"El Cuervo de alas enormes, ha vuelto".
Mystic Falls. 11:18 pm.
—Dios—. Una mujer corría por una obscura calle. —Quien quiera que sea, dejeme en paz—. Susurró asustada.
Podía oír los ladridos de los perros y el viento.
Al dar vuelta en una calle, tropezó en la banqueta y cayó al suelo.
Trató de incorporarse lo más rápido posible pero fue atacada ferozmente sin lograr ver a nadie.
El mayor de los Salvatore entró al Mystic Grill, había peleado con su hermano menor y estaba que no lo calentaba ni el sol.
—¿Vas a tomar algo?—. Le preguntó Matt.
—Traeme una botella de lo más fuerte que tengas—. Murmuró.
—Noche difícil—. La voz de una mujer a su lado.
—Qué te importa—. Dijo seco.
Logró escuchar una risa burlona.
—Siegues siendo un idiota, Damon Salvatore—. Eso llamó la atención del oji-azul.
—¿Me conoces?—. Preguntó viéndola.
—Mucho más de lo que imaginas—. Ella sonrió de lado y bajó su vista a la entrepierna del hombre.
Bueno, una cara tan hermosa y un cuerpo de infarto como el de ella, no lo olvidaría tan fácil. Pero que más daba.
—Vaya, eso es excelente—. Sonrió él. —¿Qué te parece si salimos a dar un paseo?—. Alzó una ceja.
—Claro, sería interesante—. Le respondió.
Sacó un billete y cuando Matt puso la botella en la barra, Damon la tomó.
—Vamos—. La tomó de la mano y la llevó hacia su coche.
•••
Habían llegado a la Mansión. No le importaba si Stefan le hacía un drama por llevar una amante.
—Damon, tenemos que hablar—. Stefan se levantó del sillón.
—No hay nada de que hablar—. Le dijo tajante, mientras mantenía tomada de la mano a la mujer detrás de él.
—Damon, ya te he dicho que no debes de traer a nadie a la casa—. Dijo molesto.
—Stefan, ¿cuando te volviste tan gruñón?—. Habló la mujer detrás de su hermano.
—¿Perdón?—. Preguntó.
La castaña se soltó de Damon, fue hacia adelante y sonrió de lado.
Él la observó incrédulo.
—¡No puede ser!—. Dijo sorprendido.
Damon frunció el ceño al ver que su hermano conocía a la mujer.
—¿Qué? ¿La conoces?—. Preguntó Damon sorprendido. —No me sorprendería que fuera tu ex—.
—No, de echo fue tuya—. Le contestó su hermano. Eso hizo fruncir más el ceño a el pelinegro.
—¿Qué?—. Murmuró sorprendido.
—¿Acaso no me recuerdas?—. Le preguntó la mujer. Él solo la observó esperando que dijera su nombre. —Claro, bueno, hubo una mujer por quién Stefan enloqueció y se transformó en destripador—. Se cruzó de brazos y le dedicó una sonrisa cínica.
Finalmente Damon recordó y le dio un mareo.
—Aylanna—. Susurró.
—Hola, cariño—. Sonrió. —He vuelto por lo que me pertenece... Ustedes—. Alzó la cabeza.
—¿Me conoces?—. Preguntó viéndola.
—Mucho más de lo que imaginas—. Ella sonrió de lado y bajó su vista a la entrepierna del hombre.
Damon recordó lo que ella le dijo en el bar.
—¡No! ¡No puede ser!—. Dijo exaltado.
—Lo es—. Respondió Stefan.
Stefan le había dado asilo en su casa, apesar de todo, no quedaba algún rencor hacia la vampira. Damon no había estado de acuerdo pero no le quedó mas remedio.
El pelinegro ya estaba dormido y Stefan se encontraba en la sala.
—¿No puedes dormir?—. Preguntó la mujer cuando bajó las escaleras.
—No—. Respondió.
El rubio no pudo evitar verla. Se veía sexy en el camisón que usaba y esas piernas largas y torneadas que siempre había tenido. Esas que acarició y besó, muchas veces.
Ella se había sentado en un lado de él.
—¿Y que ha pasado contigo?—. Le empezó a sacar plática.
—Venía de México, estaba allí desde que me fui de la Colonia Francesa—. Se encogió de hombros.
Era un momento incómodo.
—Escuché que Klaus se convirtió en híbrido gracias a tu querida Doppëlganger—. Le susurró al oído y eso hizo que le regresara el tic en el ojo.
—Sí, bueno, nos hizo sufrir mucho y mató a personas importantes para todos—. Contestó.
—Bueno, hay cosas que no sabes y podrían interesarte mucho—. Sonrió. —Podría decírtelas pero tienes que hacer algo por mí—. Eso llamó la atención de Stefan.
