CAPITULO 50
— ¿Hoy? —alce la vista de mi móvil y vi como Christian seguía el camino hasta llegar a las escaleras conmigo detrás—. Pero todavía no encontré un tutor para eso cariño.
—Es para jugar—giro su rostro y me mostro una pequeña sonrisa antes de descender por las escaleras.
No dije nada al respecto, no era la primera vez que quería hacer algo sin nada de anticipación, pero lo extraño era que quiera hacerlo aquí, en este lugar.
Mientras seguíamos el camino hasta el comedor mire por la pantalla del móvil mis ojos, las marcas debajo de ellas eran muy visibles cuando desperté y el hecho de ponerme maquillaje no las disimulaba demasiado.
Había despertado con un dolor de cabeza que no había aumentado ni disminuido con el paso de los minutos. En mi cabeza rondaba todavía la escena que hicimos anoche con Alexander.
Lo sabía, lo había notado y lo había confirmado, nada entre nosotros se había enfriado.
—Buenos días—sonreí mirando a los presentes.
Tome lugar después de ver como Christian se sentaba a un lado de Alexander, el silencio que reinaba el lugar era algo verdaderamente impresionante, con el simple hecho de que ni la voz de la niña se escuchaba.
Mientras bebía mi jugo miraba de reojo a la persona que ocupaba la punta de la mesa, Alexander me miraba sin ninguna disimulación o vergüenza, eso explicaba la irritación que tenía cierta castaña al frente mío.
— ¿Podríamos ir ya? —mire como Chris miraba su plato vacío.
—En un momento—murmure antes de seguir con mis tostadas.
— ¿Qué harán? —quise reír por su pregunta tan rápida.
—Practicaremos puntería—mire la confusión en la mirada de los presentes—. Christian toma clases de arquería de vez en cuando, es un pasatiempo mayormente, pero le gusta y hoy tiene ganas de practicarlo.
—Es una verdadera lástima que nos perdamos esa demostración—fruncí mi ceño ante las palabras de la mujer—. Nos volveremos a ver en dos semanas—me miró fijamente—. Espero que en mi regreso todo siga mejorando—me sonrió.
— ¿Te vas? —pregunte tomando algo de café.
—Sí, son asuntos de trabajo—toco su cabello, jugando con el—. No quería irme, pero es importante—quise saltar de alegría—. Te dejare a cargo de mi hija, Melissa—rio—. Como sabes ningún padre puede hacer lo que una madre.
Quise fruncir el ceño ante las palabras de ella, pero me contuve.
—Claramente—asentí.
—Entonces, nos vemos—asintió en mi dirección antes de levantarse, besar la cabeza de su hija y salir del comedor.
—Acompañare a Iris al aeropuerto—corrí mi mirada a Alex—. Tu—señalo a Olivia—. No hagas desastres. Y quiero hablar contigo cuando regrese—me miro.
Cuando no recibió ninguna respuesta, se levantó y beso la cabeza de Olivia, mire con mucha determinación como dudaba en acercarse a Christian, antes de imitar la misma acción e irse.
No se comportaban como un padre e hijo cariñosos, pero no dicen que ¿la sangre siempre llama?
* * *
—Casi—festeje mirando como la flecha se había incrustado muy cerca del centro de la diana.
Mientras una de las chicas a la que le pedí ayuda sacada la flecha y Christian se preparaba para tirar otra, tome un poco de la limonada que me había preparado, a través de mis lentes de sol oscuro vi como Olivia dibujaba en la sombra, acompañada por una de sus "cuidadoras", me había costado convencerla de que el sol estaba muy fuerte para que ella este con nosotros, yo misma me había puesto ya dos veces protector y a Chris tres.
Cuando vi que la flecha cayo en el centro exacto de la diana, sonreí y baje mi mirada a la tableta. Christian era alguien muy testarudo, que siempre conseguía lo que se proponía.
Aun a pesar de los años que había pasado con él, no sabía si eso era algo bueno o no.
Mientras leía el correo que me había llegado ayer en la noche, miraba cada movimiento de mi hijo, no deseaba perderme mucho de él. No cuando podía compensarlo.
—Eres muy bueno—levante la mirada desconectándome por completo de la lectura y vi a Alexander parado al lado de mi hijo mirando a la diana, donde otra flecha se había clavado en el centro, junto a los otras dos.
— ¿Alguna vez lo dudaste? —vi como Christine alzo su mirada por mi pregunta, esperando expectante la respuesta de su padre.
—No—negó—. He notado que eres muy bueno en muchas cosas—miro a Chris.
—Gracias—tuve que replantearme el hecho si había escuchado bien, si esa palabra había salido de la boca de mi hijo, los ojos de Alexander brillaron mirándolo.
¿Era una aceptación?
La siguiente hora fue un tanto tranquila, Alexander se había sentado a mi lado a mirar a Christian practicar y festejando en cada buen tiro, como yo. Olivia se acercaba de vez en cuando con sus muñecas y dibujos, no estaba tan chillona, tranquila sería una palabra un tanto exagerada pero, algo parecido.
— ¿Podemos hablar en el despacho? —asentí cuando pregunto antes de que se encaminara a la casa.
—Chris, ya es hora de tu baño—informe levantándome del suelo.
* * *
—Fue una linda tarde—sonreí antes de sentarme y mirar a Alexander.
—Entretenida—asentí.
—Bueno—se recostó en su silla—. Te llame por el tema que te tiene preocupada.
— ¿Averiguaste algo?
—Adriel Ivanov pisara Estados Unidos en un mes—se cruzó de brazos—. Vendrá a firmar tratos con algunos colegas míos—alce mis cejas—. Que claramente son traidores, pero no te preocupes antes de que eso pase estarán muertos—asentí—. El tema es él.
—Hay que matarlo.
—Sin duda alguna—coincidió—. No habrá otra forma de quitarlo del camino, pero debemos ser muy precavidos, aún no sabemos si queda o hay otro espía entre nosotros, por lo que empezar a formar un plan solo nos traerá problemas.
—Eso quiere decir que no tenemos ayuda de tus hombres y que seguramente aquellos a quienes contratemos nos traicionaran—asintió—. ¿Entonces?
—Sera un trabajo en familia—sonrió—. Tú haces tú parte y yo hago la mía.
—Sin ningún error—sonreí.
—Tenemos un mes.
—Un mes para desaparecer a esa escoria—asentí.
Entonces eso significaba que debería retomar los lazos familiares, dudaba demasiado que si iba ahora me ayudaran como si nada considerando que nunca más pise mi casa.
Mmmm.
Un pequeño problema a solucionar.
—Melissa—salí de mis pensamientos y lo mire—. Quiero hablar contigo sobre la escena de anoche—oh no—. Me gustaría aclarar...
— ¿Anoche? —irrumpí—. ¿Paso algo? —la confusión cubrió mi rostro—. Hacia tanto no tomaba que me desperté con un horrible dolor de cabeza—negué—. ¿Pero, que sucedió?
Cruce mis dedos para que creyera cada palabra.
—Nada—su mirada no se apartaba de mí, me estaba evaluando, buscando alguna "falla"—. Nada en especial—asentí sonriendo antes de salir del despacho.
No lo hagas Alexander.
Por favor, ni lo pienses.
* * *
¿TEORIAS?
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XOXOXOXO.