Los secretos de Hades

Par B1uehaven

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El odio en su estado puro y sin razones claras define la relación entre Hades y Kore; aquí nada será igual lu... Plus

sinopsis.
Primer Capítulo
H: part. 2
H: part. 3
H: part. 4
H: part. 5
H: part. 6
H: part. 7
H: part. 8
H: part. 9
H: part. 10
H: part. 11
H: part. 12
H: part. 13
H: part. 14
H: part. 15
H: part. 16
H: part. 17
H: part. 18
H: part. 19
H: part. 20
H: part. 21
H. part 23
H. part 24
H. part 25
H. part 26
H. part 27
H. part 28
H. part 29
H. part 30
H. part 31
H. part 32
H. part 33
H. part 34.
H. Part 35
H.part 36
Part H. 38
H. Part 39
H. Part 40
H. Part 41
H. Part 42
H.Part 43
H. Part. 44
H.part 45
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Par B1uehaven

Capítulo treinta y siete

—¿Me extrañaste todo este tiempo, Karla?

Solo es un sueño, solo es un sueño. Esto no es real. Vamos, despierta Hades, ¡joder!

Era un sueño, eso era todo, nada de eso estaba pasando. Kore jamás me haría daño, ella me quería.

Ella...

No podía creer lo que mis ojos estaban presenciando, el miedo que mi cuerpo estaba experimentando y sobre todo la respiración pesada detrás de mi cuello.

Maldita sea, ¡despierta Hades!

—No es un sueño, Hades —Maldita sea, no podía ser Kore que me decía esas palabras, ella no... —. Esto es real, él es mi hermano y tú eres mi enemigo.

¿Su enemigo? ¿Qué diablos pasaba por su mente al decir esas palabras?

—¿En serio pensaste que Kore me iba a dejar...? —Kayn me miraba con desprecio—. ¿Por ti? Solo mírate, tan patética ahí parada sin creer que te hemos atrapado —dijo con una sonrisa cínica en sus labios, maldito.

Las palabras se habían borrado de mi mente, todo era irreal, pero parecía muy real, la verdad era imposible pretender que nada de eso estaba pasando. Pero...

—Kore... —Era solo un nombre, pero para mí lo era todo.

—Diría que lo siento, pero no siento nada —Y allí, justo en ese instante, no me importaba lo que pasara luego de esas palabras porque ningún dolor físico iba a compararse con lo que yo sentí al escuchar eso, al escuchar esas palabras de sus labios—. Y si te preguntas acerca de lo que pasó hace un rato... —Quería que no me estuviera hablando con tanta frialdad mientras su mirada clavaba en la mía—, todo eso fue más que fingido, ¿en serio pensaste que me iba a gustar una mujer? ¿Tú? —Sonrió sin gracia, quería llorar, pero algo me detenía, la rabia, el odio que crecía en mi interior—. No, para nada, Karla —Ella me llamó Karla, maldita sea. Odiaba ese nombre, era como la marca de mi pasado y mi pasado era muy oscuro.

Escuché cómo la puerta fue cerrada detrás de mí por alguien.

Zoe estaba detrás de Kore y Kayn, casi no se veía, pero estaba en completo silencio mientras Kayn me miraba de soslayo pretendiendo parecer el más malvado, y Kore estaba parada frente a mí, mirándome de manera fría luego de decir esas palabras.

De pronto sentí cómo un escalofriante roce frío recorrió mi espalda al sentir la mano de Cris en mi piel, tomó mi brazo y me giró hacia él, sus manos eran frías y grandes.

—Quiero a todo el mundo fuera de aquí —dijo mirándome a los ojos y haciendo que me sentara de golpe en una pequeña silla de madera.

—Cris... —Kore interrumpió.

—¡Maldita sea, Kore, he dicho fuera! ¿Por qué nunca puedes hacer lo que yo te digo sin protestar?— dijo acercándose a ella de manera desafiante — Sé muy bien que te enamoraste de ella, lo sé, lo veo en tus ojos ¿crees que soy estúpido? ¡La estabas protegiendo! — Kore intentó empujarlo e ir hasta dónde yo estaba pero fue golpeada en la cabeza por uno de los hombres de Christopher cayendo al suelo.  — Llévensela y déjenla en lo más lejos del bosque, a ver si cuando despierte aún no se la comen los coyotes.— Dijo mirando con desprecio el cuerpo tendido de su hermana, yo por mi parte quería deshacerme de los agarres de los fuertes brazos y manos que me sostenían y correr a ella, ayudarla, pero mis gritos e intentos fueron en vano.

