-¡¿Entonces, Damian es un bebéééé?! –Dick y Tim interrogaron al unísono-.
-No. Eso no es posible. Lo que yo dije fue que el golpe aturdió un poco su percepción de sí mismo. Muestra claros signos de confusión causados por el traumatismo. -El médico respondió estoico sin mirarlos fijamente-. Y como ya dije, es un estado temporal... Volverá a la normalidad en un par de días. Procuren que no se estrese y denle los medicamentos para disminuir la inflamación.
-Pe... pero... -Dick necesitaba más respuestas-. ¿Él está bien?
-Sí, señor. Como usted lo pidió, luego de hacerle los estudios tres veces, no se encontraron secuelas que pongan en riesgo su vida...
-Pe... pero... -El mayor de los Robin insistía angustiado-.
-Y se lo repito, por si no quedó claro..., este tipo de incidentes es más común de lo que se cree... No pasa nada. Sólo siga los cuidados adecuados y todo se resolverá sólo. –Agobiado, el médico se dirigió a los dos, quienes se miraron desalentados ante el desastroso diagnóstico-. Y no es necesario que se quede aquí, puede descansar en casa. Así que si me permiten...
-Espere... ¿de verdad, de verdad, de verdad está seguro que mi hermanito se encontrará bien? –Dick preguntó estrujando su chaqueta de por sí ya arrugada-.
-Como ya se los expliqué, los estudios no mostraron alguna consecuencia grave, o mortal, o siquiera algo que le provoque comezón. –El médico aseguró mirando los documentos que firmaba-. El chico tiene la cabeza muy dura. Sólo necesita reposo y nada de esfuerzo...
-Pe... pero... -Dick interrogaba más asustado que nervioso-. ¿Qué debemos esperar ahora que es un bebé?
-No es un bebé... Dije "bebé" de forma genérica, en realidad, él cree tener dos o tres años... -Señaló todavía sin mirarlos de frente-. Pero es una consecuencia del golpe, y no es que su mente haya tenido un retroceso. El golpe alteró su percepción. Basta con que repose y tome sus medicamentos...
-Pero eso es grave... ¿no? Su comportamiento...
-Ya dije que no... También la neurocirujana se lo dijo, así como la psiquiatra, el psicólogo y la trabajadora social... ¡No hay nada de qué preocuparse! –El doctor reafirmó levantando un poco la voz-. Ahora, si me disculpan...
-¡No se vaya! –Dick pidió sujetándolo de la bata-. ¿Y qué se supone que debemos hacer ahora?
El experimentado señor soltó un suspiro largo y una maldición con su aliento. Volvió sobre su paso y manoteó recuperando su prenda.
-Señor Grayson, por enésima vez... Sólo cuide que no se lastime o deambule solo. Nada de agitación o alguna actividad que lo haga trabajar o esforzarse. La inflamación disminuirá con los medicamentos. Cuando eso suceda, su hermano recuperará su estado lúcido y concentrado. ¿Queda claro?
Dick bajó su mirada. Y justo cuando el experto se iba a marchar, su camino fue interceptado por Tim. El médico frunció el ceño.
-¿Ahora qué...? –Habló dirigiéndose al menor quien había puesto su mano sobre los documentos que sostenía en una tablilla-.
-¿Está seguro que no hay un método más rápido para hacer que se cure? –Tim habló finalmente, liberando su ansiedad-. Ya sabe, ponerle hielo, o algún té, o volverlo a golpear en la cabeza...
Aquel hombre cano levantó la mirada desdeñosamente. Le arrebató la tablilla y avanzó un par de pasos hacia los hermanos.
-Escuchen bien... ¡SU-HERMANO-VOLVERÁ-A-LA-NORMALIDAD-CUANDO-LA-INFLAMACIÓN-HAYA-BAJADO...! Así que denle sus medicamentos, como ya lo indiqué. ¡Y sobre todo, eviten alguna de las cosas que están pensando!
-¡Pero es que esto no es normal! ¡Él tiene quince años, y ahora ni siquiera puede ir al baño solo! –Dick abrió la boca apartando a Tim-. ¡NI SIQUIERA PUEDE IR AL BAÑO SOLO! ¡¿Sabe lo que eso significa?! –Dick se alteró sujetando al médico de la camisa-.
