Honey Sei. ©

By MoonEngels

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«Las decisiones de tu vida ya no te pertenecen.» More

Prefacio.
Sei Dunkels.
Capítulo 01.
Capítulo 02.
Capítulo 03.
Capítulo 04.
Capítulo 05.
Capítulo 06.
Capítulo 07.
Capítulo 08.
Capítulo 09.
Capítulo 10.
Capítulo 11.
Capítulo 12.
Capítulo 13.
Capítulo 14.
Capítulo 15.
Capítulo 16.
Capítulo 17.
Capítulo 18.
Capítulo 19.
Capítulo 20.
Capítulo 22.
Capítulo 23.
Capítulo 24.
Capítulo 25.
Capítulo 26.
Capítulo 27.
Capítulo 28.
Capítulo 29.
Capítulo 30.
Capítulo 31.
Capítulo 32.
Capítulo 33.
Capítulo 34.
Capítulo 35.
Capítulo 36.
Capítulo 37.
Capítulo 38.
Capítulo 39.
Capítulo 40.
Capítulo 41.
Capítulo 42.
Capítulo 43.
Capítulo 44.
Capítulo 45.
Capítulo 46
Capítulo 47.
Capítulo 48
Capítulo 49.
Capítulo 50.
Capítulo 51.
Capítulo 52.
Capítulo 53.
Capítulo 54.
Capítulo 55.
Capítulo 56.
Epílogo.
Continuación: Dunkel Blood.

Capítulo 21.

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By MoonEngels

Reescrito.

Honey se dejó caer brevemente al suelo con una de sus manos en su pecho; esas fueron muchas emociones y aún faltaban muchas por tener. ¿Greyson esperaba que una puerta evitará que saliera? Para algo se inventaron las ventanas.

El día iba a llegar pronto o tal vez no tanto, después de todo el invierno era inminente. La temporada más apreciada por los vampiros incluyéndose, después de todo el sol no sale mucho en esta época.
Sin más lamentos por no haber acabado con Greyson, Honey se preparó cambiándose rápidamente de ropa para una más abrigada. Mientras se ponía una gran chaqueta de Lucian observó con cierta tristeza su equipaje, se iría rápidamente y para ello tendría que volar como cuervo; no podría cargar nada.

Cerró la maleta y la puso en su lugar, luego con sus poderes movió algunos de los muebles contra la puerta para retrasar a cualquiera que busqué entrar dándole más tiempo para tomar delantera. Por último metió las manos en los bolsillos de la chaqueta con todo aparentemente listo, Honey sintió algo en los bolsillos, lo sacó; se trata de una nota.

"Preciosa y pequeña bailarina dentro de una esfera de nieve" era lo que tenía escrito.

Honey asumió rápidamente que era una de las tantas notas sueltas que su padre dejaba "al azar" por ahí. Para ser vistas cuando sea el momento gracias a su don de las visiones. La azabache interpretó que se refería a ella por "pequeña, preciosa bailarina" pero no logró descifrar qué quería decir con lo demás.

No se tomó el tiempo para hacer más preguntas, finalmente abrió la ventana y lo hizo. Usó la fuerza que había recuperado de manera inteligente y se transformó en cuervo y en un parpadeo salió de su encierro. Ella abrió su propia jaula y voló lejos.

Lo más lejos que pudo.

Honey se desplazó en el aire retomando el camino recto que el otro día logró, ese día pudo haberse ido si no hubiera tratado de vengarse de Greyson o que aquella bruja no se hubiera atravesado en su camino. Si se la vuelve encontrar lo lamentará.

La azabache dejó de pensar crudamente en venganza cuando llegó al extremo norte del clan, donde los árboles tienen quemaduras en sus troncos. Primero unos pocos para llegar al punto que están completamente secos y quemados hasta que la línea del inicio del incidió de muchos años atrás se dejó ver, una línea que sólo un ser sobrenatural podría ver.

Eso marcaba el límite del clan.

Honey aterrizó regresando a su forma en cuanto vio la marca del límite, del otro lado de esa oscura línea que aún con la nieve se veía estaba su libertad. estaba en un territorio de árboles bañados en copos de nieves junto a más y más blanco.

— ¿Lo logré? —se preguntó sin podérselo creer.— Lo logré. — se repitió sin dudas; lo consiguió, un paso y dejaría el territorio. Su pie derecho trató de tener el privilegio de dar ese paso pero algo lo impidió, su pie todavía en el aire pareció tocar una superficie cristalina.— ¿Qué...? —Honey miró al suelo sin creer lo que sintió...— Tal vez con el otro...—hizo caso a sus labios.

Trató con su pie izquierdo pero obtuvo el mismo resultado, su pie nunca terminaba por pasar la línea divisora. Algo se lo estaba impidiendo, una fuerza Invisible...

Confundida, la chica trató de pasar extendiendo su mano pero cuando esta estuvo a punto de pasar lentamente se reveló el motivo de porque no podía salir. Una superficie de cristal detuvo su mano.

