Minjae mantuvo su mirada sobre su pareja, atento a esos ojos perdidos que los veían a ratos. Taehyung no lloraba, la última vez que lo escuchó hacerlo, quizás, fue en el hospital. Y desde ahí no parecía tener ninguna emoción que no fuera apatía y enojo. Sabía que no era bueno, sin embargo, tampoco sabía que hacer al respecto.
—¿Quieres salir un momento? —preguntó con una expresión suave cuando el castaño levantó la cabeza hacia él—. Han sido más de dos meses, Tae. ¿Deberíamos?
Lo pensó, Taehyung desvío sus ojos hacia el libro en la mesa y una sonrisa ácida se instaló en su rostro.
—No quiero dar lástima en otro lugar. —Apretó sus puños—. Suficiente con hacerlo aquí.
Minjae atrapó su labio entre sus dientes.
—No es eso lo que quise decir. —Masajeó su cien antes de ir a lado del castaño y sujetarle las manos con cariño, una sonrisa casi imperceptible en sus labios—. Queremos ayudarte, tu mamá y yo.
Lo sabía, Kim Taehyung estaba consciente de que querían lo mejor para él. Él problema era que no quería sentirse mejor, lo único que, realmente, creía que necesitaba era quedarse en su cama y sentirse miserable.
Y es que estaba enojado, ¿por qué él? ¿Qué fue lo que hizo mal?
Ninguna respuesta era coherente, ninguna.
Asintió finalmente, pasó la lengua por sus labios y afianzó el agarre en sus manos.
—Vamos a terminar, Jae.
Lo veía venir, Minjae bajó la cabeza con una profunda arruga en su frente. Sacudió la cabeza para negar, Intentó seguir mostrándose animado para enfrentar la seriedad en el rostro del castaño.
—Conversaremos de esto cuando estés mejor.
—¿De qué hablas? —Taehyung preguntó empezando a sentirse angustiado—. No va a mejorar. No podré caminar, ¿recuerdas?
—Taehy...
—¿Qué se supone que significa estar mejor? —siguió, su voz se tornaba más y más angustiada. Un dolor insoportable le impedía respirar de manera correcta—. ¡No puedo caminar, maldita sea!
—¡Taehyung!
El castaño se encogió en su sitio, su respiración superficial se escuchaba sobre el silencio que se instaló después del grito.
—¿Puedes dejarme solo? —El castaño se mantuvo con la mirada baja, no era capaz de ver al rostro del contrario—. Por favor.
—No debí gritarte.
—No quiero que termines odiándome —respondió, exhaló moviéndose para alejarse de una vez—. Puede que sea así si no cortamos de una vez.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Soy este ahora —dijo como si fuese evidente. Taehyung ahogó un suspiro mirándose a sí mismo—. Alguien lleno de rabia y amargura que puede alcanzarte. Tú no quieres esto.
Sin responder, Minjae se puso de pie para darle un beso en la frente a su novio, lo miró unos segundos.
—Soy bastante mayor para saber lo que quiero, Tae. —Apretó la mandíbula cuando no obtuvo ninguna reacción a más de un suspiro cansado—. Y lo que quiero es estar contigo en esto.
—¿Te has preguntado qué es lo que yo quiero?
Taehyung levantó su cabeza atento a la expresión contraria, parpadeó en espera de respuestas. Sin embargo, solo obtuvo una sonrisa falsa, incómoda.
—Te repito, hablaremos de esto después. Ahora descansa, ¿bien?
—Apuesto a que seguiré sintiéndome exactamente igual después.
—Descansa, Tae.
Prácticamente huyo de esa habitación, apenas afuera se preguntó si terminar esa relación era opción. No lo fue. Amaba a Taehyung, lo que sentía no se veía mermado por ese accidente. O eso era lo que quería creer.
Como sea.
Se detuvo a pocos pasos de la sala, las voz de la madre de Taehyung hablando con alguien más llegó a sus oídos. Siguió a pasos lentos, y cuando se encontró con Jeon apoyado en una pared se sintió tan molesto. Tanto que necesitó esconder las manos en puños en su sudadera porque no era inteligente pelear frente a Haeun.
—¿Te vas? —ella cuestionó luciendo preocupada, sus manos sostenían un plato de galletas—. Creí que saldrían.
—Lo siento, no pienso que esté preparado todavía —Minjae exhaló mirando de reojo a Jungkook—. Creo que necesita estar solo.