El doctor arruinó su faz expulsando una mueca de fastidio.
-Jóvenes, como ya lo dije las primeras cincuenta y seis veces anteriores..., sólo es confusión y aturdimiento. Síganle la corriente... Su hermano volverá a la normalidad cuando su corteza craneal se desinflame... ¡Y NO, NO HAY CURAS MÁGICAS! ¡Si les preocupa saber cómo cuidar a un niño, busquen la ayuda en internet o pregúntenle a su madre! ¡Y ya deje de atosigar, porque de por sí ya es molesto tratar al chico clandestinamente sin poner al tanto a su tutor legal como para seguir soportando sus impertinencias! ¡Y por última vez, NO HAY NADA QUÉ TEMER! ¡Y si no me suelta, señor Grayson, llamaré a seguridad! ¡Así que si ya todo quedó claro, debo ir a atender a los otros pacientes...!
Dicho esto último, el médico dio media vuelta haciéndose soltar, golpeando a los chicos con su bata que revoloteó con el movimiento. Tim y Dick se miraron desilusionados. Ya era el tercer médico en toda la ciudad que les informaba lo mismo. Y las ganas de buscar un cuarto se esfumaron de sus cabezas como el doctor en el pasillo. Los dos emprendieron la marcha hacia donde Damian descansaba.
-Nos dijo lo mismo... -Tim añadió exhalando su aire impaciente-. Creo que no hay de otra...Volvamos a casa... Además, ya va a amanecer...
-Bruce nos va a matar... ¡Arruinamos a su hijo! –Dick exclamó haciendo una pausa en su trayecto a la habitación del hospital-.
-No es que lo hayamos "arruinado". Damian está bien... en lo que cabe. Fue un accidente...Y todos dijeron que era temporal. Y no te preocupes por Bruce, él llegará hasta el sábado, eso nos deja con cinco días para que Damian se recupere. Nadie tiene por qué ponerlo sobre aviso y provocar su ira... -Tim dijo sonriendo mal intentando sobrellevar la situación-.
-Esto no está para nada bien... –Dick expresó llevándose una mano a su cabello-.
-Relájate, todos nos dijeron que era cuestión de un par de días, sólo debemos asegurarnos que el baby-demonio descanse y no se lastime a sí mismo... Todo estará bien...
-Sí, es cierto... Damian estará bien... Y no es que sea un problema, ¿no? Sólo se cree un niñito... Eso no es tan grave. ¿Qué podría pasar? –Dick añadió riendo nerviosamente-.
Los dos retomaron el camino a la habitación donde Jason y Damian aguardaban. Se acercaron lo suficiente y antes de girar la perilla, ambos se pasmaron instantáneamente, pues el silencio y la calma que el lugar desprendía advirtió sus sentidos paranoicos. Dick hizo una señal y ambos se colocaron a los costados de la puerta. Esperaron unos segundos antes de que Tim asintiera con la cabeza y entraran de golpe a la pieza. Pero ninguno de los dos estaba preparado para ver algo tan fuera de contexto y extraño.
-¿Se quieren callar? –Jason musitó susurrando, apretando los dientes intentando no agitar su voz-.
Los hermanos recién llegados abrieron sus ojos cual charolas platinadas, que no hacían más que hacerse notar en la habitación obscura sólo iluminada con las luces exteriores. Luego cambiaron sus impactados rostros por risas ahogadas con sus puños, pues no resistieron ver a Jason cargar a Damian literalmente, como si fuera un bebé.
-Dije que se callaran... Me costó mucho trabajo hacer que se durmiera...
-Pero, ¿por qué lo estás cargando? –Tim preguntó muerto de risa-.
-Porque no dejaba de llorar y me pidió que lo cargara... ¿Qué se supone que hiciera? ¡Así que cierren sus malditas bocas o se las cerraré con mi puño! –Jason habló alzando un poco la voz-.
Algo de lo que se arrepintió en el acto, pues Damian se quejó un poco y volteó su cabeza ocultándola en el hombro de su hermano.
Dick y Tim se paralizaron sin excusas.
