Continuamos caminando, ya que era lo único que podíamos hacer en esta situación. Al principio me rehusé a caminar de nuevo, ya que la ruta era larga y cansada.
Estábamos en una colonia a puntitas de la ciudad, continuábamos concentrados en seguir, pero el hambre nos dominaba. Paula seguía platicando con el soldado sobre su vida, pero ¿Dónde estaba Esteban?
Sin darnos cuenta Esteban había entrado a una tienda en busca de comida, no me pareció mala idea, hasta que escuche gritos adentro del lugar. Lo peor es que no eran de Esteban.
-¡vengan, que Esteban esta en problemas! –les grite mientras me dirigía hacia la tienda.
Corrimos lo más rápido que pudimos, pero al llegar encontramos cuerpos recién “muertos”, gritamos para llamar a Esteban, pero no escuchábamos ni veíamos nada, todo estaba a oscuras y en silencio. No teníamos linternas para iluminar y buscarlo. La tienda estaba desordenada, se alcanzaba a ver apenas con poca iluminación las cosas como latas, galletas, refrescos, etc.
Se sentía un frió aire, mientras mas entrabas o te aventurabas hacia adentro, sentías un escalofrió que te decía “sal rápido”. Trate de concentrarme un poco para lograr ver.
-¡Esteban! –grite para saber si me respondía. -¿Dónde estas? ¡Ven, tenemos que irnos! –seguí gritando.
Pero era inútil, no escuchaba nada, solo las pequeñas y suaves pisadas de Paula y la respiración profunda del soldado.
-larguémonos, ya no tenemos nada mas que hacer aquí –dijo el soldado dándose media vuelta para regresar.
-váyanse ustedes, pero yo no me voy sin Esteban –les dije a los dos.
Pero a un a si decidieron irse, no podía creer que Paula se fuera sin buscar a Esteban, aunque del soldado nunca lo dude que fuera si.
-¡Esteban! –seguí gritando, esperando que me respondiera.
Cada ves que me adentraba a la casa se volvía más oscura, hasta llegar a un punto donde ya no veía nada. Seguí mis instintos de sobre vivencia, tocando las paredes para guiarme, me tropéese varias veces, pero el animo me volvía a levantar.
Ya estaba apunto de terminar de recorrer la casa, cuando lo encontré, estaba tirado en el suelo, se había desmayado, ¿pero, por que?
Trate de arrastrarlo pero era muy pesado y no era muy fuerte que digamos.
Decidí despertarlo, me agache para darle un par de bofetadas, pero nada, no hubo ninguna reacción alguna. Sabía que no estaba muerto por que escuchaba sus pequeñas respiraciones.
Trate de sacudirlo, de gritarle, hasta intente golpearlo, pero nada.
Agarre su arma, encontré pegada a ella una linterna, solo se había dañado un poco por la caída.
La encendí para ver que había provocado que Esteban se desmayara. Alumbre a mi alrededor buscándolo, pero no encontraba nada o a nadie.
-¿Qué haces? –dijo Esteban tocándome el hombro, en ese momento me asuste y salte apuntándole con el arma.
-¡Carajo! Me has asustado, no vuelvas hacerme eso Esteban –le dije gritándole, mientras deslizaba mi mano para ayudarle a levantarse.
-¿Dónde estamos? –me dijo con la expresión de no saber lo que había pasado.
-pues en la tienda donde entraste –le dije serio, como si lo estuviera culpando -¿Qué has pensado en entrar aquí? –le comente furioso.
-pues tenía hambre y he tratado de buscar algo, pero toda esta dañada o podrida –dijo con cierto tono de asquerosidad.
-larguémonos de una vez, que Paula nos ha dejado para quedarse con el soldado –le dije apresurado mientras que daba media vuelta para regresar.
Y sin decir más nos dirigimos a la puerta para poder salir.
Salimos medio entusiasmados de poder ver bien, pero nos dimos cuenta de que la calle ya no era como lo habíamos visto antes.
Estaba mas destruida que antes y lo peor es que habían infectados.
Tratamos de no llamar la atención, pero ellos nos encontraron, parecía como si nos hubieran olido o tal vez ya sabían que estábamos ahí.
De repente una bomba cayó cerca de mí. No podía escuchar nada, un sonido muy agudo perturbaba mi oido. Solo podía ver escombros y a Esteban haciéndome señas de venir tras de el.
Lo bueno es que la bomba cayó encima de los infectados, pero era cuestión de minutos a que vinieran más por el sonido de la explosión.
-…vámonos –dijo Esteban, alcanzando poder escuchar las ultimas letras de su palabras –larguémonos Sebas, tenemos que irnos de una vez. –dijo insistiendo.
Me tomo la mano para jalarme y a si sacarme de ahí. Yo seguía medio aturdido.
Logramos salir del lugar con mucha suerte ya que nos habíamos topado con mas infectados, pero estaban distraídos por las bombas.
