- Mierda -digo nervioso al ver a una de las gemelas junto al cristal-.
- Tranquilo, los cristales están tintados -dice colocándose de nuevo en el asiento-. Baja el cristal -asiento y le hago caso-.
- Hola -sonríe feliz cuando nos ve-.
- ¿Qué haces aquí, Noe? -pregunta Angie tranquila, no como yo, que soy un manojo de nervios-.
- He venido a buscar algo para comer. Mamá está en el coche -señala hacia la cola de coches detrás nuestro-.
Los tres nos quedamos en un silencio incómodo, o al menos por mi parte. Los coches de delante se empiezan a mover haciendo que Noe se despida de nosotros.
- Dios -suspiro aliviado cerrando el cristal-.
[...]
Sonrío viendo a Angie cocinando. El olor a bacon lleva llenando mis fosas nasales desde que me he levantado.
Muerdo mi labio inferior viendo sus piernas desnudas. Su cuerpo tan solo está tapado por mi camiseta. Me acerco a ella y la abrazo por la cintura.
- Buenos días -dice feliz. Yo tan solo beso su cuello con deseo-. ¿No te bastó lo de anoche? -ríe poniendo el bacon en un plato y apagando el fuego-.
- Contigo nunca tengo suficiente -la giro hacia mí y la beso-.
- El desayuno ya está hecho -dice entre besos-.
- Prefiero comerte a ti -aprieto su trasero haciendo que suelte un gemido-.
- Llevo toda la mañana cocinando, más te vale que te lo termines todo -advierte separándose de mí-.
Suelto una risa y los dos nos sentamos a comer.
Comemos entre risas y hablando de cosas triviales. Al acabar, recojo la mesa con rapidez y me quedo mirando a Angie con deseo.
- ¿Qué pasa? -ríe mirándome confundida-.
Paso mi mirada por su cuerpo y muerdo mi labio inferior. Angie sigue limpiando la mesa.
- ¿Qué pasa? -repite-. ¿Por qué me miras así? -ríe-.
La miro fijamente durante unos segundos donde tan solo se escucha a Burnie comiendo su comida.
- Quítate las bragas -sus ojos se abren como platos al escucharme-.
- ¿Q-qué? -susurra y sonrío de lado porque sé que esto le gusta tanto o más que a mí-.
- Que te quites las bragas -repito con tranquilidad-.
- ¿Por qué? -ríe nerviosa-.
- Quiero mi postre -noto como su respiración se acelera-.
- Nadie come postre después de desayunar -ríe-.
- Pues yo voy a hacerlo. Y con mucho gusto -lamo mis labios al ver como ella muerde el suyo-. Quítate las bragas -repito-.
Ella no dice nada pero lentamente se las quita casi haciéndome gemir. Las deja en el suelo al lado de sus pies.
- Siéntate en la mesa -miro como su suerpo camina hacia la mesa y se sienta en el borde con cuidado de que no se le vea nada-.
Sonrío y me acerco a ella. Me pongo delante de ella y acaricio sus muslos haciendo que su respiración se acelere. Mira mis manos atenta.
- Abre las piernas -susurro en su oído-.
Ella lo hace y yo me pongo entre ellas. Angie levanta su mirada hacia mí y yo aprovecho para besarla.
Angie gime en mi boca cuando mis pulgares casi tocan su feminidad. Llevo mis manos a su cintura y levanto su camiseta hasta hacerla desaparecer de su cuerpo. Me aparto un poco de ella admirando su belleza.
- Eres preciosa -admito acariciando su rostro-.
Angie sonríe levemente.
Le devuelvo la sonrisa y me acerco de nuevo para besarla. El beso es apasionado. Nos hace ver las ganas que tenemos el uno del otro.
Llevo una de mis manos a su feminidad y paso un dedo entre sus labios notando su humedad y haciéndola gemir.
- Matt -gime mientras yo acaricio su intimidad-.
Bajo mis besos por su cuerpo hasta llegar a mi destino. Me siento en la silla y me acerco a la mesa como si estuviese a punto de comer mi comida favorita.
Oh, espera...
Le sonrío a Angie antes de perderme entre sus piernas. Una de sus manos se enreda en mi pelo acercándome más a ella. No sé cuál de los dos lo está disfrutando más.