Ahora todo se había quedado en silencio y de pronto él empezó a atar mis manos y pies con una soga gruesa, su mirada parecía vacía sin ningún tipo de sentimientos, solo falta de cordura, me preguntaba cómo demonios me había encontrado. Fui bastante cuidadosa con todo, Menos con Kore, maldita sea.

—Te preguntarás cómo te he encontrado, ¿no? —Sonrió de lado una vez terminó de atarme de manos y pies—, pues no fue para nada fácil, la verdad —Suspiró mientras entró una mano por su cabello corto, antes solía llevarlo largo, él siempre lucía como alguien con poder, llevaba un traje azul oscuro que desde lejos parecía costoso, en su muñeca brillaba un reloj y en sus pies zapatos de cuero negro que lo hacían parecer un gran señor de negocios, cuando en realidad era un demonio con alma oscura o peor aún, sin alma—, luego de haber matado a tu padre...

—¡No te atrevas a mencionar a mi padre en tu asquerosa boca, malnacido hijo de puta! —Lo interrumpí.

Solo escucharlo decir que había matado al único ser que me quedaba cuando era niña me hacía mucho daño, pero esa no fue una buena idea porque al terminar de hablar, mi mejilla fue impactada con una fuerte palma que chocó con mi cara.

—Hijo de puta —dijo repitiendo mis palabras—, pues sí... —Su rostro parecía enojado ahora—, eso fue en lo que tu padre convirtió a mi madre, ¿no? En una puta... —Su pecho parecía subir y bajar sin control y otra vez empezó a entrar de manera desesperada sus manos en el cabello ahora más corto—. Pero eso ya no importa, lo importante es el presente y de cómo casi gasto mi fortuna buscándote —Respiró—, luego de aquel incendio del cual lograste escapar, mi padre enloqueció y me encerró en un reformatorio, como si yo estuviera loco, ¿puedes creerlo?

—No estás loco — interrumpí nuevamente. Sin importar que me pegara otra vez—, estás enfermo y desquiciado, maldito malnacido. Mataste a tu propia madre—escupí las palabras como si quemaran en mi boca.

—Vaya, vaya —Sonrió de manera macabra—. No recordaba que hablaras tanto, mi pequeña Karla —dijo mientras se alejaba un poco, parecía muy confiado, así que no hice ningún esfuerzo por escaparme, de seguro tenía personas protegiendo toda la propiedad y obviamente yo estaba amarrada en una silla, no había escapatoria—; debo admitir que me agradabas más cuando no hablabas, ahora te pareces a mi hermana, siempre protestando y argumentando por todo —Suspiró mientras se servía algo que parecía alcohol en un pequeño vaso de cristal—. ¿Desde cuándo las mujeres hablan tanto? ¡Me desesperan! Preferiría haber nacido en los años veinte cuando eran sumisas y hacían lo que se les mandaba.

—¿Qué demonios quieres de mí, Cris? —pregunté demandante, la verdad moría de miedo, sabía de lo que él era capaz.

—La verdad, ya no quiero nada de ti —dijo luego de tomar un sorbo de lo que parecía Whisky—. Pienso que he gastado demasiado buscándote y ahora que te encontré, siento que no me sirves para nada. En verdad disfruté jugar al gato y el ratón contigo, pequeña —Sonrió—, pero todo tiene su final, unos vienen primero otros vienen después... pero siempre llega. Siempre, Karla.

—Entonces, ¿por qué diablos no me dejas en paz? —pregunté con enojo y un poco de desesperación, las ataduras empezaban a lastimarme.

—Cuando escapaste, mi vida fue un infierno, mi padre me internó en un manicomio, la policía siempre estaba rondando, perdí contacto con todos, con mi familia, con mis amigos... incluso mi hermana —Parecía enojado—, ahora perdí a mi madre... —¿Acaso él estaba llorando?—, y todo por tu culpa, Karla.

—Maldita sea, ¿cómo demonios una niña puede ser culpable de que dos personas decidan estar juntas? —pregunté en voz alta y él se acercó rápidamente quedando en frente mío, sus ojos estaban rojos y parecía otra persona... El verdadero Cris, el único que yo conocía.

—Tú y tu familia —Tenía miedo, mucho, pero no sabía qué hacer ni cómo actuar, debía escapar de allí, eso era seguro—, incluso después de muertos ellos me atormentan, me visitan cada noche, a cada instante los tengo aquí —Señaló su cabeza—, siempre, la imagen de tu padre junto a mi madre, me enferma cada vez más, los detesto, los odio. ¡Te odio! ¿Puedes entender eso?

