FAULT [H.S.] MATURE

By SassyV

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Emma no lo soportaba. Realmente detestaba a Harry Styles. Él, hacía todo lo posible para que eso no cambiara... More

ADVERTENCIA
FAULT OF MY SAINT RULES
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IMPORTANTE

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By SassyV

Hola! Si llegaste aqui te pido que por favor le des una oportunidad a esta novela! te gustará! lo prometo sniff don't go... Jack... don't leave me :C

*Capítulo largo ya que hace tiempo no subo :D y... porque no pude hacerlo mas corto tehee... espero les guste y si alguien lo lee y le gusta por favooor difundan la novela. No hace falta que le digan a todo el mundo pero con un solo voto y un solo de sus conocidos que la lea y también la difunda sería lo mejor para mi.

A los que leen, aunque sean fantasmas, gracias. Significa mucho para mi :)

V. xx

.....................

Alto, más que Harry, tez bronceada, grande y corpulento; sus ojos verdes más claros que los de él, pero mucho menos profundos y llamativos; lleva su cabello negro tomado en una coleta llena de rizos pequeños. El tal "Steven" definitivamente no llego en buen momento.

—¿Qué haces aquí? —se corre para atrás cuando el chico se acerca a abrazarlo y me posiciona detrás de él, apretando mi mano con fuerza.

—¿Cómo que qué hago aquí? Vine a la fiesta, genio —el chico se ríe y palmea la mejilla de Harry con brusquedad, luego se me queda mirando—. ¿Quién es tu amiga?

—No es mi amiga y no te importa —¿Qué? Oh... Claro, seguimos sin ser nada, ¿no?

Sus palabras me han dolido, pero procuro guardar silencio.

—Oye, que grosero —el supuesto amigo de Harry me extiende una mano y me lo quedo mirando—. Steven, mucho gusto.

Estoy dispuesta a saludarlo de la misma forma, pero Harry me aleja de él posicionándome detrás de su espalda. ¿Quién lo entiende? Ha dicho que no soy su amiga y que no le importa... bueno, yo veo que sí le importa y no quiero obedecerlo ahora, así que estrecho la mano de Steven de todas formas y termina saludándome con un beso en la mejilla.

—Emma —me presento y Harry se interpone entre nosotros, empujándolo.

—¿No querías estacionar? —interfiere con tono brusco y suelto su mano con rudeza por el acto. No puedo creer que ya este montando una escena.

Steven se echa para atrás, ambas manos en alto, y se ríe en la cara de Harry.

—¡Tranquilo amigo! Solo quería ser cortés.

—¿No crees que es un poco tarde para eso?

—Harry —me interpongo frente a él intentando calmarlo, lo que menos quiero ahora es que vuelva a alterarse.

Me mira y está igual de ofuscado a como lo estaba por culpa de la carta. Me preocupa que esté así y justo cuando veo que se está calmando, el otro chico abre la boca.

—Oye, tu cuida a tu amiga, yo haré lo que vine a hacer —Steven seguía sonriendo como si nada hubiera pasado, su tranquilidad hacía ver a Harry como un idiota, si es que no lo estaba siendo en realidad, y comenzó a retroceder a paso lento—. Buscaré donde más estacionar... nos vemos dentro, Harry... Emma...

Con cada paso que da, Harry lo fulmina con el ceño fruncido, como si estuviese asesinándolo con los ojos. Steven vuelve a su auto y, al mismo tiempo que se va, yo tomo marcha sola de vuelta a la fiesta.

Harry me sigue de cerca y me toma del brazo, del cual me suelto con fuerza.

—Déjame.

—Emma, es un idiota, no te acerques a él.

—¿Por qué tengo que hacerte caso a ti? No somos nada, no somos ni siquiera amigos.

Deja escapar una gran bocanada de aire de sus pulmones y echa la cabeza hacia atrás con pura frustración.

—¿Por qué te tomas todo tan a pecho? Por favor, no te le acerques. Es un idiota.

—¿Cómo Daniel? Daniel era un idiota y no me hizo absolutamente nada —se tensa frente a mí mientras me mantengo firme en el lugar—. Está bien, me mantendré lejos de él... —respira aliviado y cuando esta por acercarse me alejo nuevamente—, de él, de ti y de todos los idiotas de la fiesta.

—¿Qué?

—Fue un error pedir que vinieras.

—Emma, no empieces con eso... —trata de tomarme del brazo, pero soy más ágil y logro alejarme de él.

A lo lejos veo a Christina sentada en la barra y escapo rápidamente hacia ella, mientras Harry sigue insistiendo en que no lo deje solo, pero ya no lo escucho para cuando llego junto a mi amiga.

