Una furia indescriptible despertó dentro de mi. Me acerqué a la ventana del piloto. Pude obtener una mejor visión de la cara de Hannah. Un imbécil estando tan cerca de sus labios, y sus manos casi en sus muslos. Todo pasó muy rápido, cuando sus labios chocaron los de ellas, y mi puño chocando con el vidrio de la ventana.
— ¡Quita tus babosas manos de mi chica, maldito bastado!— Supe que mi voz entró al coche donde estaban, por sus cuerpos sobresaltados. La puerta siendo abierta, y yo tomando en puños su camisa. Una sonrisa descarada en su rostro. Un golpe conectando su rostro, para borrar su estúpida sonrisa. Sin embargo, seguía ahí.
— ¿Tú eres Ashton? Porque si es así, déjame decirte que tu chica gemía tu nombre, cuando era yo el que mordía sus labios.— Un golpe seguido en el otro, él trataba de defenderse, pero lo agarré fuera de base. Sentía un dolor agudo en el pecho, que era simplemente mejor haber sido golpeado. Seguidamente cayendo al suelo, mi cuerpo sobre el de él. No podía controlarme. Sentí unos pequeños brazos rodear mis hombros.
— Para, por favor.— Sollozos cayendo de ella. Cerré fuerte mis ojos, levantándome del suelo. Caminé un poco lejos de ellas, para mirarla, no a los ojos.
— Estás borracha, Hannah. Vamos a casa.— Su cuerpo tambaleando hacia el mío.
— ¿Por qué tu tono tan frío?— Ella estaba en una burbuja, viviendo el éxtasis del alcohol. Su mano tocando mi mejilla, por inercia, yo alejándome de su toque.
— ¡Porque te quiero para mi, maldita sea! ¡Para mi! — Su cara de sorpresa ante el volumen alto de mi voz.— Es hora de irnos.— Comencé a caminar hacia la camioneta. A pesar de que estaba caminando a unos kilómetros detrás de mi, podía sentir su presencia justo ahí.
PDV Hannah.
Entré al auto negro tambaleándome, después de todo el show, ver como casi Ashton mataba a Ethan, el alcohol estaba dejando su estadía en mi cuerpo, más aún con un vaso de agua que Elizabeth me había dado. Mi chico respiraba sin vía alguna, estaba tan perdido. Yo debo admitir que dejé besarme por él, sentí que era Ashton y el enojo que tenía porque él no me había hablado, fue un bonus más para seguir su juego. Me sentí una puta total. Lágrimas rodaban por mis mejillas mientras mordía mi dedo para controlar mis sollozos y no sonar como una maldita víctima en el momento. ¿Cómo y por qué vino hasta aquí?
Las largas piernas de Ashton se visualizaban a mi mirada directa cuando lo vi subiendo las escaleras de dos en dos. Dejé que mis sollozos salieran cuando no vi su presencia. Subí por el ascensor, la oscuridad que sentía en mi en ese momento no la podía describir. Me sentí un asco de persona sólo por besar a alguien que no era Ashton, sólo porque sentí una estúpida ansiedad en mi cuerpo de hacerlo. Casi corrí al ver la puerta abierta, escuché unas botellas caer de la alacena, cerré los ojos y suspiré al instante para intentar calmar el miedo que se estaba creando en mi cuerpo. Sin pensarlo tomé uno de sus brazos, sólo para sentir mi cuerpo pegándose a la pared por su acto salvaje. Me había empujado.
—¡No me toques, maldita sea! ¡No me toques!—. Gritó en mi cara. El enojo siendo presente en cada parte de su rostro. Las lágrimas caían de mis mejillas al momento que miré al suelo, mi cuerpo estremeciéndose cuando escuché su respiración vacilante.
Hice el intento de acercarme otra vez, paré mi paso cuando lo vi tomar una botella y tomar de ella un gran trago.
—Ashton, por favor...—. Rogué, mi voz cortándose al decir las últimas palabras.
—¡Lo besaste! ¡Besaste a otro hombre! Maldita sea, lo hiciste, ¡Crees que siendo terca puedes conseguir lo que sea!—. Unas lágrimas se asomaban en sus ojos y yo no pude sentirme más mal en ese momento.
—Yo no quise hacerlo—. Mentí, aunque en su mayor parte era verdad.
—Lo hiciste—. Se alejó de mi, yéndose a su dormitorio. Escuché el típico sonido de sus botas cayendo al suelo, el soplar de su camisa cuando se la estaba quitando. Quité mis tacones, dejándolos en algún lugar de la sala para seguirlo. El miedo me invadía, pero una parte de mis pensamientos me recordaba que no debía tenerle miedo a él.
