True Love Sometimes Cries

By AvengerWindGirl

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Kaya Monigan acaba de cumplir 17 y su vida sufrió un fuerte cambio por culpa de la enfermedad de su hermana p... More

Capitulo 1
Capitulo 2
Capitulo 3
Capitulo 4
Capitulo 5
Capitulo 6
Capitulo 8
Capitulo 9
Capitulo 10
Capitulo 11
Capitulo 12
Capitulo 13
Capitulo 14
Capitulo 15
Capitulo 16
Capitulo 17
Capitulo 18
Capitulo 19
Capitulo 20
Capitulo 21
Capitulo 22
Capitulo 23
Capitulo 24
Capitulo 25
Capitulo 26
Capitulo 27
Capitulo 28
Extra - Diario de Adrien

Capitulo 7

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By AvengerWindGirl

Separe lentamente mis labios de los suyos. Adrien cogió aire, mientras yo respiraba con dificultad. Mire de reojo y vi que Scott ya no estaba. Espero que le haya dolido mucho. Volví a la vista a Adrien, que respiraba entrecortadamente.

–Creo que ya no tengo celos de que hables con tu amigo –murmuro, cogiendo más aire.

Que gracioso.. Le eche una mala mirada, y río. No creo que pueda llama ya “amigo” a Scott, me ha desilusionado mucho. Hace años que éramos amigos, pero parece que no han sido suficientes para conocerle. No volvería a ser su amiga ni a hablarle hasta que no me demostrara que no es un idiota o Annie me dijera que le ha pedido perdón.

–No te rías tanto –dije, tratando de no reír yo–.  ¿Y dime a que ha venido el beso de antes?

Se echo a reír más fuerte y le pegue en el pecho.

–Es gracioso que me pidas explicaciones por algo que también has hecho tú.

En eso llevaba razón. Pero yo lo había hecho en un principio para molestar a Scott, aunque realmente también quería besarle, y volvería hacerlo sin cansarme.

–Sí, pero tú has sido el primero –repliqué.

Sonrió, tímidamente, agarrando mis manos.

–Entonces no lo volveré hacerlo –dio un beso en mi mano y empezó a caminar.

–¡Yo no he dicho eso! –grité, corriendo hasta su lado–. Solo quería saber porque lo habías hecho –le mire de reojo, y el hacía lo mismo.

Su sonrisa se alargo de oreja a oreja. Se veía tan hermoso cuando estaba tan feliz. Me alegraba saber que yo era el motivo de ello, y él el mío.

–Creo que sabes perfectamente el porqué.

Sí, supongo que sí. Pero me gustaría que lo afirmara para saber que no es mi imaginación. Aun no puedo creer que todo esté pasando, que sea cierto. Es como si en algún momento fuera a despertar de un sueño. Pero sabía que no lo era, sino Scott no sería un completo idiota. No pensaría en eso hoy, solo en Adrien. Habíamos quedado por la tarde, pero ahora que ya estaba aquí no quería esperar a la tarde para pasar más rato con él, con estar a su lado mi corazón iba tan rápido, tan emocionado, no podía controlar lo que sentía. Era una plenitud de felicidad que desearía sentir siempre.

–¿Quieres ir a desayunar? –preguntó de repente.

Caminamos unas calles hasta una cafetería. Nos sentamos en la terraza, mientras él se tomaba un café con leche, yo mordisqueaba un donut. Cada vez que me miraba me sonrojaba de inmediato. Debía parecer un tomate después de media hora bajo su mirada. Hablaba sin parar de cuando estudio en Princeton. Tenía tantas anécdotas que parecía no terminar nunca. Le escuche atentamente mientras se quejaba de cómo los profesores la tomaban con él. Decía que le tenían manía y por eso no conseguía aprobar. No creía eso, realmente siempre le gusto ser un rebelde en clase, estudiaba, sí, pero el comportamiento dejaba mucho que desear. Le gustaba hacerse el bromista con los profesores, y si podía hacer reír a toda la clase no perdía la oportunidad. Algunos profesores no se lo tomaban a mal en el instituto, pero la Universidad es diferente, hay que ser más maduro, y eso a él le cuesta.