—Hola

—¡Hey tú! —me abraza contenta y, cuando lo hace, las monedas que decoran su disfraz de bailarina árabe revolotean en el lugar— ¡Te ves genial!

Me ofrece un trago y no espera a que tome asiento cuando empieza a hablar. Se me quedo hablando horas y horas y horas en las que ni siquiera la escuche, las palabras de Harry arrebataron mi cabeza, me confundieron y se llevaron toda mi atención, como siempre. Tiene problemas para decidirse que es lo que quiere y estoy agotada de ser su experimento con el que pasa el tiempo.

—Emma.

—¿Ah? —es primera vez desde que me senté a su lado que la escucho, aunque sigo desconcertada.

—Hay un chico que no deja de mirarte y se está volviendo un poco incómodo.

—Si es Han Solo la verdad es que no me interesa —trago un sorbo de lo que sea que me haya dado y sabe tan mal que casi lo devuelvo.

—¿Y qué tal si es Tom Cruise? —levanta las cejas de arriba a abajo, mientras toma el mismo licor que yo y hace una mueca después del primer sorbo—. Esto es asqueroso.

No creo que sea el mismo chico con el que Harry y yo nos encontramos en el estacionamiento, y la verdad es que no me interesaba estar con ningún otro chico que no sea Harry, pero la curiosidad me ganó y volteé para fijarme de quien se trataba.

El chico Steven estaba a solo unas sillas más lejos que nosotras, muy concentrado en el vaso rojo de plástico que se lleva a la boca y, al parecer, también en mí. Desvío la mirada apenas veo que se pone de pie y se acerca a nosotras.

—Sácame de aquí, por favor.

—¿Qué? Ni hablar, ¡es un bombón! —se ríe y notó que el alcohol ya se le ha subido a la cabeza—. Baila con él, serías tonta si no —ignora el mal sabor del líquido y se lo traga de un sorbo.

Justo antes de que Steven llegase junto a nosotras, volteo y hago lo mismo que Christina. Siento el peor sabor del mundo, de nuevo.

—Emma, ¿verdad? —está detrás de mí y tengo que respirar unas cuantas veces antes de rotarme por completo para quedar frente a él. Cuando lo hago su distancia me incomoda, está bastante cerca.

—Sí, ¿Steven? —evito a toda costa el contacto visual, pero se me hace difícil. Enserio es un chico atractivo, muy atractivo, bastante atractivo, debo dejar de decir atractivo... y también chico.

—El mismo —me sonríe mostrando una hilera de perlas blancas y se acerca un poco más, invadiendo mi espacio personal—. Quería disculparme por la mala introducción de hace poco. No sé qué le pasó a Harry, pero no parecía muy feliz de verme.

—No es feliz viendo a nadie —vuelvo a sentarme donde antes y pido otro trago. Quería aprovechar de introducirle a Christina y quizás así poder salir corriendo de ahí, pero la gitana me dejó sola. Maldita Christina.

Proseguí a servirme más del asqueroso licor y concentrarme en él, en vez del chico que tenía en frente.

—Buen punto, pero nosotros somos amigos.

—Cool —antes de que pueda darle otro sorbo a mi vaso, me detiene. Se está riendo y, no tengo idea de porque lo hago, pero río con él. El alcohol me hace sentir extraña, hace que me cosquillee la boca y, antes de tomar otro sorbo, veo como una frutilla cae en mi vaso y lo alejo con repulsión—. ¿Por qué hiciste eso?

—Créeme, es lo mejor al final —me sonríe de lado y debe ser por mi estado de pseudo-casi-ebriedad... no sé si ese término existe... pero siento que el tal Steven está coqueteando conmigo.

—Está bien, aquí son tan... peculiares.

—¿No eres de por aquí? —seguía sonriéndome de la misma manera, obligándome a echarme para atrás cuando se inclinaba más cerca de mí.

—Nop —no sé qué gracia había en que una frutilla llegara al fondo de mi vaso, me tome todo el líquido que lo llenaba y no sabía diferente—, soy de Chile —casi me atraganto con el licor, es como cuando crees que podrás seguir una conversación normal, pero un eructo amenaza con salir de las profundidades de tu estómago y tienes que callar abruptamente. ¡Aah!... que divertido ¡Uff! —. Perdón...

Sinceramente, casi ni le prestó atención, estoy más concentrada riéndome de la vergüenza que casi paso si eructaba, que en lo que me dice.

—Descuida —ambos seguíamos riendo y eso me causaba más gracia aún. Este tipo es simpático, no sé porque el Enrique dice que es idiota—. No lo conozco.