Me asomé por la puerta, la habitación oscura; estaba sentado en el borde de la cama, una de sus manos estaba en su frente mientras intentaba calmarse. Lo observé un poco más antes de acercarme con la tranquilidad que fuera posible. Me senté a su lado, su mano descansaba en su regazo, su hermoso perfil estaba reconocible pese a los actos. Mis labios se posaron en su espalda desnuda, dejando besos húmedos en ella, estaba tan frío, estremecido por mi toque. No presté atención a sus gruñidos de molestia. No podía dejar esto así esta noche.
—No me toques—. Intento levantarse. Mi peso hizo el intento de dejarlo sentado, sabiendo que alteraba su molestia. No me importaba en realidad.
—Por favor—. Dije por segunda vez. Sus sollozos mínimos se escuchaban, haciendo el esfuerzo por no ser tan audibles para mi.
Me bajé de su espalda, colocándome frente a él. Sus ojos se cerraron en cuanto me visualizó ahí. Besé sus manos y sus brazos, para luego pasar a su cuello y sus mejillas, apartó su cara cuando intenté besar sus labios. Un crujido en mi pecho me hizo querer llorar ante su rechazo de mi, pero sólo lo regulé, ignorándolo.
—Perdón—. Besé la comisura de sus labios. Me alejó de él con delicadeza, su respiración nivelándose cuando abrió los ojos. Pequeñas gotas se asomaron por su lagrimal, para hacer su recorrido por sus mejillas y cuello.
—Besaste a otro hombre—. Recordó—. Y duele—. Mi corazón rompiéndose por segunda vez con la vulnerabilidad de su voz. Sentí un crujido incómodo en mi estómago, mi labio inferior temblando seguido de las lágrimas bajando.
No me importaron sus rechazos a mis labios, lo besé, las gotas saladas de sus mejillas bajando a sus labios se mezclaron, dando un beso melancólico y fuerte, el movimiento rápido entre nosotros me daba una seguridad para seguir con mi acto. Mis piernas enrollándose por sus caderas, sus manos intactas en la cama, mientras él dejaba que yo siguiera besándolo. “Perdón” era lo que salía de mis labios repetidamente apenas siendo audible. Sus labios por fin siguieron mi ritmo , pero él seguía sin tocarme como yo quería que hiciera. Fue malo conmigo al desviar mi manera de besarlo, sólo para irse por una más cruel, mordiendo mis labios y chupándolos, quitando su rabia conmigo, en mi. Me quejé cuando mordió mi lengua sin pesar, pero aún así no hice el intento de separarlo de mi. Me quitó de él, quitándose sus jeans, quedando en unos bóxers negros. Vacilando entre estar desnuda para él o no, terminé haciéndolo con inseguridad y seguridad mezclada.
No veía ningún signo de picardía en sus ojos, sino una oscuridad extraña que me hacía sentir nerviosa y con miedo de lo que pudiera pasar. Su cabeza fue puesta en dirección al techo, sus ojos cerrados aunque yo sabía que no estaba dormido. Mis manos se rodearon en él, coloqué mi cabeza en su pecho aún sin recibir su respuesta. El alcohol que quedaba en mi, me dio un dormir rápido, pero incómodo a su vez.
**
Respiré con dificultad, sintiendo una punzada en mi cabeza, mis ojos cerrándose nuevamente cuando sentí los rayos del sol pegando en mi cara. Miré confundida el techo, me relajé cuando escuché los ronquidos leves de Ashton en mi oído. Su cuerpo estaba casi en el borde de la cama, una de sus piernas pasaba mi cuerpo a mi derecha, estando totalmente abiertas, viéndose más largas de lo usual. Caí en su pecho de nuevo, antes de que despertara y me diera a demostrar que aún estaba molesto conmigo. El pensamiento de los sucesos de ayer me llenaban de asco, aún no asimilaba las cosas que hice, la manera de equivocarme sólo porque estaba enojada con mi chico de ojos claros, que justo ahora eso no valía nada la pena. Verlo acostado ahora, comparado ayer, es un giro de 150 grados. Ayer sentí tanto miedo, y ahora sólo parece un adolescente durmiendo abajo de mi.