— Una barrera.— asumió siendo después de todo un ser sobrenatural. Conocía algunas cosas básicas como los escudos o barreras que hacen los brujos para mantener fuera cierto tipo de criaturas o en este caso para mantenerla adentro. Como una esfera de cristal.— Una esfera de nieve...— Honey abrió los ojos al entender el mensaje que la visión de su padre le dejó.

“Preciosa bailarina dentro de una esfera de nieve.”

— Tan cerca nuevamente, dulce sombra. — alguien parecía lamentarse por ella. Honey volteo a la defensiva reconociendo esa voz, no podría olvidar la voz de esa bruja nunca.

— ¿Bruja Karina? —indago cuando la mujer mayor se hizo ver ante ella con su bastón de madera grande y en otra mano una cesta. Como si fuera una tierna anciana.

—Marina.— la corrigió con dulzura.— Estoy feliz de verte, debo decir que te subestime. Te ves totalmente recuperada.— se acercó sin ninguna intención de hacerle algo pero Honey le advirtió mostrando sus colmillos que mantuviera su distancia.

— ¿Por qué no puedo salir? —preguntó secamente.

— Eso como todo, Sötét (sombría)— usó un tono diferente con el húngaro, Honey se sorprendió de ello.— Tiene una explicación que posiblemente te cause desagrado. Lo comprendo. — aseguró.

— ¿Qué puta mierda hizo? —Honey no se anda con rodeos.

— Se nota que ni en tu vocabulario Alexander pudo domar.— sonrió como si el aura homicida de Honey fuera de algodón y chispas.— Sötét no te herí simplemente; esto— hizo el falso intento de pegarle con su bastón provocando que ella lo tomará, luego, acercó esa mano a la barrera activándose.— Es una restricción, rodea el clan, evita que los entes oscuros salgan.

—¿Por qué? —interrogó halando su bastón para que esté mucho más cerca y que note las chispas que salen de sus ojos.

Marina dejó la canasta para que con ambas manos halar y tener en su poder nuevamente el artefacto de madera.
— Porque para desgracia, Alexander encontró manera de retener sin daño directo.— explicó.— Esta barrera lleva semanas puesta.

Desde que fue traída al clan lleva, para que, en un caso hipotético si lograba salir de la mansión no pudiera ir muy lejos.

— ¿Esto no es daño? — Volvió a extender su mano que se quedó plasmada al aire con la clara sensación que está tocando cristal fino.— Estoy atrapada ¡Debe haber una manera de salir de aquí!

— Créeme, no la hay.— tomó su bastón con ambas manos y le dio la mirada más conmemoradora-mente falsa o quizás genuina que pueda existir.— el sello es a base de wei'hon.

— No interesa si está hecho a base de helado, tiene que haber una salida.
— No la hay.— repetido severa, queriendo desde lo más profundo que comprendiera.—El wei'hon es una hierba benevolente, es como la plata que puede matar un lobo.

— Encontraré una salida.— prometió para ella, rechazando la mirada de Marina.

— Sötét, querida no esperaba menos de ti.— halago la mujer provocando un gruñido a Honey que se transformó en otro sonido cuando cambió drásticamente de forma a nuevamente la de un cuervo.— ¡Si no tienes donde dormir ven a mi casa, la reconocerás! — le gritó cuando voló lejos.

La última vez que estuvo cerca de esa mujer casi fue violada por Greyson, no cometerá el mismo error.
No tenía idea a donde iría pero algo era seguro; no volvería a la mansión o iría con la bruja.


— ¡Ya voy! —Grito Nyx ante el toque insistente de su parte.

— ¡Abre de una vez! —le reclamó su hermano estresado con aquellos toques hasta que él y ella se quedaron paralizados al ver de quien se trataba.

— ¿Honey? —la rubia se acercó sorprendida de verla. Nyx miró a sus lados.— ¿Estas solas?

— ¿Es la prometida del líder? —preguntó tontamente Lynx cuando su hermana la tomó del brazo. Se veía agotada y como no, si el sol se filtraba sutilmente entre las nubes provocando un cansancio temprano en la Sei Dunkel.

— ¿Puedo pasar? —preguntó sin levantar la mirada preocupando a Nyx, la rubia prácticamente junto a su hermano la arrastraron al interior de la casa lejos de la vista de unos pocos transformados curiosos de la zona.— Gracias...— la azabache sintió alivio al alejarse de los rayos del sol.

Aunque era el mínimo había pasado un buen tiempo bajo el, rogaba por no enfermarse a la larga; era lo único que le faltaba.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó la rubia ayudándola junto a su hermano a sentarse en uno de los sillones. Nyx la tocó revisando si tenía fiebre, se veía agotada. — No tienes fiebre al menos.

No tenía temperatura realmente.

— Lamento por haber irrumpido pero...
— Eso no importa, Honey.— aseguro.— Si...quisiera saber como descubriste mi dirección pero me interesa saber porqué estas así...— la observó de arriba abajo.— Sola.

— Ambos nos gustara saber.— se incluyó Lynx.

— Tu trae agua.— ordenó su hermana mayor.— Te ves sedienta. ¿Tienes hambre? —la azabache negó con una pequeña sonrisa.

Esperó hasta que Lynx trajera agua y beberla, luego se aclaró la garganta y entregó el vaso.