—¡¿No?! ¿no conoces al Luchito Jara? ¡¿en dónde vives? hombre! —debería dejar de beber, el mundo empieza a moverse muy rápido y enserio me urge dormir.

—América —no se en que momento me sostiene de la cintura, pero gracias a eso no caigo y no me golpeo en toda la cara.

—¿Qué parte?

—América —ríe cuando me lo repite y niego con mi dedo índice cerca de su rostro.

—¿Pero de dóndeeee? ¿Canadá? ¿México? ¿Brasil?... ¿eres de Puerto Rico?

Se ríe tanto de mí y juro que no sé por qué. Bueno, puede que esté hablando un poco extraño, pero ¿por qué le da tanta risa?

—Estados Unidos, bonita.

—¡Aah! Pero eso no se llama América, se llama Estados Unidos.

—Está bien, está bien... por qué no mejor bailas conmigo y así me explicas más o menos que puedo ver en Chile.

De la nada estamos en la pista de baile y pareciera que este tipo tiene acalambrada la cara de tanto sonreír.

—¿No te duelen las mejillas? Has estado sonriendo desde que te acercaste a mí —masajeo su rostro con mis manos y el vaso rojo de plástico que sostengo en una se estruja y queda inservible.

Me quita el vaso y saca la frutilla que había olvidado seguía ahí. Baila y apoya una de sus manos en mi espalda mientras me acerca la frutilla a la boca con la otra.

—Es porque me haces reír, Emma —le doy un mordisco a la fruta y el leve sabor a licor que ha absorbido sabe de lo mejor. Me recuerda a esa bebida que probé en una fiesta cuando comenzó el año, donde no me acomplejaba por tantas cosas. Él se come el resto y se acerca más a mí. Esta vez río yo.

—Tenías razón. Es lo mejor al final.

Esta vez sonríe diferente. Las luces tintineantes me marean y veo su imagen chocando contra la punta de mi nariz. Clava sus ojos en los míos, acaricia una de mis mejillas y acerca sus labios a mi boca entumecida. No reacciono, pero tampoco le permito acercarse, ¿qué estoy haciendo?

Justo cuando su boca roza la mía, volteo la cabeza y, en vez de mis labios, besa mi mejilla. A lo lejos logro divisar a Mandy y es mi salida perfecta.

—¡Mandy!

Me deshago del agarre de Steven y corro hacia ella. Como si estuviéramos sincronizadas, justo después de gritar mi nombre, alza sus brazos como yo y nos envolvemos en un abrazo.

¡Al fin te veo de nuevo! Me han abandonado y no encontraba a nadie.

Yo estoy con un amigo de Harry —me volteo a buscarlo, pero no lo encuentro por ninguna parte—. Bueno, estaba —reímos al unísono y está ebria, se nota.

Creo que yo también lo estoy.

¿Sí? ¿Y qué paso con el ruliento?

¿El Kike? Ni idea, se perdió... se enojó y se fue ¡pff!

No creo que se haya ido, debe estar por aquí cerca.

Quizás... —antes no me hubiera importado donde se hubiera metido, es más, ¡mejor estar lejos de él! pero ahora lo extraño—. ¿Y Zayn?

No sé, fue al baño y no ha vuel- ¡Ahí esta! —se suelta de mí y va tras su novio, a quien besa fugazmente, claro que de tan borracha que esta creo que está besando cualquier cosa menos sus labios.

—¡¿Qué mierda?!

Se separa bruscamente de él cuando otro chico disfrazado de Batman llega a su lado.

Esperen... hay dos Batman ahora, ¿qué mierda tome? Claro está que nada para volverme loca... ¡Quizás Esteban me envenenó!

—¿Zayn?

Mandy se aleja del impostor y abre los ojos como platos cuando se da cuenta que se ha abalanzado al Batman equivocado.

Se quita la máscara sin preámbulos y, efectivamente. es él. El otro tipo no dice nada y se queda inmóvil frente a los tres. Mi amiga empalidece tanto que se nota incluso bajo todo el maquillaje que lleva puesto y, justo antes de que pueda reaccionar, Zayn se voltea hacia el otro Batman y lo golpea directo en el lugar en donde los labios de Mandy han dejado una marca.

El impostor casi cae al suelo, pero aprovecha el impulso del golpe de Zayn e impacta su puño justo en su quijada. Mandy ahoga un grito espeluznante ante la pelea de los Batmans y tengo que alejarla del lugar, al mismo instante que Harry y Louis llegan a parar el alboroto.

—¡Paren! ¡Ya sepárense!