—¿Y acaso no crees que tu imagen en mi mente no me persigue cada noche? —Su cara estaba a solo centímetros de la mía—. ¿Acaso no recuerdas todo lo que me hiciste pasar? ¿Las cosas que me hiciste ver? ¿Cómo demonios voy a olvidar a todas esas personas que mataste prendiéndolas en fuego y luego diciéndome que era por mi culpa? —Ahora sí, las lágrimas se salían, no podía controlarlas—. Maldita sea ¡solo era una niña! ¿Cómo demonios me hiciste sentir culpable por las cosas que tú hiciste? —Estaba gritando justo en su cara y él solo me miraba y lo que más me daba rabia era ese vacío que había, no podía imaginar que él no sintiera nada, que él era capaz de haber hecho tantas cosas y aun así no tener compasión ni remordimientos.

Sin embargo, de algo estaba segura y era que lo odiaba.

Él parecía haber perdido el control y golpeó mi cara con sus manos abiertas, una, dos, tres... no sé cuántas veces y otra vez me sentía como una niña sin escapatoria, solitaria y perdida, con mucho miedo al oscuro de sus ojos, nunca había llorado en frente suyo, pero las palabras no llegaban, las había perdido como había perdido todo lo demás...

Como él me lo había quitado.

—Ahí estás otra vez, eres esa niña indefensa que ni siquiera puede hablar en mi presencia —Suspiró molesto—, supongo que ahora sí te diré cómo fueron estos últimos años antes de encontrarte y por favor ya no hables más, mira lo que me haces hacer, no me gusta golpearte y lo sabes —Se alejó lentamente hasta sentarse en medio de la majestuosa sala de estar de aquella cabaña—. Mira, he cometido muchos, muchos delitos y mis padres siempre encontraban la manera de sacarme de los problemas... Cuando tenía quince incendié la casa del perro de Kore mientras este dormía, ella nunca lo supo, pero su dolor a mí no me hacía nada, ese fue el primero y más doloroso, no por el perro, sino porque ella lo amaba y aunque no sentí nada, muy en el fondo sabía que a ella le dolía y que ella era mi sangre —Tomó otro sorbo de alcohol, me ardía la cara—, tenía miedo de ser un insensible, ¿sabes? Así que decidí hacer algo más grave e incendié la casa de los vecinos, aunque nadie salió herido, eso despertó algo en mí y luego ya no pude parar —Podía ver cómo apretaba el pequeño vaso al decir esas cosas, como si él lo disfrutara—. Hice y deshice en todos lados, muchas cosas nunca nadie las supo, pero otras fueron cubiertas por el dinero de mis padres, hasta aquel día en el que incendié la casa de mis tíos, la verdad no sentí nada, solo lástima porque mi madre estaba ahí, no quería hacerle daño a ella, mis tíos eran el blanco y aunque Zoe sobrevivió, no puedo negar que fue de mucha ayuda para encontrarte a ti —Suspiró—, pero ella se lo merecía, se merecía todo eso y más —dijo refiriéndose a su madre.

—¿Kore sabe lo que le hiciste a su madre? —pregunté mirándolo a los ojos.

—No, Kore era muy pequeña aún para entender algo —Sonrió, maldito, ¿cómo podía sonreír al decir eso?—. Tú y Kore se aman, tal vez ella trate de ocultarlo, pero... lo puedo ver en su mirada, en tu mirada —No sabía si temer o sentirme de otra manera al escuchar esas palabras de alguien como Cris—. Ella fue la parte clave para encontrarte y aunque Kayn fue quien vino a mí, ella fue la última carta, por ella llegué hasta ti —Respiró profundamente—, yo nunca sentí lo que es el amor, y la verdad es que detesto que mi hermana siempre haya estado rodeada de él, no la odio, pero la envidio por ello —Suspiró—, es imposible creer que ella te trajo a mí, sin ningún intercambio...

—Tal vez no me ame tanto como crees —dije un poco dolida—, mira como estoy ahora mismo, quien te ama te protege y ella me ha conducido a mi propia muerte, al infierno... a ti.

—Es cierto, pero ese es el punto —Me miró pensativo por unos momentos—. ¿Por qué Kore te trajo a mí sin ningún intercambio? ¿Por el simple hecho de que soy su hermano? ¿O porque ella, al igual que yo mismo, me cree un héroe?

—¿Por qué un héroe?

—Pues, por liberar a esas almas en pena, yo las liberé de su pecado, las quemé a todas junto a ellos, soy un salvador, Karla, ahora falta sellar el último de todos los pecados, tu vida...

Maldita sea, tenía que salir de allí, debía hacerlo, pero ¿cómo?

—¿Qué mejor manera de hacerlo que con fuego? Cómo siempre...

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