Cuando al fin pareció que había terminado,  sonó su teléfono. Se levanto, y se alejo unos metros para hablar. No deje de mirarle, daba vueltas mientras hablaba, nervioso. No quise pensar en que podría pasar, pero en mi mente solo aprecio una palabra. Droga. Así de nervioso se puso cuando supo que yo me había llevado su cocaína.

Sentí la vibración de mi móvil en el bolsillo. «¿Qué diablos le has dicho a Scott? ¿Annie?» escribió Jóel. Mierda. Que rápido había ido a contárselo. «Solo le he dicho la verdad.» contesté. En mi mente apareció la cara de sorpresa de Jóel y quise reír. «¿Segura?» me envió de vuelta. «Sí. Así que dile a tu amiguito que arregle esto o que se olvide de mí.» Metí el móvil de vuelta al bolsillo cuando Adrien se sentó de nuevo.

–¿Con quién hablabas? –pregunté inocentemente.

–Carrick –dijo sin siquiera mirarme. Eso me confirmó que no estaba equivocada.

Mi móvil volvió a vibrar, por una llamada esta vez. Fingí como si no sucediera nada, para seguir hablando con Adrien. Jóel podía esperar.

–¿Que quería? –mordí mi labio, pero lo solté rápidamente porque sabía que si no notaria que estaba nerviosa.

–No creo que quieras saberlo.

Mierda. La felicidad que sentía hasta hace unos minutos se volvió en una gran presión en mi pecho. Me ahogaba de tal manera que creía que me mataría. Quería correr, lejos, de Adrien, de todo. Pero en vez de eso, trague saliva y traté de apaciguar la presión para poder hablar.

–Kaya.. No digas nada –dijo antes de que llegara a abrir la boca.

–Es que no entiendo, Adrien. ¿Porque?

Él negó con la cabeza, mirando al suelo. Pensó las palabras, pero terminó por no decir nada. Saque un par de Libras del bolsillo, lo deje sobre la mesa y me marché. Me aleje lo más rápido que pude. Si no acabaría lanzándome a sus brazos sin importarme nada.

Adrien no era como mi padre, lo sé, pero puede que terminara de la misma manera en un futuro. Muerto por su propia culpa.

Mi móvil vibró dos veces más sin que contestara.  A la tercera me canse y conteste de forma brusca, sin mirar quien era.

–¿Qué? –le grité a la otra persona.

–¿“Qué”? –replicó la voz de Annie, realmente enfadada–. ¡Te mato, Kaya! ¿Cómo le dices a Scott que me gusta?

Hoy no me darán un descanso, ¿verdad? Aun no me recupero de una cosa y ya tengo otra encima.

–Lo siento, Ann. Me ha cabreado y lo he dicho casi sin pensar –conteste, intentado parecer inocente.

–Más te vale sentirlo. Scott y Jóel se han presentado aquí, y han armado tal escándalo que mis padres se han enterado –me quede boquiabierta. ¿Qué más puede pasar hoy?–. Dylan le ha pegado y Jóel  se lo ha tenido que llevar al hospital porque no dejaba de sangrarle la ceja –ahí está la respuesta.

–Se lo merece –musité.

–¡Kaya! –chilló–. No se trata solo de eso. ¡Mis padres me han castigado 2 meses! Y a Lucy también, porque dicen que dejo que pasara.

Definitivamente no es mi día.

–Lo siento mucho, Annie. De verdad. Si quieres voy hablar con tus padres.

–No, no quiero terminar castigada de por vida, gracias –dijo irónica.

Genial. Ahora la mala soy yo..

–Lo siento –repetí, nuevamente.

Annie colgó de repente. Mierda. Esto no iba a acabar bien.