A pesar de los gritos, la pelea continuó y no fue hasta que llevaron los golpes a una de las mesas llenas de vasos rojos y cubierta de basura, que logran separarlos. Duraron lo suficiente como para ensuciar todo el perímetro.

—¡Suficiente! —mientras Harry se llevaba al impostor a un lado, Louis ayudaba a Zayn a calmarse y volver a ponerse el antifaz. Mandy y yo nos quedamos simplemente paralizadas.

Tengo que ir a verlo —me dice y sin más, corre tras su novio.

La dejo ir, veo como intenta calmarlo, como esta descontrolado y le grita mientras le toma las manos. Me quedo viendo la escena por tanto rato, que casi se me escapa Harry de la vista.

Corro hacia él y ya está bastante lejos del lugar donde ocurrió la pelea. Cuando lo alcanzo, veo a un sonriente Niall con los dientes manchados de sangre y los ojos arrugados de cerrarlos con tanta fuerza.

—¡Tú eres el Batman falso! —cubro mi boca y me lo quedo mirando impresionada.

—No hay ningún Batman falso, solo fue una simple coincidencia... que agradezco profundamente —sigue riendo a pesar de que Harry lo sacude con fuerza, intentando hacerlo entrar en razón.

—Necesitas un trago, espera aquí —se aleja de allí, mientras Niall se apoya en la pared y desliza su cuerpo hasta llegar al suelo. Yo sigo los pasos de Harry, tomo su mano y se detiene cuando la siente.

—Te estaba buscando —sus ojos están vacíos y, aunque sonrío, él no me corresponde, está totalmente rígido.

—¿Por qué?

No le contesto y me apresuro a besarlo. Me pongo de puntillas y casi no lo alcanzo, pero lo afirmo de la nuca para acercarlo a mí y uno mis labios con los suyos. No me sigue el beso y, cuando noto aquello, me separo de él. Ni siquiera se digna a mirarme cuando sigue con su camino.

¿Qué fue eso?

Lo sigo y vuelvo a tomar su mano.

—¿Qué fue eso? —no me mira y tensa la quijada—. Harry, ¿qué te pasa?

—Emma, déjame tranquilo.

—Pero...

—¡Déjame en paz! —me suelta con brusquedad y sigue caminando. Confundida, no dejo que avance más y me interpongo en su camino, cosa que lo irrita de sobremanera.

—¿Qué mierda te ocurre? —no me agrada llegar al punto en el que no me controlo y debo decir groserías, pero si no le respondo así, es probable que me ignore el resto de la noche.

—Solo quiero que me dejes solo.

—No va a pasar, ¡siempre haces lo mismo! Te molesta algo y la echas contra mí, te desquitas y me tratas como basura para luego volver con la cola entre las patas a pedir disculpas y yo como estúpida las acepto.

—Bueno, que seas ingenua no es mi problema —tuerce los labios y luego se los muerde, está enojado, lo sé porque sus puños están blancos de tanto que los aprieta.

—¿Ingenua en qué? No me eches la culpa de tus berrinches de niño de 7 años —ríe de la forma más arrogante y niega con la cabeza.

—Ingenua al esperar de mi algo que no va a pasar. ¡Por Dios, Emma! ¿qué no te das cuenta de que lo único que traté de conseguir contigo era exactamente lo mismo que con todas las demás? No eres más que otra de las chicas incrédulas que piensan que me harán cambiar con un beso, ¡no eres más que otro juguete!... tal cual como lo dijiste.

Mentira, me está mintiendo, siempre me miente... no puede, no puede estar hablando enserio...

—Siempre que te enojas me dices eso, ¡no te creo! ¡Estoy segura que lo dices solo porque estás enojado y no ni idea por qué! Si es por lo de tu mamá dile a ella que no la quieres, no a mí.

—¿Quererte? —su rostro se deforma y suelta una risa irónica que provoca que mi labio tiemble—. Quererte para echar un polvo quizás, pero más allá de eso no existe sentimiento que me una a ti. Si te quisiera no me tiraría a Kendall cada vez que no estoy contigo, si te quisiera no dejaría que Taylor me corra una paja cada vez que tiene oportunidad. ¡La verdad es que me tienes harto! No eres más que una pequeña y maldita pieza de mi juego, ¡que terminó siendo una puta molestia! ¡estando loca y totalmente descompuesta!

No dejo que se acerque más a mí. La palma de mi mano a enrojecido segundos después de la fuerte cachetada que deposito en su mejilla. Se me queda mirando con los ojos abiertos a mas no poder, aun no puedo tomar tanto control sobre mi cuerpo y el llanto que siempre intento evitar y siempre termina escurriéndose por mis ojos nuevamente acaricia mis mejillas de manera torrencial.