Cuando me doy cuenta de que está a punto de llegar al clímax me separo de ella ganándome un quejido por su parte.
Me levanto y la beso. Me quito los pantalones con su ayuda y, minutos después, alcanzamos el clímax juntos.
- Ha sido genial -confiesa intentando recuperar el aire-.
- Sí -sonrío de lado-. Podría acostumbrarme a comer postre más a menudo -bromeo haciéndola reír-. ¿Es normal que de cada vez me enamore más de ti? -ella levanta la mirada y me sonríe-.
- ¿Por el sexo?
- He dicho de ti, no de tu cuerpo -ella sonríe-. Aunque el sexo ayuda -los dos reímos y ella vuelve a apoyarse en mi pecho-.
Acaricio su espalda y beso su cabeza notando sus uñas acariciar mi espalda.
- Deberíamos ir a ducharnos -dice al cabo de unos minutos rompiendo el silencio-. Está empezando a hacer frío.
Paso mis manos por sus brazos notando que está congelada. Me separo de ella saliendo de su interior y la ayudo a bajar de la mesa.
Los dos nos metemos en la ducha en silencio, tan solo disfrutando de la presencia del otro. Admiro como Angie enjabona su cuerpo sin prisa, disfrutando del momento.
Es genial poder estar así con ella. La quiero muchísimo y, aunque ella diga que no es mi novia, sabe que en el fondo lo es. Estos últimos meses con ella han sido geniales.
Perdido en mis pensamientos es cuando me doy cuenta de algo bastante importante.
- ¿Nena?
- ¿Mhm? -dice quitando el jabón de su pelo-.
- ¿No tocarías estar con la regla? -Angie se detiene y parece pensar en mi pregunta. Y es aquí cuando me doy cuenta de algo más-. El mes pasado tampoco la tuviste -los dos nos quedamos en silencio-.
- Pero eso es normal en mí. Tengo ovarios poliquísticos, es normal que no me venga la regla cuando toca -asiente con el ceño levemente fruncido-.
- Ya, pero lo hemos estado haciendo sin protección la mayoría de veces -le recuerdo-.
- No estoy embarazada -dice casi asustada-. No estoy embarazada -repite en un susurro como si intentara convencerse a ella misma-.
- No digo que lo estés pero deberíamos asegurarnos -digo tranquilo porque sé que ella esta muy nerviosa-.
Y yo también lo estoy. Creedme.
Angie asiente y yo le sonrío. La abrazo y, cuando no me ve, la expresión de mi rostro cambia a una de miedo.
Acabamos de ducharnos con rapidez y nos vestimos para ir a una farmacia.
- ¿Quieres que conduzca yo? -pregunto al ver lo nerviosa que está. Ella asiente y me da las llaves-. Tranquila, ¿vale? -acaricio su mejilla-.
Angie me mira unos segundos pero no dice nada. Puedo ver el miedo en su mirada e intento que ella no vea el mío.
Cuando estamos de vuelta a casa espero sentado en la cama de Angie mientras ella se hace los tests. Hemos comprado dos para asegurarnos.
Dejo de morder mis uñas cuando Angie sale del baño.
- Hay que esperar cinco minutos -susurra sentándose a mi lado-.
- Oye, Angie. Pase lo que pase voy a seguir contigo, ¿vale? -acaricio su espalda y ella se queda callada-.
No sé si estoy preparado para ser padre pero esto es responsabilidad de los dos. ¿Qué va a pasar si el test da positivo? ¿Qué van a decir mis padres? ¿Y mis amigos? Y ni hablar de mis fans.
Salgo de mi burbuja de pensamientos solo para darme cuenta de que Angie está llorando.
- Hey, nena. No llores -la abrazo y ella se apoya en mí-. Tranquila -acaricio su espalda-.
- ¿Cómo quieres que esté tranquila? -solloza-. No puedo estar embarazada. No ahora -se derrumba-.
- Angie, si da positivo te aseguro que no vas a estar sola. No voy a moverme de tu lado -prometo-.
- No se trata de eso -se separa de mí-. Se trata de que tan solo tenemos dieciocho años. Tú estás empezando tu carrera como actor y yo... -niega con la cabeza-. Yo soy traficante, Matthew. ¿Cómo quieres que nos hagamos cargo de un niño? Ni siquiera me gustan los niños -solloza y a mí se me rompe el corazón sabiendo que tiene razón-.