-¿ahora que? –dijo Esteban sentándose para descansar.
-tenemos que encontrar el Helicóptero, antes que el soldado. –le dije acompañándole en el suelo.
-pero, ni siquiera sabemos en donde esta el helicóptero, ¿Cómo lo encontraremos? –dijo Esteban con mucha inquietud.
-es muy fácil, en la ciudad solo hay un edificio con el tamaño adecuado para aterrizar un helicóptero –dije mirándolo fijamente.
“the big best” dijimos al mismo tiempo. Y en efecto, el “the big best” era el edificio mas grande y ancho de la ciudad, el único que tenia una pista de aterrizaje en su tejado, era el lugar mas optimo para la evacuación.
-¿y como vamos a llegar hasta ahí? –me dijo Esteban con la mayor ignorancia.
-caminando por lugares desiertos seria lo mejor –le conteste poniéndome de pie para continuar.
Le di mi mano para que se levantara.
Salimos del pequeño túnel que estábamos, para ir al edificio.
Al principio corrimos ya que pensábamos que a si los infectados no nos verían, pero nos equivocamos, ya que al pasar corriendo detrás de un infectado, este nos persiguió hasta que le tire una piedra en la cabeza, haciendo que se cayera al suelo.
No tuve piedad y seguí golpeándolo con la piedra, hasta que ya no se movió
Seguimos más despacio para no llamar la atención.
Llegamos en la zona urbana, se podían ver los gigantescos edificios, supermercados y hoteles.
Pasamos cautelosamente entre cada calle, ya que habían muchos infectados, pero es no nos hacia gritar, si no eran por que estaban comiendo a personas aun vivas. La mayoría eran niños, ya que estábamos enfrente de una escuela privada. Entonces sabíamos por que nuestra escuela había cerrado tan repentinamente, era para protegernos.
Rompí una ventana de un edificio donde había espadas de combate, era algo como una tienda de antigüedades chinas.
El sonido hizo que los infectados se acercaran rápidamente hacia nosotros con intensiones de atacarnos.
Esteban empezó a dispara a los que tenían niños en las manos. Mientras que yo decapitaba o hería a los que estaban acercándoos a nosotros. En ese momento sentí un gran golpe dentro de mí, era adrenalina pura. Trate de no abrir la boca, ya que la sangre salpicaba todo aquello que estuviera cerca, no sabía si por la sangre se contagiaba, pero no me quería arriesgar.
Seguí dándoles duro, pero a Esteban se le había acabado las municiones, pero era lógico, ya que había disparado muchas veces y algún día se tenían que agotar.
Pero no se rindió y empezó a golpearles con su arma hasta matarlos, los niños corrieron hacia nosotros, ocultándose entre nuestras piernas. Era mala idea ya que nos obstruían el paso y no nos dejaban mover mucho.
Nos habían acorralado, cada vez que matábamos a unos salían mas de las casas y calles. Los niños estaban llorando, algunos hasta se habían humeado.
Esteban siguió dándoles con su arma, hasta que se la quitaron, en ese momento retrocedió.
-¿ahora que hacemos? –me dijo colocando sus manos en posición de pelea.
-no lo se, se me ocurre correr, pero no podemos dejar a los niños –le dije indicando un camino libre.
Pero no nos disponíamos a dejar a estos infantes. Teníamos que pensar algo rápido, ya que el tiempo era lo que nos faltaba.
Entonces lo único que se nos ocurrió, fue entrar al jardín de niños lo mas rápido posible, cerrando las puertas, aislándonos de los infectados.
-¿ahora que hacemos? Casi me ha mordido un infectado –dijo Esteban sentándose en el suelo a descansar.
-todo kinder tiene una puerta trasera ¿no? –le dije señalando aquella puerta.
Pero de pronto nos interrumpió un niño diciendo.
-me siento mal, me duelen mis piernas –dijo el pequeño con lagrimas en los ojos al igual que con un tono de dolor.
-¿que tienes pequeñín? –le pregunte con tono amable, para tranquilizarlo, arrodillándome a su altura. Pero mis palabras fueron inútiles, al escuchar que los infectados golpeaban bruscamente la puerta, tratando de entrar.
-¡CORRAN! –grito Esteban, pero de pronto el niño que se sentía mal se lanzo contra Esteban mordiéndole en el brazo, inmediatamente agarré al niño y lo empujé, haciendo que al niño se le atravesara un tubo en su pecho.
-¡mierda, entupido! Me ha mordido Sebas –dijo gritando con lagrimas en los ojos.
-larguémonos, no importa, tal ves no se contagie de esa forma –le dije jalándolo hacia la puerta, pero el se detuvo.
-¡tu mismo has visto al niño convertirse por una mordida! –me dijo alejándose.
-tal ves le entro sangre por la boca o tal… -dije pero de repente se me corto la voz. –o tal vez, pues ya estaba contagiado. –le seguí diciendo, mientras que en mis ojos salían pequeñas lagrimas.