-Calma, calma, todo está bien... Duerme... duerme...-Jason anunció usando la voz más suave y tierna que jamás haya podido ser capaz de utilizar-.
Incluso acarició la cabeza del menor con un toque dócil, guiándolo para que volviera a recostarse. Lo que reinició las carcajadas de los otros dos. Jason frunció el ceño.
-Si lo despiertan, juro que los mataré... -Jason se mostró sumamente frío al soltar su amenaza-.
Tim pausó un poco su arrebato al observar la mirada filosa del mayor.
-Creo... creo que habla en serio... -Tim anunció retomando la risa, pero también jalando a Dick afuera de la habitación-.
Ambos tardaron minutos enteros en dejar de reír. Y cuando por fin abandonaron sus intenciones burlonas e intentaron volver a la habitación, nada los preparó para el recibimiento agresivo de Jason, quien los tomó por una oreja y los obligó a alejarse de la puerta y sentarse en la sala de espera.
-¡Me duele, Jason! –Tim se quejó levantando las manos rindiéndose-.
-Por poco lo despiertan...
-Ya, ya...lo siento... -Dick se disculpó para hacerse soltar-.
-Como sea, ¿qué les dijo el doctor?
Tim y Dick bajaron sus hombros torciendo sus bocas. Jason comprendió cuando vio sus cabezas negarse. Él mismo suspiró resignado.
-Bruce te va a matar, Dick... -Jason soltó sin una pizca de diplomacia-.
-¿Qué? ¿A mí por qué?
-Porque es tu responsabilidad como el mayor que eres... -Tim y Jason respondieron uniendo sus voces-.
-Ustedes estaban en la casa cuando eso pasó... ¡A mí no me culpen!
-Tú debiste estar en la casa también... ¡Pero noooooooo! ¡El muy galán salió con alguno de sus novios! –Jason acusó hábilmente cruzándose de brazos-.
-¿Qué? ¡Cállate! ¡Yo qué iba a saber que ustedes no podían cuidarlo un par de horas! ¡No era una misión imposible!
-Jason tiene razón, ¡tú debiste estar en casa! –Tim se unió a la conversación levantándose-. Y ahora por tu ausencia, ¡mira lo que pasó!
-¡No me echen toda la culpa! ¿Qué estaban haciendo ustedes? Se supone que Jason haría la cena, pero lo encontré todo tumbado en el sofá oliendo a licor... ¡Y tú, Tim, ¿dónde se supone que estabas?! ¡¿Qué estabas a haciendo que no pudiste darte cuenta que Damian llevaba horas inconsciente en el jardín?!
Los dos mencionados se sonrojaron bajando sus miradas. Dick iba a continuar pero un llanto demasiado conocido lo interrumpió. Jason se llevó la mano a su rostro, se lamentó enseguida, pues ya sabía de dónde provenían los lloriqueos.
-Te toca a ti ir a atenderlo... -Jason señaló tomando a Dick de la chaqueta y arrastrándolo a la puerta de la habitación-. Yo iré a pagar la cuenta y a encender el auto... Porque no pienso quedarme más aquí... Si ya no hay nada que hacer, mejor dormir en nuestras camitas calentitas.
Abandonó a Dick y dándose media vuelta se alejó de los dos. Tim prefirió ignorar al primer Robin y mejor acompañar al segundo.
-Creo que sigue estando ebrio, mejor conduzco yo... -El menor aclaró yendo apresuradamente tras Jason-.
-Sí... está bien... No necesito de su ayuda... Yo puedo con el bebé grandote de quince años... Yo lo llevo..., yo puedo solo... -Dick afirmó entrando a la habitación arrastrando los pies-.
Y como en las otras veces, ahí estaba Damian, llorando desconsoladamente sin una gota de mesura. Dick desvió la mirada resignándose. Y fue entonces que el chico miró a su hermano y le extendió los brazos pidiéndole lo cargaran. Fue tanta su insistencia que casi se cae de la camilla. El mayor se apresuró a su encuentro. Lo atrapó entre sus brazos y acarició su espalda.
-Ya... ya... Ya no llores, Damian, aquí está tu hermano...
-Me-me dio miedo... Estaba solito... -El ojiverde confesó entre llantos y una nariz escurrida-.
