40.
Tenía miedo, mucho miedo. El hombre me empezó a besar el cuello ferozmente, me daba asco, sus besos, su aliento, todo. Y lo peor era que este tipo me violaría de seguro, y luego me mataría. Adiós vida, adiós mundo. Estoy perdida. ¡Ya lo acepté! Ya, necesito a Jason McCann, lo necesito justo ahora y para siempre. Necesito a ese estúpido, idiota, pervertido, lo necesito ahora.
Bueno, sigo con lo que estaba pasando ahorita, este hombre, que me violaría, me estaba besando, y tratando de quitarme la blusa, empecé a llorar amargadamente, y tratando de gritar, pero nadie escucharía mis gritos, así que eran en vano. Desabotonó un poco mi blusa, dejando ver mis senos, y cuando trato de besar asquerosamente aquellos, una voz, esa voz que esperaba escuchar lo detuvo, y volteó junto conmigo para observar de dónde provenía esa voz, era él, si, él. Jason McCann señoras, y señores, con su cuerpo y su cabello mojados, con su infaltable arma, apuntando hacia el hombre, o si es que se le puede llamar así.
—La sueltas o te mato, tú decides. —se acercó más con la pistola en una mano, apuntándole sin temor alguno. El tipo que antes me tenía entre sus manos me dejo en libertad, aprovecho esto para correr junto a Jason. Acomodo mi blusa de nuevo, con mis manos temblando y mis lágrimas cayendo una por una.
El hombre trato de escapar, pero Jason lo agarro de la camisa, ahorcándolo.
—Suéltame. —murmuro con dificultad, ya que Jason le cortaba la respiración, apretándole el cuello con una mano.
—Jason, déjalo. —ordene, Jason me miro. Aquel tipo se merecía la muerte, pero no tenía ganas de ver más sangre ni muertes en este momento, no de nuevo.
— ¿Segura? —Dijo— Porque puedo matarlo. —asentí, y Jason lo soltó bruscamente, el tipo cayó al suelo casi inconsciente y se empezó a retorcer del dolor cuando Jason le dio una patada en el estómago, luego me lanzo una mirada diciendo “vámonos de aquí”, asentí y me lance a sus brazos, sollozando.
No puedo creer que por poco me violarían por segunda vez.
— Tranquila, ya paso. —me dijo acariciando mi cabello, correspondiendo a mi abrazo un poco distante. Se notaba la furia en sus ojos aun, pero al verme de nuevo todo ese coraje desaparecía y su mirada se suavizaba.
—Gracias. —pronuncie. —Gracias por estar aquí, por todo. —trate de sonreír, los dos estábamos mojados en medio de la calle, con la lluvia aun cayendo fuertemente. Mis manos temblaban por el frio que me causaba la lluvia, pero no me importaba. A su lado me sentía protegida, a pesar de que en ocasiones mi mayor pesadilla era él.
El suspiro, sonriendo levemente.
—Perdón por lo del restaurante, no quise actuar así, perdón por ser un idiota.
—Disculpas aceptadas —sonreí. —Ya estoy acostumbrada a que seas un idiota.
—Pero un idiota muy sexy, ¿eh? —alza sus cejas, mirándome fijamente. Golpeo su hombro, empujándolo hacia atrás. —Oye, ¿nunca has dado un beso bajo la lluvia?
Fruncí el ceño, negando con la cabeza.
—No, pero sería perfecto hacer eso. —sonreí de nuevo.
—Pues… —acorto los pocos centímetros que separaban a nuestros cuerpos tomando mi cintura, y unió sus labios junto a los míos, con lentitud, pero tan jodidamente adictivo, disfrutando de la lluvia mojando nuestros cuerpos, me aferre a él pasando mis manos por su cuello y entrelazándolas en su nuca, pegándome aún más a él.
“Si fueras así todo el tiempo, tal vez me enamoraría de ti”.
Un mes después.
—Este me gusta.
Cassie tomo uno de los vestidos, lo observe de cerca, en el pecho tenía un escote bastante grande, y por detrás, la espalda descubierta, pegado al cuerpo, y con corte de sirena en los tobillos, con adornos de flores.
—Si elijo este, es mejor ir desnuda, ¿no? —Cassie me miro con cara de ofendida, empecé a reírme, y a los segundos, ella rio junto conmigo.
—Ya, este queda mejor para mí. —puso el vestido encima de su cuerpo, seguro que a ella si le quedaba bien.