- Tranquila, pensaremos en eso si da positivo, ¿vale? -limpio sus lágrimas-.
- Deja de decirme que esté tranquila porque no lo estoy -solloza y yo la abrazo-.
Angie se abraza a mí y se tranquiliza. Los dos nos quedamos en silencio hasta que la alarma que se ha puesto Angie en el móvil suena.
Suspira profundamente y los dos nos levantamos. Angie se decide a entrar en el baño pero yo la detengo de la mano.
- Te quiero muchísimo pase lo que pase -aseguro-. Y estaremos en esto juntos, ¿vale? -Angie asiente con ojos llorosos y se acerca para abrazarme-. Vamos -beso su frente y ella se separa de mí-.
Angie entra en el baño y con manos temblorosas coge los tests. Se los queda mirando durante unos segundos. Siento que mi alma abandona mi cuerpo cuando Angie se deja caer en el suelo sollozando.
- Angie -me acerco a ella sin saber qué está pasando-.
¿Está embarazada?
Empiezo a no ser capaz de ocultar mis nervios.
- No estoy embarazada -solloza mirándome y yo siento que por fin respiro con tranquilidad-.
- Gracias a Dios -la abrazo y beso su cabeza-.
Angie levanta la mirada y los dos nos sonreímos.
- Te juro que como me lo vuelvas a hacer sin condón y me dejes embarazada te voy a hacer tragar el niño -no puedo empezar a reír ante su promesa-.
- Te quiero tanto -la abrazo fuerte-.
Los dos nos quedamos sentados y abrazados en el suelo de su baño, con los tests a nuestros pies.
- Jamás en toda mi vida había estado tan asustada -confiesa apoyando su cabeza en mi hombro-.
- Ni yo -aseguro suspirando-.
Burnie entra en el baño y se tumba encima de nosotros.
- Esto hubiese arruinado nuestras vidas -comenta Angie negando con la cabeza-.
- No las hubiese arruinado -ella me mira incrédula-.
- No sé por qué lo niegas cuando sabes que tengo razón -yo suspiro-. Ninguno de los dos está preparado para ser... -hace una mueca y niega con la cabeza-.
- ¿Padres? -termino la frase por ella y ella asiente-.
- Ugh, me pongo mala hablando de niños -gruñe acariciando a Burnie-. Dejemos el tema - asiento estando de acuerdo-. Pero a partir de ahora hay que ir con cuidado -se levanta y yo imito su acción-.
- Sí -la abrazo-. Tengo hambre -admito y ella ríe-.
[...]
- ¿Angie? -la busco por el apartamento hasta que la encuentro en la habitación donde tenía a sus animales-. ¿Qué haces? -digo al verla recoger todo lo que era de los animales-.
- Recojo todo esto -suspira tirando cosas en una bolsa de basura-.
La observo y veo que está triste por estar tirando todo esto. Me acerco a ella y la abrazo.
- ¿Estás bien? -ella suspira y asiente-.
- Sí. Es solo que todo este tiempo esto me ha estado ocupando sitio cuando podría estar usando esta habitación para otra cosa.
- Me refiero a que si tú estás bien -acaricio su mejilla para que me mire a los ojos-.
- Sí -suspira-. A veces me siento un poco sola sin ellos -confiesa algo triste-. Los he tenido conmigo durante más de un año y me los han quitado de un día para otro -niega con la cabeza-.
- ¿Y no puedes recuperarlos? -ella niega con la cabeza-.
- Si pudiese hacerlo ya lo habría hecho. Lo más seguro es que estén muertos.
- Lo siento -beso su frente y ella me abraza por la cintura-.
- Me gusta que estés aquí. Haces que no me sienta tan sola -confiesa y creo que mi corazón se me va a salir por la boca-.
- Si por mi fuera ya estaría viviendo aquí desde hace tiempo -bromeo-.
- Nuestra relación aún no está en ese nivel -ríe-.
- Has dicho relación -sonrío y ella gruñe contra mi pecho-.
- No es cierto -dice contra mi pecho y yo intento separarla de mí para que me mire a los ojos-.
- Sí lo has hecho -río y consigo separarla de mí-.
- Déjame seguir limpiando y tú vete a seguir estudiando -intenta ponerse seria pero una sonrisa escapa de sus labios-.