—No te preocupes. —Haeun sonrió mientras le daba algunas galletas, volteó hacia el pelinegro en silencio en la esquina—. Jungkook, iré a buscar esos papeles. Espérame unos minutos.
Jeon asintió, la vio desaparecer por el pasillo y regresó su atención a Minjae, a quien lo miraba con una especie de resentimiento que fue difícil de ignorar. Ninguno hizo más que verse por segundos que parecieron eternos. Minjae retrocedió, decidido a irse.
—Oye, Kim —el pelinegro habló al final para detener al contrario, siguió—: ¿Cómo está, Taehyung? ¿Comió?
La preocupación genuina le causaba molestia a Minjae, una molestia injustificada y absurda.
Giró con expresión fría, una de sus comisuras levantada y preguntó:
—¿Qué estás tratando de hacer? —quería sonar molesto, pero sonaba confundido en su lugar—. Te dije que no es buena idea que estés aquí. No le hace bien verte.
—No eres tu quien decide —Jungkook rebatió con enojo creciente, sus ojos ligeramente más abiertos—. ¡Taehyung, es mi mejor amigo! Te lo dije, te lo vuelvo a decir. No voy a dejarlo.
—La última vez que viniste, Taehyung, se encerró en su habitación por dos días.
Jungkook parpadeó, dio algunos pasos hacia atrás de manera inconsciente. La última vez, ¿fue por el beso?
—¿Qué? ¿Por qué Haeun no me dijo?
—¿Qué debería decir? —Minjae se acercó de manera que pudiera ser escuchado sin levantar la voz—. No tiene idea que fue por ti, pero yo lo sé. Te vi salir de aquí, y después me encontré con Taehyung tirando todo. ¿Crees que no lo sabría?
—No pensé que...
—Ese es tu jodido problema, no piensas en algo que no sea tú mismo.
—¿Qué sabes tú, idiota?
—Que Taehyung es mi novio —respondió levantando la barbilla cuando percibió la duda en los ojos del pelinegro—. Y lo que tenga que hacer para protegerlo lo haré.
—Hablas como si yo fuese el enemigo.
—¿No lo eres? —Sonrió sin emoción, ahogando la necesidad de gritarle que se largara de una vez—. Te lo pongo así: si cada vez que lo ves, él se desastibiliza y aun así vienes de nuevo porque no puedes aceptar que ya te sacó de su vida. ¿No crees que eres el enemigo?
Sobrepasado, Jungkook se acercó al contrario dispuesto a golpearlo. Lo sostuvo de la camiseta y apretó su puño.
—No es as..
—Jungkook, ¿está todo bien?
El pelinegro parpadeó soltando a quien se veía satisfecho por probar su punto cuando escuchó a Haeun. Minjae murmuró solo para que él oyera:
—¿Lo ves?
—Todo está bien —respondió Jeon a la mujer, tragó saliva con dificultad, evitando su mirada—. Yo ya me iba.
—¿Sin saludar?
Todos giraron hacia la voz, Taehyung los miraba alternativamente sin expresión que diera alguna señal de lo que pasaba por su cabeza. Estaba usando la silla de ruedas.
—¿Necesitas ayuda, cariño? —Haeun rompió el silencio—. No tenías que...
—Todo está bien, mamá —respondió sin apartar sus ojos del pelinegro—. No te preocupes.
—Pero...
—Primero hablaré con Jungkook —siguió. Le dio una mirada rápida a Minjae y sonrió—. Tal vez mañana, Jae quiera hablar también.
El aludido desvió la mirada.
Entonces se alejó en la silla, no sin antes darle una última mirada a Jungkook. Una que el pelinegro conocía y que sabía no debería ignorar. Volvió a tragar saliva, dispuesto a seguirlo. Minjae se puso frente a él.
—No hagas algo estúpido.
—¿Quieres ser ms específico, Jae? —cuestionó molesto, en voz baja, consciente de la presencia de Haeun a unos pasos—. Al parecer tu significado de estúpido no es el mismo que él mío.
—No lo confundas —Minjae cortó, no había rastro de diversión en su rostro—. No sientes lo mismo que él, deja de confundirlo para mantenerlo a tu lado. Aprende a vivir por tu cuenta.
No hubo respuesta, no más que la expresión de Jungkook volviéndose oscura, sombría.