— Dejé a Greyson.— confesó sin anestesia provocando que Nyx abriera la boca y Lynx soltará el vaso.— Me fui de su mansión.— agregó la cereza del pastel.

— ¿QUÉ? —gritaron ambos hermanos aturdiendo a la Sei Dunkel.

—¿Lo aceptó? ¿Así de fácil te dejo ir?

— Joder...— agregó como último Lynx dejándose caer en el sofá. Su hermana lentamente lo siguió sentándose a su lado.— Eres la mamada, hija.— Nyx ante eso le dio un codazo.— ¿Qué? Vamos, ¿Cuándo oíste que una mujer dejo a Greyson Caprand?

— ¿Cómo lo tomó? —preguntó la rubia ignorando a su menor.

— No lo sé. — confesó la azabache.— Me fui antes de eso.

— ¿Aún no sabes que te fuiste?

— Tengo la sensación que se acaba de dar cuenta.— susurro cuando un raro escalofrío le pasó por el cuerpo, como si alguien acabase de gritar muy fuerte y furioso su nombre.

— Joder...

— Silencio.— le exigió Nyx a su hermano.— ¿Vienes a despedirte? No te hubieras molestado, debes correr antes que te encuentre...

— Ya corrí lo más lejos que pude.— aseguró. — Es difícil de explicar pero necesito un lugar donde quedarme, Nyx.

— ¿Por qué? —preguntó con preocupación y eso Honey lo pudo notar.

La rubia sentía eso por ella, quería saber porque no corre y escapa sabiendo un poco lo que ha pasado en las fauces del vampiro. Nyx tenía un corazón de oro que no la dejaba pensar en el peligro que se estaba metiendo aceptando que la prometida de su líder se escondiera con ella.

Porque era un hecho que si Honey lo necesitaba le daría un techo, ella no solo ha visto en ella más que una transformada sino que salvó a su padre. Está en deuda y agradecida con ella.

Honey en respuesta a esos sentimientos extraños pero sinceros le empezó a contar los hechos tanto a su amiga como a su hermano. Recapitulando desde la última vez que se vieron, explicando nuevamente porque tenía antes un collar de cuero en el cuello hasta llegar al momento de ahora donde estamos; ella libre, con poderes y libre...Técnicamente.

— Lo digo de nuevo, eres la mamada hija...— Nyx volvió a golpear a su hermano.

— No tenías que explicarnos nada, te considero una amiga y con tan sólo decir que necesitas donde dormir hubiera bastado, Honey.— aseguró.

— Serán unos días.— aseguró ella.— Encontraré una forma de pasar esa barrera.

— Lo veo difícil.— comentó Lynx recibiendo una mala mirada de parte de su hermana.— Pero eres la chica que escapó de Greyson Caprand, nada es imposible para ti.

— ¿Ustedes conocen muy bien al personaje? —indagó para salir del tema principal.

— Ya te hablé como pude de él pero apuesto que quieres saber más sobre su fama con la mujeres.— Honey asintió.— Se dice que como la mayoría de vampiro es oscuro con las mujeres, ya sabes algo...Sangriento.— susurro para que no oyera su hermanos que estaba a medio metro de distancia.

— ¿Por qué susurras? —Lynx preguntó en el mismo tono.

— Vamos arriba.— decidió repentinamente Nyx.— Ordenáremos un poco la habitación para que te quedes.— entendió su mano a Honey para subir a su recamara y hablar con un poco más de libertad.

— ¿Sabes que puedo adivinar lo que es sangriento verdad? —soltó Lynx siguiendo a ambas chicas por las escaleras.— Y todos sabemos que Greyson Caprand supera esos parámetros...— Nyx le había cerrado la puerta en la cara dejándolo hablar solo.— ¡No soy un niño!

— ¡Ordena la cocina que te tocaba fregar, rubia! —ordenó Nyx desde su habitación a su hermano menor.

Vaya relación tenían. Le recordó a los gemelos pero más pacíficos.

— ¡Mandona! —vociferó el chico obedeciendo a regañadientes.

Nyx oyó sus pasos alejarse, la rubia se giró a la azabache que estaba sentada en su cama.

— ¿Por qué lo corriste? — indagó la azabache.

— Se que es un tema delicado y esa palabra es un antónimo de referente a Lynx.— explicó sentándose junto a ella.— Él tiene algo de razón, muchos saben que Greyson tiene cierta fama, aunque es un líder ausente y viajó mucho buscándote tuvo muchas mujeres....La mujer que nos encontramos el otro día era su vieja amante.

— Lo sé. — afirmó en un suspiro.— La asesinó. — la cara de Nyx fue bastante expresiva ante la noticia.— Lo hizo porque me faltó el respeto, a mi, "La futura señora Caprand" —Honey gruño al decir aquel título.

— ¿La asesinó así nada más? —Honey asintió.— Dios mío...— susurró la rubia.

— Él es sangriento y algo violento aunque jamás lo admita.— comentó. — Y a decir verdad, creo que he corrido con suerte, mucha suerte.

— Lamento tanto lo que has pasado, imagino que él es...Él, contigo.— Nyx colocó una mano en el hombro de la chica. Honey apretó su mano sin incomodarse ante el tacto.

