Una General en Jefe

By KuranFan

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[4/5] 1. Arazem: Piper Sebrin, un nombre normal para una chica normal. O eso era lo que ella pensaba. Piper... More

1. Arazem: Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
2. Guerra: Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
3. El Regreso: Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
4. General Piper Sebrin: Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25

Capítulo 8

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By KuranFan

Pensaba en ir a dar un paseo a la luz de la luna, pero mi estómago (el cual a veces pensaba que tenía pensamientos propios) gruñó en ese momento así que cambié de dirección y me dirige hacia la cocina. Cuando llegué a ella, noté con satisfacción que todo tenía el fuego bajo y no tendría que encender nada.

Comencé a cocinar la comida que encontré mientras me preparaba un té.

"¿Qué haces despierta a esta hora?" Pegué un salto que casi me dejó pegada al techo.

"¡Me asustaste!" Adregon sólo enarcó su ceja y tomó asiento en la mesa central de la cocina.

Tras un minuto de silencio, dijo: "Hazme un té."

"Puedes decir 'por favor'." Me giré y comencé a hacer su té. Como lo que estaba preparando era sencillo, lo pude sacar al mismo tiempo que preparé los tés.

Coloqué mi comida en la mesa junto a las tazas, le bajé el fuego a la cocina con un poco de agua y me senté a comer frente a él. Debía admitir que, también a una de las tantas cosas en las que me inscribieron, no me costó adaptarme a cocinar en ese mundo como sin duda le costaría a otras personas.

Cuando iba a mitad de mi sándwich, me di cuenta de que Adregon estaba mirando su taza con expresión pensativa. Dejé mi comida de lado, puse mi quijada en mi mano y lo miré.

Bebió de su taza, me miró y preguntó: "¿Te sucede algo?"

"Dejando de lado que omitiste información y me entrenaste junto con Albeans lo suficiente para destrozar a alguien física y emocionalmente, creo que podríamos ser buenos amigos." ¿Acaso era eso en su rostro una muy ligera sonrisa? Lo que tomé como buena señal. "Dime, Adregon, ¿cuál es tu historia? Eres extremadamente joven para ser rey. Si bien me enteré hace poco que eras rey, eres obviamente amado por los comentarios de las personas, eso me dice que el rey anterior no era muy amado."

"No te vas por rodeos, Piper." Dijo. "Nunca te mentí, no considero la omisión una mentira." Se recostó del espaldar de la silla y cruzó sus piernas (supongo yo que cruzó sus piernas, ya que no las podía ver). No sabía lo iba a decir en ese momento, pero yo tampoco consideraba la omisión una mentira. Él algún día sería consciente de ello. Algún día. "Bien. ¿Qué quieres saber?" Tomé eso como carta blanca para preguntar.

"Puedes empezar por el principio."

Bufó. "El día de mi nacimiento fue el mejor y el peor día de mi padre. El mejor porque tenía sucesor y el peor, porque tenía que asumir que su reinado llegaría a su fin algún día. Como bien estás informada, está prohibido que un rey elimine a su sucesor pero nada prohíbe lo contrario."

"Está prohibido el asesinato de la Familia Real, eso lo supuse. ¿No es por eso que se ocultó el atentado de Reinola contra ti?"

"En efecto. Decir que tuvo un intento de asesinato contra mí era lo mismo que sentenciarla a muerte y necesitaba a mi General en Jefe, por mucho que nuestra relación fuese mala."

"Creo que otras personas hubiesen preferido salvar sus vidas."

"Prefiero salvar las de mi pueblo." Sonrió con ironía. "Como decía, está prohibido que un rey elimine a su sucesor pero no dice nada al contrario. Mi padre era un hombre estúpido y egoísta, mi madre no era mucho mejor que él: una mujer insulsa, egoísta, vanidosa pero desgraciadamente hermosa, es una de las peores combinaciones que hay."

Enarqué una ceja. "No voy a contradecirte en ello."

"Dime, Piper," apoyó sus codos en la mesa y su barbilla en sus manos. "¿Qué es una de las cosas que te enseñan con la multiplicación?"