- No cambies de tema.
- No estoy cambiando de tema. Yo tengo que limpiar y tú tienes que estudiar -pongo los ojos en blanco y ella me golpea con la bolsa de basura que tiene en las manos-. ¿Para qué me llamabas, igualmente?
Intento recordar por qué había venido en primer lugar.
- Hoy hay una fiesta en casa de Taylor.
- Lo sé. Jack me lo ha dicho.
- ¿Vas a ir? -ella asiente-. ¿Sin mí? -frunzo el ceño levemente-.
- ¿No tienes que grabar una película mañana? -pregunta obvia-.
- Sí, pero es por la tarde.
- No sabía que querías ir -se encoge de hombros-.
- ¿Y por qué no me habías dicho que ibas a ir a una fiesta hoy? -ella levanta una ceja-.
- Pues porque no tengo por qué decirte dónde voy ni con quién -se cruza de brazos y sé que estoy entrando en terreno peligroso-.
- Tienes razón -asiento. Y es cierto-. ¿ Vamos juntos? -propongo-. Podemos dejar a Burnie en mi casa e ir. Y me puedo volver a quedar a dormir aquí.
- ¿Te estás auto invitando a mi casa? -pregunta divertida-.
- A este punto ya no necesito invitación. Paso más tiempo aquí que en mi propia casa -ella sonríe-.
- Te quejarás -ríe-.
- Entonces ¿puedo quedarme?
- No -sonríe y yo frunzo el ceño-. ¿Qué te parece si te dejo a ti en tu casa y me voy de fiesta con Burnie? -sonríe y yo niego con la cabeza-.
- No. Su padre no le da permiso para salir de fiesta.
- Pero su madre sí -se cruza de brazos y yo sonrío de lado-.
Ella parece darse cuenta de lo que ha dicho ya que frunce el ceño y se gira para seguir limpiando. Sonrío pero no digo nada.
- Llamaré a mi madre para decirle que me quedo aquí esta noche.
- Vale -asiente sin mirarme-.
La miro durante unos segundos más y salgo de la habitación. Vuelvo a la sala y me siento en el sofá junto a Burnie. Saco mi móvil y llamo a mi madre.
- Hola cariño -saluda cuando responde-.
- Hola mamá. Me voy a quedar otra vez en casa de Angie. Iremos a la fiesta de Taylor.
- Oh, de acuerdo.
- Vendremos a dejar a Burnie.
- ¿Por qué no os quedáis a cenar? Hace mucho que no vemos a Angie, la echamos de menos en casa -yo sonrío ante sus palabras-.
- Vale, vendremos.
- Genial -dice feliz haciéndome reír-. Nos vemos luego, cariño.
- Adiós, mamá. Te quiero -ella me lo devuelve y cuelgo el teléfono-.
[...]
- ¿Qué quieres por Navidad? -pregunta Angie cuando entramos en mi calle-.
- A ti -ella me mira un segundo antes de devolver la mirada a la carretera-.
- Voy en serio.
- Yo también -ella sonríe levemente-.
- No puedes pedir algo que ya tienes -ahora soy yo el que sonríe-.
- No. Lo que quiero es que aceptes ser mi novia.
- Matt, ya hemos hablado de eso -suspira aparcando el coche-. Dime qué te puedo regalar -insiste-.
- Nada. Eso es lo único que quiero -salgo del coche y cojo a Burnie-.
- Matthew no seas así -suspira-.
- No estoy siendo de ninguna forma -digo parándome a su lado-. Tú me has preguntado qué quiero por Navidad y yo te he respondido. Ya está, fin de la discusión.
- No estamos discutiendo -refunfuña y yo sonrío-.
- Lo sé -me acerco para darle un beso rápido en los labios-. Vamos -entrelazo nuestras manos y caminamos hasta mi casa-. ¡Ya estamos aquí! -anuncio al entrar-.
- Hola, hijo -mi padre saluda desde el salón-. Hola, Angie -le sonríe-.
Angie suelta mi mano al ver a mi madre salir de la cocina.
- Hola -mi madre me abraza-. Angie, me alegro de tenerte por aquí de nuevo -sonríe antes de abrazarla-.
Angie sonríe levemente. Le sigue incomodando la amabilidad de mis padres.