— Nunca llegó a violarme.— la tranquilizó por ese lado.— Si hacia otro montón de cosas como dejarme anémica pero...

— Si, corriste con suerte.— aseguró.— Jamás he oído que es un violador solo que es demasiado rudo...— Nyx miró el frágil cuerpo de Honey.—...y tu eres tan p-pequeña.— repentinamente, Nyx se abalanzó sobre la azabache tirándola por completo a la cama en un abrazo sin controlar su fuerza.— Dios, y-yo...— La rubia levantó su cara encontrándose demasiado cerca de Honey, de su cara...Y sus labios.

Inconscientemente se acercó más a la azabache que había quedado sin palabras o movimientos...
Se sigue acercando, sus labios rozan los secos de Honey quien estaba como una idiota procesando la situación como si fuera el navegador Explorer.

La azabache tan quieta le daba fuerzas a la rubia para seguir...

— ¡Nyx, llamó papá! —vociferó Lynx desde afuera separando rápidamente a ambas chicas.— ¡Nyx! —Volvió a gritar antes de irrumpir en la habitación donde Honey seguía en la cama y su hermana estaba de pie bastante lejos.— Llamó papá.

— Te oí a la primera.— contestó Nyx como si nada, mientras Honey estaba aún procesando la información.— ¿Qué pasó?

— Necesita que vayas al mercado y le lleves una bolsa de sangre. Se siente débil.— explicó Lynx sin notar la tensión o la mirada ida de la azabache.— Iría yo pero debo fregar. — se excusó el canalla.

— No quisiera ir sola.— murmuro.— Ni dejar sola a Honey...

— Puedo acompañarte.— se ofreció con expresión sería pero de inmediato la quitó.— Si quieres.

— Claro.


El viento soplaba fuerte, a Nyx no le afectaba tanto como a Honey pero la misma se sentía cómoda con solo saber que se nubló todo y muy pronto lloverá. Lo sabía, aprendió del clima teniendo que siempre estar pendiente del sol.
Iban a medio camino, ya habían salido de la zona de transformados... Nyx se lo dijo, es lo único que han dicho desde que salieron de su casa hace no más de diez minutos.

— Honey...— Nyx inició.— Sobre lo que paso yo...

— Tranquila.— Honey se aclaró la garganta, no había tenido intención de soltar su voz distorsionada.— Irrelevante.

— ¿Enserio? — se interpuso con los ojos rojos brillosos.— ¿para ti fue irrelevante? — indagó con decepción disfrazado con un ceño fruncido.

— Digo que no tienes porque disculparte, no fue para tanto sólo...— apretó los labios buscando las palabras.— No sabías que le ibas a ese lado.

—¿QUÉ? — abrió los ojos en grande, al igual que la boca pero no salía palabras.— ¿Yo? No, no. ¿Yo? Pff, no para nada.— se removió inquieta con nervios, se notaba en como se movía de un lado a otro estando ambas quietas al paso desde que dijo "irrelevante".

— Nyx, no juzgo a nadie...— Honey volvió a caminar pero ella tomó su brazo; la mirada de Nyx era inquietante.

— Yo...yo, de verdad..veras, ¡No lo sé! —vociferó. Honey le hizo señas de que ya no estaba en su casa.— No digas nada ¿Si? —Pidió en un susurro.

Ser lesbiana no tiene nada de malo.— su voz iba al contrario de su cara, sonó endemoniada pero refleja honestidad.

— ¡No soy lesbiana! ¿Ok? Yo...ehh.. ¡No! Me gustan los.. bueno no, pero ¡No lo soy! Ehhh ¡Vale no lo sé! Pero... ¡Aghss! — se tapó la cara. Honey sonrió por la manera de la rubia al ponerse nerviosa, un tanto avergonzada y muy atrapada por la verdad.— Honey...yo lo lamento...

— Si no quieres hablar ahora de eso, está bien, pero si quieres ayuda o alguien que te escuche con gusto me pongo tapones para oírte.— propuso animándola a caminar porque aunque Honey no tolera el sol tampoco ama la lluvia.

—Gracias.—la cara de Nyx conmovió a Honey, más porque no se dio cuenta de la parte que dijo "tapones", en serio necesita que alguien dijera; Te ayudo, te escucho...

Honey decidió cambiar el tema yéndose por algo mucho más trivial, Nyx le fue explicando de la distribución del clan desde su zona; la zona de transformados es la más alejada porque aún algunos de los habitantes no aceptan su origen humano aunque ahora sean vampiros.

Los transformados dependían más de la sangre, no pueden reproducirse y no tienen dones; tienen muchas desventajas, lo único que podría ser envidiable de ellos sería que no envejecen; se quedan estáticos tras ser mordidos.

Los vampiros son despectivos en su mayoría y bastante reservados por ende a Honey no le extrañó que una gran mayoría las ignorará al pasar, otra parte miraban mal que una "pura" estuviera con una ojos rojos y en tres ocasiones llegaron a saludar a Nyx pero personas de su misma especie por así decirlo. Unas chicas de servicio y un albañil.

