El camino a casa fue en un absoluto silencio. Esteban, estacionó frente a mi casa y se giró para verme.
-Supongo que ya no irás a la Universidad.
-Claro que iré idiota. Tengo que sacar ése título-me río-Pero creo que me tomaré unas cortitas vacaciones antes de volver.
-Duraste 3 días en la Universidad y ¿Ya te estresaste?-se ríe de mí.
-Si mi novio estuviera haciendo lo que se supone que me dijo que haría, en estos momentos quizás estuviera estudiando y no hubiésemos tenido esta agradable velada Sr. Jiménez.-Le sonrío.
-Entonces…¿Debería de agradecerle al imbécil por haberse ido para yo poder aprovecharme y entretenerte?
-No te has aprovechado-me río-Entretenerme sí. Muchas gracias por todo, Esteban.
-No es nada. ¿A qué hora mañana en el hangar militar?
-A las 21.00 hrs. Para estar llegando a las 23.00
-De acuerdo, en los contenedores militares nos darán todo lo que necesitemos.
-No es necesario. Félix se encarga de llevar nuestros juguetes-le guiño el ojo y abro la puerta.
-Elizabeth…-me agarra del brazo y le miro. Su cara está tensa.
-¿Qué sucede?
-Yo…Yo…-suspira-nada. Nos vemos mañana.-pone las manos en el volante y mira hacia el frente claramente frustrado.
-¿Qué es lo que ibas a decir?
-Nada, olvídalo.-¿y me dicen que yo soy la persona frustrante? ¡¿Con qué moral?! Salgo del auto y me giro para hablarle.
-No deberías de quedarte con las cosas dentro. No sabes en qué momento esa persona ya no estará en tu vida y te quedarás con el sentimiento de culpa por no haberte expresado cuando tuviste la oportunidad, Esteban. Te lo digo por experiencia propia.-y con aquellas palabras me adentro en mi dulce hogar. Dejo las llaves sobre la mesilla y mi abrigo lo cuelgo. Voy encendiendo cada una de las luces de la casa hasta que llego a la cocina. Se me antoja comer maní…mantequilla de maní. Pero ¡Demonios! A mí no me gusta el maní…por lo que tampoco hay en casa esa sustancia. Desesperada por tener un pote de aquella pasta tomo mi abrigo y las llaves del auto y de la casita. Apago las luces nuevamente y salgo de allí. Me meto en mi auto y comienza a sonar melodía que le tengo a, Erick. Volver a amar inundó el auto y lo dejé sonar. No tenía ganas de hablar con él por el momento, además estaba conduciendo. Llamó todo el camino al supermercado creo que habrán sido unas…45 veces. Apago el auto y voy dentro. Camino por los largos pasillos buscando la puñetera mantequilla de maní, hasta que por fin encuentro mi objetivo. Tomo los tres últimos potes y me voy a los helados. Ahí saco uno de coco y me dirijo a la caja para pagar. Una señora de unos cuarenta años mira los productos y luego a mí. Nota mi cara de ansiedad y ríe.
-¿Antojos?-¿tan notorio es?. Me río con ganas.
-Así es-me encojo de hombros.
-Son 10 euros, cielo.-le paso el dinero. Y cojo la bolsa.
-Muchas gracias.
-Gracias a ti.-le sonrío y salgo feliz del supermercado. Camino a paso lento al auto y veo que un hombre está discutiendo con su novia. Este está completamente descontrolado. Le grita y blasfema. Abro la puerta trasera del auto para dejar las cosas sin despegar la mirada de la pareja. Cuando el tipo le levanta la mano a la chica corro hacia a ellos y le hago una llave al brazo para evitar que le pegue. El tipo forcejea, pero es tal el agarre en que lo tengo, que por el más mínimo movimiento un dolor punzante le cubre toda la zona izquierda del cuerpo.
-¡SUELTAME PUTA!-no debiste de decir eso…
-¡¿A quién le dices puta maricón?! ¿Tu madre no te enseñó que a las mujeres no se les golpea, sino, que se les respeta?-el tipo seguía tratando de soltarse, por lo que ahora golpeé su rodilla y este calló al piso chillando del dolor. Y bueno, para asegurarme de que no se parara durante un largo rato le golpeé en sus partes. Miro a la chica y está boquiabierta.
-¿Estás bien?-le pongo la mano en el hombro y ella se estremece.-No te haré daño. ¿Quieres que te deje en tu casa?
-Es-Est-Estoy bien. No te preocupes.-pone ambas manos en sus ojos y comienza a llorar.
-¡Juro que cuando me levante te mataré hija de puta!-Ruedo los ojos y me dirijo donde el tipo que está aún agarrándose la entrepierna. Lo miro desde arriba con superioridad y le piso el muslo fuertemente y este comienza a gritar como puta en celo.