Caminó a pesos lentos, demasiado consciente de sus propios pies yendo hacia la habitación de Taehyung. Abrió, sus ojos se encontraron con los de su mejor amigo e Intentó adivinar que pasaba por su mente. No pudo, ya no pudo.
—Me alegra que estés usando la silla, de verdad aprendiste muy rápido.
Taehyung lo miró con expresión vacía. Después frunció el ceño y bajó la cabeza unos segundos.
—¿En serio, Jeon? —su voz era una mezcla de incredulidad y enojo—. No quiero hablar de mi silla de ruedas.
Jungkook mordió su labio, necesitaba empujarlo un poco, un poco más. Pidió perdón por lo que haría.
Dios.
Se acercó al contrario, se puso de cuclillas para verlo. No lo tocó, solo permaneció en silencio, observando el rostro confundido del castaño y sonrió levemente.
—Tienes razón, ¿por qué hablar de ello? —cuestionó atento a la confusión que se mostró en el rostro contrario—. Cualquiera podría hacerlo.
—¿Qué estás diciendo, Jungkook?
Encogiéndose de hombros, Jeon continuó:
—Eso. ¿Por qué te tomó tanto tiempo usarlo si era así de fácil?
Taehyung tembló de enojo, le lanzó una mirada de muerte e intentó alejarse. Puso sus manos en las ruedas dispuesto a hacerlo, pero el pelinegro lo sostuvo.
—Déjame ir, Jeon.
—Pues hazlo.
—Voy a matarte, ¿crees que no puedo?
—No lo sé —Jungkook murmuró, sintiendo su pecho contraerse cuando Taehyung vio su silla de ruedas con determinación, cuando una gota de sudor recorrió su frente debido al esfuerzo—. ¿Puedes?
Taehyung sonrió mientras los dedos de sus manos se cerraban en la silla. Hizo un movimiento rápido apretando las ruedas y provocó que Jungkook cayese de un momento a otro.
La respiración del castaño se mezcló con varias maldiciones de Jeon, entonces como si fuese una broma, Taehyung empezó a reír, soltando sonidos largos y desordenados. Jungkook se detuvo, sus latidos acelerados se volvieron estruedos en sus oídos. Volteó enseguida para encontrarse con esa expresión que no había visto durante tanto tiempo en su mejor amigo y el mundo se detuvo. El suyo.
—Sí pude, Jungkook.
—Por supuesto que sí —respondió en un hilo de voz, emocionado, herido, asustado, culpable. Se irguió con dificultad—. Eres genial, siempre lo has sido, eres Taehyung. Kim Taehyung.
No parecía ser así, Taehyung casi había olvidado que en realidad si podía hacer algo más que estar acostado. Todos lo trataban como si fuese a romperse. Todos hablando en silencio, mirándolo con pena.
Respiró con dificultad, ya que tenía un nudo apretando su pecho, se apretó aun más cuando vio la sinceridad en ojos del pelinegro. Lo odiaba, odiaba que estuviese ahí observándolo con algo parecido a la admiración.
No tenía que admirarlo, él ya no tenía razón para ser admirado, no podría bailar, no podría siquiera correr para alcanzar el autobús. Y quizás eso era lo que más le dolió, porque siempre odio tener que hacerlo. Correr, ahora pesaba tanto esas pequeñas tonterías.
Empezó a llorar, no, no era llorar. Eran berridos dolorosas, sollozos y maldiciones que había estado ocultando.
Y Jungkook por más que lo deseó no fue capaz de acercarse, no mientras se sentía así de desecho. La persona más importante en su vida estaba sufriendo, pasando por un dolor que el no podría dimensionar y todo caía sobre sus hombros de manera que no pudo darle un abrazo. Y ese era el dolor más intenso que haya vivido hasta ese entonces.
—Mi amor.
Haeun había entrado en algún momento, ella corrió hasta estar frente a su hijo. Taehyung se abrazó a su cuerpo casi con desesperación. Levantó la mirada hacia el pelinegro.
—lo siento, yo... —Jungkook se detuvo, su voz se quebró. Carraspeó, él no tenía derecho de llorar. No era quien estaba sufriendo—. Yo...
Ella asintió ante el permiso implícito que el pelinegro pedía y apenas lo hizo lo vio salir, como una especie de zombie sin vida. Casi tropezando con sus propios pies y luchando por encontrar el pomo de la puerta durante algunos segundos hasta que logró abrir e irse.