-No temas, ya estoy aquí... -Dick habló sintiendo como Damian se le montaba encima-.
Y evidentemente, no pudo oponer resistencia. Lo cargó llevando cada una de sus piernas a sus costados, siendo Damian quien lo rodeara con sus brazos y ocultara su cara en su pecho. Al percibir el calor de Dick, inmediatamente cerró los ojos. Sólo se dedicó a gimotear mientras retomaba el sueño.
-¿Ya nos vamos? –Damian preguntó llorando sentimentalmente-.
-Sí... así que puedes dormir otro ratito...
-Dick...
-¿Qué pasa?
-Tengo fío... -Damian confesó apretujando aún más a Dick-.
-Ya nos vamos. Hay una manta en el auto. Aguanta... ¿Puedes?
-Chi... -Damian respondió ocultando todavía más su cara-.
Dick reveló una mueca de molestia y vergüenza. Suspiró maldiciendo en silencio y emprendiendo el regreso a casa. "¿Cómo pasó todo esto?" El mayor cavilaba. "Y justo ahora. ¡Rayos, Damian! Recupérate pronto."
Se apresuró a salir y cruzar el pasillo lo más rápido que pudo, intentando evitar las miradas curiosas y los comentarios prejuiciosos. Su cara estaba tan roja que emitía su propia luz. En cambio, Tim y Jason estiraban sus músculos en el estacionamiento. Pues no pudieron ni siquiera entrar al auto, pues quien portaba las llaves era Dick. Jason se cruzó de brazos recargando su peso en la cajuela del auto.
-¿Ya se te bajó la borrachera? –Tim le inquirió colocándose enfrente-.
-Ni siquiera sé en qué momento sucedió. Yo estaba preparando la cena y sólo recuerdo que tomé una copa de vino... -Jason contestó confundido y suspirando largamente-. Creo que tengo un problema con la bebida...
-No, no lo creo... -Tim señaló desviando su cara burlona-. Estoy seguro que estabas muy cansado, además estás resfriado y tomas medicamentos... ¿no?
Jason concentró su mirada en el menor. Por un instante dudó de esas palabras. Luego subió sus hombros señalando que realmente le eran indiferentes esas conjeturas. Pero no pudo evitar fijar su atención en lo último que Tim dijo.
-¿Cómo sabes que estoy resfriado? –El mayor demandó dudoso-.
Tim trabó su respuesta. Luego se llevó una mano a la nuca y sonrió desinhibidamente.
-¿Entonces, sí estás resfriado? ¡Vaya, le atiné! –El chico respondió ocupando un lugar junto a Jason-.
La próxima pregunta de Jason fue interrumpida cuando Dick arribó con Damian en brazos. El menor se había dormido otra vez finalmente. Jason al captarlos en el cuadro, estuvo a punto de reventar de risa, pero no lo hizo, pues no quería importunar a Damian.
-Tienes razón, sí es gracioso... -Sin embargo, no resistió lanzar ese último comentario-.
-No hables, Jason... -Dick anunció frunciendo el ceño-.
A Tim parecía que una vena le iba a reventar por aguantarse las ganas de reír, pues seguía pensando que ver a sus hermanos como niñeras le resultaba muy gracioso, pero definitivamente no quería despertar a Damian con sus arrebatos.
-Esto quedará para la posteridad... -Tim añadió mientras tomaba una foto con su celular-.
-Espero que no hayas hecho lo que pienso que hiciste... -Dick amenazó bufando por el peso que cargaba-.
-No sé de qué hablas... -El tercer Robin respondió sacando las llaves de la chaqueta de Dick-.
-¿Te importaría abrir la puerta, Jay? –Dick preguntó al percatarse que llevaba ambas manos ocupadas-.
-Por supuesto que no... -Jason asintió ejecutando el favor pedido-.
Dick y Damian ocuparon la parte trasera mientras Tim y Jason invadieron los asientos del piloto y copiloto respectivamente. Dick se acomodó lo mejor que pudo para cargar a Damian sobre sus piernas y evitar que despertara, lo cubrió con la manta que antes había señalado. El auto fue encendido mientras los espejos eran ajustados y los cinturones puestos.
