El estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, aún parece marcar el fin de una era y el comienzo de otra.
The Origins of the First World War, publicado en 1992.
Las secuelas más visibles de la guerra fueron la desaparición de cuatro imperios: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano. Numerosas naciones recuperaron su independencia y otras nuevas se crearon. Cuatro dinastías, y con ellas sus aristocracias, cayeron como consecuencia directa de la guerra: los Romanov, los Osmanlí, los Hohenzollern y los Habsburgo.
Pérdidas humanas
Reparto de los muertos de la guerra: militares de la Entente (azul oscuro), civiles de la Entente (azul claro), militares de las Potencias Centrales (naranja), civiles de las Potencias Centrales (marrón).
La Primera Guerra Mundial dejó entre nueve y diez millones de muertos y unos veinte millones de soldados heridos. De forma adicional, se estima que las víctimas civiles ascendieron a más de siete millones. El Reich alemánmovilizó a unos 13,25 millones de hombres, de los cuales unos 2 millones murieron; el Imperio ruso reclutó a 12 millones de hombres para el servicio militar, 1,85 millones perecieron. De los más de 8 millones de franceses que combatieron, 1,3 millones (el 16%) no sobrevivieron a la guerra, mientras que de Reino Unido murieron 850 000 soldados. Austria-Hungría perdió a 1,5 millones de soldados de los 7,8 millones que reclutó (un 19%) e Italia perdió a 700 000 de sus más de 5 millones de hombres. Las mayores pérdidas, en proporción, las sufrieron Rumanía, Montenegro y Serbia: de los 700 000 soldados movilizados por Serbia, 130 000 murieron y en total Serbia perdió al 11% de su población (unas 540 000 personas fallecidas); aún peor fueron las cifras de Montenegro, país que perdió al 16% de su población.
La guerra dejó una brecha social dramática en la demografía de países como Alemania, Francia, Serbia, Montenegro y Turquía, que produjo un malestar social permanente, especialmente en los miles de huérfanos y viudas que generó.
Millones de heridos sufrieron desfiguraciones, amputaciones y numerosas discapacidades permanentes que les impedían llevar una vida civil normal, en una sociedad donde no existían prótesis modernas y médicos profesionales para la rehabilitación. Un sin número deveteranos de guerra murieron después de la guerra a consecuencia de las heridas sufridas o a bajas edades por enfermedades contraídas en el frente. Entre los heridos se encontraban numerosos objetores de conciencia que se habían negado a participar en la guerra y que a menudo, a pesar de no tener ninguna patología, habían sido condenados a prisión o internados encentros psiquiátricos para evitar «que hicieran decaer la moral de las tropas». El bloqueo naval contra las Potencias Centrales hizo que, según un estudio de la Sociedad de Naciones de 1928, perecieran por hambre 424 000 alemanes (con estimaciones que sugieren hasta 733 000 muertos) en el invierno de 1916 a 1917 —llamadoSteckrübenwinter—. En el contexto de la Primera Guerra Mundial, también se cometió, por parte del Imperio Otomano, el genocidio armenio, con cientos de miles de víctimas.
Costes y destrucción
Algunas zonas como Bélgica, Serbia y el norte de Francia (en la llamada zona roja) fueron especialmente dañadas y en gran medida destruidas. El coste de la reconstrucción de estimó en 100 000 millones de francos aproximadamente. La esperanzas de los vencedores sobre la capacidad de refinanciar los costes de la guerra a través de las reparaciones aportadas por los vencidos resultó ser una ilusión irrealizable. Reino Unido pasó de ser el mayor acreedor del mundo a convertirse en una de las naciones más endeudadas, mientras que la guerra significó para Alemania una gigantesca inflación. Europa había perdido su hegemonía mundial y había dejado paso a naciones como Estados Unidos, nuevo acreedor de los países europeos.
Los gastos totales directos de la guerra ascendieron a 956 000 millones de.marcos oro, 208 000 millones atribuidos al Imperio Británico, 194 000 millones a Alemania, 134 000 millones a Francia, 129 000 millones a Estados Unidos, 106 000 millones a Rusia, 99 000 millones a Austria-Hungría y 63 000 millones a Italia. La mayor parte de estos gastos se sufragaron con bonos de guerra y la impresión de papel moneda, a excepción de Reino Unido. Solo en Alemania, el gasto bélico diario ascendía en 1916 a entre 60 y 70 millones de marcos, gasto que aumentó significativamente sobre todo a consecuencia del Programa Hindenburg. Solo una pequeña proporción de estos gastos se financiaron con ingresos fiscales, y aproximadamente el 87 % de los gastos se sufragaron con bonos, deuda y emisiones, lo que disparó la deuda nacional hasta los 145 000 millones de marcos. Por su parte, el historiador económico Rondo Cameron estimó los gastos directos de la guerra en entre 180 000 y 230 000 millones de dólares (PPA de 1914) y unos costos indirectos, consecuencia de los daños a propiedades, de al menos 150 000 millones de dólares.