Mis dedos masajearon con delicadeza su abdomen, no dejaba de repetir las miradas y lágrimas de Ashton cuando me dispuse a observarlo. Ver qué tan hermoso era y cuánto me encantaba que fuera así. A pesar de que su personalidad no era la que mi mente siempre se imaginó, yo sabía que él podía controlarse si se lo proponía, el hecho de asustarme sabía que no le gustaba y él no haría semejante cosa para mi. Sus pestañas revolotearon cuando dejó sus hermosos ojos a mi vista. Una pequeña sonrisa se asomó en mis labios para saber su reacción en la mañana.
—Buenos días—. Su voz ronca dijo directamente hacia mi. Le sonreí nuevamente, acostando mi cabeza en su pecho de nuevo. Me sorprendí cuando sus manos masajearon mi cadera de la manera más calmada posible. Mi respiración pesada cuando me echó a un lado para levantarse.
Lo observé buscar una toalla blanca en su closet, dirigiéndose al baño. Me quedé acostada, el techo siendo lo más interesante en ese momento. Una sonrisa se escapó de mis labios al sentir el invisible tacto de Ashton en mi cadera hace menos de treinta minutos. Las cosas increíbles que este increíble chico podía causarme, eran tan inexplicables que las palabras ni siquiera me fluyen al hablar de él directamente sin que una sonrisa se curvé en los pensamientos.
Luego de que salió, no me miró, no me tocó, no hizo nada más que salir y supongo que prepararse alguna bebida o desayuno. Hice el aseo diario lo más rápido que pude, batallando con qué ponerme. Busqué con mi mirada la camisa de Ashton de la madrugada, es una de mis favoritas por el logo de su banda favorita en el frente. Me queda bastante ancha, y su perfume sigue impregnado en ella. Mi cabello fue atado con una liga a un lado, mis pies descalzos me llevaron hasta donde él se encontraba. Mis manos fueron pasadas a través de su abdomen, lo sentí tensarse, dándome la vuelta para quedar frente a él. Unas cuantas migas de pan tostado estaban en la comisura de sus labios, igual que un poco de mermelada rosada.
—Mi enojo ha reducido, pero todavía lo estoy contigo—. Su voz calmada me indicó. Yo asentí con decepción, sus manos en mis muslos dando pequeños masajes redondos en ellos.
—Lo siento tanto por lo de ayer—. Dije en voz baja, mirando sus ojos—. De verdad, no sabes cuánto lo siento.
Una suavidad en sus ojos me indicó que todo estaba bien, por ahora, porque habíamos pasado por dos discusiones seguidas y no sabía qué vendría después de esto. Pasé mis manos por su cuello, su cabello húmedo hizo cosquillas en mi piel erizada por su toque en ella. Una de sus manos subió a mis senos, dándoles pequeños pellizcos por el alrededor, causándome gemidos leves cuando me acerqué a sus labios. Sin pensarlo me alcé a él, mis cortas piernas haciendo lo posible para enrollarse con seguridad en su cadera. Besos fueron dejados en mi cuello, mi cabeza tirada hacia atrás con su toque húmedo. Mis manos viajaron a su cuello, impidiendo que me soltara. Sus manos apretadas a mi espalda, todo mi cuerpo delantero lo tocaba en su totalidad. Mis pequeñas manos tocaron su abdomen, sintiendo las marcas de (no) ejercicio en su piel. Apretó mis nalgas cuando mordí su mentón seguido de su cuello, causando la sensación de placer en mi y en él.
Me tumbó al sofá, un pequeño y agudo gemido salió de mis labios cuando metió sus manos dentro de su camisa, tocando mis pezones, en placer llenándome entera. Sonreí cuando su nariz empujó mi mejilla a un lado para entrar en mi cuello, su largo cuerpo no hizo lo posible por caber en el sofá, donde estaba acorde a mi tamaño. Mi cabello se hizo presente, haciendo cosquillas en mi piel. Besó mis hombros, mi cuello, mi mandíbula y mis mejillas, mordió mi oreja para luego dejar un beso rápido en mis labios. Cerré mis ojos cuando sentí sus labios regresar a mi cuello, esta vez me quejé de incomodidad y placer cuando chupó con fuerza en la parte derecha, un poco más abajo de mi oreja. Mis manos viajaron hasta la marca, mirándolo con dudas.
—Ahora todos sabrán lo mucho que me perteneces—. Aclaró, su voz ronca trajo electricidad a mi cuerpo con las palabras presentes saliendo de sus labios. Le sonreí con timidez acercándome a él para abrazarlo. Un abrazo caliente, curando los malos recuerdos y trayéndome el efecto de felicidad en el momento.