LUCE*
No sabéis lo que es ir en un coche con tu futura suegra, cuñada y tu madre durante una hora.
Vestido blanco, vestido veis, con mangas, sin mangas, ancho, ajustado...
Así todo el camino oyendo a las dos madres discutir.
April me miraba y me ponía caras graciosas para intentar animarme.
-Vamos, vamos.- Dijo mi madre.
Entramos a la misma tienda a la que April me llevó hacia ya tiempo.
-Señoras. Ya hay dos vestidos elegidos así que decídanse.- Dijo April a ambas madres que ya rebuscaban por la tienda.
-¿Como?- Preguntó su madre con el ceño fruncido. Estaba, ¿enfadada o decepcionada? Mi madre asentía con la cabeza como un niño al recibir una orden de su maestra.
Había olvidado que la última vez que fui a esa tienda April y yo elegimos dos vestidos.
Entré al probador y me desvestí. Al rato la dependienta entró con el primer vestido.

Estaba enamorada de ese vestido. No era muy alta pero con los tacones que me puso la chica estaba perfecta. Parecía una novia y no una niña haciendo la comunión.
Salí del probador decidida y me subí a la plataforma redonda que había delante de un enorme espejo.
-Ahhh.- Todas miramos a mi madre que lloraba desconsolada secándose los mocos con los pañuelos que le estaba dando la dependienta.
-Estás muy guapa. Quiere decir tu madre.- Respondió April.
Mi suegra en cambio me miraba de arriba a abajo.
-Mmmmm.- Dijo acercándose a mi. -¿Dónde están tus cartucheras? ¿Y los michelines?- April y yo comenzamos a reírnos mientras mi madre aún lloraba.
-Vamos a ver el segundo.- Dijo la dependienta acompañándome de nuevo al probador. -Curiosa familia.-
Y tan curiosa...
-Lista.- Me ayudó a salir y me llevó de nuevo a la plataforma.
Mi madre ya no lloraba, aún mantenía su pañuelo en la mano.
-El otro.- Dijo la madre de Marc.

-Este.- Dijo mi madre.
Ambas se miraron desafiantes.
-¡Los dos!- Dijo April. -Uno para la ceremonia y el otro para la fiesta.
-No podemos...- Mi madre se miraba los zapatos mientras intentaba terminar la frase.
-No vais a pagar a nada.- Dijo mi suegra. -Regalo nuestro. Todo.-
Sabía que mi madre estaba avergonzada pero nosotras no habíamos planeado esta boda. No habíamos tenido tiempo para ahorrar.
-Gracias pero no.- Dijo mi madre.
April se llevó a mi madre fuera. Su madre se acercó a la dependienta y pagó con una tarjeta dorada los dos vestidos, los velos y los tacones.
-Mama.- Dije al salir de la tienda.
-Perdóname hija.- Dijo secándose las lágrimas.
-Mama, no tengo que perdonarte nada.- Dije fundiéndome en sus brazos.
-Yo quería pagar...- No la dejé terminar. La tapé la boca e hice burlas con la cara.
-Bla, bla, bla. Me has pagado dieciocho años todo, ¿no te parece suficiente?- Dije retirando la mano de su boca para volver a dejarme caer en sus brazos.
Ella solo me dio un beso en la mejilla y me dirigió al coche.
Un hombre salió de la tienda de novias con cuatro cajas y las colocó en el maletero.
-Gracias.- Dijo April dándole un billete de cien.
-Yo por otro te abro la puerta del coche.- Dije entrando en él.
Todas se rieron, pero lo decía enserio.
-A casa por favor.- Indicó la suegra al chofer.
-¿Cómo les irá a los chicos?- Preguntó April.
-Pfff, conociendo a tus dos hermanos... Se estarán matando mientras tu padre los mira con un whisky en la mano. ¡Son unos burros!- Se debió de quedar muy a gusto al terminar de decir eso.