—¿Qué...?—. No terminó porque Ayla se puso encima de su regazo con velocidad vampírica.
—¿Qué haces?—. Preguntó nervioso.
—Tienes que hacer lo que te diga para decírtelo todo—. Empezó a menearse y sonrió aún más al ver que estaba nervioso.
Besó lentamente el cuello del rubio, sabía que eso era lo que le enloquecía. Le desabrochó la camisa, también el botón y la bragueta del pantalón. Pasó su palma, por la entrepierna del rubio.
Pero cuando iba a besarlo, éste la quitó y se levantó rápidamente. Ella sonrió, había dado en el clavo.
—No vuelvas a hacer eso—. Frunció el ceño. —Estoy con una mujer que amo—. Ella se levantó y se puso enfrente de él mientras se acomodaba la camisa y el botón.
—Recuerdo cuando te referías así de mí—. Se mordió el labio. —No se te olvide, que yo fui tu primera vez en todo sentido, incluso antes que Katherina—. Puso una sonrisa ladeada.
Con eso, Aylanna se dirigió a su habitación. Abajo, dejó a un Stefan con los pelos de punta. Ella seguía poniéndolo nervioso.
•••
New Orleans.
Ayer por la tarde.
Klaus se encontraban en el bar de la Mansión Mikaelson, había peleado con su hermano Elijah por el acercamiento que existía con su hija luego que éste iniciara algo con Hayley, la madre de su hija.
Tenía demasiado miedo el perder a la niña y que ella le dijera "Papá" a su hermano.
Dio un trago y siguió observando la foto de Hope, su hija, que tenía en su teléfono. Un chillido entró por sus oídos y llamó su atención. Era un cuervo que chillaba y picoteaba el vidrio de la ventana.
El cuervo era negro como la noche y tenía unas alas enormes.
—Klaus—. El susurro de una mujer entró por sus oídos. Miró a todos lados pero no había nada.
Dejó el vaso en la barra y se dirigió a la ventana para ver.
Justo debajo de una lámpara de la calle, miró a una mujer que al verlo colocó una pequeña sonrisa cínica.
Él sabía quién era ella.
Con velocidad vampírica bajó pero ya no estaba.
Rápidamente sacó su celular y tecleó el número de su hermano. Debía decirle que 'El cuervo de Alas Enormes estaba de vuelta'.
*~*
El día había llegado, Damon se encontraba almorzando, mientras que Stefan se había ido con Elena.
—Ayla, ¿qué haces aquí? Mi padre puede verte—. Un joven Damon se encontraba entre las sábanas.
—Quería verte, no soporto estar un minuto más sin ti—. Se metió con él a la cama. —Y no te preocupes por Guisseppe—.
Ella acercó su rostro y lo besó con pasión. Con un movimiento se puso encima de él.
—Te deseo, Damon—. Susurró contra su oído, su cadera se movía contra la entrepierna del oji-azul. —Quiero ser quién te haga el amor por primera vez—. Él la observó con añoración.
—Yo también quiero—. Sonrió y la besó.
Damon no entendía el porqué de los recuerdos, tal vez porque en la habitación continua a la suya, se encontraba ella. La mujer a quién amó verdaderamente y por quién hizo locuras. Ella en todo sentido fue su primera vez.
Hace 5 siglos, todo era al revés. Su hermano menor era un mujeriego y Damon un hombre de una sola mujer. Stefan en silencio se le insinuaba y tuvo un amorío con ella, a sus espaldas. Pero cuando Ayla lo dejó, él se transformó en el conocido "Destripador" y asesinó a muchos inocentes.
Aunque no seguía molesto, porque ya habían pasado mucho de ello.
Ahora de corazón y su vida giraba nuevamente en el amor, pues sin esperarlo, se había vuelto a enamorar. ¿La afortunada? Elena Gilbert.
Le había confesado lo que sentía pero ella lo rechazó alegando que era la novia de su hermano y que no podía amarlo. Él sabía que ella sentía algo por él, pero trataría de olvidarla, usando a tantas mujeres que se dejasen.
—Buenos días—. Saludó la castaña al entrar a la cocina mientras comía una barra energética.
—Buenos días—. Respondió viendo a su vaso.
Finalmente levantó la vista a su ex y no pudo evitar examinar cada parte de ella.
Usaba un vestido verde que amoldaba su trabajado cuerpo, un par de tacones color negros que la hacia ver más alta y maquillaje a combinación, aunque ella jamás lo necesitó.
Él sabía bien, cuando estuvieron juntos lo notó. Aylanna D'Alltruí estaba rota y dudaba que volviera a tener los pequeños trozos unidos de la mujer que fue cuando era humana.