Dios.
Pasó sus manos por la espalda de su hijo de arriba abajo con suavidad, palmeando a ratos para hacerle saber que estaba ahí junto a él. Se alejó apenas para ver los ojos brillantes del menor y su pecho se apretó por la culpa y la tristeza. Miró al mismo niño que corría hacia ella porque se había lastimado la rodilla. Haeun podía resolverlo, una curita y alcohol.
Ahora, ¿qué debería hacer?
Sostuvo las manos del menor con tanto cuidado, con tanto cariño que sin notar su propio temblor.
—Lo siento tanto, Taehyung. —Ella tenía tantas cosas que decir, pero esa frase fue la única que salió de sus labios—. Si tan solo hubiese estado contigo, si me hubiese negado a las peticiones de tu padre, si fuese una mejor madre...
No hubo una respuesta por largos minutos, Taehyung limpió las lágrimas de sus mejillas.
—No tiene nada que ver, mamá.
Ella sollozó con la cabeza abajo, avergonzada, dosolada. No podría comprender el nivel de dolor de su hijo, y tampoco encontraba algo que hacer. Así que, la desesperación en su cuerpo se volvía cada vez más insoportable.
—Quiero ayudarte, mi amor —dijo apenas encontró su voz. Miró al rostro del castaño y se apresuró a limpiar sus mejillas con los pulgares—. Háblame, no te quedes con esto en tu pecho puedes estar enojado, molesto, asustado, puedes llorar mi amor. Jamás volveré a dejarte solo, estaré aquí para ti.
Taehyung miró las manos delgadas de su madre sosteniendo las suyas mucho más grandes y volvió a llorar.
Lloró todo lo que no había llorado durante esos meses, abrazó a Haeun y dentro suyo le recriminó haber esperado hasta ese accidente antes de decidir ponerle un fin a su padre y a sus maltratos. Pero cuando la oyó llorando, entendió que ella era una víctima también y una víctima no podría ser culpable nunca.
Estaba junto a él y es lo que importaba, y ahí, llorando en brazos de mamá el cielo ya no se veía tan gris.
Pese a que todavía llovía.
(...)
Taehyung observó el día cayendo, no es que tuviera algo mejor que hacer de todos modos. Pero no se quejaba, era hermoso a ratos. Al menos cuando su mente se quedaba en blanco y no tenía pensamientos recurrentes que le causaban ansiedad.
Entonces se encontró con la figura de Jungkook a más de tres cuadras de distancia, sus manos en los bolsillos de la sudadera que vestía. Miraba al piso, al castaño le dolió el pecho porque se veía triste, porque no quedaba algún rastro del chico que conocía. Y después se sintió molesto, muy molesto debido a que no deberia preocuparse por el pelinegro si el mismo estaba en un pozo sin fondo, cayendo.
Llorar ayudaba, ahora no podía parar de hacerlo. Mamá ya no lo trataba como si fuese a romperse y también ayudaba.
Vio a Jungkook detenerse a una cuadra de su casa, se sentó en una banca y se quedó ahí durante varios segundos. Mirando a la nada, pareciendo ido. El castaño mordió su labio inferior desviando su atención hacia el póster en la pared. Ese que había conseguido en un concierto al que fue a escondidas, Jeon lo cubrió aquella vez, yendo a cuidar a su abuela por él. Fue hilarante verlo contándole cuentos a una mujer de más de ochenta años con tanto interés.
Solían funcionar muy bien juntos, demasiado bien.
Empezó a fallar cuando se enamoró, desde ese instante en donde Jungkook rio y él se sintió extasiado.
La puerta sonó, Taehyung se sobresaltó un segundo antes de entender que Jungkook había llegado.
—Está abierto.
Jungkook entró, tenía una sonrisa extraña en su rostro.
—Hola, Tae. —Se rascó el cuello evitando el contacto visual en todo momento—. Pensé que debería venir a disculparme por lo que pasó la última vez.
—¿Por qué luces tan mal?
Jeon levantó la mirada, observó al rostro divertido del castaño y sonrió levemente.
—¿Tratas de herir mi orgullo?
—Oh, vamos —murmuró con una risita apareciendo en su cara—. Eres el gran Jeon, tu orgullo es más grande que tú.
—Puede ser. —Jungkook se dejó caer en la cama para ver al castaño, sus ojos brillantes por la normalidad que los cubrió por instantes—. Pero no puedo aceptarlo, sonaría arrogante.