Nyx le hablaba de algo interesante que Honey no estaba realmente oyendo, la azabache estaba bastante interesada en mirar los aparadores de las tiendas del centro del clan; vestidos modernos, de vieja época sumamente elegantes, joyas...No era fan pero merecían una pequeña apreciación. Honey sonreía ante un collar cuando nota a alguien reflejado en el cristal de la tienda.
Greyson.

Ella se giro de inmediato asustando a Nyx por el abrupto movimiento; detrás de ella no había nadie, en la otra calle estaban un par de vampiros caminando pero ninguno tenía cabello negro ni ojos azules.

—¿Todo bien? — indagó Nyx con el ceño fruncido.

—Me volví loca, nada más.— asumió tomando su mano. Nyx se tensó al instante pero Honey lo ignoró, solo quería caminar y ver otras tiendas ¡No! Se retractó, no quería más tiendas.— ¿Cuánto falta para el mercado?

—Es, dando la vuelta.— señaló con la cabeza y un poco de timidez.

La mano de Honey tenía un extraño calor...Porque no era frío como un vampiro ni tan caliente como un humano, mucho menos que un lobo.

— Genial.— Honey la halo por donde dijo. Nyx se quejó un poco incluso se alteró el contacto tal vez por la situación pasada pero a la azabache le importó una mierda.

«Fue una ilusión óptica.» se dijo la Sei Dunkel con la respiración como si tuviera el corazón en la boca de volver a imaginar esos ojos quemando su nuca sin ella darse cuenta.

Nyx acertó, desde la esquina apreciaban el Cartel metálico del lugar, Honey la siguió halando en la misma velocidad teniendo precaución al cruzar; lo último que le falta a su día es ser atropellada.

Al llegar a la entrada decidió calmarse, un poco por lo menos, sobre todo cuando Nyx señaló que sus uñas crecieron y probablemente sus dientes también ante la sensación de amenaza.

La azabache le pidió a su acompañante seguir hablando de lo que sea que estaba hablando antes. La rubia concedió el pedido ignorando como Honey miraba el alrededor sin prestarle atención.

No lo hacía por temor a ver nuevamente otra ilusión— por una parte sí — pero por la otra, observaba las diferencias que tenía el mercado a comparación con el día de la celebración de victoria y bienvenida de invierno. ¿Ya será noviembre?
Se lo preguntó a sí misma mirando las cosas que ofrecía el mercado que no vio aquella vez; Ropas, carne, telas de todo tipo y color, frutas que se veían deliciosas, carne, ellas pasaron por un estudio de cámara antigua que mostraba fotos de siglos atrás amarillentas, más venta de carne y por supuesto una licorería, todo eso antes de llegar a la carnicería de Maddox justo «Palabras de Nyx» en medio mercado.

El cartel que decía el apellido de ellos fue el punto de referencia que al parecer a muchos interesó, Honey no pasó de alto como las miradas aumentaban a su alrededor. Iban más lentos por como la rubia contaba algo sobre Lynx y ella de pequeños y eso sí mantiene la atención de Honey. Adora las historias de hermanos, después de todo ella creció con tres; dos albinos como el aceite y el agua, y un pelirrojo enorme y dormilón. La azabache disfrutaría más las palabras de Nyx si los murmullos cesan.

—¿Esa es la pareja del líder?— Honey hizo callar a Nyx para oír con más claridad.

Es amiga de la transformada.— ese murmuro también llegó a oídos de Nyx haciendo que su mirada bajará por el despectivo comentario hacia ella.

— ¿Creen que anda sola, sin escolta o nuestro líder?
— Según unas de las sirvientas de la mansión, no se llevan bien, la chica es rebelde y malcriada.

—¿Qué ha dicho? —Nyx la sujetó para que Honey no fuera contra la vieja que dijo aquello.— Ataúdes con aserrín.— insulto la azabache. — Amargadas, solas y vacías...— nombró los sinónimos que componen el insulto anterior dejando con la boca abierta a la mujer mayor que habló; la mirada de Honey es tan seria como siempre, demostrando cero interés en lo que veía.

Por perra.

— Vamos, Honey. No pierdas saliva...— Nyx la agarro para llevarla al negocio.— O la paciencia.— murmuró y sin saber cómo otros lo que podía pasar cuando exasperan a Honey.

Esa transformada debe ser su sirvienta personal...— asumió una voz más jovial.— ¿No habría otra menos cutre o una humana mejor? No hay mucha diferencia.— tanto Nyx como Honey no pudieron evitar buscar a la dueña de la voz quien estaba a su diagonal con más vampiras acorde a su edad en un pequeño café sangriento. No tengo que explicar porque es sangriento ¿verdad?

Nyx se sintió pequeña al lado de aquella vampira y sus amigas alrededor; todas tan bellas como Honey dotadas de la sangre pura de los hijos de la noche bebiendo sangre importada con café o té. Cómo no envidiar.

Por otra parte, Honey envés de envidiar los componentes líquidos de su mesa lo uso a su favor al igual que su habilidad de mover cosas. La azabache con un simple y pequeño movimiento de dedos provocó que la sangre y el té cayeran en la mesa apuntando a aquella vampiresa logrando su cometido y machando en menor cantidad a sus amigas.