Era casi una diosa, su cuerpo era perfecto y tenía un rostro de Ángel pero todo eso era fachada para ocultar que dentro de ella vivía un demonio. Parecía ser hija del Ángel desterrado, Lucifer, y que éste le haya dado el don de la belleza para que fuera como él.
Era un monstruo cruel y sádico. Igual que los Originales.
—¿Qué tanto piensas?—. Salió de sus pensamientos cuando ella se sentó frente suyo.
—En nada—. Murmuró dando un sorbo al bourbón.
—De acuerdo—. Ella lo miró.
—¿Qué harás en todo el día?—. Le preguntó.
—Iré de compras—. Se encogió de hombros.
—¿Qué te parece si vas al Grill y tomamos algo?—. Le sonrió.
—Eso suena, interesante—. Alzó una ceja.
•••
Stefan se encontraba en la casa de su novia Elena. No podía ocultar que su ex estaba de vuelta.
—Elena, hay algo que debo decirte antes que otra persona lo haga—. Stefan la tomó de las manos.
—¿Qué ocurre, amor?—. Preguntó viéndolo.
—No se como decirlo—. Suspiró.
—Sabes que puedes decirme lo que sea—. Sonrió.
—¿Has escuchado de Aylanna D'Alltruí?—. Preguntó curioso por su reacción.
—No—. Contestó. —¿Qué hay con ella?—. Preguntó.
—En Italia de 1114, hubo una joven de increíble hermosura; su nombre era Aylanna D'Alltruí—. Dijo. —Los hombres la cortejaban, pero jamás correspondió a nadie—. Siguió. —Luego llegaron los Originales al pueblo, huían de su padre. Cuando la vieron quedaron hipnotizados pues ella era bella, inocente y pura—. Miró a Elena que tenía su atención en él. —Una noche, Mikael los encontró y como venganza contra ellos, la mató—. Agregó.
—¡Qué horrible!—. Elena se tapó la boca.
—Nadie contaba con que Elijah le daba de su sangre y volvió como vampiro... Pero no fue igual; pues se volvió cruel y sanguinaria. Y en una época asesinó a mucha gente inocente—. Su novia lo vio con sorpresa. —Luego eso cambió cuando se reencontró con los Mikaelson y le pusieron un alto, mas bien, Klaus. Pues vivieron un tórrido romance y los abandono, luego llegó a aquí hace 500 años—. Eso llamó la atención de la pelinegra. —Damon se enamoró de ella e iniciaron una relación, yo también había puesto mis ojos en ella y se la quité—. Su novia iba a decir algo pero Stefan continuó hablando. —Ella me dejó, me volví en el destripador y Damon me odió mucho tiempo—. Finalizó.
—¡Wow! ¡Vaya!—. Ella no sabía que decirle. —¿Y todo lo que me contaste es por...?—. Esperó que le dijera.
—Ella volvió, incluso se está quedando con nosotros en la casa—. Le dijo. —Tenía que hacer algo por ella—. Siguió. —Y tenía que decírtelo—.
—Confío en ti, Stefan—. Le sonrió.
Ella acercó su rostro al de él.
—Te amo, Elena—. Susurró y la besó.
•••
La noche había llegado, Damon llegó al Grill a esperar a su sexy ex.
—Damon, ¿podemos hablar?—. La voz de Elena llamó su atención a sus espaldas.
—No, Elena; tú ya dejaste en claro que no andarías con alguien como yo—. Se encogió de hombros sin girarse a verla. —Sí, como si mi hermano fuera mejor—. Se burló.
—Por favor, solo será un momento—. Insistió. —Además, sé que estás aquí para verme—. Eso hizo reír al vampiro y finalmente la miró.
—Elena, ¡por dios!—. Sé burló. —No eres la única mujer del mundo—. Sonrió burlón.
Damon no sabía, pero Aylanna ya había entrado y escuchaba todo. También lo veía.
Aparte de conocer su cuerpo a la perfección, conocía su manera de caminar y su manera de actuar.
Por como actuaba, estaba segura que la amaba. Tal vez, como llegó amarla a ella o a Katherina.
—Damon—. Lo tomó del brazo y él jamás quitó su rostro de diversión.
Ese era su momento de aparecer y caminó hacía él. Al pasar un lado de ella, la empujó con el hombro "sin querer".
—Siento el retraso—. Lo besó en los labios, logrando los celos de Elena. —Las compras necesitaron más tiempo del que pensé, cariño—. Se excusó.
Finalmente dirigió su mirada a la Doppëlganger.
—¡No!—. Chilló divertida. —Tú eres la réplica de Tatia, Amara y Katherina—. Sonrió. —También una zorra como cada una de ellas—. Agregó.
Caroline y Bonnie se acercaron a apoyar a su amiga.