Taehyung se le quedó viendo, una risa corta dejó sus labios a los segundos. Jungkook lo siguió, sus risas se mezclaron por un breve momento hasta que el silencio los cubrió de nuevo. No se miraron, ambos asustados de lo que sea que fueran a encontrar en el otro si lo hacían.
—No quiero escuchar disculpas hoy, Jungkook. —Taehyung rompió el silencio, giró hacia el rostro del pelinegro y ladeó la cabeza levemente—. Tampoco pelear.
La ironía en la voz del castaño, hizo que Jeon se sintiera contento, un poco. Tal vez, se debía a que parte de la personalidad de su mejor amigo seguía ahí. Divertido respondió:
—Estuve preparando argumentos para nuestra próxima pelea.
Era un poco tonto.
Taehyung escondió su sonrisa y miró a la ventana, al cielo gris por la lluvia inminente. Se mordió el labio antes de darse cuenta de que Jungkook había traído una bolsa, una de la panadería donde solían comprar donas todos los martes después de clases porque: "hoy tuve filosofía con Choi, Jungkook. Necesito algo dulce".
Por eso.
—No era necesario traer eso. —El castaño cabeceó hacia la bolsa—. Sabes.
—Pues yo tuve biología. Necesitaba algo dul...
—¿No soy normal?
Jungkook parpadeó, su rostro aturdido se volvió hacia su mejor amigo.
—¿Qué?
—Eso fue lo que dijiste aquella vez, ¿no? —Bajó la cabeza asustado—. Quiero saber si eso es lo que piensas. Necesito que seas sincero.
Necesito saber si todavía podemos salvar algo de nuestra relación. Quería explicar Taehyung, pero Jungkook se acercó y lo abrazó con fuerza, con la respiración pesada.
—Lo siento, siento tanto haberte herido. —Se alejó para que Taehyung mirase sus ojos—. Jamás quise hacerte daño, jamás mis palabras fueron para dañarte. Actúe como un imbécil y lo siento.
—¿No soy normal?
—No. —Jungkook sujetó con fuerza los brazos de su mejor amigo cuando Intentó alejarse con sus ojos siendo cruzados por el dolor—. Porque una persona normal no es valiente como tú, porque después de todo sigues sonriéndome.
—Suena a que soy estúpido.
Jungkook negó sacudiendo la cabeza, mordió sus labios unos segundos antes de decir:
—Seguiste tu vida demostrando que tienes poder sobre mí. ¿Sabes por qué? —preguntó sintiéndose expuesto—: porque soy yo quien te necesita para seguir.
Eso sonaba muy, muy mal.
—¿Por qué parece que no puedes vivir sin mí? —Taehyung se limpio las lágrimas, siguió intentando aligerar el ambiente—: ¿Tanto me amas?
—Te amo, Kim Taehyung. Te amo tanto.
Simplemente lo hacía, no sabía si era de la misma forma que el castaño. No sabía si era correcto. No aun.
—No le digas eso a un gay que estuvo enamorado de ti.
—¿Huh?
—Eres despistado, no tonto, Jeon. Piensa en las razones.
—Bien yo... —No era tan inconsciente para no entender que sus palabras se podrían malinterpretar. Pero ese era el jodido asunto, no había nada que malinterpretar. Él amaba a Taehyung. Detuvo sus pensamientos, su ceño se frunció—: ¿estuvo?
—Ya no siento más de lo que un amigo debería sentir, quiero decir.
—Los sentimientos no cambian de un día para el otro, Taehyung.
—No suenas feliz —el castaño bebió del resto fresco en la mesa—. Deberías, podemos volver a ser los de antes.
—Estás mintiendo.
—Oh, vamos. —Taehyung rio. Se limpió los labios con la sudadera porque derramó un poco, quizás porque estaba temblando. Tragó saliva—. ¿Estoy lastimando tu orgullo de nuevo?
Jungkook se sintió asustado, aterrado tal vez. Miró al piso con la confusión volviéndose difícil de ignorar. No levantó la cabeza, no se atrevía. ¿A qué le temía?
A ver si Taehyung estaba siendo sincero.
¿Por qué dolía tanto?
¿Qué significaba?
(...)
Los quiero💜
Hay algo de lo que quieran desahogarse hoy? Pueden escribir aquí. Nadie sabrá que son ustedes.