"Que el orden de los factores no altera el producto."

"¿Otra cosa?"

"Que la multiplicación de signos iguales da positivo."

Asintió. "Eso fue lo que pasó con mis padres." Se volvió a recostar. "Dos personas idiotas se juntaron—"

"Y salió inteligente el producto. Pero no me vas a decir que eres altruista."

"No," sonrió. "No lo soy, pero mi egoísmo es distinto al de ellos." Se volvió a recostar de la silla mirando sus manos, con una expresión de estar recordando algo. "Yo no podía ver cómo las personas morían por algo estúpido. No podía ver cómo mi padre destruía Arazem." Se calló. Su rostro se ensombreció. "Así que actué. Ese día," sus ojos se desenfocaron, como se ponían cuando se recordaba algo. "Mi padre había proclamado leyes absurdas donde únicamente se beneficiaba él y unos pocos a su alrededor dejando en miseria a los demás, ya las calles del reino entero comenzaban a tener hambre. La comida no alcanzaba y él promulgaba esa ley. Los ciudadanos de Arazem no harían nada, eso lo sabía. Están comprometidos con su reino a capa y espada." Bufó. "Una cualidad estúpida, pero perfecta para un reino."

Me sorprendió que el dicho estuviese en Arazem, pero no lo interrumpí. Estaba concentrado mirando por la ventana las estrellas de la noche.

"Pero yo sí podía... pude hacer algo." Agregó Adregon tranquilamente pero sus nudillos se tornaron blancos. "Más tarde ese día, cuando ambos se encontraban descansando de sus actividades de la tarde, asesiné a sangre fría a mis padres. Nuala, consorte del Rey de Arazem y a Ashtier Restien, Rey de Arazem."

Abrí los ojos como platos. Si lo admitía para mí misma, esperaba ese desenlace de la historia. Sin embargo, no era sencillo imaginar cómo alguien mataría a sus padres. Era difícil. No era algo sencillo.

Adregon me miraba con ojos pétreos, como si supiera lo que estaba pensando. Me puse de pie y caminé a su lado. Por cada paso que daba, se tornaba cada vez más gélido. Cuando llegué a su lado, me miró directamente a los ojos, sin una pizca de arrepentimiento, sin la más mínima vacilación.

Respiré profundo y lo abracé. Pareció congelarse entre mis brazos.

"¿Qué estás haciendo?" Murmuró.

"Lo que un amigo debe hacer. Llegué tarde, lo siento."

"No necesito de tu lástima." Creí escuchar un insulto entre palabras. Me separé de él y tomé su rostro entre mis manos, respiré profundo y... "¡AUCH! ¡¿Por qué hiciste eso?!" Rugió Adregon sobándose la mejilla que había pellizcado.

"Para que te sigan quedando ganas de decir que te presto apoyo por lástima." Sonreí mostrando los dientes.

Tomé asiento en mi silla y seguí comiendo de mi sándwich.

"¿Puedo hacerte una pregunta?" Mirándome a los ojos. "Considerando nuestra nueva amistad."

Sinceramente, me sorprendió que pidiera permiso para pregunta.

"Adelante." Repliqué mientras me encogía de hombros. Le pegué un mordisco al pan.

"Si pudieras hablar de mi mejor atributo, ¿cuál sería?" Su cara se ensombreció al preguntar.

Su pregunta me dejó atónita. Bajé mi sándwich y seguí masticando.

"Dame un momento." Dije cuando tragué.

¿Cuál era su mejor atributo? No era algo sencillo de responder. No lo conocía demasiado y justo en ese momento era que me estaba informando de algunas cosas.

"Como gustes." Su expresión se tornó un poco fría.

Pensé y pensé...

Mierda. No podía decir solamente uno. El hombre era impresionante con todo lo que había hecho.

"Eres..." Su rostro de tornó más sombrío. Me pasé una mano por el cabello. "Adregon... Eres la persona más impresionante que conozco, aunque no conozco a muchas personas, a decir verdad. No puedo decir con una palabra todas tus cualidades y me faltan las palabras para describirte. Por ejemplo, ¿cómo te llamo para explicar que hiciste algo que todos encontrarían horrendo pero lo hiciste para proteger a muchos?"