—¿Tú quién eres?—. Le preguntó la rubia.
—¡Oh! No sé si han oído hablar de mí—. Ladeó su sonrisa. —Soy una leyenda—. Comenzó a caminar al rededor de los 4, como si los asechara. —Mi nombre es Aylanna D'Alltruí—. La rubia se burló y la castaña se detuvo frente a ella.
Elena palideció y Bonnie igual. La morena había escuchado de ella, cuando su abuela le contaba.
—Tienes nombre de perra—. Sé burló la rubia, sin saber quién era ella. Aylanna sonrió de lado.
—Y también muerdo, ¿verdad, cariño?—. Le preguntó a Damon. Éste sonrió afirmando.
—Delicioso—. Le respondió. Ella ladeó su cabeza y cruzó los brazos.
—¡Iuuuugh!—. Caroline hizo cara de asco.
—Caroline, vámonos—. Bonnie le tomó el brazo a su amiga. —Ella es peligrosa—. La jaló.
—Esto no se ha acabado—. Dijo la rubia.
—Claro que no, querida—. Dijo arrogante.
Ayla sabía quién era la rubia, fue a quién Klaus quiso y eso la molestaba. Ya tendría tiempo para arreglar eso. También lo haría con la Doppëlganger.
Cuando finalmente estaban en su mesa, ella se giró a Damon.
—Con que la chica de tu hermano—. Dio un paso a él.
Él frunció el ceño para despistar.
—Conozco tu actuar y escuché tu corazón mientras hablaban, sé que la amas, como tu hermano me amó a mí cuando era tuya—. Puso su palma en el lado izquierdo del pecho del hombre. Él la miró, con indignación. —No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo—. Le susurró contra sus labios.
—No me importa—. Respondió. —Puedo tener a cuantas chicas me plazca—. Alzó una ceja.
—Claro—. Sé burló.
Una hora había transcurrido entre pláticas y el trio de amigas seguía allí.
—¿Sabes? Creo que le gustas a la Petrova—. Sonrió dando un trago al vaso. —Desde hace una hora, no han dejado de observarnos y de decirse entre ellas, que te hable cuando no esté yo—. Sé rió la hermosa vampiresa y Damon rodó los ojos.
Ella sabía que la rubia era vampiro y que estaba repitiendo lo que hablaban, así que lo usaría a su favor.
—Cariño, que te parece si salimos un momento—. Le sonrió. —Hay algo que tengo que enseñarte—. Le guiñó el ojo.
El vampiro asintió y pagó lo que habían tomado, para luego salir del establecimiento.
•••
—¿Qué vinimos a ver?—. Preguntó estirándolo de la mano.
—Quiero que hagas algo por mí y que no puedo hacer sola—. Le dijo con una sonrisa y el devolvió una seductoramente.
Con velocidad vampírica lo pegó al coche. Una bruja apareció atrás susurrando un hechizo y el mayor de los Salvatore cayó de rodillas sangrando, hasta que finalmente se desvaneció.
—Está listo—. Dijo la mujer a la vampira.
La blonda colocó su mano en la frente del pelinegro. Observó que la verbena ya había salido de su sistema.
—Le vas quitar a Stefan, su amada Doppëlganger—. Puso una sonrisa. —No vas a resistir a mis encantos—. Aprovechó. —No recordarás esto, pues creerás que una bruja nos atacó—. Se agachó y manchó su rostro de la sangre para que si pareciera real.
La bruja dejó de recitar.
—Está listo, Aylanna—. Le dijo con temor. —Ya no te debo nada—. La castaña rió.
Vampíricamente llegó hasta ella y le arrancó el corazón. El cuerpo cayó al suelo.
—Verás, eras un daño colateral y no podía dejar que anduvieras allí divulgandolo—. Tiró el corazón a un lado.
Sé acercó al cuerpo del pelinegro y se hincoó.
—¡Damon! Despierta—. Se mordió la muñeca y la puso en su boca para que despertara. —Damon—. Murmuró.
—¡Ah!—. Jadeo adolorido. —¿Qué pasó?—. Preguntó y comenzó a beber.
—Estábamos por irnos y una bruja nos atacó—. Respondió. —A pesar de todo, logré matarla—. Lo vio a los ojos, y éstos tenían un brillo diferente.
—¿Entonces?—. Sé reincorporó. —¿Qué te parece si nos divertimos un rato para olvidar éste mal momento?—. Preguntó coqueto.
—Fue un largo día y adoraría tener un momento a solas contigo—. Murmuró suductora.
Acercó su cuerpo al de él y lo besó con pasión.
—Hazme el amor—. Le susurró contra sus labios.
Sólo esperaba que el hechizo haya funcionado, sino, traería a la bruja del más haya y la volvería a matar por estúpida.