- La cena estará lista en unos minutos -anuncia mi madre-.
- ¿Necesitas ayuda? -ofrece Angie-.
- No, no, no -se niega mi madre sonriendo-. Os llamo cuando esté lista.
- Estaremos en mi habitación -pongo una mano en la espalda baja de Angie para que empiece a caminar hacia la habitación-.
Burnie nos sigue.
- ¿Por qué has soltado mi mano al ver a mi madre? -digo cerrando la puerta-.
- No sé -se encoge de hombros y yo la miro con una ceja levantada-. No lo sé, Matthew -se pasa una mano por el pelo-.
Me acerco a ella y la beso suavemente pero nos separamos riendo cuando Burnie se pone a dos patas intentando separarnos.
- Te juro que Burnie se ha enamorado de ti -río negando con la cabeza-.
Angie ríe y se agacha para besar a Burnie.
- ¿Tú también quieres un beso? -le pregunta y se acerca para besarle-. ¿Quieres otro? -Burnie da un pequeño ladrido y Angie se acerca para darle otro beso-. ¿Otro? -los dos repiten la acción-. ¿Otro? -lo repiten-. ¿Otro?
- ¿Y yo qué? -me cruzo de brazos-.
- Tú ya tienes bastantes -ríe y yo le saco la lengua-.
- ¡La cena está lista! -grita mi madre-.
- Vamos -le tiendo mi mano a Angie y ella la coge-.
Al hacerlo la acerco a mí y la beso pero Burnie vuelve a intentar separarnos.
- Esto va a ser un problema -murmuro contra sus labios haciéndola reír-.
- Bueno, está claro a quién elegiría -dice obvia y yo entrecierro los ojos hacia ella-.
- Como digas Burnie te quedas sin cena -ella sonríe-.
- Quizás sea hora de ponerme a dieta -se encoje de hombros y suelta una carcajada al ver mi cara-. Es broma, Coco -coge mis mejillas y me acerca a ella para besarme-.
- Hacía mucho que no me llamabas así -comento al separarnos. Ella sonríe-.
Vamos hacia la cocina y todos nos sentamos a comer.
- Me alegra mucho que vayas a pasar la Navidad con nosotros, Angie -comenta mi madre feliz-.
- No quiero molestar -se disculpa Angie-.
- Tú no molestas, cariño. Sabes que eres de la familia -le sonríe y Angie asiente agradecida-.
- Hablando de Navidad, ¿qué puedo regalarle a Matthew? No quiere decirme lo que quiere -comenta Angie-.
- Sí que le he pedido algo pero no quiere dármelo -me excuso-.
- ¿Qué le has pedido? -pregunta mi padre-.
- Que sea mi novia -la mesa se queda en silencio y los ojos de Angie casi se salen de su cara-.
Me mira incrédula de que haya dicho eso y yo le sonrío de lado.
- ¡Yo también quiero eso! -mi madre rompe el silencio feliz-. ¿Por qué no quieres salir con mi hijo, Angie? -la respiración de Angie se vuelve desigual-.
Me vuelve a mirar durante unos segundos hasta que se gira hacia mi madre.
- Porque se merece a alguien mucho mejor que yo -dice entre dientes cogiendo su vaso de agua-.
- Yo creía que ya estabas saliendo -comenta mi padre-. Es decir, os acostáis juntos -Angie se atraganta con el agua y empieza a toser intentando recuperar el aire. Cuando lo consigue mi padre prosigue-. No entiendo a la juventud de hoy en día.
- Tú no eres tan viejo, papá -río-.
- Ya lo sé, pero estas cosas que hacéis no las entiendo -nos señala a los dos con el dedo alternativamente-.
Angie aclara su garganta y sigue comiendo sin decir nada.
La cena transcurre algo incómoda. Angie no ha vuelto a hablar con nada más que monosílabos. Cuando acabamos de cenar nos despedimos y subimos al coche de Angie, quien no dice nada en todo el camino.
- ¿Estás enfadada? -hago la pregunta más obvia-.
Noto como sus manos se aprietan contra el volante.
- Angie, háblame -suspiro-.
- Eres idiota -dice entre dientes y yo la miro ofendido-.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué? -repite incrédula y niega con la cabeza-. ¿Cómo coño se te ocurre decirle eso a tu madre?
