—¡Es idiota!— grité mientras caminaba por los pasillos del instituto, acompañada de Eli y Rebeca, nos dirigíamos al segundo edificio, a clase de Latín.
—Un poco, pero iba drogado, Sara...— trataba de defenderle Eli.
—Eso no es excusa, es un miserable y un imbécil. En realidad la culpa es mía, por ilusionarme con que podría llegar a ser diferente, es un cabrón de mierda.
Las chicas guardaban silencio, aunque a veces hacían algún aporte, en su mayoría de veces trataban de calmarme, pero no podía hacerlo, no después de lo de anoche. Ni siquiera quería venir a clase, prefería quedarme en casa, de esa forma al verle no me entrarían ganas de matarle. ¿Cómo pudo ser tan estúpido? ¿A quién diablos se le ocurre emborracharse y fumar antes de un evento importante? Claro, igual para él no era tan importante, solo hacíamos un mes juntos, un puto mes aguantando sus mierdas, una tras otra. Tan solo le pedía que llegase a cenar y a pasar una noche agradable, fin, tampoco era tan difícil.
—¡Es idiota!— repetí caminando algo más deprisa, lo que me faltaba era llegar tarde y que me pusieran otro retraso en el parte.
[...]
Apenas le estaba prestando atención a la clase, creo que en breve me quedaría dormida, Eli, que estaba sentada a mi lado, tenía que despertame dándome sútiles codazos en el brazo.
¿Quién no se dormiría aquí? El decorado de esta clase es tan rústico... Pupitres de madera unidos a un banco, de madera también, en el cual nosotros nos sentábamos. Un amplio techo que finalizaba en forma de cúpula y se encontraba decorado con mezclas de colores grises y negros. También tenía la típica pizarra verde, en la que se escribía con tizas, y al fondo de ella y de la mesa del profesor, una pequeña pero espaciosa biblioteca. Esta clase era la más grande de todo el instituto, si no me equivoco, lo cual veo como un desperdicio de espacio, ya que casi todos se fugan de esta hora.
—¿Y no vas a hablar con él?— Preguntó Eli, despejándome de mi estado de sueño.
—No.
—¿Nunca?
Suspiré y alcé la vista, tratando de encontrar una respuesta válida, pero por más que pensase no la iba a encontrar, al menos no en este momento.
—No lo sé— respondí finalmente.
—Eso es un sí— añadió ella con una sonrisa traviesa.
Sinceramente, no lo sabía. Tal vez sí hable con él, pero no ahora.
Todos opinan que estoy exagerando al enfadarme tanto, y quién sabe, tal vez sea así, pero realmente la actitud de Liam fue decepcionante. Creía que sería algo más maduro, pero veo que es mejor dejar de hacer suposiciones y aceptar la realidad.
—No es un sí, bueno, no lo sé. Agh, si él viene a hablar pues le escucharé, dejémoslo así— fue mi testimonio final.
—Tú haz lo que quieras— dijo Eli, y me hizo gracia viniendo de ella, ya que tiene la mala costumbre de coaccionar y manipular las opiniones de los demás.
Alcé una ceja y dirigí mi vista a mi cuaderno, fue entonces cuando terminó la hora de clase. Bien, otra hora en la que no me entero de nada, podemos añadirla a la lista.
Recogí mis cosas y salí de la clase, detrás de mí estaban Eli y Niall deborándose el uno al otro, sin importarles las miradas indiscretas de los demás, vaya.
—Chicos...— protesté tratando de mirar hacia otra parte, y mi campo de visión coincidió con la mirada de Liam, saliendo del aula de Economía. Mierda.
Nos miramos el uno al otro durante unos segundos, hasta que decidí darme media vuelta y marcharme, no me sentía capacitada para hablar con él sin abofetearle. Tampoco quería hablar ya que este breve instante en el que hemos coincidido, casi cedo y le hubiese perdonado, es increíble como su penetrante mirada es capaz de persuadirme en cuestión de segundos.
Me perdí entre la multitud de alumnos que salían de clase, chocaba con varios de ellos debido a lo deprisa que iba. Cuando ya no había nadie más contra quien tropezar, me vi sola en el pasillo. Bueno, por ahora me he librado.
