Frágil y sollozante camino por el bosque, perdida, descontrolada. La única calma es el humo de un cigarrillo lleno de recuerdos sombríos que se pierden en cada inhalada de cáncer. No quedaba nada más, la muerte es inminente y con cada pisada que doy encuentro más cercano ese momento.
No encuentro tu mano, recuerdo que prometiste no soltarme, ahora solamente veo como se aleja junto a tu silueta sombría en la niebla, sin embargo no estoy segura de que sea tu mano la que veo, ¿Es que acaso nunca estuvo ahí? ¿Será que me deje ilusionar con las rosas que me hacias ver creciendo entre los arbustos? ¿Maleza? ¿Acaso era solo maleza? No logro aceptar que de pronto todo se ha convertido en musgo. ¡Ahora lo entiendo! Las flores jamás estuvieron ahí, todo fue un engaño, pero no importa, a pesar de que me dejaste entre arboles oscuros y lodo empapando mis pies, luchare por salir de aquí, aunque rasgue mis harapos con las espinas de los rosales que dejaste tirados en el camino, aunque tenga que luchar contra los lobos que se lanzan sobre mí, seguiré luchando por salir.
Telas de araña pegandose a mi cuerpo, mis ojos derraman lagrimas negras y mis labios se secan poco a poco.
Agonía...
La esperanza regresa, a tiempo antes de perder la cordura.
Te encontré aquí, en medio del frio y la llovizna, encontré una luz, una luz cegadora.
No todo es tan malo, es un faro que me sigue a pesar de que mis ojos ya no brillan y de que mi alma se encuentra perdida, decidió alumbrar mi camino, dandome un nuevo sabor, nuevas fuerzas para continuar.
Dulce agonia, no me dejes con la mirada marchita, alumbra mis pasos y ayudame a apagar mi cigarrillo, debo acabar con esta cajetilla eterna. No luches contra mí, que esta vez no ganare. Solo dame tu mano y no me suelte, en estos momentos yo sé que solo puedo entregarte un beso vacío y un corazón marchito y aunque sé que no lo mereces, dejame estar a tu lado, entremos a esta locura y logremos salir juntos de la agonia eterna.