— Ridícula.— fue lo único que dijo la azabache caminando por sí misma al local de Maddox.— ¿Vienes? —llamó la atención de su amiga que seguía impactada por su hazaña; no conocía los poderes de Honey pero no tenía que ser un genio para asumir que ella provocó eso.

Honey entró al local en silencio sin que Maddox la sintiera, el hombre seguía en lo suyo hasta que su hija alcanzó a la azabache en el interior.

— ¡Papá! —Nyx se lanzó hacia su padre luego de despachar a un cliente.
— Nyx...— Maddox abrazo con cariño a su hija antes de percatarse en quien estaba también.— ¿Honey?

— Hola, Maddox.— la azabache saludó con un pequeño asentimiento de cabeza.

—Me alegro de verte. — admitió abrazando a su hija.— ¿Qué haces aquí?— preguntó al verla sola.— ¿No traes guardias contigo? —Nyx se tenso ante la interrogante y buscó ayuda en Honey.

La azabache serena como quien dice ni se inmutó: — Es complicado.

—Te traje lo que pediste, pa.— Nyx llamó su atención entregando con orgullo la bolsa de sangre.

— Gracias mi niña, eres la mejor.— halago centrándose en Nyx y ella en él.

Se veía cariño y a los lejos un poco de envidia por parte de Honey cuando Maddox beso su frente.

Honey extrañaba a su padre.

Aunque si Greyson no hubiera aparecido ella igualmente estaría lejos en el conservatorio de Toronto pero al menos tendría el consuelo de oírlo por llamada decir que la extrañaba, decir que no olvidé de peinarse, que debe comer...Que la ama.

— Espero afuera, necesito aire.— se excusó apretando los labios.

— Pero dijiste que tenías frío.— Nyx ladeó la cara sin entender, parece muy concentrada en su padre.

— Ahora tengo calor.— Honey salió sin decir más.

Se quedó a la mitad del lugar de brazos cruzados con su mirada neutra y poco expresiva llena de emociones. Honey soltó con esfuerzo el aire de sus pulmones. Realmente necesitaba a su padre, quería que él le dijera que todo estaría bien y despedazaría a Greyson miembro por miembro para su tranquilidad.

Infamius a veces amenazaba y soltaba fuertes expresiones como esas pero cuando eran dichas cerca de ella lo hacía en un tono dulce como si solo dijera que sacaría la basura. Él no era malo del todo; como vampiro al ser sangriento era respetado y se notaba eso cuando nadie lo criticaba ante su familia, como hombre se muestra en su historial amoroso que el amor no es lo suyo pero como padre...

No tiene comparación.

Es tan hermosa como dijeron los guardias.— Honey hizo oídos al murmuró, se giró un poco viendo que provenía de la licorería.

No faltó su asco y repulsión ante el grupo de hombres bastante decentes y guapos pero con su manera de actuar nauseabunda. Miraban a Honey como si no tuvieran vasos de alcohol para saciar su sed y chicas donantes bastante maltratadas con pinchazos en varias partes de sus cuerpos.

Ante ello Honey hizo otra mueca, en Shadow Blood se cazan animales y hay lugares para conseguir bolsas de sangre. Una manera quizás patética para muchos pero más práctica y honorable que beber de una persona que probablemente fue vendida al banco de sangre que puede ser mujer, hombre, niño...

Asqueroso.— Honey les dio la espalda buscando donde sentarse a la vista para cuando Nyx salga irse a su casa...o a la verga, donde sea menos aquí.

Muchos que pasaban y estaban en las tiendas alrededor miraban a la azabache. Ella sabía que no era por su ropa que es decente y adecuada para el frío. Su rostro seguía neutro, no busca aterrorizar a nadie...Pero ganas no le faltan. ¿Serían sus ojos? El púrpura no era común en ninguna parte. Honey maldijo al pariente que trajo al linaje Moore aquel rasgo.

— ¿Anda sola? — Honey seguía siendo el tema de conversación de ese grupo de idiotas.

Vaya que el líder es liberar.— se burló otro.

Quizás se escapó.

Honey levantó levantó su ceja ante su acertada conclusión.

Muero de la risa con eso.— Honey dio unos pasos aún sin saber a donde ir al escuchar esa risa de hiena arrugada.— Greyson Caprand, él líder despiadado ¿Se le escapa una chica? Parece el comienzo de un mal chiste.

Según Roy, ya saben, mi primo el guardia.—ante aquella especificación Honey se mantuvo quieta pero pendiente del chisme.— La chica es difícil, ruda y aterradora.— la azabache sonrió orgullosa ante su propia descripción.—Ella y el líder se la viven peleando y siempre está siendo castigada.

— ¿Ruda y aterradora? ¡Ja! —se burló alguno.—No tiene la estatura para eso. Lo que necesita es mano dura, de seguro Caprand ya perdió su don de someter. — dijo el dueño de la risa de hiena.

Con el asunto de los ataques y muertos es completamente normal que su don no funcione del todo. Roy no exagera nunca, la chica en serio debe ser difícil.— justificó el primo de Roy.

