando a Albert!....

...

-¡Albert! ¡Albert!...  ¿Estás aquí?

-Ahh... ¿Qué decías? -Pregunta Albert saliendo de su ensoñación.

- Nada,... nada, ...Mmmm ¿Ya te vas?

-Sí. Y creo que directo a casa. Contesta Albert resuelto.

-Bueno, amigo, ya conversamos mañana. No se por que pero no te veo nada bien. ¿Estás enfermo?.-Pregunta Marcelo palmeando el hombro de Albert fraternalmente.

Mientras Albert va saliendo,del restaurante pudo observar que uno de los camareros tenía una sonrisa coqueta, y se comía con los ojos a Ellen, ambos reían doblando servilletas en una esquina tras un aparador. Y por alguna razón Albert sintió una punzada en su pecho, pero sólo movió su cabeza en señal de negación y continuó caminando.

-Mmmm ... ¡No!, pero tengo mucho en que pensar. -Contesta pensativo Albert, mientras se retira con pasos lentos, como si en cada pisada tratara de encontrar una pesquisa.

La tarde había caído, Albert se encontraba sumergido en la piscina, por alguna razón no podía de dejar de pensar en las frases de Ellen, precisamente en: "quién se ha creído que es para venir a faltarme el respeto en mi. Y en mi propia casa".



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