Su rostro se aclaró y se relajó. Algo parecido a la calma estaba en sus rasgos.

"¿Algo más?"

"Podías huir o hacerte de vista gorda."

"¿Perdón?"

"Hacías como que no veías nada. Pero hiciste algo y te convertiste en un rey al que todos admiran, respetan o temen." Me encogí de hombros. "Eres impresionante, Adregon." Me callé por un momento. "Sí, esa es la palabra que busco: impresionante. Pero" sonreí "esta será una de las pocas, si acaso no la única de las veces en que te digo esto. Ya tu ego está demasiado inflado como hacerle crecer más."

Terminé de comer y comencé a lavar lo que había ensuciado.

"¿Por qué cocinaste? Podías levantar a un criado para que lo hiciera. No tienes que lavar eso." Comentó.

Esa es la diferencia entre tú y yo, pensé. "Puede ser." Respondí mientras me secaba las manos. "Sin embargo, no voy a morir si hago algo por mi cuenta, ¿verdad?" Caminé hasta su lado. "Buenas noches, Adregon." Sonreí y me fui.

A la mañana siguiente, me encontraba luchando con Albeans.

Colocándose detrás de mí, me tomó por el cabello y me tomó los brazos, también inmovilizó una de mis piernas. "Tu punto débil es esto." Jaló el cabello. "Cuando te encuentres en una pelea, todos van a saber que es tu punto débil."

"Córtalo entonces."

"¿Disculpa?" Me soltó.

"Que lo cortes. No voy a morir por algo que no es necesario, además pensaba en cambiar mi estilo." Mirándome con expresión dudosa, suspiré, tomé el cuchillo que tenía en la funda unida a su corra y me corté el cabello. Se lo tiré a los pies. "Listo."

"Me impresio—" Albeans no terminó de decir la frase.

Una cosa verde me embistió y ambos rodamos al suelo sacándome el aire. Vi algo sobre mí y por instinto o reflejo, moví mi cabeza al tiempo de ver que los dientes de Hanolu pegaban con la tierra.

Le di un codazo quitándolo de mí por un momento. Rodé y me puse de pie sin perderlo de vista y a la vez tratando de escuchar o sentir a Kalous. Si uno me había atacado, ¿por el otro no?

"¡¿Por qué coño me está atacando?!" Le grité a Albeans sin apartar la mirada de la criatura frente a mí.

"Parece que Hanolu ya te cree lo suficientemente fuerte para ganarle. ¡Ah! Pero cuidado que varios han muerto intentando vencer a su futuro acompañante."

Maldito desgraciado. Lo decía como si nada.

Sentí un dolor en mi pierna y la vi fugazmente. Al caer, me había cortado con el cuchillo de Albeans pero al menos lo seguía teniendo en la mano.

En ese momento vi a Hanolu la serpiente sisear. Hanolu se lanzó hacia mí y supe que no debía dejar que me agarrara. Y sus dientes no lo hicieron... pero sus garras sí. Sin embargo, me monté sobre él.

Jamás me había montado sobre un toro mecánico pero suponía que el sentimiento era el mismo. Era difícil mantener el equilibrio sólo con las piernas y mucho menos con un cuchillo en una mano. Hanolu la serpiente tiraba a morderm— ¡MIERDA! Sentía cómo la mano me ardía. Se retiró y cuando volvía a acercarse, tomé su cabeza con la mano que había mordido. "¡¿Si le corto la cola le vuelve a crecer?!"

Mierda, la mano me dolía y estaba sangrando mucho pero no podía dejar de agarrarme de Hanolu con las piernas y mucho menos soltar el cuchillo.

"Sí."

Con fuerza, jalé la serpiente pero no se despegó. Mientras Hanolu daba saltos conmigo encima, me corté sin querer el brazo con que estaba agarrando su cola pero a la segunda vez, la corté y la tiré al suelo.