Tratados de paz
Los acuerdos de paz se firmaron progresivamente entre 1919 y 1920. El 18 de enero de 1919, comenzó la Conferencia de Paz de París, un día no escogido al azar, pues el 18 de enero de 1871 se había fundado el Imperio alemán. Las negociaciones fueron en su mayor parte secretas y tanto Rusia como los países vencidos fueron excluidos de las conversaciones. Solo a partir del 24 de marzo de 1919 comenzaron los intercambios escritos con los vencidos, a través de los «cuatro grandes» o Consejo de los Cuatro, que reunía a los líderes de las cuatro potencias vencedoras: Francia, Reino Unido, Italia y Estados Unidos. El proyecto de acuerdo formalizado con eltratado de Versalles fue dado a los representantes de Alemania el 7 de mayo de 1919, el día del cuarto aniversario del hundimiento del RMS Lusitania, y firmado el 28 de junio de 1919.
Alemania y sus aliados tuvieron que «reconocer» «su responsabilidad por haber causado todos los daños y perjuicios a la que los aliados y los gobiernos asociados y sus ciudadanos han sido sometidos como consecuencia de la guerra impuesta sobre ellos por la agresión de Alemania y sus aliados». Esta declaración se incluía en el artículo 231 del tratado de Versalles. Este artículo se hizo especialmente conocido por ser una cláusula que culpaba directamente a Alemania del comienzo de la guerra, algo que los alemanes vieron con resentimiento y como un acto de humillación. El tratado también limitaba su ejército a 100 000 hombres y 4000 oficiales, su armada fue requisada (y posteriormentehundida en gran parte por sus propios tripulantes) y se le prohibió la tenencia, fabricación, importación o exportación de artillería pesada, carros de combate, aviación y submarinos. A todo ello se añadieron las costosas reparaciones de guerra; el tratado de Versalles estipuló en un primer momento que Alemania debía pagar 20 000 millones de marcos oro y la manutención y gastos de las tropas aliadas que ocupasen su territorio desde la firma del armisticio hasta los primeros cuatro meses de 1921. Más adelante la Comisión de Reparaciones estableció que Alemania debía pagar 226 000 millones de marcos oro, aunque más tarde, en abril de 1921, esa cantidad se redujo a 132 000 millones de marcos oro, que se deberían pagar a razón de 2000 millones de marcos oro anuales más el 26 % de los ingresos por exportación alemanes (aproximadamente otros 1000 millones de marcos oro). En un primer momento todas las potencias derrotadas debían pagar reparaciones, pero al ser Alemania la mayor potencia y único país que había mantenido su economía a salvo de la destrucción, debió asumir la gran mayoría de costes, pero arruinada, no pudo hacer frente a los pagos en numerosas ocasiones y de hecho entre 1919 y 1932 apenas pudo pagar 21 000 millones. De igual forma, una parte importante de su producción debía ser entregada a las potencias vencedoras y también durante años estuvo enviando decenas de millones de toneladas de carbón en compensación por las minas destruidas, además de considerable número de productos agrícolas, ganaderos e industriales. Alemania terminó de pagar estas reparaciones de guerra en el año 2010.
Alemania perdió 70 570 kilómetros cuadrados de territorio en el continente y los 7,3 millones de habitantes que los habitaban, además de todo su imperio colonial, y debió acordar la desmilitarización de Renania y la
ocupación del lado izquierdo del Rin. El tratado colocó a Alemania bajo sanciones legales, se la privó de su poder militar y económico y acabó arruinada y políticamente humillada. Para los historiadores el tratado, la guerra y su memoria, marcaron la política alemana de las décadas de 1920 y 1930 y los intentos de revisionismo histórico y el clima de inestabilidad que vivió la República de Weimar. Mientras tanto, las nuevas naciones independizadas o que se libraban de la ocupación alemana sufrida durante la guerra vieron el tratado como un reconocimiento a las injusticias cometidas por las principales potencias contra pequeños países.
