Capítulo 27: Pesadilla.
Christian Griffin.
Hoy es un día normal, voy a ver a Sarah, iré a buscarla a su casa y luego iremos a tomar helado. Llevo un ramo de rosas rojas en mis manos.
Llego ahí y golpeo la puerta. No se escucha nada del otro lado de esta. Que extraño. La golpeo nuevamente. Nada, ningún ruido, ningún movimiento, sólo silencio.
Giro el pomo de la puerta, ésta está abierta.
Entro a la casa y todo está en desorden. ¿Qué pasó aquí?
Mi pulso empieza a acelerarse. Sarah.
Lanzo el ramo lejos de mi vista y me dirijo a la habitación de los padres de Sarah.
Abro la puerta rápidamente, no está aquí.
¿Dónde estás, Sarah?
Mi corazón cada vez late más y más rápido.
Esta vez voy hasta el baño, abro la puerta, no está. ¡Mierda!
Un momento, la ducha.
Me acerco lentamente hasta la ducha, tomo la cortina con mis manos completamente temblorosas. Tengo un mal presentimiento.
Tiro la cortina lentamente.
Esto no es cierto.
Mis ojos se llenan completamente de lágrimas. ¡Esto no es cierto!
La bañera esta llena de sangre y Sarah está dentro de esta. En su mano derecha tiene una pequeña navaja con sangre en ella.
Sarah se encuentra con un vestido blanco, en cual está manchado con sangre, su sangre.
Sus antebrazos y muslos están llenos de cortes y de ellos aún sale un poco de sangre.
Acerco mi mano hasta su mejilla, está fría.
-Sarah -digo con un hilo de voz - Despierta, por favor.
Mis lágrimas caen sobre el rostro de la pequeña Sarah.
-Te necesito -suspiro.
Cierro fuertemente mis ojos, provocando que mas lágrimas salieran de mis oscuros ojos.
Abro nuevamente los ojos y me percato que en la esquina de la bañera hay un papel manchado con sangre.
Tomo el papel en mis manos y lo desdoblo con cuidado.
Empiezo a leer.
”Christian, sólo quiero que sepas que no pude más, sólo espero que me perdones. Recuerda que siempre te amaré "
-¿Qué haz hecho? -susurro- ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡Tú sabías que no puedo vivir sin ti!
Mis manos aún están temblorosas.
-¿Por qué? -suspiro.
¿Ha sido un sueño?
¿Una pesadilla?
Mi pulso está acelerado, y mis mejillas están completamente húmedas a causa de las lágrimas que caen sin cesar por mis mejillas.
Mis ojos viajan hasta la ventana, la noche oscura a través de ésta, se ve hermosa. Las gotas de lluvia chocan contra el cristal de la ventana, también contra el pavimento de las calles y contra los techos de las casas.
Algunos truenos y relámpagos se ven y escuchan a la distancia.
Sarah.
Mis ojos viajan se desvían rápidamente de la ventana y se detienen en el sillón que está a un lado de la camilla.
Ahí está la pequeña Sarah. Las pecas en sus mejillas le dan un toque tierno, sus ojos cerrados y su respiración tranquila me calman.
No sé cuanto tiempo la he observado, pero ya estoy más tranquilo.
Sarah empieza a moverse en el sillón y pasa su muñeca por sus ojos aún cerrados.
Posteriormente abre lentamente sus ojos cafés.
Observa el techo de la habitación, hasta que se percata de que la estoy observando.
-Christian -dice mientras se sienta en en sillón observándome- ¿Pasa algo? ¿Te sientes mal?
-No es nada -Respondo- Sólo una pesadilla.
Menciono antes de suspirar.
Aquella imagen de Sarah en la bañera, y todo lleno de sangre. Las cortadas en sus muñecas y muslos, aún no se borran de mi mente. Miro una y otra vez el jugar donde estaban las cortadas, pero están intactos.
-Hey, ¿Estás bien? -cuestiona-. Tierra llamando a Christian, repito, Tierra llamando a Christian.
-No sé si estoy bien -murmuro- Sonará estúpido, pero en esa pesadilla, estabas tú, Sarah.
La chica me mira extrañada, se levanta del sillón y a sube a la camilla donde me encuentro yo.
-Dímelo, estoy aquí para escucharte -dice tomando mi cara entre sus finas manos.
Suspiro mientras tomo las manos de Sarah y las acaricio.
-Soñé que iba a verte -comienzo-. Iba camino a tu casa, una vez que llegué toqué la puerta y nadie abrió así que decidí abrirla por mi cuenta, una vez que lo hice, todo estaba desordenado ahí dentro, en mi mente sólo estabas tú, busqué por todas partes hasta que te encontré en el baño de la casa, en la bañera, estabas bañada en sangre y en tus muñecas y muslos habían cortadas profundas -seco una lágrima que resbalaba por una de mis mejillas-. Era horrible, no podía creer que tú ya no estabas conmigo. No sé que me haz hecho, pero sólo sé que me volviste loco.
Ella me observa seria. Sus manos aún están en mis mejillas.
Cierro mis ojos con fuerza, las lágrimas aún caen sin cesar por mis mejillas.
Abro mis ojos y Sarah juntó nuestras frentes. Ella tiene los ojos cerrados, hago lo mismo.
-Tranquilo -susurra.
Algunos sollozos se escapan de mi boca.
-Nunca me dejes solo, por favor -digo antes de tomarla por la cintura y abrazarla.
-Tranquilo, nunca lo haré -siento como besa mi mejilla.
Las gotas de lluvia caen cada vez más fuerte, los relámpagos iluminan la oscura noche, y los truenos se encargan de hacer el ruido para que la noche no sea tan aburrida.
-¿Necesitas compañía? -susurra en mi oído.
-Si quieres hacerlo, por mí no hay problema -respondo.
Sarah se acuesta a un lado mío en la camilla y abraza mi pecho.
-¿Sabes lo hermosa que te ves mientras duermes? -menciono abrazándola.
-¿Tu sabes lo tierno que te ves mientras duermes? -responde sonriendo.
Aquella sonrisa de ella, es sin duda hermosa.
-¿Tú sabes lo mucho que te amo? -cuestiono antes de depositar un beso en su frente.
-Lo sé -responde- Me amas demasiado, y yo te amo más.
Si supieras Sarah que por las noches, cuando las estrellas y la luna iluminan mi habitación, me siento a solas y le hablo a la hermosa luna e intentaba llegar hasta ti.
Pero, ¿Qué pasará cuando no pueda a diario con mis ingenios enamorarte? Cuando conozcas todos mis defectos e imperfecciones y llegue alguien más "fascinante", que se dé cuenta de que eres deslumbrante, ¿Seguirás escogiendome? Seguirás de mí enamorandote.
Solo espero que sí. Y que así lo sea por siempre. Que no te enamores de otra persona y me sigas escogiendo a mí una y otra vez. Porque yo te escogería todas las veces que fuese necesario, para poder amarte, y que tú, pequeña Sarah, puedas amarme como lo hago yo, que haces que pierda la cordura por amarte.