Comencé entonces a apuñalar a Hanolu. No me gustaba el sentimiento, no. Meter y sacar un cuchillo de la carne, no entendía como había gente que disfrutaba eso. Hanolu rugió del dolor hasta que se tumbó haciéndome caer. Pero no me rendí. Le salté encima y agarrándome de su cuello, le coloqué el cuchillo en él. Con la respiración trabajosa, el sudor corriendo por mi cuerpo entero y mi mano sangrante, ardiente y de aspecto grotesco, sentí que Hanolu se relajaba debajo de mí.

Tú ganas, escuché en mi cabeza cuando intenté abrir mi mano ensangrentada.

No eran mis pensamientos, por lo que me sorprendí. Eso me asustó mucho más que lo demás. ¿Ahora me estaba volviendo loca?

No, no te estás volviendo loca. Si me sueltas, puedo explicar, dijo la misma voz. La voz que identifiqué como la de Hanolu.

"¿Por qué debería soltarte?" Jadeé. La mano me dolía. Mucho.

"Porque ganaste." Dijo Albeans llegando a mi lado. "Y quieres tratar esa mano cuando antes. Se ve mal."

Me solté de Hanolu y caí al suelo. Calculé mal y me pegué con unas piedras en la espalda. Sentí que las lágrimas se formaban en mis mejillas y comenzaban a caer.

Auch. Me dolía. Ay. Cerré mis ojos pero escuché que algo se moví—

"¡COÑÍSIMO DE LA PUTA MADRE!" Grité a todo pulmón cuando sentí que algo atravesaba mi mano. La aparté, provocándome más dolor. Miré a Hanolu. "¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?!"

"Es para detener el veneno. El cual te hubiese matado en cinco minutos más." Comentó Albeans.

"Ya vas a estar mejor." Dijo Hanolu. "Perdón por ser tan agresivo pero necesito saber a quién le estoy jurando fidelidad. Móntate sobre mí, te llevaré a que te atiendan las heridas."

Me llevó al doctor del castillo. Un hombre de mediana edad, con una cara nada amable que me decía que preferiría estar haciendo otra cosa que curarme.

Lástima.

Mientras me curaban las heridas, Kalous apareció mirándome con expresión calculadora —oh, sí, podían tener ese tipo de expresión.

El doctor se fue a buscar algo y me dejó con los dos acompañantes.

"Hanolu, ¿por qué puedo escucharte en mi cabeza?"

"Porque nos podemos comunicar una vez se haya formado el lazo entre nosotros. Un lazo que sólo se gana cuando me vences."

Miré a Kalous. "¿Lo tengo que vencer a él también?" Devolví mi mirada a Hanolu.

"Por supuesto."

"¿Puede ser después que me recupere de mis heridas?" Agregué mirando nuevamente a Kalous, éste mostró sus dientes de manera amenazadora. Qué bien.

"No me gusta tener ventajas." Replicó Kalous.

Me devolvieron a mi habitación donde no había terminado de posar mis nalgas en la cama cuando la puerta de abrió de golpe asustándome de tal manera que, si no me hubiese dolido todo el maldito cuerpo, hubiese pegado del techo.

"¿Y ahora qué coño pasó?" Dije asustada mirando a Adregon.

"Hora de—" se calló súbitamente al mirar mi rostro. "¿Por qué te cortaste el cabello?"

Bueno, teniendo en cuenta que estaba golpeada y con una mano vendada, que haya preguntado por el cabello y no por mis moretones o por qué estaba como estaba, decía mucho de su opinión de mí. Pero bueno...

"Era molesto en los entrenamientos."

Un brillo llamó mi atención en ese momento, era el brillo del uniforme de General en Jefe que había usado esa primera (y última) vez.

"Ya sabes los rangos de Arazem, cómo se divide el ejército, es hora que conozcas una parte esencial del reino." Esperé a que continuase aunque si era sincera, esperaba que mi profesor y no él me dieran esa lección. "La religión. ¿En qué crees? ¿O eres de esos que no creen en nada?" Abrí la boca para responder pero no me dejó. "En tal caso, no importa. Acompáñame."

Suponía que era inútil decirle algo así que, con el dolor de mi alma, me puse de pie y lo seguí.

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