... SE DA INICIO A ESTA SESIÓN.
El juez dijo unas palabras que no logré comprender del todo. Sé que presentó el caso. Y todavía estaba haciéndolo. Yo solo quería irme de allí.
Trump estaba sentado al lado de una mujer que parecería ser su abogada. Una mujer tailandesa (tenía los rasgos tailandeses) muy elegantemente vestida.
Trump venía vestido con jeans y una camisa a rayas. Pink, del otro lado, con otro abogado. Este era grande y rechoncho, y tenía una panza grande y redonda. El abogado de Pink, parecía ser más de la mafia que de las leyes.
Trump me miró varias veces fijamente. Desde su sitio. Estaba sentado de manera informal, con aires de superioridad. Tenía los ojos perdidos, quizás estaba drogado. No estoy muy seguro.
El lugar estaba repleto de gente. Ae estaba sentado detrás de mí con mi familia. Excepto mamá, que estaba en otro lado con N'Yim quizás comprándole un helado. Mi madre amaba a esa niña y la conoció hace una hora.
Había mucha gente vestida formalmente. El juez estaba sentado en lo alto. Muchas gente, muchas cámaras, muchos policías.
Me sentía como en una película. Solamente que en éste caso, el nervioso era yo. Y no sabía qué decir para poder irme rápidamente.
Señor juez tenemos el caso del estado. En contra del señor aquí presente *dice los nombres completos de Trump y de Pink pero Pete no escucha bien y tampoco le importa* por los delitos siguientes:
Pete suspiró fuerte. Quería dejar de temblar tanto.
*Intoxicar a la víctima con drogas peligrosas e ilegales.
*Secuestro
*Tenencia de armas ilegales las cuales fueron utilizadas para ultrajar a la víctima.
*Agresión física, verbal, emocional hacia la víctima.
*Robo y amenaza por parte del señor Trump.
El juez dice otras palabras rápidamente. Dando a entender que el juicio está abierto. Presentan a los abogados, todos muy educados y decididos.
Yo estaba muy tranquilo. Pero mi corazón empezó a bombear de manera violenta cuando escuché
El abogado Samuel Boratti iniciará su declaración
Sam me miró tranquilamente. Él estaba confiado y si bien su nombre me resultaba gracioso, me ponía tranquilo verlo tan tranquilo a él.
Samuel se acomodó el traje y la corbata. Se levantó de su asiento y se dirigió a la mitad de la sala.
Miró a todos. A cada uno, sus ojos verdes pasearon por el lugar. Analizó todo. Miró a Trump, y miró a Pink. Y a sus abogados, quienes les respondieron la mirada.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Pensé que Sam iba a hablar en inglés, pero se dignó a hablar en tailandés.
--Mi cliente declara que este individuo aquí presente (señaló a Trump sutilmente) lo estuvo hostigando desde hace varios meses. No obstante, llegó a golpearlo, robar sus pertenencias y amenazarlo todo el tiempo de volver a agredirlo. Por ende, mi petición para usted, señor juez, sería la encarcelación inmediata de estos dos individuos que señalé anteriormente.
No habló de Pink. Lo cual se me hizo muy extraño.
Trump tenía la mirada fija en mi abogado. Pude notar como lo quería comer vivo. Trump tenía una expresión sombría y aterradora.
Alguna vez me pregunté incluso por qué estuve tan enamorado de él.
Mi abogado agregó un par de cosas más a su declaración. Esto no pareció incomodarle en lo más mínimo a la abogada de Trump ni siquiera al de Pink. Eran como de macizo, duros, inexpresivos, empoderados. Como si este juicio se tratara de una cosita pasajera para ellos.
Yo estaba temblando. Pude notarlo debido a mis piernas. Mi padre también lo hacía. Era una costumbre de ambos, no poder ocultar mucho el nerviosismo.
¿Que haré cuando deba declarar?
Esa pregunta me carcomía la cabeza.
El juez seguía hablando. No podía escuchar nada que no sean mis propios pensamientos.
Sé que debía decir la verdad porque yo no había hecho nada malo. Tenía muchas cosas a mi favor, sin embargo la idea de que todas estas personas sepan mi "historia con Trump" me hacía querer meter mi cabeza bajo la tierra.
La abogada de Trump se levanta. Muy segura de sí misma. Me mira directamente a mi.
--Señor juez --dice ella. --Permítame dudar de la palabra del abogado del demandante.
Mi corazón dió un vuelco. Acto seguido comenzó a latir con tanta fuerza que me dolía.
