SIENTO HABERME RETRASADO TANTO SUBIENDO, ES QUE TUVE QUE HACER UN MONTÓN DE TAREA Y AÚN ME QUEDA MUCHÍSIMO, PERO AQUÍ OS DEJO EL CAP 5, NO OLVIDÉIS COMENTAR, VOTAR Y RECOMENDARLA QUE ME ANIMA A SEGUIR ESCRIBIENDO. DECIDME QUE OS PARECE Y TAL :3
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-¿Qué? ¿Enserio? Si parece un buen chico
-Parece, seguro que está usando sus artimañas para engañarte, Lorena, aléjate de él.
-Terra, gracias, gracias por decírmelo, ni siquiera me había dicho que tenía novia, pero es que parecía, no sé…
-Te entiendo, cariño, te entiendo, sube a descansar, pareces cansada, te subiré ahora un vaso de leche y un croissant para que te tranquilices un rato y me cuentes cosas tuyas, así te distraes ¿vale?
-Sí, gracias Terra, gracias, muchísimas gracias.- Subí las escaleras rápido, muy rápido, casi me caigo pero da igual, no quería que nadie me viera con lágrimas en los ojos, ¿qué por qué lloraba? No lo sé, seguramente porque no me lo esperaba de él, era demasiado, no sé, es que parecía tan bueno, el chico perfecto, pero me equivoqué sólo me quería para echar un polvo, como a las otras chicas, si es que soy idiota, pero a partir de ahora, lo trataré como uno más, como un veneciano conocido, sólo eso, sólo eso…
Abrí mi habitación, la número 13, tampoco estaba tan mal, pero 13, bueno, da igual, me cambié de ropa, me desmaquillé y me puse un pijama nuevo que me había comprado, cogí mi cámara y me puse a mirar las fotos que había echado hace un día, todas preciosas, pero una, en una salía él, furtivo entre el muro del canal del río y estaba…, estaba mirándome, ¿por qué? No lo entiendo, no entiendo nada, joder, todo me pasa a mí, quizás si hubiera elegido Grecia todo esto no estaría pasando, quizás si estuviera allí ahora no estaría amedrentando mi cabeza con tantos pensamientos inútiles, tal vez si… toc toc, sonó la puerta, seguro que era Terra, abrí la puerta y allí estaba ella, una señora mayor, con cara entrañable y pelo gris, una señora que de verdad valía la pena conocer, alguien noble, alguien como, mi abuela.
-Hola Lorena, ¿cómo vas?
-Bien, Terra, gracias por preguntar, uhm que buena pinta tiene ese croissant
-Toma, comételo, te sentará bien, bueno cuéntame, ¿a qué has venido a Venecia?
-Gracias, Terra. He venido a despejarme, en España estoy demasiado… cómo decirlo, agobiada, encarcelada, sí, encarcelada, y también porque allí no puedo progresar con mi vocación así que decidí probar suerte aquí, pero no encuentro trabajo, bueno en realidad es que no he buscado, necesito también una tienda para revelar las fotos que he sacado y me estoy quedando sin dinero, no podré pagar todas las noches que esté aquí Terra, tendré que buscarme un apartamento.
-Oye Lorena, tú por el dinero no te preocupes, mira, trabajo, creo que en el periódico de la ciudad buscan gente, allí puedes trabajar, tienda para revelar fotos hay a dos manzanas de aquí, en la plaza Porte Toute, y bueno, respecto al pago del hotel te lo puedo dejar como un apartamento, es decir, el alquiler de un apartamento, pero las comidas las tendrás que pagar tú, ¿trato hecho?
-Claro, pero una cosa, ¿me podrías cambiar de habitación? No es que no esté agusto, es que no me gusta el número.
-¿Eres supersticiosa?
-Un poco, pero tengo mis razones para odiar ese número con toda mi alma
-¿Por qué?
- Un día 13 murió mi abuela.
-Oh, lo siento, no tenía que haber preguntado
-Tranquila, hace un año de eso, está superado, bueno Terra mañana nos vemos, no te quiero entretener más hablando de mis dilemas internos, hasta mañana.
-Me gusta hablar contigo, hasta mañana Lorena.
Me acosté a la cama, pero no dormí casi nada, no paraba de pensar en lo que pasó con Filippo, ¿por qué? Quizá sí que me gustara un poco, y por eso estaba así, pero se me pasará, o eso espero. ¿Por qué siempre me tengo que enamorar de hijos de puta? ¿POR QUÉ?
Eran ya las 7.00 am, no podía dormir más, así que me levanté, me duché para despejar las ideas, miré por la ventana y mi sorpresa fue que estaba lloviendo, pero a cántaros, lloviendo en junio, abrí la ventana para ver si hacía frío y entró un aire gélido que hizo que me temblaran los huesos, joder, hoy tenía que salir a hacer un montón de cosas y se me estropea el día, no podía haber llovido el día que salí de compras y conocí a Filippo, no, tenía que llover hoy, que mala suerte tengo siempre.