Me senté en un banco del parque, y me abrace a mis rodillas, escondiendo mi rostro en ellas. Solo tenía ganas de llorar. Desde que le diagnosticaron Leucemia a Abie mi vida había cambiado de tal manera que no quedaba absolutamente nada de la antigua. Nada era igual. Abie sufría diariamente por culpa del cáncer, Annie y Lucy estaban enfadas conmigo, yo con Scott y Adrien consumía drogas. ¿Donde ha quedado mi vida? ¿Porque no podía ser más sencillo? ¿Porque no podía todo volver atrás? Quedar en aquel momento en el que todo estaba bien. Aunque eso significara que Adrien volviera estar lejos. Prefiero que este al otro lado del océano a que este a mi lado matándose por dentro por culpa de las drogas.

Me sentía tan sola. No tenía a quien acudir. Mis amigas estaban enfadadas, yo estaba enfada con mis amigos. Quería huir de Adrien. ¿Quién me quedaba? Quizá Henry. Con él no podría hablar de Adrien, pero si podría escucharme con lo de Ann y Scott. Recordé que el otro día dijeron que él vivía con sus padres y Josephine en la misma casa que tenían antes. Estaba cerca de aquí. Pero antes debía calmarme un poco.

Cruce los brazos sobre mis rodillas para esconder mejor mi cara. Me quede así, quieta, tratando de vaciar mi mente. Fuera Abie, fuera Ann, fuera Scott, y fuera Adrien. No quería nada en mi mente.  Pero, alguien se sentó en el banco y molesto mi relajación. Sentí como me rodeaban unos brazos, y levante inmediatamente la cabeza, asustada. Me encontré cara a cara con Adrien, entre sus brazos. Hacia 10 minutos hubiera vuelto a huir de él, pero ahora no podía. Estaba demasiado deprimida, y se sentía tan bien en sus brazos. Apoye la cabeza en su pecho y deje que me abrazara, mientras su mano subía y baja por mi espalda, tratando de relajarme. Consiguiéndolo.

Mi mente se había vaciado. Solo escuchaba mi latido acelerado y el suyo.

–No llores, por favor, Kaya –susurro suavemente.

Apreté el puño, agarrando su camisa, tratando de acercarme más a él. No quedaba espacio entre nosotros, pero sentía que lo necesitaba más cerca. Mi cuerpo lo quería más cerca.

–Siento que estés así por mi culpa.

Negué con la cabeza, a la vez que me separa un poco para poder mirarle a la cara.

–No es solo eso. Annie se ha enfadado conmigo por lo que le he dicho a Scott –le expliqué, limpiándome las mejillas húmedas con la manga de mi camisa.

–¿Annie? ¿La gemela tímida? –preguntó, ayudándome a limpiarme, con su pulgar.

–Sí, pero ya no es tan tímida, ahora lo es Lucy.

Muchas veces se habían visto cuando después de clase ellas venia a casa. Para entonces Ann era la más tímida, y Lucy más extrovertida. Pero los gemelos son extraños, después de un tiempo parecen intercambiarse las personalidades. Nunca he llegado a comprender eso. Igual que cuando íbamos a preescolar. Lu era hiperactiva en casa y al llegar al colegio se quedaba quieta en su sitio, y Annie al revés.  Cosas que nunca llegare a entender.

–Seguro que se le pasara –acaricio mi mejilla con dulzura.

–Lo dudo –acerque más mi cara a su mano–. Las gemelas son muy rencorosas.

–Eres hermosa, hasta llorando –dijo, de repente.

Alcé la vista a sus ojos. Que me miraban con cariño, brillando. No lo pensé. Me lance a sus labios, que me recibieron con ganas. Devore su boca, y no conseguía saciar las ganas. Necesitaba más. Le quería a él, para siempre.

Me separe un poco, aun rozando nuestros labios, para poder decir:

–Anoche se me olvido decirte que yo también te amo.

Soltó todo el aire que le quedaba contra mis labios, sorprendido.

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