Solo admitamos que ya no es el mismo, pasó años años fuera y ahora regresa según con su "pareja" pero ni ella puede controlar...Era hora que algo le quedará grande al pequeño Caprand.

Honey se giró queriendo conocer al hombre sin miedo a la muerte que hablaba tan libremente de Greyson sin temor alguno pero la azabache sintió terror en el ambiente al ver quien parecía estar detrás del hombre risa de Hiena.

Fue un placer conocerlo y Honey espera que haya tenido una buena vida.

Raúl .—el primo de Roy intentó hacerlo callar, incluso yo lo haría, hasta Honey.

¿Saben? Apuesto que tú primo miente, Fausto —argumento sin notar la mirada de temor de Fausto.— Puedo jurar en nombre de mi difunta esposa que la chica es solo una niña caprichosa.— Honey ni se molestó, sentía lástima y pena ajena.— "dicen que es ruda" quien dejó de serlo fue otro.

— Raúl.— Fausto intentó callarlo pero la sombra detrás de él ordenó con sus ojos que transpiraban muerte que guardará silencio.

Estoy completamente seguro, debe ser esa clase de chica que da la imagen de ruda y todo lo que quiera pero con una buena mordida se queda quieta, a lo mejor ya ni morder bien puede Greyson.

Ese wey ya esta muerto, nomas no le han avisado.

— Me es fascinante que me tutees cuando jamás en mi vida he tenido la desgracia de hablarte — Raúl sintió el mismo terror que todos al oír aquella voz del diablo perteneciente a Greyson Caprand— Hasta ahora que será la última vez.— y más aterrados.

— ¡Líder! — los cuatro hombres se levantaron con los ojos bien abiertos, sobre todo Raúl que tenía a Greyson a escasos metros.— Líder Caprand, yo solo...

— No te molestes, Raúl.— Honey camino para tener el espectáculo con mejor precisión, «mierda» desde aquí se sienten las chispas de sus ojos.— Se cuán arrepentido te sientes para apuñalarte tú mismo en busca de piedad pero no te servirá...

¿ K h e ?

— Señor, yo no...— Raúl estaba confundido, Honey se incluyó en eso pero Fausto no, su mirada de pánico era como si supiera con exactitud a que se refiere, lo que hará «Corrijo» lo que hace. Raúl no había movido su mano, hasta ahora, sin parecer que controla su mano agarró el cuchillo de la mesa y fue cuando se dio cuenta.— Líder....

— Fue un buen intento apuñalarte —Greyson sonrió al oír el desgarrador grito que soltó al cumplir con la predicción «Se apuñaló» retorció el cuchillo causándole extremo dolor para él y los espectadores.— Pero no me conmueve.

Personas salieron de los negocios por los gritos que emitía. Algunas al ver de cerca solo intentan ignorar lo que pasa ¡Honey quiere hacer eso! Pero el pánico de Raúl, su miedo a la muerte la hace sentir atraída a la escena. Sus gritos pararon cuando pudo tomar control de su cuerpo para sacar el objeto afilado.

Todos lo veían, vieron lo que él hizo pero Greyson ignoraba las miradas de cada uno para verla a ella comprobando si cambió pero la azabache disimuló su estado mostrándose despectiva cual vampiro ante él. Con frustración Greyson volvió atacar al pobre que tenía una gran herida, Raúl respiraba con dificultad curándose muy lentamente.

Pocos vampiros pueden, el papá de Honey es uno de esos, pero solo es el doble de un humano promedio. Raúl necesitará sangre para que cierre al instante más creó que eso no pasará.
Repetidamente Raúl se clavaba esa cosa más profunda que la anterior dejando sin aire a él y al resto de espectadores.

— ¡Maldición! — Honey se tapó la nariz tratando de no aspirar ni consumir el fuerte temor que había a su alrededor. Ella logró retroceder, más fuerte eran sus alarmas contra la cercanía de Greyson. Su ira brotaba a través de cada apuñalada. Es seguro que apenas y le hizo algo oír al canalla, no lo hace por sus palabras, por la ofensa contra él y su dominio de control. No es eso.

Es ella.

Solo le falta gritarlo, solo dejar salir de sus labios «Es por ti» sería como el golpe de gracia. Debe sentirse en extremo dolido es más de un sentido, no sólo su ego recayó si no su control, sabe que lo perdió, lo volvió al confirmar cuando entre esa tortura afilada la vio intentando por los menos hacerla pestañar.

Está más que clavada en la situación, era obvio si en cierto grado era su culpa pero no le importa mucho él hombre a Honey. No le desea males a nadie más, no le salen las ganas de gritar que se detenga. Sabe que perderá saliva con Greyson tratando de abogar por Raúl.

— Honey... — la nombrada se movió ante la voz de Nyx. La rubia también soltaba temor.— Vámonos de aquí.

Greyson la siguió mirando ante todo, ni pareció percatarse de Nyx aunque claramente notó cómo trataba de sacarla de su rango de visión pero ella no se dejaba y eso a él lo hizo sonreír.

—Por mi, continúa Greyson es tú gente quien apuñalas, ese idiota no es nada mío.— soltó la azabache fría como el hielo y tenebrosa como la noche.