-¿Seguro que eres tú el que me va a matar? Sabes, estoy presionando una arteria en estos momentos…si pongo más presión esta se romperá y se creará una hemorragia y si no te atienden rápidamente podrías morir. ¿Quieres morir idiota?
-nooooo, aghhhhhh ¡Suéltame maldita loca!-presiono más fuerte.
-¿Cómo me dijiste?-presiono un poco más…
-MALDITA LOCA, HIJA DE PUTA. ESO DIJE-le sonrío, de esas sonrisas malvadas, que solo le das a tu peor enemigo cuando le harás algo, y él al notar mi expresión paró de chillar y de moverse. Me miraba expectante.
-n-no me hagas nada por favor. Juro no volver a propasarme con ninguna mujer.
-Tus promesas no me valen, nene. Así que mejor…¿Por qué no le quito un estorbo a esta vida?-su cara de terror me causó gracia. Por ley cuando uno hace el juramento en la base, dice que salvará vidas, tratar de quitar las menos posibles. Solo matar al enemigo. Y bueno…
1.-ya no soy agente.
2.-ya no tengo licencia para matar, por lo que me llevarían presa.
3.-Estoy embarazada, ¿Qué sería de mis pequeños sin su madre?
4.-Sería una estupidez matarlo. Solo hay que asustarlo un poco para que no vuelva a hacer lo mismo.
-Te lo suplico…no me hagas daño.-lo tomo del cuello y hago que se ponga de rodillas delante de la chica.
-Ahora, vas a pedirle disculpas a esta chica y luego besarás sus zapatos. ¿Comprendes imbécil?-la chica miraba la situación asombrada. Digamos que no es normal que una mujer tenga a un hombre así…
-Clarise, discúlpame por haber sido un gillipollas contigo. Prometo no volver a tratarte así ¿Aceptarías mi disculpa para que esta loca me suelte?-La chica lo mira por un largo rato y luego niega.
-No quiero tus disculpas. Métetelas por donde mejor te quepan, Jonathan. Me cansé de ser tu muñequita y ser despreciada. No quiero que me busques más. Y si te acercas a 1 metro de mí te pondré una demanda por acoso.
-Vamos, muñeca…-le doy un golpecito en la cabeza-¿Qué mierda?
-Bésale los zapatos y lárgate. Ella no te quiere en su vida. Déjala en paz.-tiro su cabeza hasta el piso donde el se queja de dolor y besa sus zapatos. La chica sorprendiéndome le pega una patada en la cara y el tipo queda inconsciente. Apunto con el dedo al tipo y luego le miro.
-Eso no me lo esperaba-y ambas reímos.
-Muchas gracias por salvarme. Te lo agradezco demasiado. ya llevaba un tiempo recibiendo sus abusos…-se estremeció.
-Hey…ya estás bien. ¿Quieres que te pase a dejar?
-Me vendría bien un aventón-me sonríe.
-Vamos, mi auto está por allá.- Clarise, al ver el auto me miró rápidamente.
-¿Cochazo el que tienes mujer!
-Años y años de esfuerzo-me encojo de hombros y entro en el cálido interior. Enciendo el auto y pongo el CD de los Guns And Roses. La melodía de sweet child o mine suena en el auto y Clarise comienza a percutir con sus manos el ritmo de la canción y comenzamos a cantar.
-Tienes buen gusto con la música…hey, no me has dicho tu nombre.
-Oh, lo siento. Que mal educada soy-me pego en la frente-Soy Elizabeth Seidel-la miro y sonrío-ya sabes…con el numerito de tu novio se me olvido presentarme-me río.
-No te preocupes. Gracias por ofrecerte a traerme.
-No hay de qué. Ahora dime ¿A dónde vamos?
-Por la calle de Rennes.
-De acuerdo.-El resto del viaje a casa de Clarise fue lleno de risas y preguntas. Esta chica es bastante agradable.
-Bien, vivo en ese edificio.-Estaciono justo al frente de aquel antiguo y bonito edificio.
-Bien, has llegado sana y salva. Un gusto el haberte conocido Clarise.
-El gusto fue mío y de nuevo, muchas gracias.-me tiende una tarjeta.-ahí está mi número y la dirección de mi trabajo. Me gustaría que quedáramos en alguna otra oportunidad. La he pasado bien en este rato en tu auto-se ríe y yo también.
-Claro, cuando vuelva de mi viaje te llamaré, cuídate.
-Igual tú.-tras hacer mi buena obra del día subo la velocidad. Quiero llegar rápido a casa y acabarme esos malditos potes de mantequilla de maní. Mi móvil comienza a sonar nuevamente y decido contestar. Aparco a un lado y tomo el ruidoso aparato.