No tardo mucho en que los infectados lograran destruir por completo la puerta, logrando entrar con una gran agresividad hacía nosotros.
-tienes que irte sebas, cuida a los demás, yo los distraigo mientras que escapan –dijo Esteban agarrando un tubo del suelo.
-no te puedo dejar a si, eres el mejor amigo que he tenido –le dije apunto de llorar.
-¡váyanse ahora!, antes de que sea demasiado tarde –me dijo Esteban empujándome en dirección a la salida.
No pude hacer nada, solamente puede ver como cerraba la puerta. En ese momento logre ver una pequeña sonrisa en su rostro, insinuándome que no me preocupara.
Corrí junto con los niños para salir por completo del kinder, dejando a Esteban solo, bueno lamentablemente con los infectados.
Por suerte logramos salir del kinder, seguíamos en las calles, pero no había rastro de infectados, solo habían cuerpos muertos en el suelo, autos estrellados, era una escena caótica o mas bien lo era, ya que ahora era un lugar silencioso y tranquilo, por el momento claro.
Estábamos a tres cuadras de llegar a nuestro objetivo principal, el edificio que nos salvaría las vidas. Aunque los niños no eran lo suficiente maduros para hablar, si entendían ordenes y comprendían mis acciones. Lo cual me facilitaba la organización.
De repente observamos una silueta de una persona caminando. Estaba sola, no parecía la manera de caminar de un infectado, a si que me dirigí hacia a ella. Protegiendo a los niños, ya que no se sabia que pasaría
-¿hola? ¿Quien eres? –le dije tomándome una gran distancia para no peligrar.
-Sebas, ¿eres tú? –me dijo Paula, ya que reconocí su voz.
-¿Qué haces aquí tu sola? –le dije con el menor interés
-me ha dejado Sebas, el desgraciado me dejo –dijo Paula con lagrimas en los ojos.
-pues te lo has merecido –le dije sin verla, siguiendo caminando junto con los niños.
-¿Cómo puedes decir eso? Además, ¿que mas podía hacer? –dijo pero decidir ignorarla, pero ella insistía.
-sebas hazme caso por favor, ¿de donde has conseguido esos niño? Y ¿Dónde esta Estaban? –dijo la muy hipócrita.
-Esteban a muerto por tu culpa, y estos niños… -dije pero de repente se me quebró de nuevo la voz. –estos niños, han sobrevivido gracias a Esteban.
-no tenia idea, lo lamento enserio. –dijo tomándome el hombro.
-no hay nada que lamentar, ahora déjame proseguir al punto de evacuación, que tengo a unos niños que salvar –le dije, tomando de nuevo el curso al punto de evacuación, ósea, al edificio.
Seguí caminando, aunque ella no me siguió, solamente se quedo parada ahí con la cabeza hacia abajo.
-¿vas a venir? ¿O te piensas quedar ahí todo el día? –le dije volteándola a ver.
-gracias –me dijo con lagrimas en los ojos.
Seguimos caminando, y después de avanzar tres cuadras sin toparnos con ningún infectado, logramos llegar en la entrada del edificio. No había nadie quien vigilara, y eso me puso a dudar, hasta que vi llegar un helicóptero.
-¡vamos! Es nuestra oportunidad Paula, agarra a los niños y subamos –le dije gritando tratando de abrir la puerta.
Entramos lo más rápido posible para llegar al tejado, lamentablemente no había energía, a si que tomamos camino a las escaleras, pero la desgracia no terminaba, ya que el edificio contaba con 32 pisos.
Agarre a dos niños y los cargue en mi espalda, para avanzar mas rápido, solo había salvado a tres niños del kinder.
Llegamos cansados al tejado, donde nos recibieron unos soldados, al parecer estaban felices, no habían visto a niños vivos en horas.
Se subieron al helicóptero llamándonos. Pero antes de que subiéramos nos dijeron que solo había lugar para 4 personas mas.
-Paula cuida a los niños, me quedare a buscar a más personas. –le dije mirándola fijamente.
-no me puedes dejar, te necesito Sebas. –me dijo mientras que se acercaba a mi.
Entonces tome las agallas de robarle un beso.
-te amo Paula, desde el primer momento que te vi –le dije con lagrimas en la cara.
De pronto los soldados jalaron a Paula, ya que los infectados estaban subiendo al edificio.
-¡déjenme!, quiero quedarme contigo Sebas –dijo tratando de librarse, pero los soldados eran mas fuertes que ella.
-oye muchacho, ten un arma, te servirá mas a ti que a mí –me dijo un soldado con lagrimas en los ojos, al parecer le dolía dejarme aquí, pero no tenia opción, ordenes son ordenes.
Observe ascender al helicóptero, llevándose la oportunidad de vivir.
Cerré los ojos y espere