— Señor, ya no más...— esas fueron las súplicas finales de Raúl, la última puñalada fue en su cuello antes de caer cual plomo al suelo.

Nyx se cubrió la cara con el hombro de Honey creando una sensación de corriente eléctrica pero no como la que alguna vez sintió con Greyson. A ella no le gusto sentirla con sus ojos viéndola.

Fausto socorrió con las demás personas de la mesa a su amigo, la pequeña mirada que le dio Honey le aseguró que vivirá si se atiende «Los vampiros son resistentes» lo miro en parte por interés de los daños que Greyson es capaz.

Honey lo mezcló con una fatal escena que su mente creó mostrándole un escenario parecido pero con Maddox como protagonistas y sus hijos de espectadores...

«Eso sería mi culpa» se dijo la azabache. «Si eso pasa, la responsable sería yo por ir donde no pueden con Greyson.» Honey miró a la chica en su hombro y luego al hombre de ojos azules como el mar; había un maremoto de emociones tras su gélida y fastidiada mirada.

— Necesito aire.— susurro Honey.

— ¿Más? —soltó Nyx sin ser capaz de levantar la mirada. El miedo había sido absorbido por Honey pero soltó en cambio su aura pesada.

— Ve con Maddox.— le aconsejó separándose de su cuerpo.— Nos vemos luego.— consoló apretando un poco sus gélidos hombros antes de soltar a la vampira.

Honey no esperó una respuesta de Nyx para moverse, realmente quería aire puro. No quería sangre ni terror sólo quería algo puro para pensar con claridad, volvió a quedarse sin lugar de descanso. ¿Dónde demonios irá? Maddox, Nyx y Lynx no son una opción.

La azabache sintió paz en cuanto salió del mercado pero sólo le duró un segundo el sentimiento hasta que se percató que a unos metros estaba el auto estacionado de Greyson con su chófer y Calum hablando tranquilamente. El segundo la saludó desde su lugar al verla.

— Él dice que soy duro contigo...— la sangre le bajó a los pies a la chica en cuanto lo oyó nuevamente detrás. Greyson la tranquilizó colocándose a su lado a medio metro con exactitud de ella.— Otros como verás... creen que soy suave.

— Concuerdo con Calum.— masculló severa.— Eres duro y eso es poco para decirte.

— Siempre tienes algo que decir...— comentó con una pequeña sonrisa como si halagara ese atributo de ella.— Y eso que a veces parece que hablar te fastidia.

Ella se encogió de hombros manteniéndose alerta a los movimientos de sus manos, podría hacerle cualquier cosa desde esa distancia o más.

— Tu presencia me fastidia más.

Greyson suspiro:— ¿te gustó el espectáculo?

— Innecesario.— fue todo lo que dijo mientras miraba si había más guardias que podrían ayudar a atraparla; los tres chiflados no estaban y no le extraña.

— Creí que sería mejor Raúl que Maddox.— eso estremeció a Honey, sabía perfectamente que por ahí iría todo pero oírlo de su maldita y cínica boca.— Vas a meterlo en más problemas.— no era una suposición, Greyson estaba clarísimo en eso.— Adelante, así volverás a la casa para sacarlo a escondidas del calabozo a él y sus hijos y tener la misma discusión que tuvimos ese día con la única diferencia que tu castigo será otro...

Honey ya no pudo mostrar indiferencia.

— ¿Qué mierda te hice en la puta vida? —gruño sacando sus colmillos.

— Honey, ese vocabulario es horrible.

— Púdrete.— escupió alejándose a tiempo antes que pudiera atraparla, ella no dejó que pudiera tener una segunda oportunidad.

Se alejó más y con la fuerza que acumuló con su espectáculo, cambió de forma a un pequeño pero eficaz cuervo y emprendió rápidamente vuelo.
Alas para que nos sirven, ¿verdad?

— Sötét, que sorpresa.— Honey frunció el ceño ante la bruja y sus palabras.— Realmente no lo es, oí lo que pasó en el mercado.— La azabache aún se estremecía ante eso.— ¿Te fue difícil encontrar la casa?

— ¿Usted la pintó de morado o ya venía así? —indagó la azabache buscando Únicamente cambiar de tema.
Honestamente no le fue nada difícil, mientras volaba la casa vieja resaltó entre las otras por el motivo anterior.

Marina rio:— No me creerías la respuesta.

— Cierto.— concordó Honey mirando a la mujer con las canastas pesan en sus brazos; no se inmuto en lo más mínimo para ayudarla.— ¿Usted le puede hacer frente a Greyson?

— Si te ofrecí quedarte es porque sé que puedo. — murmuró dejando las canastas en la puerta luego de pasar a Honey que estaba sentada en las escaleras.— La oferta sigue en pie ¿Te quedarás?

— No se si puede hacerle frente a Greyson pero si algo le pasa no me afectará. — Honey se levantó en cuanto ella abrió la puerta que rechino dándole mala espina.

— Entra.— invito de buena fe abriendo la puerta para ella. Honey dudó por varios segundos pero el viento de manera casi literal la empujó adentro y después de todo no había más opciones.— Bienvenida, Sötét.

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