¿Dudar? ¿Era un maldito chiste? En toda información acerca de Trump había registros de robo, amenazas, estafas. Era un maldito chiste decir que quedaban dudas acerca de su culpabilidad o no. Supe entonces, que ese era el trabajo de ella. Defenderlo. Que él no vaya preso.
Ella no iba a rendirse fácilmente.
--¿Por qué dudaría en la palabra del señor Boratti, abogada? --dijo el juez. Creo que él tampoco estaba muy convencido. Nadie en la sala lo estaba. Era como si todos hubiesen quedado helados respecto a la palabra de la abogada. Ella estaba siendo directa.
Yo no creo que Trump sea culpable. Siendo que tengo un cliente con un registro terrible.
Eso entendí yo. No sabía de leyes, no sé de abogacía y quizás nunca pueda llegar a saber, pero lo que ella había hecho era algo directo. Sin titubear y sin dejar cabos sueltos.
La abogada miró a todos al igual que lo hizo Sam. Es probable que esto era una táctica de la abogacía. No entendía mucho. Yo solo quería saber qué iba a decir ella y el motivo de por qué era mentira de lo que Sam acotaba.
--Mi cliente me comentó de que toda esta acusación se produjo por, lo que se conoce hoy como "despecho".
¿Cómo?
¿Ella utilizó esos términos refiriéndose a mi?
Mi corazón ya me dolía el doble en el pecho. Empezaba a sentir calor. Me estaba a punto de desmayar. Y todo por una simple frase. Acababan de decir algo tan... Erróneo que quería ir a gritarle en la cara. ¿Como podía ser tan basura así? ¿Cómo mentir de esta forma?
Mi abogado se mantuvo tranquilo pero se levantó de su lugar intentando retomar el hilo. El juez enseguida golpeó el martillo pidiendo orden haciendo que diera un saltito del susto.
Esto era lo peor que me podrían haber dicho. Estaba casi seguro que Trump había mentido en absolutamente toda su declaración.
Yo lo miré desde mi lugar. Él sonreía. Le sonreía a la nada. Le sonreía a la mentira.
Y cruzamos miradas.
Volteé la cara. Quedándome en mi lugar, recuperando un poco el aire. No me iba a descomponer. No hasta ganar este juicio.
Me giré disimuladamente. Miré a Ae y él me miraba fijamente. Podía ver preocupación en sus ojos.
--Es casi muy probable que el señor Pichaya haya inventado todo este asunto del robo y secuestro... Por despecho señor juez. Por si no lo dijeron las pericias, el señor Pete Pichaya se dirigió al lugar de los hechos por su propia voluntad...
Es cierto. Eso sí era cierto. Pero no estaba mintiendo. Incluso habían pruebas de que él me golpeó, de que me drogó. ¡Me estaba poniendo más nervioso de lo normal!
Quería hablar y decirle que todo era una mentira. Que no era cierto lo que ella decía y que yo estaba diciendo la verdad. ¿Iban a escuchar a una persona que tiene los peores antecedentes de su vida?
¡Dios!
Trump seguía triunfante, ahora mirando con orgullo a su abogada.
--Abogada, ¿Tiene alguna pregunta para la víctima?
Cuando el juez mencionó esto, me tembló hasta la médula. Sam confiaba en mi, y si bien él me explicó un poco de todo esto, sabía que ella me iba a enredar con sus preguntas. Debía ser fuerte, así terminar con todo esto.
--Señor Pichaya, ¿De dónde conoce a mi cliente usted? --se acercó la abogada a preguntarme, con voz firme y lo suficientemente alto para que todos escuchasen.
Miré a todos lados. ¿Qué digo?
La verdad.
Recuerda Pete. Solo la verdad.
--Era amigo de un ex amigo. Lo conocí por la universidad. --respondí. Mi voz estaba muy temblorosa. Sam me miró muy confiado.
--Es decir que su relación era directa. --recalcó ella.
Yo asentí.
La abogada Nuk paseó por el lugar, dando pasos firmes y elegantes.
--¿Por qué dice que mi cliente lo secuestro a pesar de que usted fue al lugar por sus propios medios?
Iba a responder. Pero Sam respondió arriba de mi.
--Señor juez esa información no es necesaria para el caso.
--Si que lo es --respondió ella. --Porque de ser así, hay otras cuestiones que tienen que ver con lo relacionado a mi cliente...
Mi cara se puso colorada.
-- Quiero decir, mi cliente me dió un dato sumamente influyente para este caso señor Pichaya, y es que usted...
Que no lo diga
--Y él...
¡No, ahora no!
--Fueron noviecitos...
Mierda.
Ahora sí, esto se complicó peor de lo que esperaba.