— ¡Cassie! Ayúdame a elegir uno. —chille, rogándole con mi mirada de necesitada.
—Ya, está bien. —fue hacia la estantería de cada uno de los modelos de los vestidos de novia, mientras miraba otros vestidos, estaban muy hermosos, pero ninguno me convencía. Me acerque a una de las modistas.
—Oye, disculpa —dije— ¿no tienes más vestidos? —pregunte amablemente.
—No. —dijo haciendo una mueca de lado. —oh, alto, si tengo uno, es uno de acabo de fabricar, creo que te quedará perfecto. —sonrió, fue hacia un cuarto, y, al cabo de unos minutos, vino con un vestido blanco largo, con encajes de flores en la parte de arriba, y pequeñas perlas incrustadas en la parte del pecho, éste descubierto, y una tela delgada blanca cubriendo la aparte de la cintura hacia abajo, con bordes dorados, y de la misma tela del vestido. Simplemente perfecto.
—Dios. —musite. —Es… es…
—Perfecto. —dijo Cassie completando mi oración, llegando a mi lado.
—Si gusta puede probárselo. —dijo la modista, asentí sonriendo, tome el vestido delicadamente, y me adentre en uno de los probadores, me despoje de las prendas que vestía, y me coloqué el vestido en mi cuerpo, salí del probador, y vi a Cassie y a la modista, se quedaron estáticas mirándome, con cara de sorpresa.
—Dios, _____... ¡te queda perfecto! Es… es hermoso, enserio. —vi como a Cassie se le cristalizaron los ojos, sonreí. Aun no me había visto en el espejo.
—La señorita tiene razón, ______, ese vestido te queda amoldado a tu figura, tu prometido debe ser muy afortunado. —mi sonrisa se desvaneció de repente, mi “prometido”, un hombre al cual no amo, ni creo lograr amarlo.
Me mire en el espejo, me quede paralizada, jamás imagine estar así, probándome un vestido de novia para una boda forzada, de la cual depende la libertad de mi familia. Mis ojos se cristalizaron… siempre soñé con casarme con ‘amor’, con un hombre al cual yo ame, que me ame a mí, crear mi propia familia, ¿pero cuándo será eso? No creo poder lograrlo. Una lagrima rodo por mi mejilla, ¿desde cuándo sucedió esto? El tiempo paso rápido, sin darme cuenta estoy a dos semanas de casarme. Sólo dos semanas… dos semanas.
—Me llevare este. —dije, limpiando una lagrima, y tratando de sonreír.
— ¿La emoción de la boda, no? —musito la modista, mirándonos sonriente.
— Si… —forcé una sonrisa. —La emoción.
Cassie me miro, ella sabía perfectamente que no era por la ‘emoción’ de la boda.
{…}
— ¿Cómo te fue? ¿Compraste el vestido? —me pregunto Jason, me senté en el sillón junto a él, asintiendo con un suspiro.
—Sí, ya lo compre, no era necesario que lo pagaras. —dije.
— ¿No era necesario? Eres mi futura esposa… y aparte, ¿Cómo ibas a pagarlo? —alzo una ceja, cierto… no había pensado en eso.
Fruncí mis labios, formando una pequeña mueca.
—Cierto. —suspire. —Te lo pagare cuando empiece a trabajar.
— ¿Trabajar? ¿Tu? No, ni loco dejare que trabajes. —frunció el ceño.
— ¿Por qué no? No quiero que me mantengas. —dije, cruzada de brazos.
—Porque no, y punto. — se levantó del sillón y fue hacia la cocina, lo seguí con intenciones de seguir discutiendo con él, yo iba a ganar esta batalla.
— Ah, ya sé porque no. —dije. — ‘Porque soy tu futura esposa, bla bla bla’. —exclame imitando una voz gruesa.
—No es por eso. —refunfuño.
— ¿Entonces?
— Es un no, y punto. No insistas. Además, ni siquiera has terminado la preparatoria, ¿Cómo conseguirás trabajo?
—No sé, trabajando de mesera o que se yo. —dije.
— ¿De mesera? —se empezó a reír— No.
Bufe.
— ¿Entonces?
—No trabajaras, amor. Punto. —sonrió, agarro una manzana y salió de la cocina.
Resople, cruzándome de brazos.
—‘No trabajaras, amor’. —lo imite con una voz aguda, luego su cabeza se asomó por la puerta.
— Te escuche, feto. —gruño.
Sonreí negando con la cabeza, y me marche de la cocina.