—¡Me das asco!

—No me esperaba menos —es frío, sombrío y lleno de rabia.

—¡Eres un idiota asqueroso que aleja a todo quien que le puedas importar! Solo por orgulloso y narcisista, no sé cómo me he dejado llevar por un imbécil de tu nivel. Ahora entiendo porque tu madre te despreciaba tanto, ¡eres horrible! ¡Ojalá nunca te hubiera conocido!

No me importa el tema que he tocado, él me ha tratado peor, y me ha herido de una manera inimaginable. Quiere decirme algo y se nota lo enrabiado que está, me toma la muñeca con brusquedad y se acerca a mí de tal manera, que su respiración choca con la mía. Su agarre no me daña, pero si da miedo.

—Bueno, pues acúsame con tus padres y cuéntale a tu hermano antes que desaparezca de este mundo.

...

Ya está. No puedo creer que haya tocado justo ese tema siendo él quien se comporta como un hijo de puta.

—Estas enfermo Styles, ¡estas más que enfermo! —no puedo hablar con claridad, me ha debilitado, me ha succionado la voz y destruido el corazón. Tengo náuseas y tremendas ganas de vomitar, y un frío me hiela el cuerpo donde el único calor que me acobija por ahora es el calor de mis lágrimas.

Me suelto bruscamente de su agarre y retrocedo unos pasos. Lo peor es que trato de buscar arrepentimiento en su rostro por sus palabras, pero no veo nada. No veo ni una pizca de tristeza en sus ojos, solo odio, odio puro que se le ha desatado sin previo aviso.

—Si esto es uno de tus típicos arranques de ira en los que horas después me pides disculpas todo arrepentido, hoy la has cagado en grande. Hoy te has ganado una persona más en la extensa lista de gente que dices que te odia, porque no puedo sentir más que repulsión y asco por ti. Espero te des cuenta algún día de las mierdas que haces, pero estoy segura que para cuando lo hagas... estarás solo.

Si siente tanto desprecio por mí, le será fácil dejarme, pero lamentablemente para mí no será lo mismo. Lo peor de todo es que tiene razón, soy una ingenua. Me lo advirtió tantas veces, de una u otra forma, pero no hice caso y me quedé con las expectativas de que quizás si podía cambiar. Es más, pensaba que ya había cambiado conmigo y, lo más ridículo, pensé que en realidad había cambiado por mí.

Se queda callado, se reincorpora lentamente y traga saliva con dificultad. Pareciera que fuera a vomitar, pero en realidad la que está por hacerlo soy yo de lo ebria que sigo. Mentira, las palabras de Harry me han obligado a volver a mis cinco sentidos... y para el colmo de todo, es que mentí. No lo odio...

¡Mierda! No lo odio aun que quiera profundamente odiarlo con todas mis fuerzas. ¡Estúpido! ¡es un cretino, un idiota, un mal nacido, un asqueroso infeliz, lo más parecido al diablo! y aun así no lo puedo odiar.

Mis pies están pegados al suelo, no pienso moverme, tengo la pequeña esperanza de que se arrepienta, seque mis lágrimas y me envuelva en sus brazos y diga que todo fue un malentendido. Sin embargo... se va. Se va tan repentinamente como la tremenda declaración que me ha hecho. Me deja sola entremedio de parejas borrachas que se tocan de forma excesiva a medida que bailan o saltan al ritmo de la música.

No puedo sentirme más humillada, no puedo creer que lo que pensé sería la oportunidad para que Harry se mostrara afectuoso en público, se haya convertido en el lugar en donde me confesaría de una vez por todas que lo agobio, que me detesta y que definitivamente no me quiere cerca.

A penas siento mis pisadas arrastrarse por el suelo a medida que me alejo del lugar. Tengo mi vista pegada en dirección a mi cuarto y, cuando abro la puerta de mi habitación, ni siquiera mi cama se salva de su presencia.

Sobre mi almohada esta la chaqueta que ha dejado hace unas horas para el partido del viernes que me pidió usara como parte de una tradición.

La estúpida chaqueta emana el olor de su inconfundible perfume y no puedo sentirme más patética al sostenerla en mis manos. La arrojo con fuerza hacia el otro extremo de la habitación y no hace falta que mueva ningún otro músculo, mi cuerpo se ha rendido al dolor que siente y no lo olvida, ni siquiera cuando cierro los ojos y las horas de la noche pasan mientras cesan mis lágrimas y me hundo en un profundo sueño.


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