Cogí ropa de abrigo y bajé abajo a desayunar con Terra, seguro que ya estaba despierta. Bajé las escaleras lentamente, recordando todo lo que pasó desde el día que dejé España, todo lo que me ha pasado hasta ahora es surrealista, venga ya, ¿qué será lo siguiente?, mejor me callo y no digo nada, no vaya a ser que me pase. Terminé de bajar el último peldaño cuando vi el rostro cansado de Terra apoyado en el mostrador, estaba medio dormida,-. Mejor me subo a mi habitación y la dejo descansar, puedo desayunar más tarde.- pensé, pero justo cuando estaba girando sobre mi misma para volver a subir las escaleras sin hacer ruido oí mi nombre, era Terra, me di la vuelta y la vi detrás de mí, con sus ojitos grises tan entrañables, esperando a que bajara para saludarla, bajé y le di un abrazo, se lo merecía, cuando me separé de ella pude ver que un par de pequeñas lágrimas asomando por sus ojos, intentando deslizarse por sus mejillas arrugadas del tiempo, de experiencias, de vivencias, de recuerdos, de… joder, si al final esta mujer me va a hacer llorar a mí, ahora no era un par de lágrimas, ahora eran miles y miles de lágrimas deslizándose por su rostro, aunque Terra no parecía triste, en realidad parecía feliz, tenía esa cara que tienen las madres cuando miran a sus hijas cuando se gradúan, si exacto, tenía esa misma expresión.
-Terra, no llores, ¿por qué lloras? Para o me pondré a llorar yo.
-Es que te veo, y eres como la hija que nunca tuve, cariño, vales mucho, recuérdalo siempre.
-Terra, gracias, eres la mejor, de verdad, ojalá hubiera más gente en el mundo como tú.- Terra se limpió las lágrimas y me abrazó.
-Bueno hija, ¿qué quieres tan temprano?
-No tenía sueño y he bajado a ver si estabas despierta para desayunar juntas, ¿te parece bien?
-Claro, voy a preparar algo y enseguida salgo, mientras quédate aquí y si viene algún cliente entreténmelo hasta que llegue, aunque no creo que llegue nadie.- Terra desapareció detrás de una vieja puerta de madera hinchada por la humedad hacia lo que parecía una cocina, y yo mientras estaba allí, con el codo encima de la mesa de madera de roble estropeada por los años y mi cara apoyada en mi mano, esperando a que apareciera Terra o a que dejara de llover, la verdad es que deseaba las dos cosas, que dejara de llover y que viniera Terra con el desayuno, estaba muerta de hambre, me rugían tanto las tripas que no me extrañaría que se despertara alguno de los hospedados en el hotel por el ruido, esperaba y esperaba hasta que Terra apareció por la puerta con una bandeja con dos tazas de cappuccino y churros, desayuno típico italiano.
Nos pusimos a comer el estupendo desayuno que había preparado Terra en la cafetería del hotel, aunque en realidad no parecía una cafetería, parecía más bien como la cocina de casa, la cocina de mi casa, pequeña, blanca, vacía y… solitaria, muy solitaria, el silencio que se respiraba en el ambiente solo se rompía con el ruido de la cuchara golpeando la taza del cappuccino o el tic toc del reloj que estaba situado en la pared a la altura de una de las ventanas, cerrada, por el mal tiempo que hacía fuera, llovía y llovía, Venecia se llenaba aún más de agua, sus calles parecían ríos con aguas furiosas que bajaban hasta abajo de la calle y desembocaban en el canal del río, llenándolo aún más.
-Oye Terra, ¿es normal que llueva así?
-Sí, no te preocupes, y ahora está lloviendo poco, porque no has estado aquí en invierno, en esa temporada sí que llueve, ¿qué pasa? ¿Te preocupa?
-La verdad es que si, nunca había visto llover así, parece que el río se va a desbordar o algo, oye Terra, ¿crees que esta tarde podré ir a revelar las fotos y pasarme por el periódico de la ciudad a ver si me contratan y así empezar a pagarte todo lo que te debo?
-No sé, las tormentas son imprevisibles, aunque creo que para esta tarde ya habrá parado de llover, pero no me hagas mucho caso.
-Es que hoy pensaba quitarme todo eso de encima, oye Terra, creo que un cliente se ha despertado y te está llamando con el timbre.- Terra se levantó de la mesa y fue a atender a efectivamente un huésped del hotel, tengo un oído finísimo otra cosa no, pero oído sí. Yo mientras estaba allí, terminándome el último churro que quedaba sobre la bandeja floreada de plástico, observando como las gotas de lluvia hacían carreras por la ventana, recuerdo que cuando mi hermano y yo éramos pequeños nos tirábamos horas mirando como las gotas se echaban carreras por la ventana, él elegía una gota y yo otro y apostábamos una chuchería a la que primero llegara, desgraciadamente casi siempre ganaba él, aquellos eran otros tiempos, tiempos en los que mi mayor preocupación era que me pusieran un punto rojo en la escuela, que me pillaran siempre la primera en el escondite y cosas así, aquellos eran buenos tiempos, tienen en mi memoria un sitio especial ocupado, me gustaban aquellos tiempos, pero ahora vivo en una sociedad hostil en la que la gente son unos completos estúpidos. Justo en ese momento se me vino la imagen de Filippo y yo cuando me tropecé con él en la puerta, número 13, aquel momento mágico, que en realidad fue algo desafortunado que no debería haber pasado, qué casualidad que todo lo que no me gusta pasa con el número 13 de mayor referente. Pero un número no iba a decidir mi vida, sólo son dos cifras numéricas que simbolizan una cantidad, nada más.