- Oh -ya entiendo-.
- Sí, Matthew, ¡oh!
- Era una broma -me excuso-.
- No era una broma y lo sabes -gruñe-. ¿Te das cuenta de lo mal que me has dejado delante de ellos? -yo frunzo el ceño-.
- No te he dejado mal delante de ellos -digo confundido-.
- Por supuesto que no -dice con sarcasmo goteando de sus palabras-. Tan solo me has dejado como la que se acuesta con su hijo y no quiere nada más. Como si estuviese contigo por tu fama o tu dinero o cualquier mierda de esas -dice enfadada y yo lo pienso por un momento-.
- Ellos no piensan eso -niego con la cabeza-.
- Puede que no lo pensaran, pero ahora desde luego que lo harán -niega con la cabeza-.
- No intentaba dejarte mal -Angie aparca el coche y se pasa una mano por el pelo-.
- ¿Qué querías que les dijera? -se gira hacia mí enfadada-. Oh, lo siento. No acepto salir con Matthew porque soy traficante de drogas y no quiero que le peguen un tiro en la cabeza. ¿Eso es lo que querías que dijera? -yo bajo la mirada y ella sale del coche-.
- Angie, lo siento. No quería que lo entendieras así -me acerco a ella pero no deja que la toque-. No quería dejarte mal, te lo juro. Jamás haría algo para hacerte daño -ella no dice nada-. Llevo hablándoles de ti desde el primer día en que nos conocimos. Ellos saben que hay algo entre nosotros y cuánto te quiero. Incluso ellos te quieren. Y saben que no quieres mi fama ni mi dinero.
Hago el intento de coger una de sus manos y suspiro aliviado cuando me deja hacerlo. Señal de que mis palabras están funcionando.
- Lo siento, no quería ofenderte -la miro directamente a los ojos-.
- Debes tener más cuidado, Matthew -su voz es algo más tranquila-. Tan solo te ha faltado decir lo del test de embarazo -niega con la cabeza y yo suspiro acercándome a ella-.
- Lo siento -repito abrazándola y beso su hombro cuando me devuelve el abrazo-. De verdad que lo siento.
- Está bien. Solo... mide tus palabras antes de hablar -asiento y me acerco para besarla-.
Angie me devuelve el beso y acaricia mi mejilla con una de sus manos.
- Te quiero -susurro contra sus labios-.
- ¡Matthew! -los dos nos separamos y veo a Cameron correr hacia nosotros-. ¿Cómo estás, bro? -me abraza-.
- Muy bien, ¿y tú? -le sonrío-.
- Bien. Hola, Angie -se acerca a Angie para abrazarla pero ella da un paso hacia atrás-. Oops, es verdad. Solo te gusta que te toque Matthew -le guiña un ojo y empieza a reír. Angie sigue con el rostro serio-. ¿Venís a la fiesta? -yo asiento-. ¡Genial! Vamos -empieza a caminar hacia casa de Taylor.
- ¿Estás bien? -le susurro entrelazando nuestras manos-.
Angie asiente y sonríe levemente.
Entramos en la casa y la música es algo ensordecedora. Saludamos a unos cuantos conocidos y vamos a buscar bebidas.
- ¡Hola! -me giro y sonrío al ver a Jack Johnson-.
- ¿Qué tal? -nos abrazamos-.
- Muy bien -asiente y abraza a Angie-.
Angie intenta resistirse cuando Jack empieza a besar su mejilla repetidamente. Suelto una risa al ver la cara de cabreo de Angie.
Decidimos ir a sentarnos al jardín junto con Nash y Taylor.
- ¿Qué tal va la peli? -pregunta Cameron sentándose con nosotros-.
- Genial -sonrío-. En unos días ya termina el rodaje -digo algo triste pero feliz a la vez-.
- No puedo esperar a verla -sonríe Johnson y yo le sonrío agradecido-.
Las horas pasan y decidimos volver a casa. Nos despedimos de todos y, al llegar a casa, caemos rendidos en la cama.
[...]
Refunfuño en la cama cansado de escuchar el sonido de las notificaciones de mi móvil. Alcanzo mi mano hasta él y lo cojo intentando ponerlo en silencio. Abro los ojos intentando acostumbrarme a la luz y desbloqueo mi móvil para ver qué ocurre.
- Mierda.