-Esconderé los vestidos en mi casa.- Dijo April en voz baja. -Así Marc no hurgará.-
-No veo a Marc hurgando.- Respondí mientras me lo imaginaba rebuscando entre mi ropa.
-¿Qué no? Marc es una persona seria y estricta pero... la duda le carcome. Si le dejas intrigado es muy divertido. ¡Pruébalo algún día!-
Sonaba cruel y me gustaba.
¡Le haré de rabiar! Dije para mis adentros.
Sentí una molestia en la tripa.
-No me seas hombre y vayas a chivárselo.- Dije mirando mi panza que a pesar de llevar casi tres meses no tenía nada de tripa.
-Estoy agotada.- Dijo mi madre.
-Vamos que mi spa.- Dijo la madre de April.
-¿Tú spa?- Preguntó mi madre confusa.
-Claro. El que tengo en casa.- Dijo tan tranquila.
Nos hicieron bajarnos a April y a mi y ellas se fueron en la limusina al spa o a saber.
-Cuando vengan se quedarán sin móvil.- Dijo April a mi lado.
-Dos semanas sin salir.- Dije siguiéndole el juego.
Nos miramos a los ojos y nos echamos a reír.
-¿De qué os reís?- Preguntó Marc.
-De nada. Me voy a casa.- Dijo April cogiendo las cajas después de darme dos besos. -A ti ni agua.- Dijo pasando por delante de su hermano.
-Bruja.- Dijo Marc cuando esta se alejó.
-¡Ven aquí y dímelo!- Respondió está a lo lejos.
-¡Corre! Activó su radar de bruja cotilla.- Dijo Marc tirando de mi hasta llegar a la puerta.
-Tú primero.-
-¿Por qué estás tan simpático?- Pregunté arqueando una ceja. Huele mal aquí...
-¿No te has comprado nada?-
-No vas a ver el vestido Marc.- Dije descalzándose en la entrada para después correr a mi habitación.
-Mi camita.- Dije dejándome caer en ella.
-Mi camita.- Dijo Marc dejándose caer a mi lado.
-¿Me estás repitiendo?-
-¿Me estás repitiendo?- Dijo acariciando mi cara.
-Para.- Dije separándome de él.
-Para.- Dijo volviendo a mi lado.
-Tengo algo que decirte pero no voy a hacerlo.- Seguiría el consejo de April. No soy mala pero se lo ha buscado.
-Dímelo.- Dijo abriendo sus ojos como platos.
-No.-
-Dímelo.- Dijo de nuevo abriendo más sus ojos.
-Pareces un camaleón.- Dije entre risas. Era un chico muy guapo pero eso de parecer tener ojos saltones no le sentaba muy bien.
-Si no me lo dices no te dejaré salir de aquí.- Dijo una vez se puso de pie. Estaba serio, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Sinceramente... ¡Imponía!
Echó la llave a la habitación y la tiró por la ventana.
-¿Estás loco?- Dije asomándome a esta.
La llave había caído a la piscina creando pequeñas ondas en esta por el impacto, se hundía poco a poco hasta llegar al fondo y luego nada. Luce encerrada con Marc en una habitación.
-Más te vale que envíen comida por la ventana.- Me rugía la tripa.
-Dímelo.- Volvió a decir.
-Me vas a matar de hambre.- Me tiré al suelo y me hice la decaída.
-Dímelo.- Dijo de nuevo sin inmutarse.
-Vas a matar a tu hijo.- Dije entre pucheros.
Marc se acercó a la estantería y tiró de un libro. Esta se abrió y dejó ver un cuarto no muy grande con una cama y una gran despensa.
Me lanzó una tableta de chocolate milka relleno de oreo y la volvió a cerrar.
-Enciérrame allí.- Dije con el chocolate ya en la boca.
Marc me quitó lo que me quedaba de la tableta y me limpió los restos de chocolate de los labios con su lengua.
-Era mío.- Dije sería.
-Y tú mía.- Dijo tirandose encima de mi.
No había tenido todavía el primero y ya buscaba otro.