-¿Traes licencia, cierto, Tim? –Dick inquirió motivado por una preocupación bien justificada-.
-Por supuesto... ... ... que no... -Tim añadió mientras acomodaba el asiento-.
-Si quieres yo conduzco... -Jason se ofreció, pero su sonrisa cínica mostraba su creciente confabulación con Tim-.
-Sí, claro, como si fuera mejor que un ebrio condujera... -Dick respondió enormemente fastidiado-.
-Ya no lo estoy... ... ... tanto...
Dick refunfuñó agobiado.
-Como sea, sólo vámonos... -El mayor indicó mostrando su malestar general-.
-Tim conduce bien, yo le enseñé... -Jason alegó sonriendo-.
-Me enseñó Bruce... -El aludido aclaró-.
-Pero yo te enseñé las mejores partes...
Tim sonrió poniendo en marcha el automóvil. Y como si no tuvieran ya una noche bastante agitada, a Tim se le hizo fácil conducir como si un ejército estuviera persiguiéndolos. No mesuró ni distancias, ni vueltas, ni derrapes. Los tres pasajeros se sacudían golpeándose en los costados del auto. Dick mantenía encerrado entre sus brazos al menor, pues le inquietaba más que se despertara que el hecho mismo de salirse de la carretera y sucumbir ante la inercia de un accidente.
-¡Ve más lento, Tim! –Dick ordenaba enterrando sus uñas en el cuerpo de Damian, pues necesitaba aferrarse a algo y aferrarlo a él-.
-No voy tan rápido...
-Creo que sí vas un poco rápido... -Jason secundó tiesamente desde su asiento, con cierta palidez en su rostro-.
-Claro que no... -Tim respondió recargando más peso en el acelerador-.
-Tim, creo que debes bajar la velocidad... -Jason aconsejó llevándose una mano a la boca-. No me siento muy bien, ya no vayas tan rápido...
-No sean nenas... Ya casi llegamos...
Pero eso estaba muy lejos de terminar. Ni Jason o Dick imaginaron que así sería la forma de conducir del tercer petirrojo. Y es que ésa era la primera vez que viajaban bajo esas características y circunstancias. Su manejo del volante les hizo acelerar el corazón tanto como la velocidad que llevaban. Las mejillas de Jason fueron despojadas de cualquier color, mientras que Dick, luego de ver varias y claras muestras de faltas a la ley de tránsito, se concentró en abrazar a Damian quien se dejaba mecer por el dinamismo de los cambios de rumbo del auto. Incluso un momento se hizo presente donde Dick cerró sus ojos y rezó un par de oraciones religiosas que se sabía. Y ciertamente, Tim disfrutaba de tener el control.
-En serio, Tim, baja la velocidad. De verdad, no me estoy sintiendo muy bien...
-Creí que dijiste que tú me habías enseñado...
-Sí, Tim, te enseñé, pero no a suicidarte... -Jason alcanzó a decir antes de doblarse y vomitar todas las frituras que comió en el hospital-.
Tim al ver lo que pasó, subió sus hombros incrédulo. Luego rio mofándose.
-¡Uy, mi culpa! –Tim expresó sonriente-. Creo que sí seguías ebrio...
Dick bajó la mirada lamentándose, imaginando como Bruce los iba a castigar cuando se enterara de lo que había pasado; pues no sólo habían descuidado a Damian, sino que al necesitar urgentemente un auto, Jason chocó uno de los autos favoritos de Bruce contra otro de igual o mayor valor, y no conformes con eso, ahora había vómito en el segundo auto predilecto del papá murciélago.
-Definitivamente, Bruce nos asesinará... -Dick suspiró diciendo y echando su cabeza hacia atrás-.
Lo que le valió un golpe en la cabeza contra el techo, pues Tim había atravesado sin precaución una avenida con muchos baches.
-¡Ve más lento, Tim...! ¡Vas a despertar a Damian! -El mayor ordenó atrayendo el cuerpo de Damian hacia él-.
Otra sacudida lo hizo estrellarse de nueva cuenta contra el techo.
"Creo que Tim nos sacará de este mundo antes que el mismísimo Bruce..." Dick pensó para sus interiores.
Continúa capítulo 2...