Polos opuestos.

By Blackcrow-014

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Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capítulo 42
Capítulo 43

Capítulo 8

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By Blackcrow-014

*Narra Danielle.

Me levanté la mañana siguiente sin ni un tipo de malestar en mi cabeza o estómago, realmente adoraba despertar así pero también adoraba estar fuera de mí, así que prefería pagar el costo.

Bajé las escaleras y al entrar en la cocina, me encontré con la extranjera mirando la televisión concentrada —Al parecer estaban pasando un noticiero de su región— con una taza de té entre ambas manos, estaba de espaldas a mí con una blusa blanca y shorts negros.

—¿Informada?

—Tus papás salieron con Alex y Chris al supermercado. —Me miró— Me parece adorable que vayan todos, ¿Por qué tú no fuiste?

—Ah, yo tengo cosas importantes que hacer. —Me acerqué al fregadero y me serví algo de agua.

—¿Dormir hasta tarde?

—Exacto, tú si sabes. —La miré  y dudé un segundo. —¿Ya comiste?

—Sí. —Mintió.

—Vaya, no hay platos ni sucios ni limpios en el fregadero, buen intento. —Ella se ruborizó y frunció el seño, luego volvió la vista a la televisión. —¿Tan interesante es el clima allá?

—Está helado.

—Como siempre, Chicago es helado. —Asintió y no dijo más.

Creo que es la conversación más larga, estable y coherente que hemos tenido, y a su vez desagradable.

*Narra Amanda.

—Te asusto, ¿No es cierto?

Fijé nuevamente mi vista en Danielle y había relajado el rostro, no mostraba la misma frialdad que hace un par de minutos y al parecer estaba preocupada por lo que pensara de ella, he descubierto una nueva expresión.

—¿Tú?, ¿Asustarme?

—Sí.

—Oh, por favor. —Rodé los ojos. — Las arañas me asustan.

—Lo noté. —Bebió de su vaso— Pero aún así, no te agrado.

—¿Qué quieres decir?

—Eres muy obvia, Evans.

Negó.

Danielle sacó un tazón de el estante de arriba y rápidamente lo llenó de cereal y leche, tras eso se sentó de frente a mí en la barra de la cocina.

—¿Acostumbras a comer cereal en la mañana?

—No me gusta el pan.

—Vas a ser una bola dentro de un tiempo. —Jugué.

—Probablemente. —Siguió comiendo, ahora era ella quien evadía el tema.

—¿Yo te desagrado mucho?

—Tal vez…—Dudó. —…Tal vez no.

Suspiré y me levanté para dejar la taza en el fregadero. Opté por lavarla, así que largué el agua y no me había dado cuenta de que había caído un poco al suelo, era de esperarse que cuando terminé, resbalé.

Esperaba el impacto de mi trasero contra el suelo pero algo me sujetó, cuando abrí los ojos, ese claro mar celeste se notaba agitado.

—Ten cuidado con lo que haces. —Me soltó rápidamente, como si se hubiese quemado.

—Ah… Gracias…—Asentí, tímida nuevamente.

Ella susurró algo que no logré entender y subió rápidamente por las escaleras, me quedé algo helada ante la situación y solo el sonido de la puerta principal me despojó de mis pensamientos, había llegado la cálida familia y yo tenía el piso mojado…

—Hey, no te preocupes, yo seco. — Mark me dio una palmada en la cabeza y empezó a secar las baldosas.

Nos quedaba mucho día por delante y Mark me ofreció un pequeño paseo por los alrededores en su auto, Alex se nos coló y terminamos yendo padre-hija-hija adoptiva, el calor paternal que sentía al estar junto a él era tan fuerte como el de mi padre real y me dejaba muy a gusto.

Había olvidado que tenía una familia en Chicago, me adapté muy rápido a las personas de aquí y todavía me quedaba mucho y muchas personas por conocer,  hasta ese entonces no había extrañado a mis padres pero al recordarlos, una puntada se clavó en mi corazón y bajé la guardia, miraba fuera del auto con algo de tristeza y Alex pudo notarlo.

—Hay que estar alegre en la vida. —Me sonrió a través del espejo retrovisor.

—Es difícil sabiendo que una mitad de tu vida está en el otro lado del país.

—Vamos, no está taaaaaaan lejos. —Rodó los ojos.

—Tienes razón…—Me volteé para verla bien—…Son solo ocho horas de viaje en bus. —Sonreí.

—No empiecen a bajar el ánimo. —Mark interrumpió—Es un día hermoso y hay que aprovecharlo.

Asentimos y nos centramos en el paseo, Alex me nombraba distintas calles y me explicaba algunos de sus orígenes, yo realmente estaba maravillada con la ciudad. Era un lugar muy hermoso y se estaba robando mi corazón sin darme cuenta.

*Narra Danielle.

Esa noche llegué realmente tarde a la casa, por suerte estaba la luz de la puerta principal prendida o seguramente estaría de cabeza metida en los arbustos.

Saqué las llaves e intenté meterlas en el picaporte,  qué forma más curiosa de proteger una casa; metes una barrita de metal que tiene cierta forma y ya está, la puerta se abre.

Entré a la casa y estaban las luces prendidas, me cegué unos instantes pues mis ojos estaban acostumbrados a la oscuridad exterior, y al sacarme las manos de los ojos y examinar el lugar, noté a Amanda sentada en el sofá frente a la televisión, estaba sola.

—Hey.

—Hola. —Contestó mientras me miraba fijo, ¿Tendré algo en la cara? —Parece que de nuevo llegas mal.

—Eh, cerebrito, estoy de maravilla.

—¿Por qué no te sientas?

Obedecí después de hacer un pequeño berrinche cual niña pequeña. ¿Qué se cree ella dándome órdenes?

Me quedé mirando fijamente un punto de la pared mientras mi mente volaba. ¿Es verdad que si miras fijamente un punto de color, lo demás se oscurece? Hace unos días leí que pasaba algo así pero con los espejos, o de lo contrario tu rostro se podía desfigurar. Estaba pensando en probarlo pero si después me involucro en algo más allá de esta dimensión, probablemente me meta en problemas con ellos.

—Hey, ¿Estás aquí?

Me interrumpió una voz extraña.

—Pareces una mujer.

—Soy una mujer. —Rió bajito—¿Tú eres?

—¿Perdón? Yo soy una mujer también. —Me crucé de brazos.

—Ay…—Suspiró—Vamos a ver.

Se levantó y caminó rápidamente a la cocina, buscando algo.

No me contuve y la seguí, me senté en la barra de la cocina mientras la miraba fijamente, pero…

Ay, me mareé.

—¿Qué tienes?

—El mundo da vueltas. —Tenía ambas manos sobre mis ojos.

—Claro, —inclinó la cabeza hacia la izquierda—Se llama rotación.

—Muy inteligente.

Descubrí mi cara y me quedé pensando en ello, hasta que de la nada apareció una taza de café junto a un pequeño plato con muchas frutas picadas.

—¡Hurra! —Exclamé.

Me comí todo rápidamente, tenía muchísima hambre y realmente encontré que era un platillo delicioso, de verdad esa chica tenía que darme más de eso.

Se me apagó la televisión.

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