-¿Diga?
-¡¿POR QUÉ DEMONIOS NO CONTESTABAS EL PUÑETERO CELULAR?! ME TIENES JODIDAMENTE ENFADADO Y MUERTO DE LOS NERVIOS…
-Eh, eh, eh. A mí no me grites guapo. Estaba de compras me he dejado el móvil en el auto. Lo sien…
-¡NO DIGAS QUE LO SINTES MALDITA SEA!-se escucha un suspiro- me tenías preocupado, cariño.
-Si estuvieras aquí y no en Barcelona no tendrías de qué preocuparte.
-Sabes que esto es por trabajo. ¿Qué compraste que te demoraste tanto?
-Pues llegué a casa y se me antojó comer mantequilla de maní…y como no hay en casa salí a comprar. Llegué al supermercado en un santiamén y la compré junto con un helado que ahora debe de estar derretido-suspiro- cuando salí del super, había una pareja discutiendo y el tipo…
-Por favor, no me digas que te expusiste a ti y a mis bebés.
-Nuestros bebés-le corrijo- y en ningún momento estuvimos en riesgo. Le hice una llave al brazo al sujeto e hice que sufriera solo un poquito. Luego le dije que le pidiera disculpas a la chica arrodillado y besándole los zapatos.
-Que mala eres, cielo-se ríe- espero no estar en esa posición nunca-oh, hombre. Estás en esa posición, créeme.
-Luego la chica le pego una patada en la cabeza y el tipo se desmayó. Me ofrecí llevarla a casa y ahora te estoy dando las explicaciones.-suspiro-sabes, era mejor cuando era soltera. No tenía que darle explicaciones a nadie.
-Bueno, para tu buena suerte ya no estás soltera. Estás conmigo y estamos esperando unos lindos bebés. Por lo que te vuelvo a pedir Elizabeth ¡NO TE METAS EN PROBLEMAS! Ya no eres solo tú. No te vuelvas a exponer al peligro, por favor.-me quedo callada. Si supieras mis planes…
-Erick, te tengo que dejar. Estoy de camino a casa y tengo muchas cosas que hacer. Hablamos mañana.
-Cariño…no te enojes. Te lo digo por tu bien y por el de los niños.
-Está bien. Adiós.
-Adiós. Te amo.-suspiro.
-Y yo a ti…imbécil.
Se ríe y ambos colgamos al mismo tiempo. Termino el recorrido hasta casa sin mayores problemas. Solo con en maldito tráfico vehicular. Mi helado debe estar completamente derretido ¡que bien! Estaciono el auto y pongo la alarma. Abro la puerta y la televisión de la sala de estar está encendida. Maldigo entre dientes. Eso no estaba encendido cuando yo me fui. Tomo uno de los trofeos que tengo en una repisa cercana y me dirijo a la fuente de ruido. Apago la televisión y activo totalmente los cinco sentidos. No se escucha nada. Todo está en un completo silencio. Registro cada una de las habitaciones y no hay nada fuera de lugar. Que extraño… camino hasta la cocina y enciendo la luz me asusto cuando veo a mi padre sonriéndome desde la mesa. Y frunzo el ceño.
-¿Cómo demonios entraste?-dejo el trofeo a un lado y tomo la bolsa para poner el jugo de helado en el congelador.
-Creo que has perdido tus habilidades como espía Elizabeth.
-¿Tú crees?-le sonrío de lado.
-No…Sí…quizás. En otros tiempos me hubieses encontrado enseguida con tan solo sentir mi presencia.-debo admitir de que tiene razón el muy…
-¿Qué es lo que quieres?
-Vengo a advertirte.-frunzo el ceño
-¿advertirme?¿De qué?
-La misión a la cual vas es peligrosa.
-¿Qué mier…?
-Cállate y escucha. Para atraparlos necesitan estudiarlos a fondo. Ser uno de ellos. Camuflarse. ¿Entiendes?-asiento con la cabeza.
-Son gente peligrosa, Elizabeth. La base han mandado a cuatro equipos anteriormente y ninguno ha llegado con vida.-un frío recorre mi espalda.
-Erick…no puedo dejar a Erick solo.
-Lo sé…pero ir sería un suicidio.
-no pienso dejarlo solo. Le ayudaré.
-Has lo que creas conveniente. Mantente con vida. Por el bien de tu madre, no creo que sea capaz de aguantar la pérdida de otro de sus hijos.
-No perderá a nadie más.
-Bueno, he cumplido mi deber con advertirte. Adiós, Elizabeth.
Y así me deja…sola en la cocina de mi casa con un frío en mi espalda. ¿cuatro equipos…y todos muertos?
¿Cómo es eso posible?