Los tratados con Austria (tratado de Saint-Germain-en-Laye), Hungría (tratado de Trianón), Bulgaria (tratado de Neuilly-sur-Seine) y el Imperio otomano (tratado de Sèvres) siguieron en gran medida la misma línea que el tratado de Versalles: no se permitió a los vencidos conocer los términos del tratado hasta el momento en que debían firmarlo, se les excluyó con carácter provisional de la Sociedad de Naciones, se limitó sus ejércitos y su territorio y se les exigieron reparaciones de guerra. Hungría fue, relativamente hablando, la nación que más pérdidas territoriales sufrió (apenas retuvo un 32 % de su territorio anterior, a pesar de que los húngaros representaban el 54 % de la población) y 3,3 millones de húngaros quedaron atrapados en territorio extranjero, de los cuales 354.000 huirían entre 1920 y 1924; Austria quedó reducida a una pequeña república. El rechazo del Senado de Estados Unidosa ratificar el tratado de Versalles y la entrada de su país en la Sociedad de Naciones acabó con un tratado bilateral entre Estados Unidos y Alemania en 1921. El acuerdo con Turquía no entró nunca en vigor, debido al triunfo del movimiento revolucionario de Mustafa Kemal Atatürk en la guerra de Independencia turca, que conluyó con el reconocimiento de la nueva República de Turquía y la celebración del tratado de Lausana, mucho menos estricto que el de Sèvres.
Identidades y cambios en las fronteras nacionales
Polonia volvió a constituirse como un país independiente tras más de un siglo de dominación. El Reino de Serbia y su dinastía gobernante, que durante la guerra había sido una «nación menor» aliada y el país con la mayor proporción de víctimas, se convirtió en la espina dorsal del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, un nuevo Estado multinacional que en 1929 se rebautizó como Reino de Yugoslavia. Checoslovaquia también fue una de las nuevas naciones surgidas en la posguerra, creada a partir de la fusión del Reino de Bohemia con territorios delReino de Hungría. El antiguo Imperio ruso, tras la revolución y su conversión en un Estado socialista, pasó a llamarseUnión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o simplemente Unión Soviética, aunque perdió Finlandia,Estonia, Lituania y Letonia, que se convirtieron en países independientes. El Imperio otomano fue reemplazado por Turquía y otros países de Oriente Medio, que pasaron a estar bajo dominación francesa y británica. Estas nuevas adquisiciones de las potencias coloniales se constituyeron en el Mandato francés de Siria, en el Mandato británico de Mesopotamia (Irak) y en el Mandato británico de Palestina, todos ellos bajo la supervisión de la Sociedad de Naciones. Con la liquidación del i mperio colonial alemán, las colonias alemanas pasaron a ser administradas, también bajo mandatos, por las naciones vencedoras; Francia y el Imperio británico se repartieron la práctica totalidad de las posesiones alemanas en África, mientras que Australia, Japón y Nueva Zelanda hicieron lo propio con las islas del Pacífico controladas por los germanos. Los imperios y esferas de influencia de británicos y franceses llegaron tras el fin de la Primera Guerra Mundial a su máxima extensión histórica, aunque esta resultó efímera.
En los territorios de ultramar del Imperio Británico se desataron nuevas formas de nacionalismo. En Australia y Nueva Zelanda, la batalla de Galípoli fue conocida como el «bautismo de fuego» de estas naciones. Fue la primera gran guerra en la que estos países de reciente creación lucharon; de la misma forma, fue una de las primeras veces en que las tropas australianas lucharon como australianos y no como sujetos de la Corona británica. Cada 25 de abril se celebra en Australia y Nueva Zelanda elDía ANZAC, en conmemoración de losAustralian and New Zealand Army Corps(ANZAC), una fuerza conjunta que combatió en Galípoli. Tras labatalla de Vimy Ridge (parte de labatalla de Arrás) de 1917, donde las divisiones canadienses lucharon juntas por primera vez como un solo ejército, los canadienses empezaron a referirse a su país como «una nación forjada en el fuego»; así, por primera vez los soldados de un dominio colonial habían conseguido en el campo de batalla lo que soldados de «su país de origen» no habían logrado. Cuando Reino Unido declaró la guerra en 1914, todos sus dominios pasaron a estar automáticamente en guerra, sin embargo, al concluir esta, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfricafirmaron de forma individual el Tratado de Versalles.
El establecimiento del actual Estado de Israel y las raíces del largo conflicto israelí-palestino se encuentran parcialmente en la inestabilidad en Oriente Medio que siguió al término de la Primera Guerra Mundial. antes y durante la guerra, el Imperio otomano había mantenido un modesto nivel de paz y estabilidad en la región, sin embargo tras el desmantelamiento del gobierno otomano, se produjeron vacíos de poder, conflictos y reclamaciones sobre estos territorios y nuevas naciones emergieron. Las fronteras políticas trazadas por los vencedores de la Primera Guerra Mundial se impusieron de forma rápida y con escasas y superficiales consultas a la población local, en ocasiones se trazaron directamente y con líneas rectas sobre el mapa. Estas arbitrariedades darían lugar a conflictos y luchas por la identidad nacionaldurante todo el siglo XX que continúan en el XXI. La disolución del Imperio otomano fue por tanto fundamental para la configuración política moderna de Oriente Medio, incluido el conflicto árabe-israelí, pero también lo fue para otros conflictos menos conocidos como el control del agua o de los recursos naturales.