Bajo unas escaleras, las cuales me llevan hasta uno de los jardines del instituto, en eso noto como por detrás me cogen y me meten dentro del baño de chicas. Veo a Liam frente a mí, aprisionándome contra la puerta, intento salir pero cierra la puerta de nuevo sin apenas ejercer esfuerzo y vuelve a pegarse a mí. Mi respiración se ve gravemente alterada, notar sus manos en mi cuerpo y percibir su olor tan cerca de mí... trato de contenerme como puedo, pero noto que me será difícil.
—¿Qué quieres?— digo intentando notarme severa.
—A ti.
Bueno, bueno, bueno. Recoge y vámonos, estoy casi a punto de ceder.
Va.
Va.
Va.
Sara, no seas tan débil.
—Pues ayer me demostraste lo contrario— digo recobrando mi postura sólida y fría.
—Te juro que yo no quería salir a ningún sitio, ni beber, ni fumar, fue idea de Zayn.
—¿Y si no querías por qué lo hiciste?
—Pensé que sabría como controlarme.
—Ya ves que no— le respondí apartando la mirada, no podría resistir ese color miel viéndome tan de cerca.
—Lo sé, amor, y lo siento.
¿Me ha llamado amor? ¿Lo acaba de hacer? ¿Realmente lo ha dicho? Dios, ¿cómo es capaz de hacerme sentir así?
—Puedes llamarme de todas las formas que quieras, no vas a conseguir que se me pase el enfado, aunque podrías probar a llamarme lunática de nuevo— sonreí ampliamente y le aparté todo lo que pude, para volver a intentar salir, y nuevamente Liam me lo impidió.
—Me encantas cuando te pones así— susurró en mi oído, haciéndome estremecer.
—Entonces te tendré enamorado bastante tiempo.
—Sabes que lo que dije no fue porque quisiera decirlo, ese no era yo.
—Pues fíjate que yo creo todo lo contrario, ese realmente eras tú. Te dio igual todo lo que me esforcé para que la noche fuese perfecta, tú tenías que estropearlo.
—Si me hubiese dado igual, no estaría aquí intentando arreglarlo.
—¿Y por qué quieres arreglarlo? Parecías más feliz anoche, sin mí y divirtiéndote mientras te emborrachabas con tus colegas.
—Sigues sin entenderlo— replicó suspirando.
—Entonces explícamelo.
—Sin ti no queda nada.
Me lo creí, no hizo falta que me dijese nada más, yo le había creído, él sabía que le había perdonado, ya que posó su mano en mi cintura, acercándome a él un poco más y quedando nuestros rostros a escasos centímetros, acto seguido acarició mi mejilla y dijo "te quiero, amor" antes de besarme. No me resistí, ni le rechacé, le besé con el mismo frenesí que lo hacía él.
Me cargó en peso y me pegó nuevamente a la puerta, apretando nuestros cuerpos, entrelacé mis piernas alrededor de él y comencé a besar su cuello mientras él acariciaba mis piernas y trataba de introducir su mano por dentro del short vaquero que llevaba. Jadeé seguidas veces, hasta que una chica pelirroja salió del servicio y se quedó contemplando la escena. Liam y yo nos sobresaltamos, incluso casi me deja caer al suelo cuando me soltó. Yo miré a la chica bastante ruborizada, y Liam miraba al suelo intentando contener la risa.
—Bueno, nos vemos en clase, Sara— dijo la chica pelirroja, la cual creo reconocer de Latín... ¿era Karen? No me molestaba en ser muy sociable, la verdad.
—Sí, claro...— me despedí de la forma más normal que supe.
Cuando Karen salió por la puerta, Liam estalló en carcajadas, y a mí no me hacia ninguna gracia, me daba bastante vergüenza, para ser sinceros.
—No entiendo por qué te hace tanta gracia, idiota— le reproché.
—Es que si se te olvida que me has perdonado, al menos esa chica te lo puede recordar— respondió entre risas.
Y es que por mucho que yo quiera, no puedo enfadarme con él.
NOTA DE AUTORA: ¡HOLIIIIIIIIII! Chicas, solo os quería comentar que me estoy planteando el hacer una segunda temporada de Nothing, ya que pronto acabará esta primera temporada, así que si queréis que haya una segunda teneis que quemar la sección de comentarios! Si llegamos a los 40 comentarios en este capítulo, confirmamos la segunda temporada y subo la sinopsis. Ya sabeeeeeis. ¡Nos leemos!